Libro de Arena
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Libro de arena de Rubén Serrano

Bienvenidos a mi espacio, donde los sueños se transforman en palabras, las palabras en historias y las historias en sueños en otras mentes... Porque, como dijo el poeta, "I'm a dreamer, but I'm not the only one".

LOS MEJORES LIBROS DE VUESTRA VIDA

¿Os acordáis de aquel anuncio de la marca Mercedes Benz que decía que al ser humano le gustan las listas...?

En un intento de clasificar información, nos rodeamos de listas de las cosas más dispares. La vida está llena de listas: las 5 mejores series de televisión, los 10 principios del éxito, las 40 canciones del momento, los 20 hombres más ricos del país, las 100 mejores universidades del mundo, las tres cosas que te llevarías a una isla desierta...

Por supuesto, también existen listas de los mejores libros. Sí, todas las que podamos imaginar. Sin embargo, no me resisto a que los miembros de esta comunidad, tan íntimamente relacionados con la literatura, hagamos nuestra propia lista. Una lista con los mejores libros de nuestra vida, aquellos que más nos gustaron o nos marcaron en un momento dado. O esos que podmos releer una y otra vez sin cansarnos nunca de ellos.

No se trata sólo de valorar la calidad literaria, la originalidad de la historia, el correcto tratamiento del argumento, la solidez de los personajes... También podéis ser totalmente subjetivos y guiaros simplemente por las sensaciones que os transmitieron esas obras.

En definitiva, me gustaría que fueseis añadiendo aquí vuestros comentarios, con los diez mejores libros de vuestra vida (en principio, había pensado que fuesen sólo cinco, pero es que, en mi caso, se me quedaban fuera muchos libros importantes).

Para mayor claridad, os ruego que los numeréis y los coloquéis en orden de importancia, siendo el 1 el que merece vuestra más alta consideración y el 10 el que os gusta un poco menos de todos.

En mi caso, la lista quedaría así:

1º - "El Principito", de Antoine de Saint-Exupéry

2º - "El Señor de los Anillos" de J.R.R. Tolkien

3º - "La Historia Interminable", de Michael Ende

4º - "Juan Salvador Gaviota", de Richard Bach

5º - "La Odisea", de Homero

6º - "20.000 Leguas de Viaje Submarino", de Jules Verne

7º - "El Alquimista", de Paulo Coelho

8º - "2001, una odisea espacial", de Arthur C. Clarke

9º - "Los Mitos de Cthulhu", de H.P. Lovecraft

10º - "Dune", de Frank Herbert

Espero con impaciencia vuestras listas.

Saludos a todos/as.

EL COLISIONADOR DEL FIN DEL MUNDO

La película The Black Hole (2006), dirigida por Tibor Takács sobre guión de David Goodin, en la que un experimento científico sale mal y abre un agujero negro que devasta la ciudad, podría convertirse en una inminente y terrible realidad. Y es que el acelerador de partículas más poderoso jamás construido, que va a entrar en marcha en breve, ha sido cuestionado por numerosos científicos, quienes creen que el poderoso y monumental dispositivo podría crear un agujero negro que acabase tragándose la Tierra. O, en el mejor de los casos, despedir partículas capaces de convertir nuestro planeta en una masa inerte.

Tras años de espera y varios retrasos, el Gran Colisionador de Hadrones (LHC), de 27 kilómetros de circunferencia construidos bajo la ciudad suiza de Ginebra, en un túnel a una profundidad que oscila entre los 50 y los 120 metros, se probará por primera vez el próximo 10 de septiembre.

La máquina, cuya construcción ha costado más de 5.000 millones de euros, empezará inicialmente con pruebas de funcionamiento, aunque para llegar a su máxima potencia podría tardar meses. Pero una vez que esté en marcha se anticipa que será capaz de producir descubrimientos notables.

El LHC, que ha sido calificado como el mayor experimento científico de la historia, funciona disparando partículas en direcciones opuestas casi a la velocidad de la luz, haciendo que choquen para estudiar la energía y la generación de otras partículas que se producen de esta colisión.

Con él, los científicos del Centro Europeo de Investigación Nuclear (CERN) intentarán recrear el origen del universo y descubrir los secretos del Big Bang. Una vez que empiece a funcionar, también podría permitir hacer algunos descubrimientos notables, como confirmar la existencia de la materia invisible o de las dimensiones espaciales adicionales. Asimismo, supondrá un avance para la ciencia a pie de calle, ya que con sus resultados se podrán mejorar los aparatos de rayos x y se avanzará en la curación de tumores.

Pese a los avances que podría suponer, son muchas las voces que se alzan contra esta máquina. El pasado marzo, dos científicos, el estadounidense Walter Wagner y el español Luis Sancho, denunciaron al CERN ante un tribunal de Hawaii por considerar que jugar con tales cantidades de energía podría producir miniagujeros negros, versiones subatómicas de los agujeros negros cósmicos (estrellas comprimidas cuyo campo de gravitación es tan poderoso que pueden tragarse planetas enteros y otras estrellas). Esos miniagujeros negros –según los detractores del proyecto– empezarían a tragarse la materia que hubiese a su alrededor, haciéndose cada vez más grandes hasta engullir la Tierra por completo.

