Transcurrió casi un año de que Luisa dejó el hogar. Durante ese tiempo no entabló comunicación con sus hijos, mucho menos con Eduardo. Los muchachos sabían poco de su madre por la información filtrada que le proporcionaba su abuela. Eduardo tenía que enterarse por otros medios. Las últimas noticias que obtuvo fueron que, después de recorrer Europa, vivía en París, con un pintor local que ocasionalmente exponía en el Museo Pompidou, cerca de la Rue de Rivoli, tenía una vida bohemia, desenfadada y relajada, muy al ambiente de estos personajes y que contaba con la complicidad y apoyo financiero de su señora suegra. Estas noticias le martillaban profundamente el alma, por lo que prefirió no seguir indagando sobre su paradero y actividades.
Fue un periodo difícil para la familia en todos los sentidos: emocional, familiar y económicamente; juntaron los pedazos que quedaban y los pegaron como mejor pudieron. El dolor de Eduardo iba cediendo, ya no se reflejaba en su rostro, sin embargo aún permanecía en él un rictus de tristeza; se habían espaciado aquellas noches interminables de lamentos y lágrimas. Se estaba acostumbrando a la soledad. Asumió un papel extraordinariamente complicado: ser madre y padre a la vez: el primero por la ausencia de Luisa y el segundo porque mientras su esposa estaba con ellos, él había olvidado ejercer el mismo. Abandonó sus correrías de adolescente maduro y cambió sus hábitos para permanecer en casa cuando sus hijos también lo estaban, esto provocó la reducción de sus ingresos. Con sus hijos tenía una relación más cercana y los recíprocos reproches cesaron casi por completo; existían altibajos, como cualquier relación padre – hijo; en síntesis, se había convertido en un eficiente “amo de casa” y padre soltero trabajador. Su proceso de maduración fue traumático. Los muchachos lo superaban con mayor facilidad “Al fin y al cabo jóvenes” pensaba.
Un domingo por la tarde Luisa aparece repentinamente en casa, maleta en mano, pelo largo, suelto y desaliñado al estilo de las jovencitas contemporáneas, uñas pintadas a la moda retro de los 60’s cual hippie, cara deslavada y sin maquillar extremadamente delgada y vistiendo una blusa beige de manta sin sostén, pantalón de mezclilla y unas alpargatas de “perico”. Se veía liberada.
Eduardo en solitario y relajado disfrutaba de la lectura, releía por enésima vez a Pedro Páramo de Juan Rulfo, escuchaba a Enya y paladeaba en pijamas un exquisito vino australiano Madfish Shiraz cosecha 2004, acompañado por un habano Princess de la casa de Partagás; los hijos habían salido cada uno con sus novi@s; por su parte Juanita se había tomado el día.
Cuando Eduardo y Luisa se miran frente a frente enmudecen. Eduardo se sorprende por la visita:
- ¿Qué… ha…aces aquí? ¿C…..omo entraste? – le pregunta él tartamudeando.
¡Pinches perros!….. ¿porque no ladraron? ¡Bonitos guardianes! – pensó Eduardo.
Luisa con los dos labradores a su lado agitando sus colas, hace una pausa y aspira profundamente, mirando suplicante a su esposo.
- He regresado,.... entré por la terraza…... – dijo Luisa, como si emulará al hijo pródigo – creí que te habías ido al golf…..
Silencio.
- No….. aquí estoy…….. – responde atónito – …..ya no vives aquí – le revela Eduardo.
- ¿Los niños? ¿Cómo están? – pregunta Luisa ignorando el comentario de Eduardo.
- Bien,…... les pesó mucho que te hayas ido y que no contestaras los correos que te enviaban,….. pero lo van superando.
- Necesitaba pensar y estar sola y…...
- Y ellos necesitaban de su madre – se apresuró a completar la frase Eduardo.
- Estaba al tanto de ustedes por mi mamá.
- ¡Huy.…. gran cosa!
- ¿Están en casa?
- No.
- ¿Y tu?.... ¿Cómo estas? – pregunta Luisa – te veo más delgado….. veo que fumas otra vez.
- A escondidas de tus hijos – apunta.
El corazón de Eduardo galopaba, estaba ruborizado, su respiración era entrecortada, aún recordaba su último encuentro, difícilmente lograba contener una serie de sentimientos encontrados: tenía deseos de abrazarla y comérsela a besos y de darle una bofeteada entre ceja y oreja.
- ¿Podemos hablar?
- No – responde Eduardo duramente después de un breve momento – no tenemos nada que decirnos ni reprocharnos.
- Me hiciste mucho daño Eduardo.
- Te pedí perdón cientos de veces, estoy arrepentido por mis andanzas y lo sabías mucho antes de que te fueras. – responde.
- Me he dado cuenta de muchas cosas y ….
- Me da gusto – interrumpe Eduardo, quien hablaba sin meditar sus palabras.
- ¿No quieres saber nada mí?.... ¿No puedes perdonarme? – pregunta humildemente ella.
- Luisa, te juro que no tengo nada que perdonar ni reprochar, fue tu elección…. hiciste lo que creías era lo correcto…. no te juzgo – le responde con mesura y agrega – He tratado de sobrellevar y reconstruir mi vida y …….. no tengo espacio para ti.
