UN NOVELISTA EN NAVALCARNERO
He aquí otro texto del escritor José Ángel Mañas, en este caso sobre el municipio donde resido: la Villa Real de Navalcarnero.

Lo primero que yo oí de Navalcarnero, como buen escritor de novela negra, fueron esas anécdotas que sólo los lugareños conocen a propósito de los “Marrones”. Historias de aquel abuelo carterista en el Rastro, y también de una relación imposible entre uno de los hijos y la hija de un comisario, con rapto y persecución en helicóptero incluidos. Atracos a mano armada en el pueblo vecino, y un largo etcétera donde se mezclaba, como suele ocurrir, la realidad con la leyenda urbana.
Luego supe, a través de las obras de uno de sus autores jóvenes, que la ciudad tenía no sólo una rica intrahistoria, sino también Historia con mayúsculas, y hasta duendes. Que en su tiempo Felipe IV decidió casarse en esta villa real, por la solera que siempre tuvo; y que la fantasía más pura podía convivir con las escenas más cotidianas: en las cuevas de vino, en las residencias de ancianos y en la redacción de los medios como éste. Ya dije en algún momento que su autor, Rubén Serrano, era un mini-Tolkien.
Por lo demás hace ya unos años que leo los periódicos de este municipio, que frecuento sus calles, sus bares, sus restaurantes, que bebo sus vinos y que juego los domingos en el campo de fútbol de los Manzanos de tal modo que he ido poco a poco aclimatándome y familiarizándome con todos los habitantes a los que percibo como hermanos de tierra, que es lo que somos siempre los vecinos.
Lo último que he descubierto ha sido la Feria del Libro. Se celebró la primera semana de abril en la nueva plaza de toros cubierta. En el tiempo que llevo en los aledaños de la localidad nunca me había acercado todavía a este evento, ni tampoco había visto la nueva plaza de toros por dentro. Las dos cosas me han sorprendido muy gratamente. La plaza me parece espectacular. Un escenario inmejorable para este y para cualquier tipo de celebraciones. No se le pueden poner pegas. Se trata de ir consiguiendo que la gente se vaya acostumbrando a acercarse, y ya se está en ello.
Y en cuanto a la Feria me pareció que estaba bien organizada. Que los puestos eran todos atractivos, con una oferta de lo más variada. Que la pequeña exposición organizada sobre el 2 de mayo era pertinente. Que entre el punto de lectura y la cafetería que se había montado, y con el suelo enmoquetado por doquier, el lugar resultaba acogedor, no sólo para los adultos sino también para los chicos que podían entretenerse por allí mientras sus padres husmeaban entre los libros.
Es un evento que necesariamente debe ir a más. Este era el primer año en el que se han promovido firmas con autores locales y nacionales, y es una iniciativa que ha de consolidarse, porque ello será lo que consiga que vaya arraigando poco a poco una “cultura de firmas”. La gente ha de acostumbrarse a ver la literatura como un mundo más cercano, y con rostros, puesto que los autores somos tan de carne y hueso como los lectores, aunque estemos a uno y otro lado de la barrera editorial.
Dediqué unos cuantos ejemplares en la librería de Inmaculada, y estaré encantado de repetir la experiencia en próximas ediciones. La cultura local tiene una gran ventaja sobre la de las capitales, y es que al ser limitada la valora uno más. Yo durante los lustros que estuve en Madrid reconozco que apenas asistía a las centenares de exposiciones que se sucedían de manera incesante. La oferta era tan excesiva, que al final uno acaba por no sentir ganas y por inmunizarse al estímulo publicitario, por muy llamativo que sea.
En las localidades más pequeñas, por el contrario, uno valora el esfuerzo, y uno tiende a acercarse más a todo tipo de actos y a apreciar la riqueza que nos aportan. Son eventos como este los que tenemos que ir animando entre público y autores para potenciar la actividad cultural de la región.
Es algo en lo que tenemos que involucrarnos, si queremos que nuestros hijos disfruten mañana de un contexto cultural rico y variado que los ayude a apropiarse el vasto patrimonio literario que tienen a su alcance; porque no creo que haya nadie que prefiera vivir en el desierto cuando puede hacerlo rodeado de ricos viñedos.
4 comentarios - Escribe aquí tu comentario
Ja ja. Qué gracioso eso de que te califique como un "mini-Tolkien". Me ha recordado a los "peque-cíclopes", que también los llamas en el libro "mini-cíclopes". Así que tú podrías ser también un "peque-Tolkien". Je je.
Tu amigo Mañas es muy "salao".
Besos
Rubén te envié un mail,creo que no te llegó.
No sé cómo hacer para ponerme en contacto contigo.
A mí también me ha hecho gracia lo de "mini-Tolkien", suena muy tierno.
Sin embargo, creo que tiene más merito lo tuyo, porque Tolkien es pura fantasía, en cambio tú has sabido mezclar hábilmente realidad y ficción, como bien señala Mañas.
La verdad es que cada vez tengo más curiosidad por pasearme por Navalcarnero...
Besos.
Mis queridos amigos:
Tolkien era un maestro de las letras y un genio de la imaginación. No creo que haya muchos que puedan llegar a su nivel, y yo ni siquiera me aproximo. Pero no pasa nada. Lo importante es que, al final, mis obras sirvan para entretener a la gente y despertar su imaginación. No aspiro a más.
Ah, enhorabuena, Elora, por ese relato tuyo recientemente premiado.
En cuanto a Maykel, ya te he contestado en tu blog.
Saludos a todos