Los científicos del CERN, en cambio, consideran improbable que eso vaya a suceder. Creen que los objetores están dando por sentado que el colisionador creará microagujeros negros. Y afirman que, aunque así ocurriera, se evaporarían instantáneamente, como pronosticó el físico británico Stephen Hawking. Además, ya se han realizado experimentos anteriores con menos potencia y los resultados han sido positivos.

En cualquier caso, todo son conjeturas. Así que no sabemos qué va a ocurrir realmente. Esperemos que, cuando lo descubramos, no sea demasiado tarde.

EL SECRETO DE LOS HORÓSCOPOS

El ser humano es un animal supersticioso por naturaleza. Desde los primeros tiempos ha tenido siempre la necesidad de creer en fuerzas superiores que, supuestamente, guiarían y gobernarían su destino... Y así nacieron los grandes mitos, la magia y las ciencias ocultas, en general.

Hoy, miles de años después, ese ser humano aún quiere pensar que los dioses no se han olvidado de él y es por eso que sigue consultando los altos oráculos. Pero, en nuestra era, esos mensajes divinos ya no son dados por pitonisas y sacerdotes; no, ahora vienen en revistas y diarios, y tienen forma de horóscopo, por supuesto.

La astrología, arte adivinatoria practicada desde antiguo, parece estar en auge en nuestros días. Esa “ciencia”, que intenta determinar la hipotética influencia de los astros sobre los acontecimientos terrestres y deducir así aspectos del futuro de las personas, carece de base científica, lo cual hace que sea más sorprendente aún el gran interés que despierta dicha doctrina en casi todos los sectores de las sociedades contemporáneas. Existe toda una “omniciencia popular”, basada en la astrología precesional, que afecta a políticos, empresarios, ejecutivos, artistas, maestros, albañiles, estudiantes, amas de casa... A personas de toda clase y condición. Creyentes y discípulos de la astrología para los que el mundo se rige por las estrellas.

El sistema astrológico tiene como base los doce signos del Zodíaco, en combinación con las doce casas y los diez planetas. Estos elementos se disponen en la llamada carta astral, que representa el aspecto del cielo en el momento del nacimiento del individuo. De este modo determinan las influencias astrales que –supuestamente– recibió el sujeto al nacer.

Sin embargo, aunque las estrellas y los planetas tienen grandes masas y desarrollan poderosas fuerzas, la distancia que los separa de la Tierra hace que su influencia sobre nosotros sea mínima, por no decir nula. En el momento de nacer el sujeto, el médico o las personas presentes en la sala ejercen sobre él una fuerza de atracción mucho mayor que Júpiter, Saturno o el Sol. Y no por ello hay una ciencia que estudie los efectos que tiene sobre los bebés la presencia humana en las salas de maternidad.

Es cierto que, de alguna manera, estamos unidos al Cosmos... Pero no cometamos el error de pensar que estamos atados a los astros. Somos hijos de la materia cósmica, sí; pero no por ello van las estrellas y los planetas a configurar nuestro destino.

Tales creencias podían servir en los tiempos antiguos, cuando el hombre buscaba sentido a las cosas y sólo podía hallarlo en los agentes sobrenaturales. Pero hoy se puede comprender el mundo y la vida sin necesidad de recurrir a los dioses ni a las fuerzas cósmicas. Hemos dado el gran paso, hemos viajado de la ignorancia al conocimiento, dando lugar a la aparición de eso que llamamos ciencia. Y la ciencia nos dice que la configuración del cielo en el momento del nacimiento no es el factor que define la personalidad del individuo, sino que ésta se desarrolla en torno a otros elementos, como la familia, los amigos, el contexto histórico y social, el entorno laboral, etc. Por lo tanto, que uno nazca bajo el signo de Géminis, el de Leo o el de Capricornio es totalmente irrelevante.

Entonces, ¿por qué las personas que son del mismo signo zodiacal tienen características psicológicas similares, ya definidas en los manuales de astrología?, preguntarán los entusiastas de los horóscopos. Esto puede explicarse –a mi entender– por medio de la teoría de los cuatro estilos o tipos psicológicos, que ofrece información sobre la naturaleza psíquica del ser humano y divide la personalidad en cuatro modelos diferentes: reflexivo, perceptivo, intuitivo y dinámico.

Los tipos reflexivos se mueven por la información. Comparan y procesan datos. Suelen ser bastante e5cépticos, por lo que sólo se les convence con pruebas. Necesitan tiempo para evaluar los datos y poder tomar decisiones.

Los tipos perceptivos tienden hacia lo afectivo. Les gusta sobre todo la gente. No se les convence con datos, sino hablándoles de personas que les caen bien. Les encantan las historias y los “chismes” de los demás. Sienten predilección por el pasado.