- ¿Tienes otra mujer?
- ¡Nooo!.
- ¿Estaremos juntos otra vez?
Eduardo calla, los sucesos del último año cruzaban su mente vertiginosamente.
- ¿Hiciste trámites de divorcio? – pregunta Luisa temerosamente.
- No….. no es necesario,….. un papel no nos ata – contesta – y no hay porque pelear, los hijos son mayores de edad y del patrimonio, cada quien tiene lo suyo – concluye.
Él suspira lentamente, mira a los ojos a su mujer y aclarando la garganta dice con la voz entrecortada
- Luisa, ¿Por qué no te vas con tu mamá? Le diré a los chicos que vayan a visitarte allá.
Luisa ya no insistió, con lágrimas escurriendo por sus mejillas tomó su maleta se dio la media vuelta y salió con pesadumbre de la casa, sentía el corazón desgarrado; el taxi que la había llevado tenia instrucciones de esperar…. Luisa había vaticinado lo peor y ahora confirmaba su pronóstico….. abordó el taxi y desapareció calle abajo.
Eduardo cerró la puerta y se acuclilló llevándose las manos al rostro…. los sollozos y lágrimas eran incontenibles, tenía el alma hecha jirones. Los perros aullaban por la partida de su ama.
Fin.
Eduardo estuvo inquieto durante el día esperando la llegada de sus hijos, quienes arribaron para la hora de la comida; por la noche aún no tenía el brío para hablar sobre el tema, sin embargo fue su hija quien ya sospechaba que algo no estaba bien, la que tomó la iniciativa:
- Mi mamá no está ¿verdad? – preguntó Inés.
- No.... – contestó Eduardo rasgándosele los ojos – siéntense que les voy a comunicar algo.
Los muchachos guardaron silencio escuchando a su padre, quien les explicó a su manera y largamente lo sucedido y en eso Inés interrumpe:
- Papá, tu tienes la culpa, sino le hubieras puesto el cuerno a mi mamá no hubiera pasado esto – dijo entre sollozos.
- Inés, el estado de ánimo de tu mamá es más profundo que mis propias faltas, aunque estoy seguro que estas agravaron la situación, además ustedes saben que en el último año me he comportado bien.
Eduardo Jr. guardaba silencio, mirando a su padre con ira y odio, Inés, al igual que su papá trataba de conservar la calma.
- ¿Qué va a ser de nosotros? – pregunta enfurecido Eduardo Jr. – ¡Eres un cabrón! – se dirigió a su padre en tono amenazador – Por tu culpa se fue, quien te aguanta…….. – dijo abalanzándose sobre él
- ¡Cálmate Eduardo! – le grita Inés interponiéndose entre ellos – tendremos que seguir unidos, ahora es cuando más necesitamos estar juntos y esperar que mamá y papá arreglen sus broncas….. Y no te enojes Lalo, que en algo habremos contribuido nosotros para ésta situación, recuerda cuantas veces no mandabas a la chingada a mi mamá cuando te reprendía y de todo le rezongabas – concluye Inés con molestia
- ¿Y tu no pendeja? – protesta Eduardo Jr. – con tus saliditas de noche y tus noviecitos mequetrefes que solo vienen a meter mano,….. eso encabronaba a mi mamá y ……..
- ¡Basta! – grita Eduardo autoritariamente – Así no llegaremos a nada, hagamos un esfuerzo para no acabar de pegarle al traste a los que nos queda de familia y veamos que sucede con el tiempo.
Se hace un espeso silencio que rompe Eduardo:
- Por cierto, me encontré este sobre con una carta... creo..., va dirigido a ustedes.
- ¿Lo leíste? – pregunta Eduardo Jr.
- No,... ni lo abrí – responde su padre, entregándoselo
Eduardo Jr. exaltado por los acontecimientos abre temblorosamente el sobre y extrae una escueta carta, escrita a mano pulcramente, la caligrafía de su madre era de rasgos largos y finos y a petición de Inés Lalo la lee en voz alta:
“Mis niños:
He tomado la decisión más difícil de mi vida, irme de casa por tiempo indefinido y buscar mí propio espacio y mí identidad; tantos años de matrimonio me hicieron perder la brújula y vivir solo para ustedes y su papá, olvidándome por completo de mí. Buscaré las respuestas que espero encontrar. Pensé que mi lugar era en casa, junto a ustedes, pero no lo puedo hacer ahí, hay muchos distractores. Quiero decirles que ustedes no tienen culpa de nada, estén tranquilos. Estoy por partir a Europa, pienso establecerme por un tiempo en Italia. Los mantendré informados, podrán contactarme por conducto de su abuela o en mi correo electrónico. Espero que algún día me comprendan y perdonen.
Los quiero mucho.
Su mamá.
Fria, calculada, impersonal, meramente informativa, tal vez forzada.... así calificó en su pensamientos Eduardo las líneas de Luisa; comprendió al escucharla y al ver la caligrafía que la carta tenía algunos días de haber sido escrita; la suavidad de sus rasgos y líneas no podrían haber sido estampadas con el grado de exaltación que Luisa presentó el día anterior. "Pinche vieja, lo tenía todo bien claculado" se dijo en su interior
Se hizo un silencio, solo ellos saben que pensamientos pasaban en su mente en ese instante, acto seguido y sin concierto previo se abrazaron y en una catarsis colectiva estallaron en un mar de lágrimas.