Los tipos intuitivos están orientados hacia el poder, hacia el dominio. Son individuos que se creen superiores y a veces es verdad que destacan. Hablan con ideas, no con datos. Miran hacia el futuro. Son originales; rompen moldes. Les gusta la categoría, lo nuevo, los desafíos, la abstracción... Son las personas más difíciles de tratar. Suelen ser irónicos. A veces les da por probar a la gente en situaciones difíciles. Pueden ser llamativos en su forma de vestir.

Los tipos dinámicos están interesados sobre todo en los resultados, la acción y el presente. Les parece que el tiempo se les escapa, por lo que siempre toman decisiones inmediatas. Les gustan las cosas visualizadas y los beneficios. Buscan resultados. Son personas que se olvidan del mañana.

Lo grandioso de esta clasificación –explicada aquí de forma muy superficial– es que todo el mundo entra dentro de ella. En la personalidad de cada individuo suele predominar alguno de los cuatro aspectos citados, si bien es cierto que no existen los tipos puros: nadie es un reflexivo frío y calculador ni un perceptivo nostálgico y mimoso, sin influencia de los demás modelos.

Por eso, cuando leemos que la persona nacida bajo el signo de Acuario es original y creativa, que los Piscis son melancólicos o que los Tauro son eminentemente pragmáticos, lo único que están haciendo esos libros es describir las distintas facetas (en este caso, la intuitiva, la perceptiva y la reflexiva) de nuestra personalidad, facetas que todos tenemos, aunque una domine sobre las demás.

De ahí proviene también el hecho de que algunas cosas que dicen de nuestro signo sean “ciertas” y otras no, dependiendo siempre del tipo psicológico de cada uno. Hay personas que son tal como dice su horóscopo, pero también hay otras que no se parecen en nada... En ese caso, los astrólogos se apresuran a decir que el “ascendente” también influye y, de esta forma, implican a otro signo zodiacal más (con otras características) con lo

que las posibilidades de acertar se amplían. Así, yo puedo decir que tengo la originalidad de Acuario, pero mi ambición (rasgo contrario a un perfecto acuariano) es influencia de mi ascendente Escorpio.

Otro tema que habría que estudiar es si la “personalidad astrológica” nace o se hace. Es frecuente que los individuos que creen en los horóscopos se adapten a la definición que se da de su signo zodiacal y acaben siendo típicos representantes de Sagitario, Cáncer o Virgo. El sujeto –siempre de forma inconsciente– deja que domine en su personalidad el modelo psicológico que más se parece a su signo, convirtiéndose así en esclavo de su horóscopo.

A partir de este momento, la persona aceptará las previsiones que se hagan sobre su devenir, convencida de que su destino está escrito en las estrellas. Su credulidad y su falta de sentido critico no le permiten darse cuenta de lo ilógico que es pensar que las variaciones de la constelación que rige su nacimiento (la cual está a decenas o incluso cientos de años luz de la Tierra) puedan influir en su vida.

He aquí, pues, el gran secreto de los horóscopos, secreto que nadie ha tratado de desvelar hasta ahora, tal vez porque el negocio de la astrología está en pleno auge. Hoy, casi todos los diarios y revistas, radios y televisiones cuentan con su sección de horóscopos, haciendo siempre previsiones ambiguas y, muchas veces, nada claras. Esas predicciones no suelen cumplirse casi nunca... gracias a Dios. ¿Se imaginan que todos los Virgo salieran de viaje el día 12, que los Géminis encontraran el día 23 al amor de su vida y que absolutamente todos los Leo tuvieran problemas económicos la semana que viene? Piensen en ello...

La conclusión final es que las prácticas adivinatorias son sólo una ilusión. El futuro no está grabado en los astros, sino que tenemos que crearlo nosotros mismos, paso a paso. Debemos elegir libremente nuestro destino y vivirlo de forma subjetiva e individual; nunca guiados por eso horóscopos populares que pretenden programar –como si fuésemos máquinas– nuestra evolución interior.

CÓMO LOGRAR PUBLICAR

Ante las inquietudes manifestadas por muchos de vosotros sobre cómo lograr publicar vuestra obra, os reproduzco aquí este pequeño reportaje al respecto, que fue publicado originariamente en Fueradeclase.com. Espero que os sirva para aclarar algunas ideas.

Cuento; novela; libro de poemas... Ya lo tienes escrito. Y ahora, ¿qué? Pues como todo escritor, seguro que te gustaría que el mundo entero disfrutara de tu obra.

Pero eso ¿cómo se hace?

Acudiendo directamente a editoriales, participando en algún concurso o autopublicando tu texto. Te contamos todas las salidas que tienes para que tu cretividad no quede olvidada en el fondo de un cajón.

1. A tiro hecho: cómo presentar tu texto a las editoriales

Ya tienes tu primera obra. Es tu cuento, tu novela, tu recopilación de relatos o poemas. Lo has escrito, lo has corregido, estás seguro de que lo quieres publicar. Bien. Antes que nada, vete al Registro de la Propiedad Intelectual y regístralo (de esto ya hemos hablado en un post anterior). Así, los derechos de autor serán tuyos y si alguien te lo copia le podrás denunciar.

Después se trata de ver dónde lo mandas. Las opciones son muchas: editoriales, agentes, revistas y, cómo no, autopublicarte. También, tenlo en cuenta, casi todos los concursos literarios publican los textos ganadores.

En cualquier caso, lo primero es preparar tu texto. Luego lo mandas y a esperar. Tardarán unos meses en contestarte. Si les gusta te llamarán, si no, lo más normal será que te devuelvan el texto con una carta de esas que dicen 'gracias, pero no.'

Publicar no es fácil. Además de que el texto sea bueno, hace falta que les parezca vendible, que sea del estilo de textos que publican. Pero pase lo que pase, no dejes de escribir. Solo en España, cada año se publican varios miles de libros. Si escribes sin parar, seguro que, tarde o temprano, el tuyo será uno de ellos.

Cómo preparar un texto.

• Pásalo a máquina o a ordenador, a una sola cara y a doble espacio.

• Haz una portada donde vaya el título bien grande y tu nombre.

• Encuadérnalo con una espiral o un canutillo.

• Haz una carta de presentación. 4 ó 5 líneas para presentar tu texto y darles tus datos.

• Mándalo por correo certificado y guarda el resguardo hasta que te contesten

Dónde publicar

Publicar casi nunca es tan fácil como a los autores nos gustaría. Pero... ¡que no te cierren puertas!: las editoriales no son el único medio de publicar.

Editoriales

Las editoriales son las empresas cuyo negocio consiste en publicar libros, distribuirlos y venderlos. Si les mandas tu texto se lo leerán y, si les gusta y creen que lo pueden vender bien, te llamarán para firmar el contrato de edición.

Al cabo de unos meses, la editorial publicará el libro, lo hará llegar a las librerías, le hará un poco de publicidad y te irá informando de cómo se está vendiendo.

Hay editoriales grandes y pequeñas. Es más fácil publicar con las pequeñas, pero las grandes tienen más lectores.

La mayoría de las editoriales están especializadas. Así que infórmate de cuáles son las que buscan libros como el tuyo.

Las direcciones de las editoriales puedes encontrarlas en Internet o dentro de los libros que tengas por casa.

El contrato de edición: En ese contrato, el autor (o sea, tú), cede los derechos de edición a la editorial y, a cambio, se fija un porcentaje (no más de un 10%, por lo general) de lo que saquen de las ventas, que será lo que tú te llevarás en concepto de derechos de autor.

Lo normal es que, en el momento de firmar, te den un anticipo a cuenta de lo que ellos piensan sacar de tu libro. De todas formas, lo mejor es que, antes de firmar nada, le enseñes el contrato a un abogado de confianza.

Agentes literarios: Si el trato directo con la editorial no funciona, busca un agente literario, un intermediario entre el autor y la editorial. Si le mandas un texto a un agente y te lo acepta (ellos también seleccionan los textos que piensan que pueden vender), él se encargará de buscar una editorial para publicarlo, de hacer el contrato, etc. Por supuesto, a cambio de todos estos servicios el agente se llevará parte de tus ganancias.

La alternativa

¿Has mandado tu texto a una editorial y no te lo han publicado porque no quieren más textos o no es del estilo de lo que ellos publican? ¿O tienes un cuento, un poema que te gusta, pero que no da para hacer un libro?¿Y entonces cómo te lo montas para publicar tu texto? Tranquilidad, que hay otras alternativas. De hecho, hay un gran número de escritores que antes de trabajar con editoriales emplearon alguna de ellas.

Publicar en revistas: Hay algunas revistas que siempre están dispuestas a publicar un cuento, un poema o un artículo de opinión. En las revistas literarias hay mucha competencia pero hay otras, tipo La Farola, que publican casi todo. Otra opción son las revistas de barrio, la que saca el ayuntamiento, la del centro cultural... Llegan a menos gente, pero están genial para empezar.

Para conseguir las señas cómprate la revista y búscalas en las páginas del interior.

Autopublicarte: Siempre puedes hacerlo tú mismo. Solo es cuestión de maquetar los textos en el ordenador, hacer tantas fotocopias como ejemplares quieras y, en la misma fotocopiadora, encuadernarlos con un canutillo. Aunque más que un libro será un cuadernillo, simpre podrás dárselos a tus amigos.

Hacerlo en una imprenta es posible, pero mucho más caro. La ventaja es que el resultado será un libro de verdad.

Editoriales de autopublicación (ver post anterior para ampliar información): estas editoriales en vez de pagarte, te cobran. Es decir, tú pagas la edición y luego ellos distribuyen unos cuantos libros a ver si se venden solos. Los que no se vendan (normalmente casi todos), te los dan.

2. Concursos literarios

Dónde buscar el concurso adecuado; quién los convoca; qué requisistos debes tener en cuenta para participar; ¿están todos amañados?...

¿Quién los convoca?

Últimamente casi todo el mundo. Bancos, cajas, empresas, fundaciones, ayuntamientos a manta, asociaciones de vecinos y de veteranos de guerra, colegios, revistas y, por supuesto, editoriales. Vamos, que seguro que hay alguno a tu medida.

¿Me presento a todos?