Después de estas líneas los muchachos ya no tuvieron contacto con su madre y nos les respondía los correos que le enviaban, su desconcierto aumentaba.
Su abuela solo les decía que Luisa estaba bien, sin mayor explicación; a Eduardo ni siquiera le tomaba la llamada, mucho menos le abría las puertas de su casa.
El mundo de la familia se había desquebrajado.
Al día siguiente Eduardo como siempre despertó temprano y Luisa seguía dormida en la cama, con una ligera y sensual pijama que dejaba ver sus aún bien torneadas formas. Un deseo casi irrefrenable de poseerla asaltó sus pensamientos, pero se contuvo y se dirigió al baño. “Todavía está buenona” pensó.
Veinte minutos después regresa a la recámara y se dio cuenta que ella se había levantado, le buscó por toda la casa sin encontrarla. Se asomó hacia las cocheras y vio que su automóvil no estaba. Inmediatamente comprendió que Luisa había cumplido con su amenaza.
Como autómata y con una sensación de desgarramiento interno bajó a la cocina y empezó a preparar con la asistencia de Juanita, el almuerzo de los hijos.
Sobre la barra encontró un sobre cerrado dirigido a sus hijos.
- Hola papá – le saluda Inés - ¿Y mí mamá?
- No está,…… creo que se fue al club – responde Eduardo, con la certeza de que lo que esta diciendo era falso y ocultando su hallazgo.
- ¡Que onda jefe! – saluda Eduardo Jr. – ¿y mi jefa?
- Se fue al club – se apresura a responder Inés.
El desayuno transcurrió en silencio, hasta que Inés y Eduardo Jr. terminaron y se despidieron de su padre.
- Ya nos vamos a la universidad, no queremos que nos atrape el tráfico – dijo Inés, dando un beso en la mejilla a su padre.
- Adiós Jefe, nos vemos al rato – continuó su hijo, despidiéndose con un extraño saludo de mano y acercando la frente a la mejilla de su padre, como emulando un beso.
Eduardo se quedó pensativo
- La señora ya no va a volver señor – dijo Juanita – la vi irse con una pequeña maleta y les dejó una carta a los niños.
Juanita era una “herencia” de la mamá de Luisa; apenas se casaron llegó a trabajar con ellos, se había identificado con la familia y con la sencillez del “patrón” como llamaba a Eduardo, quien – contrario a Luisa – hacía gran deferencia con Juanita y siempre se dirigía hacia ella con respeto y consideración, al grado que cuando estaba solo en casa, la invitaba a compartir los alimentos en la misma mesa. Ahora Juanita ya estaría por los sesenta años de edad, le calculaba Eduardo.
- ¿Y tu como sabes? – pregunta Eduardo.
- Es’que ayer no pude evitar oírlos patrón – respondió Juanita – la señora desde la mañana 'taba bien rara, yo creí que le iba a pegar a usté…….. mire que…..
- ¿Tú te quedas? - inquiere Eduardo, cambiando de rumbo la conversación.
- ¡Ay patrón! - exclama Juanita – ¿Po´s a donde me voy? Si usté es como mi sobrino y a los niños los veo como mis nietos.
Ambos rieron y eso le dio un poco de serenidad a Eduardo; tendría ayuda en los tiempos aciagos que se avecinaban.
Ese día Eduardo prefirió no ir a la oficina, se sentía agotado por lo que trató de trabajar infructuosamente en casa; pensaba en como abordar el tema con sus hijos.
No puedo seguir con esta miseria, estoy desesperado y nada me aclara la mente. Mi familia, mi salud, mi matrimonio, mi trabajo, la crisis económica permanente… todo ha devaluado mi existencia, por lo que después de mucho meditar he tomado una decisión radical, no vale la pena vivir. A grandes problemas, grandes soluciones. Tomo mi vaso de whisky y apresuro todo su contenido… intento servirme otro trago… la botella de Buchanan’s 18 años está vacía. ¡MIERDA!
Corro presuroso a mi armario, por otra botella y por valor para seguir con mí autoflagelación. ¿Que es eso?..... mí niña ahí guardada, fuera de la vista de mis hijos y relegada para cuidarme de los peligros de está sociedad moderna; una belleza,…. una Beretta 9 mm. que adquirí en el mercado negro,…. tres mil quinientos dólares con una caja de cincuenta tiros….. limpia…. inmaculada…. metálica…. tentadora….. seductora….. fascinante….. poderosa….. liberadora….. funda de piel de lagarto….. ¿LIBERADORA?
- ¡Tómala!
- ¡NO! No lo tomes, déjala descansar….
- ¡COBARDE! Tómala y acaba con tu desdichada vida. ¡VAMOS, QUE ESPERAS! A nadie le interesa lo que hagas, les vas a hacer un favor……
- ¡No déjala! es solo para tu defensa……
- ¡MIEDOSO! Ella es tu salvación, el fin de tus males, el término de tu tormento…..
- ¡NO!.....