Es cuestión de usar el coco. Para ganar el Planeta vas a tener competencia de la mejor, así que serás sensato si, de momento, pasas de él. Hay un montón de concursos para jóvenes escritores. ¡Vete a por ellos!

No todos tienen truco

Es verdad que hay más de un concurso bajo sospecha, pero la mayoría son limpios. El resto es cuestión del jurado. Por eso hay que intentarlo mucho: el texto que un jurado rechaza puede encantarle a otro

Dónde buscar un concurso

Pistas para encontrar las convocatorias de los concursos literarios.

Como los concursos pueden estar organizados por cualquier entidad, no te extrañes si te enteras de la convocatoria de la manera más insólita. De cualquier forma, siempre puedes comenzar la búsqueda por los sistemas tradicionales o no tan tradicionales:

• La manera más rápida es pasarte por el Ministerio de Educación y Cultura o llamar por teléfono. Allí te darán todo lo referente a las convocatorias de certámenes españoles de carácter autonómico, nacional e internacional relacionados con la cultura (arte, literatura, cine, música, danza, teatro, investigación, medios de comunicación, etc.) Centro de documentación cultural: Plaza del Rey, s/n. Edificio Siete Chimeneas. Sótano 0. C.P: 28.071 Madrid; Teléfonos: 91 701 72 17 / 91 701 72 13 Web: http://www.mcu.es/bases/spa/cecu/CECU.html

• En las páginas culturales de los periódicos y en guías especializadas (la guía de concursos y premios literarios de España de la editorial Fuentetaja, por ejemplo).

Cómo participar

¿Sabes que pueden descalificarte sin haber leído tu texto? Entérate de qué hay que hacer para que esto no ocurra

Aquí te presentamos los diez mandamientos del concursante. Léelos con atención y no olvides que pueden descalificarte sin haber leído tu texto solo por no cumplir alguno.

1. Léete bien las bases. Asegúrate de cumplir todos los requisitos.

2. Haz una copia a máquina del texto.

3. Comprueba que, a máquina, la extensión del texto sigue dentro de los límites que piden en las bases.

4. Firma el texto con tu seudónimo.

5. Saca las copias que te pidan en las bases.

6. Mételas en un sobre grande de forma que no se arruguen.

7. Prepara la plica y métela también dentro del sobre.

8. Asegúrate de cerrarlo bien.

9. Escribe la dirección del concurso pero no pongas remite.

10. Envíalo por correo certificado desde cualquier oficina de Correos y guarda el justificante. Si el empleado te dice que tienes que poner remite, dile que es para un concurso y te dejará en paz.

Plicas y seudónimos

Es un sistema para evitar las trampas y los enchufes. La plica es un sobre en el que se escribe el título de la obra y el seudónimo (nunca datos que puedan identificarte). Hay que entregarlo cerrado. En casi todos los concursos te van a pedir que presentes tu texto bajo plica o con seudónimo.

El seudónimo es un nombre falso, a veces una frase entera (y entonces se llama lema), que tiene la función de que el jurado no sepa quién es el autor de la obra. Ponlo claro, en mayúsculas y en la primera página.

Luego, en una cuartilla, escribe el seudónimo, tus datos personales (nombre, apellidos, dirección y teléfono) y el título del texto. Guarda este papel en un sobre -plica-, ciérralo bien, y en la parte de fuera escribe otra vez el título del texto y el seudónimo.

Hasta aquí llega el reportaje de Fueradeclase.com. Sin embargo, quisiera añadir otra posibilidad con respecto a la autoedición, que fue apuntada por nuestra amiga Almu en el post justamente anterior a éste. Podéis juntaros entre 10 y 20 amigos escritores para compartir páginas (y también gastos), publicando un libro de relatos en alguna imprenta que os haga un buen precio. Luego podríais ponerlo a la venta a través de las librerías de vuestro barrio o municipio, llegando a un acuerdo con los libreros.

Como podéis ver, hay muchas fórmulas para lograr publicar. Sólo hay que echarle un poco de imaginación.

Suerte.

SOBRE LA AUTOEDICIÓN

Ante la pregunta que planteaba Almu en un post anterior sobre el tema de la autoedición, voy a exponeros mis consideraciones.

En primer lugar, quiero aclarar que la autoedición (es decir, financiar con tu propio dinero la publicación de tu libro) es un recurso perfectamente válido para quienes no encuentran otra salida. El problema es que están surgiendo muchos desaprensivos que juegan con las ilusiones de las personas y lo único que hacen es aprovecharse de los sueños del escritor.

Esta fórmula, que bien podría ayudar a un autor novel a darse a conocer, acaba siendo en muchos casos, si no una estafa, sí al menos un montón de promesas incumplidas.

Muchas de las editoriales que se dedican a hacer autoedición son, en realidad, meros intermediarios entre el escritor y la imprenta. Te cobran lo que cuesta imprimir el libro más su alta comisión. Además, los intermediarios nunca son confiables ya que no se responsabilizan con la calidad del trabajo terminado. Tampoco se detienen a ver si lo que editan tiene una mínima calidad, pues por cada obra que rechazan pierden dinero. Muchos de los que se anuncian en Internet no trabajan en oficinas reales ni tienen experiencia en el campo editorial. Sólo les interesa sacar su tajada en el negocio sin importarles cómo lo logran.