- ¡SI! A nadie le importas y tus broncas no tienen solución más que eliminarlas de esta manera……Ya arráncate la congoja. ¡SE HOMBRE!
- ¡VETE, NO ME TIENTES! Y… ¿Dios?... ¿Si me condeno?
- ¡VA! Él no existe, además ya estas condenado desde esta vida, vamos, no sentirás nada, será un alivio… imagínate verte fuera de ti, flotando, en un descanso eterno, libre, observando la indiferencia de tu esposa e hijos, anímate que no les importas.
- ¡CÁLLATE!....
- Si solo les interesa tu dinero…. cobrar el seguro y liberarse de ti…. recuerda lo que piensan de ti…. convéncete, eres prescindible y sustituible… ¿qué acaso no lo has corroborado con tu mujer? ¿y tu trabajo? se lo dieron a un jovenzuelo.
- ¡POR FAVOR CÁLLATE!
- No, no me calles… date cuenta que te han substituido en tu trabajo y tu esposa ya encontró tu substituto…… y tus hijos prefieren la compañía de los amigos que estar en casa soportándote.
- ¡ALÉJATE!
- No te engañes… sabes que es la única salida, ya nada tiene solución, vete y descansa y deja descansar a los que se quedan en este infierno. Vamos…. ¡TÓMALA!
Tomo el arma y la acaricio, como si fuera mi más preciado tesoro,…. mi salvador,… mi verdugo…. Está cargada, así la había dejado la última vez que la admiré, no quería perder tiempo para el caso de una emergencia…. y esta se ha presentado. Veo reflejado distorsionadamente mi rostro en su seductor brillo niquelado.
- ¡RÁPIDO! ¿Que esperas? ¡HAZLO!
Vacilantemente levanto el arma y apunto el cañón hacia mi sien derecha…. cambio de opinión, se me va a desfigurar el rostro si la bala entra por ahí… la introduzco en mi boca, con trayectoria hacia el cráneo….. transpiro como cerdo frente al matarife …. mis manos me tiemblan como si tuviera parkinson avanzado….. el cañón golpea incesantemente mis dientes….. es incontrolable el movimiento de mis manos.
Intento jalar el gatillo,…. no puedo,…. mis músculos no responden…. respiro agitadamente….. el corazón esta próximo a estallar,….. la luz me deslumbra ….. las pupilas se me dilatan,…. las piernas no me sostienen…… me duelen….. me zumban los oídos….. no puedo respirar….. me asfixio….. mi cintura se me parte en dos….. un gran placer se apodera de mí….. tengo un orgasmo…..
- ¡HAZLO!
Siento que mi dedo índice se destraba,…. es empujado por una fuerza externa, incontrolable y con voluntad propia….. el gatillo esta cediendo….. “clic”…..una gran detonación…… sigo vivo…… ¿que pasa?..... escucho la bala correr dentro del cañón de la Beretta…. el tiempo se ha detenido….. todo transcurre lentamente, calmadamente….. mi mente se aclara….. veo mi vida….. mis más bellos momentos….. mis padres,….. mis hijos,….. mi esposa,….. mis fiestas infantiles….. mi boda,….. mi graduación,….. mi primer amor,….. mi primer sexo….. mi……¡me quema!.... ¡Que hice?.... algo me golpea el paladar….. penetra a lo largo de todo el interior de mi cara..... me rompe la nariz….. ¡que dolor tan profundo de cabeza!..... estoy cayendo…. la vista se me nubla….. no puedo cerrar los ojos….. el dolor no cede….. siento mi cerebro ardiente…. un cuerpo extraño en mi cabeza….. me presiona las sienes….. me atraviesa y rompe la parte superior del cráneo….. sale de mi cuerpo..... la presión cede…. siento alivio.
Ha pasado una eternidad y aquí sigo….. caí con los ojos abiertos….. boca arriba…. sangro profusamente….. mi sangre me va a ahogar….. ¡imposible!.... ya no respiro….. ¿Que sucede? ¡Me veo tirado sobre el piso! Mi niña aún permanece en mi mano derecha. Estoy flotando sobre mí, ya no tengo dolor….. un sentimiento de vació y soledad se apodera de mí…. estoy desconsolado.
Mis problemas ya no importan…… ¿Cuáles?..... si nada era tan grave…. Empiezo a alejarme de este lugar…... la detonación atrajo a mi esposa e hijos….. se postran ante mi cuerpo ensangrentado….. creo que me gritan,….. no puedo escucharlos….. mi esposa mi sacude….. mis hijos se llevan las manos a la cara…… ¿porque lloran?, si no les importo.
Quiero quedarme,….. no se que he hecho…. una fuerza descomunal me arranca de ese lugar….. me arrastra a no se a donde….. todo es oscuro….. no hay dolor….. no hay luz….. no hay nada ni nadie….. es un lugar de ausencia total….. de desconsolación….. de desamor….. de llanto….. de sufrimiento….. de soledad absoluta….. indescriptible..... pierdo mi esencia humana,….. algo viene hacia mí….. me transformo …….. me……
.......
Con respiración y pulso excitado Eduardo toma la caja de cigarros ante la mirada indiferente de Luisa:
- ¿Sabes como concibo la felicidad? – Eduardo enciende un cigarrillo, tose y decide apagarlo – te lo diré: es un estado de ánimo, es la actitud de ver positivamente la vida, no obstante las penurias y obstáculos que enfrentamos….
Luisa se queda mirando a su esposo y Eduardo sin permitirle refutar prosiguió:
- Confieso que no fui fiel en épocas pasadas, pero ahora aunque me hayas perdido la confianza, no te engaño ni en pensamiento, se que eso ya no vale para ti, pero lo estoy intentando por mí propia superación y por mi familia. De verdad te amo, si esperabas que yo te diera más amor y no te lo di, no tienes porqué sentirte ofendida, son tus expectativas de lo que un esposo ideal debió hacer contigo, las que fueron violadas y estas son las que te lastiman; si esperabas que reaccionara de tal y cual forma y no lo hice, yo no te he hecho nada. Es la diferencia entre las atenciones que esperabas tuviera contigo y las que realmente tuve las que te hieren. Date cuenta que son tus elucubraciones mentales las que te tienen sumida en ese estado de ánimo, ese mal hábito que tienes de hacerte la ofendida.
- ¡Para ti es muy fácil decirlo! – gritó Luisa histérica, mirándolo amenazadoramente.
Eduardo ya se encontraba furioso y se esforzaba por aparentar mesura, no quería decir o hacer algo de lo que después tuviera que arrepentirse, procuraba seleccionar con toda precisión sus palabras, su entonación y su lenguaje corporal; no podía darse el lujo de utilizar lenguaje prosaico que tan espontáneo y agraciado le salía.
- No, no es fácil Luisa – subió la voz Eduardo – el hábito de sentirte ofendida por lo que te hacen otros desaparecerá cuando conozcas mejor la causa de las “ofensas”. Nacimos auténticos, pero nuestra naturaleza, es suprimida y sustituida por estructuras aprendidas de nuestros padres, de la sociedad y en general de nuestro entorno, creándonos una falsa expectativa de cómo deberían ser las cosas y cómo deben de actuar los demás y esta situación conlleva que estemos guardando en nuestro costalito de culpas, experiencias negativas que dejan una huella más profunda en nosotros.... y ahí las llevamos cargando cuesta arriba, esperando cuando sacarlas para echarlas en cara a quien según nosotros nos hizo mal y eso es lo que tu haces.
- ¡CÁLLATE! – grita angustiada Luisa – ¡Desperdicié en ti los mejores años de mi vida!
- ¿Y yo que? ¡Chingada madre! – revienta Eduardo perdiendo el control – ¿Qué a caso tengo veinticinco años? ¿No te das cuenta que ya estoy maduro? ¡Siempre eres tú! ¿Solo tú tienes derecho a sentirte mal? ¡Te di lo mejor de mí, mi juventud, mi fuerza y mi trabajo, mi etapa más productiva, para que en tu confusión hormonal mandes todo a la verga, a…..!
- ¡….. A la chingada Eduardo! – completo la frase Luisa – Eres un egoísta y engreído con tus teorías de la vida y de la superación del jodido; cuando te conocí eras un muerto de hambre y ahora me sales filósofo, ve a lavarle el coco a tu chingada madre.
Luisa se da la media vuelta gritándole a Eduardo mientras se retiraba:
- ¡Me largo, para que vivas tu vida y no te vayas a ofender, que sería contrario a tus principios! ¡MARICÓN!.
Eduardo se quedó solo en ese sitio temblando de rabia y tratando de reconstruir lo que había sucedido, no lograba comprender las causas que habían originado este desenlace y había sido cogido imprevistamente por la conducta de Luisa. Lo único de que estaba seguro era que la aflicción de Luisa era más profunda que sus infidelidades.
Durante el resto del día no cruzaron palabras.
Al anochecer no podía conciliar el sueño, se sentía con remordimientos, no concebía haberse descontrolado en tal forma, sin embargo en su interior había sentimientos encontrados por haber perdido el dominio de si mismo y por haberse animado a expresar lo que sentía con los constantes cambios de humor de su esposa.