En el mejor de los casos, te entregarán unos cuantos cientos de ejemplares de tu libro impreso y te dejarán a ti la preocupación de colocarlo y venderlo.

Algunos de estos editores te ofrecerán colgar un anuncio de tu libro en su catálogo web. Otros simplemente te recomendarán que lo lleves a las librerías de tu barrio o ciudad. Pocos serán los que realmente hagan una labor de distribución de tu libro. Y para hacer eso, mejor te encargas tú mismo de llevar tu obra a la imprenta y ahorrarte el intermediario.

En conclusión, si ya habéis agotado todas las vía y queréis recurrir a la autoedición, mi recomendación es que os aseguréis de que sea con una editorial seria (que las hay) o, de lo contrario, lo hagáis vosotros mismos.

¡Suerte!

NUEVA NOVELA DE JOSÉ ÁNGEL MAÑAS

Este mes sale a la venta "La Pella", la última novela del escritor José Ángel Mañas, publicada por la editorial Lengua de Trapo. Una divertida historia de dos amigos, Kiko y Borja, que viven en un eterno fin de semana de alcohol, coca y afters. Pero hay algo que puede hacer que todo se tambalee: se acaba el plazo para cancelar una deuda con el Nacle, su camello. Las peripecias en las que se ven envueltos los dos amigos terminarán por sacar a la luz la distancia que hay entre los dos: Borja, perteneciente a una clase social acomodada, y Kiko, un chaval de barrio acostumbrado a vivir en el presente.

En La pella se encuentran algunos de los elementos que han hecho de José Ángel Mañas uno de los autores más interesantes del panorama actual: diálogos que fluyen y se confunden con las voces de cualquier ciudad, una trama perfectamente hilvanada y que encierra a los protagonistas en situaciones tan dramáticas como cómicas... pero también nos descubre a un perfecto dominador de la novela corta.

Aquí tenéis el primer capítulo, narrado por el propio Mañas:

EL OFICIO DEL ESCRITOR

Una vez más, y con fines meramente didácticos, difundo un texto de otro autor: en este caso del escritor chileno Pablo Cassi (con su permiso previo, por supuesto), a quien agradezco desde aquí su amabilidad al permitirme reproducirlo. Espero que sea de interés para la mayoría.

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El arte y en especial la literatura, como formas del comportamiento humano, han sido una constante a través del tiempo. La creación literaria de un poeta o escritor, por lo general, ha sido más bien una forma personal de comunicación con aquello que se denomina "el prójimo evitable" y con todo aquello que lo sobrepasa.

Pero pronto apareció el triunfo de ciertos discursos unívocos, la práctica abierta del sofisma por parte de los profesionales de la retórica, lo que conllevó a que la función de la literatura, fuera en cierta medida dejada de lado y reemplazada en las conciencias de las mayorías por la idea del entretenimiento o la simple diversión.

Entonces el acto creativo dejó de ser importante para los demás y, por ende, para el mercado del libro y fue así que el mundo de las letras fue perdiendo un espacio en su propio mundo.

Los poetas, los novelistas, los ensayistas y los dramaturgos, en tanto comenzaron a sentir en carne propia la aparente inutilidad de este oficio y a ser vistos como catalizadores del disturbio, para luego ser relegados de forma paulatina a un segundo plano y después, ser expulsados de la reciente república del consumismo y del éxito financiero.

De acuerdo con este nuevo orden imperante, producto de la exportación de las grandes economías, carentes de motivaciones espirituales y de proyectos que vayan más allá de lo inmediato y perecedero, los autores de textos literarios han resultado ser a la postre los únicos y grandes perecedores en una sociedad altamente tecnificada y pragmática, que no necesita para su "normal" funcionamiento poetas, pintores, músicos, dramaturgos o escultores. Los graves problemas por los que atraviesan los países llamados en vías de desarrollo no se solucionan con las nuevas promociones de escritores o intelectuales. Lo que aquí se requiere -según algunos economistas- es mano de obra cualificada, es decir, hombres-máquinas, capaces de aumentar los índices de producción para competir en los mercados mundiales, sin importar mayormente que el día de manana, el alerce o la araucaria sean sólo un hermoso recuerdo de Chile, el país más austral del mundo.

Enfrentado a esta penosa realidad, el auténtico escritor se ha planteado con insistencia y de manera conjetural una redefinición de su rol dentro de esta sociedad, cada día más corrupta y alejada de la misma esencia del hombre.

No olvidemos lo que hace algunos anos expresó el argentino Ernesto Sábato: "La pérdida de la identidad de los pueblos de América Latina se inicia a partir de la aceptación de pseudoexpresiones culturales, provenientes de los países industrializados. La drogadicción, la pornografía y el alcoholismo reflejados en vastos sectores de nuestra juventud, hoy casi ya no escandalizan a nadie."