En otras ocasiones ante lo embates de Luisa, guardaba silencio y le daba “coba” con tal de evitar un enfrentamiento, la abrazaba y la chiqueaba, cual si fuera una niña berrinchuda hasta que se calmaba. “Tenía que hacerlo, había razón para ello, después de todo me portaba mal” pensaba. Ahora le había colmado la paciencia y se animó a externar sus sentimientos; se sentía liberado y se justificaba y divagaba:
“Cree que solo ellas tienen el derecho a sentirse mal y ¿uno que?, también nos dan ganas de llorar y de gritar y.... de mandar todo a la chingada, pero como somos “hombres” debemos de aguantarnos…….. pinches ideas culturales. Más de alguna vez estuve tentado a largarme de la casa y aquí estoy, convencido de que es mí lugar…….. y ésta pendeja con sus cambios hormonales parece chivo en cristalería, partiéndole la madre a lo poco que nos queda. No entiende que si trabajo es para el bienestar de ella y de los hijos,…… no seré rico, pero no les falta nada; además necesitamos nuestro propio espacio, no nos pertenecemos, tenemos nuestros propios secretos, sueños y fantasías ¿Por qué no entenderán que no somos propiedad de nadie? ¿Por qué siempre estarán insatisfechas?.... ¡Pinche Adán! ¿por qué le hiciste caso a Eva?..... ¿Qué quiere? Tan fácil que es llevársela bien y ella tan complicada.... No soy borracho ni vicioso y lo mujeriego se me quitó. Estoy en casa, trato de convivir con los niños, me esfuerzo por dialogar con ella y de interesarme en sus problemas, pero siempre son chismes y quejas ….. que me dijo…….. que me hizo….que no me hace caso….. bla, bla y bla….. En los temas importantes y profundos siempre discutimos porque la confronto consigo misma..... Ha de querer un galán de telenovela; esta es la vida real…. Yo juego un rol y trato de realizarlo de la mejor manera y a ella le fastidia el suyo. ¿Cómo quiere que sea afectivo, si siempre está encabronada y gritando? No me nace acercarme a ella, es una fiera.... Llego cansado con un montón de cosas en la cabeza después del trabajo, con ganas de relajarme,….. ¿Y ésta así? ¿A quien le dan ganas de hablar con ella y mucho menos de tocarla? No que va. ¡Mejor la oficina!.... ¡Se queja de que estoy ausente estando en casa!.... ¿Cómo quiere que sea de otra forma? ¿Por qué no respetará mi espacio y mis momentos? Yo si lo hago con ella…… A mala hora la conocí……¡ Imbécil!, si tu suegra es igual….., bien dicen que como es tu suegra será tu esposa”
En estas deestructuradas reflexiones se encontraba Eduardo cuando lo venció el sueño.
Eduardo sintió un sofocón por lo dicho por Luisa, tenía la respuesta en la boca, pero prefirió meditar sus palabras, no deseaba que posteriormente le echaran en cara su discurso:
- ¿Feliz?, ¿que es la felicidad para ti? – preguntó Eduardo - ¿Tenerme en casa todo el día contemplándote? ¿Quieres que pensemos y hagamos lo que tú quieres? ¿Tus hijos sirviéndote como a una reina? ¿Viajando por todo el mundo?, ¿Fiestas, convites, reconocimientos de mamá ejemplar? ¿Tener otra familia? ¿Otro esposo? ¿Otros hijos? ¡Adelante, si es lo que deseas! Aunque no me creas, te quiero tanto como para chantajearte y hacer que te quedes. ¡Hay quien te ame, pero no quien te ruegue!
Luisa fija la mirada en los ojos de Eduardo y le dice:
- Desgraciado, ¡eres un hijo de la chingada!
- Tal vez –contesta apresurado Eduardo – pero igual de infeliz te sentirías lejos de casa, en otra casa, con otro hombre y con otros hijos. A mi me ha golpeado muy duro la vida, como para detenerme en nimiedades….
- ¿Nimiedades? ¿Se te hacen pendejadas las mías? ¿Entonces soy una pendeja para ti? – interrumpió Luisa – ¡Eres un insensible y egoísta! ¡Y a mi que me importa lo que has pasado, que te lo tienes bien ganado!
- ¡Déjame terminar, que yo ya te escuche! – replica Eduardo, haciéndosele un nudo en el estómago por las palabras de Luisa – ¿Querías que hablara? Pues ahora me vas a escuchar. Estoy harto de estas actitudes tuyas, que te haces la víctima y culpas a todos de ello y si eres infeliz, tú eres la única responsable y nadie más. Me dices egoísta y solo esperas que los demás te llenen de satisfactores para colmar ese enorme vació que tienes dentro. ¿Te has preguntado si yo soy feliz? ¿Que necesito?, ¿Cuáles son mis sueños e inquietudes? Yo de tí si lo se, ¡pero tu de mí no sabes nada! ¡Felicidad! – prosigue Eduardo - ¿Sabes su significado?
- ¿Tú eres feliz Eduardo? – lo reta Luisa - ¿Qué te motiva, que te mueve?
- Vivir Luisa – responde prontamente Eduardo.
Luisa guarda silencio y observa incrédula a su esposo.
- No me mires así; siempre fuiste niña mimada, la reina de papá y yo el barbaján que te saqué del castillo paterno a pasar penurias, eso te dicen tus padres. Así te criaron.
Luisa abrió enormemente los ojos cuando Eduardo hizo referencia a sus padres, le escurrían las lágrimas por sus mejillas, pero en su interior sentía un dejo de satisfacción al haber logrado que su marido dejara escapar esas palabras, esperando que alguna de ellas fuere hiriente o fuerte para después reclamarle su conducta.
- Aunque me mires así, que yo se que nunca fui partido para tus padres y nos casamos aún con la disimulada oposición de ellos. Siempre me ningunearon, primero por ser pobrecito huérfano y ahora por…. ¿como dicen tus hermanas? por cabroncito. Como si sus maridos fueran ejemplares.