A lo anterior podemos agregar algunos aspectos de la vida de un cantante de origen negro, elevado a la cima de la popularidad y con millones de seguidores en los cuatro puntos cardinales, el cual fue muy requerido por un tribunal de justicia de su país por prácticas deshonestas. Este ídolo que goza de la inmunidad para transgredir las normas de la ética y de la moral ocupa grandes espacios en la prensa y en la televisión, sin que ninguna doctrina religiosa o filosófica condene las actitudes de quien se ha convertido en producto de los antivalores.

Junto al siempre acechante imperio de las frivolidades y su mecánica permanente de erigir dioses con pies de barro, las nobles expresiones espirituales parecen no tener cabida en esta sociedad que cada día cree más en el ilusionismo palabrero de los demagogos de oficio. Ciertamente que los escritores muchas veces son alcanzados también por estas panaceas, porque la tentación propagandística no tarda en invadir todos los territorios que el hombre habita, dejando caer avalanchas de ventajas materiales que, de tanto escucharlas, éstas concluyen por ensenorearse en medio de la mendicidad en que viven muchos de nuestros escritores.

Siento que al expresar estas palabras de alguna manera u otra estoy interpretando a muchos que han hecho de este oficio la razón última de su vida: renovar el camino de la esperanza; defender lo más íntimo de cada hombre o de cada mujer que se inicia con el descubrimiento del lenguaje, porque también en las palabras albea el amor, el terruno, el amplio horizonte de nuestra existencia; mientras la noche oscurece nuestro canto, para recordarnos que a fin de cuentas no somos nada más que peregrinos de un viaje interminable.

Tácitamente está expresado que la tarea del escritor requiere ser escuchada con atención, al igual que otras de la misma naturaleza humana, y proclamada como una sola actitud, sin fronteras, desafiando los contumaces olvidos que a diario pretenden desalentarnos, y aceptar que más allá de las personales circunstancias, nos vincula una auténtica fraternidad en afanes humanos y sensibles.

Como en todo hombre, la primera condición del escritor para realizar su trabajo es hacerlo bien. Conseguirlo le llevará -probablemente- toda la vida. El escritor nace y se hace cada día, porque debe comprender que escribir es dedicar su tiempo vivo a recoger y expresar, a comunicar y a sonar, a querer y a no querer a todos los verbos inexcusables que forjan con o sin su permiso, es decir alma y cuerpo de todos los días, de todos los momentos.

Ser re-creador de la palabra significa hacerse cargo de una variada gama de interrelaciones y asumir un rol pacificador dentro de una sociedad que aún no sale del todo de la barbarie. Su vida, ni muy distinta ni muy distante de la de otros, se forja con nostalgias y con suenos, con concordias y desacuerdos, con amores y desamores que no podría sino acoger como materia vital de su propia experiencia, porque la literatura no es un adorno barroco, trasnochado y ojerizo, ni panfleto político para captar a pobres incautos en períodos electorales, ni menos tontería solemne, empalagosa, ni tampoco un atrevido simplismo de rimas consonantes, sensibleras o de palabras usadas hasta el cansancio para denunciar lo que todos ya conocemos.

Sin negarles por cierto el derecho a existir a estas pseudoformas de la creación literaria, afirmamos que ninguna de ellas corresponde a la verdadera literatura, porque ella detenta sin arrogancias esa intransferible misión de custodiar la riqueza de ser hombres en la exactitud de la existencia cotidiana, allí donde se revela el auténtico drama humano.

Y una pregunta no se hace esperar. ?Hasta dónde se extiende el poder de la palabra? ?Qué zonas limita o intenta poblar? La respuesta depende de ese factor decisivo que se llama talento, pero también, exige trabajo, consciencia, inspiración y anos quizás de espera para ser reconocido entre sus iguales.

Personalmente, mi convicción se atiene al hecho de que Dios entrega el don a través de una clave genética: "No canta el que tiene ganas, sino el que sabe cantar". La virtud o el descalabro corren por nuestra cuenta, sobrepasando a la vanidad y a la complacencia del aplauso barato, tan en boga en estos días. Quienes creemos en este oficio sabemos que el triunfo definitivo no se alcanza a partir de las autosuficiencias individuales, porque hemos comprendido que la tarea de todo re-creador se abra en el sentido más hondo y amplio de la persona y que su responsabilidad no es únicamente no mentir, sino atreverse con lo verdadero y lo imperfecto, dado que escribimos porque algo nos falta o porque algo nos sobra.

Hoy, sin embargo, se comienza a percibir que la disociación de la vida estética es el camino de la decadencia, y que la civilización sólo sobrevive gracias al arte y especialmente a la poesía. Junto a esta revaloración del trabajo creativo que cada día gana nuevos espacios en el corazón del conglomerado humano, se agita un interés por fomentar el arte y la cultura en sus más diversas expresiones. A menudo el discurso actual es aquel que habla de una sociedad creadora, capaz de utilizar la imaginación para construir nuevos mundos a partir de la palabra.