Eduardo repentinamente hace pausa, se percató que estaba cayendo en las provocaciones de Luisa, por lo que rectificó:
- Pero de ellos no estamos hablando sino de nosotros. ¡Yo te he aceptado como eres!, con tus cualidades y defectos y nunca he intentado cambiarte, así te quiero, así te conocí y sabía lo que me esperaba; tu sin embargo, te casaste con la esperanza de convertir a este “sapo” en un príncipe y sabías que eso no sería posible, que no renunciaría a mi forma de ser por complacerte, que eso sería una hipocresía y así me aceptaste, por lo que no me reclames ahora mi “falta de ternura”, como sinnúmero de veces lo haces. Lo que sucede es que si la gente es o piensa diferente a ti, te molestas y nos juzgas, nos dices que estamos o que obramos mal. Date cuenta que la riqueza del hombre es la variedad en las formas de ser y de pensar ¡Que aburrida sería la vida si todos fuéramos iguales! Tu me preguntas que es la felicidad y tu ¿sabes que es la tolerancia?
- Ya vas a empezar con tu filosofía barata – vuelve a interrumpir Luisa esperando la reacción de Eduardo.
- Si, filosofía barata, pero a mí me resulta y me tranquiliza el espíritu y no estoy como fuera enjaulada, criticando a los demás porque hacen o no hacen, porque dicen o no dicen, así como tú comprenderás…. Yo vivo y dejo vivir, río y dejo reír, lloro y dejo llorar y no espero nada a cambio, eso me libera y me hace feliz.
Su mujer tenía los ojos enrojecidos de rabia.
- ¿Sabes cual es tu problema? – le preguntó Eduardo sin darle oportunidad de responder – que te la pasas sintiéndote ofendida la mayor parte de tu vida por lo que alguien te hizo y lo más sorprendente es que ¡Nadie te ha ofendido! son tus expectativas de lo que esperabas de esas personas, las que te hieren. Y las expectativas las creas tú en tu interior, no son reales, son imaginarias. ¿Que esperabas de mí? ¿Un siervo a tu exclusivo servicio?¡Date cuenta que necesitamos nuestro propio espacio para no ahogarnos!
En ese momento Eduardo recordó una lectura que tuvo en su juventud de Anthony de Mello, “Ligero de Equipaje”, un manual que le ayudaba en su vida diaria para no engancharse con lo que él definía como “pendejadas”
- ¿Que hago? – inquiere Luisa.
- Te fijas en puras pendejadas y ……….. – Eduardo se percató de error que acababa de cometer.
- Son pendejadas porque a ti no te importan – interrumpe Luisa, quien había estado esperando la coyuntura para recriminar a su marido – ¡Te valgo madre!
- No pongas palabras en mi boca – dice pausadamente Eduardo tratando de guardar la compostura – Lo que te quiero decir es que tus hábitos te estorban, el tratar de imponer tus ideas y pretender que los otros hagan lo que tu quieres sin lograr tu cometido te ofende y no comprendes que todos tenemos el derecho de guiar nuestra vida como nos plazca y ateniéndonos a las consecuencias si nos equivocamos; así aprendemos. ¡Entiende que no eres mí dueña!.
- ¡Eres un hijo de la chingada! – truena Luisa – eres incapaz de hacer feliz a una hormiga.
- Mira Luisa, - dice molesto Eduardo haciendo un gran esfuerzo para no tornarse violento – Te repito que la felicidad depende de ti, no de mí y si no aceptas a la gente como es nunca serás feliz, la vida, el entorno y las circunstancias cambian a cada momento y tenemos que adaptarnos a ellas, el mundo para tu desgracia no es estático y si como dices, si quieres ser feliz con “este hijo de la chingada” como me llamas, debes de aceptarme como soy y si no estás dispuesta a ello,……. – enmudeció Eduardo, no tenía el valor de seguir.
Eduardo seguía callado, esperando que todo ese veneno acumulado saliera de los labios de Luisa; trataba de no expresar emoción alguna con su lenguaje corporal y no tenía ni la menor idea que había detonado en Luisa esos sentimientos. Por experiencias anteriores, sabía que era mejor callar, porque en “boca cerrada no entra mosca”, lección que aprendió y pagó con sangre y dinero en su inicio profesional. “Es mejor guardar silencio en momentos de ira, que después pedir perdón” pensaba. Lo había vivido de niño con sus padres, si bien éstos jamás se levantaron la mano, en sus discusiones las palabras que se porfiaban resultaban más hirientes que cualquier puñetazo.
- ¿Por qué no me contestas? -¡Vamos, habla, di algo!, ¡siempre te quedas callado! – cuestionó Luisa a su marido – Contigo no se puede hablar, siempre has sido así ¡un pusilánime!. Muy audaz en el trabajo y con las putas de tus amigas… o amigos diría ¿no? y en tu casa no eres más que un ñoño.
Seguía la perorata incesante de Luisa, reclamos añejos y no tan añejos, acusaciones fundadas e infundadas y Eduardo estoicamente guardaba silencio, esperaba que aflorara toda la ponzoña de Luisa. “Gracias a Dios que los muchachos no están” pensaba Eduardo, recordando las agrias discusiones de sus padres.
Pasados algunos minutos Luisa concluye:
- No soy feliz contigo ni en esta casa y no te extrañe que un día ya no me encuentres, mejor estaría sola. ¡ENTIENDES! – gritó Luisa – ¡No tengo motivación, siempre es la misma rutina y eso me tiene harta!
Luisa guardó silencio, esperando agazapada la embestida de su marido.