No en vano, la Psicología Social afirma que la literatura refleja la época que se vive y que ésta, a su vez, actúa sobre la conducta de quienes están ligados al mundo de la economía y de la política, sensibilizándolos, transformándolos de cierta manera en interlocutores válidos. Este entendimiento entre creadores y quienes tienen en sus manos el futuro cultural de miles de ciudadanos puede ser calificado como un acontecimiento importante para quienes pretenden dedicarse en un futuro próximo al cultivo de las expresiones espirituales. Estoy confiado en la efectividad de estos impulsos emocionales, pero no obstante soy partícipe de crear otras instancias más permanentes en el tiempo. El escritor no puede vivir del entusiasmo de una determinada clase política o económica, es necesario que se legisle en torno a esta problemática para no caer en los favoritismos, tan propios de la idiosincrasia chilena.

Concluyo esta breve reflexión en torno al oficio del poeta, o de la utilidad de la poesía, pero antes deseo establecer y espero que éste sea el pensamiento de mis pares que no reconozco obligaciones temáticas de ninguna índole, sí una paciente labor que se traduzca en un abrazo fraternal, mayor que toda la soledad existente.

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UN NOVELISTA EN NAVALCARNERO

He aquí otro texto del escritor José Ángel Mañas, en este caso sobre el municipio donde resido: la Villa Real de Navalcarnero.

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Lo primero que yo oí de Navalcarnero, como buen escritor de novela negra, fueron esas anécdotas que sólo los lugareños conocen a propósito de los “Marrones”. Historias de aquel abuelo carterista en el Rastro, y también de una relación imposible entre uno de los hijos y la hija de un comisario, con rapto y persecución en helicóptero incluidos. Atracos a mano armada en el pueblo vecino, y un largo etcétera donde se mezclaba, como suele ocurrir, la realidad con la leyenda urbana.

Luego supe, a través de las obras de uno de sus autores jóvenes, que la ciudad tenía no sólo una rica intrahistoria, sino también Historia con mayúsculas, y hasta duendes. Que en su tiempo Felipe IV decidió casarse en esta villa real, por la solera que siempre tuvo; y que la fantasía más pura podía convivir con las escenas más cotidianas: en las cuevas de vino, en las residencias de ancianos y en la redacción de los medios como éste. Ya dije en algún momento que su autor, Rubén Serrano, era un mini-Tolkien.

Por lo demás hace ya unos años que leo los periódicos de este municipio, que frecuento sus calles, sus bares, sus restaurantes, que bebo sus vinos y que juego los domingos en el campo de fútbol de los Manzanos de tal modo que he ido poco a poco aclimatándome y familiarizándome con todos los habitantes a los que percibo como hermanos de tierra, que es lo que somos siempre los vecinos.

Lo último que he descubierto ha sido la Feria del Libro. Se celebró la primera semana de abril en la nueva plaza de toros cubierta. En el tiempo que llevo en los aledaños de la localidad nunca me había acercado todavía a este evento, ni tampoco había visto la nueva plaza de toros por dentro. Las dos cosas me han sorprendido muy gratamente. La plaza me parece espectacular. Un escenario inmejorable para este y para cualquier tipo de celebraciones. No se le pueden poner pegas. Se trata de ir consiguiendo que la gente se vaya acostumbrando a acercarse, y ya se está en ello.

Y en cuanto a la Feria me pareció que estaba bien organizada. Que los puestos eran todos atractivos, con una oferta de lo más variada. Que la pequeña exposición organizada sobre el 2 de mayo era pertinente. Que entre el punto de lectura y la cafetería que se había montado, y con el suelo enmoquetado por doquier, el lugar resultaba acogedor, no sólo para los adultos sino también para los chicos que podían entretenerse por allí mientras sus padres husmeaban entre los libros.

Es un evento que necesariamente debe ir a más. Este era el primer año en el que se han promovido firmas con autores locales y nacionales, y es una iniciativa que ha de consolidarse, porque ello será lo que consiga que vaya arraigando poco a poco una “cultura de firmas”. La gente ha de acostumbrarse a ver la literatura como un mundo más cercano, y con rostros, puesto que los autores somos tan de carne y hueso como los lectores, aunque estemos a uno y otro lado de la barrera editorial.

Dediqué unos cuantos ejemplares en la librería de Inmaculada, y estaré encantado de repetir la experiencia en próximas ediciones. La cultura local tiene una gran ventaja sobre la de las capitales, y es que al ser limitada la valora uno más. Yo durante los lustros que estuve en Madrid reconozco que apenas asistía a las centenares de exposiciones que se sucedían de manera incesante. La oferta era tan excesiva, que al final uno acaba por no sentir ganas y por inmunizarse al estímulo publicitario, por muy llamativo que sea.

En las localidades más pequeñas, por el contrario, uno valora el esfuerzo, y uno tiende a acercarse más a todo tipo de actos y a apreciar la riqueza que nos aportan. Son eventos como este los que tenemos que ir animando entre público y autores para potenciar la actividad cultural de la región.

Es algo en lo que tenemos que involucrarnos, si queremos que nuestros hijos disfruten mañana de un contexto cultural rico y variado que los ayude a apropiarse el vasto patrimonio literario que tienen a su alcance; porque no creo que haya nadie que prefiera vivir en el desierto cuando puede hacerlo rodeado de ricos viñedos.

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