- ¿Que es lo que quieres? – preguntó con fingida tranquilidad Eduardo sin obtener respuesta – ¡Vamos contesta! Dinero no te hace falta, ya que te lo doy y no te pido explicaciones, ni las gracias; viajes, cuando se puede salimos con los hijos, porque solos no quieres dejarlos, como si a ese par se portaren mejor o peor con o sin nosotros. No te celo, es lo que menos soy; te he pedido perdón hasta el cansancio por mis deslices y te juro que me he enmendado. Tus hijos están sanos de cuerpo y mente, velos, fuera de sus desatenciones normales de la edad, no son problema alguno. Te quejas de que trabajo mucho, pero no te quieres dar cuenta que gracias a ese trabajo vives como vives y a eso no le haces gestos. ¿Que trabajo en casa? Por supuesto, para evitar suspicacias de tu parte y complacerte con mí cercanía y evitar tus celos, últimamente infundados. ¿Sexo? ¡Ni me haces caso!, siempre estás cansada. ¿Ternura? No se me da.
- No soy feliz contigo – insistió lacónicamente Luisa – ¡Me tienes hasta la madre!
Llegó Eduardo a casa por la tarde, después de un largo día de trabajo y con su portafolio y Lap Top bajo el brazo. Luisa lo esperaba en el recibidor con mirada esquizofrénica.
- Hola, ¿Cómo estás? - pregunta Eduardo ingenuamente - ¿Te sientes bien, Luisa?
- No, no me siento bien….. y tu eres el culpable – atacó Luisa sin preámbulo.
Eduardo quedó extrañado ante las palabras de Luisa y haciendo una rápida reflexión, trató de adivinar las posibles causas del enojo de su mujer. Tenía casi un año que había roto su relación con Georgina y por cuestiones obvias (y ya narradas en otro relato) salió despavorido de su casa para regresar con Luisa.
- No entiendo que sucede – replicó Eduardo – creía que ya habíamos hablado sobre Georgina y que me habías perdonado, reconozco que fue una estupidez mía y…..
- No es por eso – interrumpió Luisa – ¿Que no te das cuenta lo infeliz que soy? ¿que te di dos hijos y estos ya crecieron? ¿Eres o te haces? ¡No tengo motivación alguna!
- Sigo sin entender y me sorprende tu actitud – contestó Eduardo tratando de conservar la calma, mientras el ritmo cardiaco se le aceleraba y la respiración se le entrecortaba.
Eduardo era consciente que desde el síncope que había sufrido en su oficina año y medio atrás, debía cuidarse de toda exaltación
Luisa guardó silencio y Eduardo aprovechó la oportunidad para tomar la iniciativa:
- Vamos Luisa, dime ¿Qué pasa?
- Soy la persona más infeliz que te puedas imaginar y tu eres el culpable – tronó en sollozos Luisa – Te dí los mejores años de mi vida, te ofrecí mi juventud y le di mi salud a tus dos hijos y ahora ya ni ellos están en casa y tu solo te dedicas a tus asuntos, tu trabajo y tu diversión.
- Sigo sin entender – insistió atónito Eduardo.
- No te hagas tonto, yo estoy en casa para atenderles cuando llegan ustedes, siempre tienen que comer, vengan o no vengan, aquí tienen a su pendeja que les hace pié de casa y ustedes son unos malagradecidos, ya no salimos y mi casa se ha convertido en tu segunda oficina y yo soy la sirvienta de ustedes.
- Creo que exageras – dijo Eduardo – y de verdad no te entiendo. Antes te quejabas porque llegaba tarde y porque tenía una vida social muy activa y ….
- ¿Activa?, ¡Si eres un cabrón mujeriego! – grito Luisa arrojándole la caja de cigarros que tenía en su mano – So pretexto del trabajo te largabas con tus amigas y yo aquí cuidando a tus crios igual de malagradecidos que tú. No entiendo como no te puse el cuerno cuando pude hacerlo, ¡eres un pendejo!. Por ti y por los hijos renuncié a mi carrera. Si no nos hubiéramos casado te aseguro que estaría mejor.
Si hizo un pesado silencio en la pequeña sala. Eduardo, sintió un gran pesar por las palabras de Luisa, que calaban hondamente en su corazón. No obstante todos los problemas que habían tenido, él estaba convencido de que Luisa era su alma gemela, podría pasar cualquier cosa, pero en su mente no existía la palabra divorcio. En estos pensamientos estaba cuando avizora la caja de cigarros de Luisa; ya había dejado de fumar, pero no soportó la tentación y encendió un cigarrillo, empezó a toser y lo apagó inmediatamente en el cenicero. “Mentolado. Ésta no me va a hacer fumar otra vez” pensó.
Luisa rompe el silencio:
- Contigo no cuento para nada, eres incapaz de hacer feliz a alguien, serás buen proveedor, trabajador y responsable, pero vives en tu mundo y yo salgo sobrando en tu vida, no soy prioridad para tí. ¡No te imaginas como te odio por eso! No soy adornó de tu casa, soy tu esposa y tu no te inmutas, de tan cabrón que eres te has de haber vuelto impotente o gay.
Eduardo estaba estupefacto.