ILUSTRACIÓN DEL LIBRO "FÁTIMA Y FÁTIMA"
He recibido la primera imagen del libro infantil "Fátima y Fátima", que está siendo ilustrado por el dibujante Carlos Molina.



Si queréis ver algo más de este magnífico ilustrador, podéis asomaros a:
Bienvenidos a mi espacio, donde los sueños se transforman en palabras, las palabras en historias y las historias en sueños en otras mentes... Porque, como dijo el poeta, "I'm a dreamer, but I'm not the only one".
He recibido la primera imagen del libro infantil "Fátima y Fátima", que está siendo ilustrado por el dibujante Carlos Molina.



Si queréis ver algo más de este magnífico ilustrador, podéis asomaros a:
Acabo de concluir el texto de mi último libro, un cuento para niños titulado "Fátima y Fátima", que es como se llaman sus dos protagonistas: dos niñas, una española y otra marroquí, que a pesar de ser de culturas diferentes, comparten juegos, historias y sueños.
Se trata de un relato entrañable sobre la importancia de la imaginación en los niños y el valor de la amistad, más allá de las posibles diferencias culturales. Toda una valiosa lección sobre el respeto a otros pueblos y la tolerancia hacia las personas.
"Fátima y Fátima" es una obra infantil comprometida con la integración social, destinada a mostrar al joven lector cómo es el otro, el ajeno, esas personas que no viven como nosotros ni tienen las mismas creencias y valores, y que, no obstante, conviven a nuestro lado en un mundo que se ha hecho más pequeño.
Éste es un libro que pretende sensibilizar a los niños de nuestro mundo occidental sobre la diversidad cultural y que busca entreabrir una puerta que les permita comprender y valorar lo positivo que tiene cada cultura.
El libro va a ser editado por la Administración pública, con fondos de la Consejería de Inmigración y Cooperación de la Comunidad de Madrid.
Este mes sale a la venta "La Pella", la última novela del escritor José Ángel Mañas, publicada por la editorial Lengua de Trapo. Una divertida historia de dos amigos, Kiko y Borja, que viven en un eterno fin de semana de alcohol, coca y afters. Pero hay algo que puede hacer que todo se tambalee: se acaba el plazo para cancelar una deuda con el Nacle, su camello. Las peripecias en las que se ven envueltos los dos amigos terminarán por sacar a la luz la distancia que hay entre los dos: Borja, perteneciente a una clase social acomodada, y Kiko, un chaval de barrio acostumbrado a vivir en el presente.
En La pella se encuentran algunos de los elementos que han hecho de José Ángel Mañas uno de los autores más interesantes del panorama actual: diálogos que fluyen y se confunden con las voces de cualquier ciudad, una trama perfectamente hilvanada y que encierra a los protagonistas en situaciones tan dramáticas como cómicas... pero también nos descubre a un perfecto dominador de la novela corta.
Aquí tenéis el primer capítulo, narrado por el propio Mañas:

Inmaculada Díez Sanz me ha enviado este precioso marcapáginas realizado por ella tras leer "Los Duendes de Navalcarnero". Desde aquí, agradezco su amabilidad y la felicito por sus dotes artísticas.
Una vez más, y con fines meramente didácticos, difundo un texto de otro autor: en este caso del escritor chileno Pablo Cassi (con su permiso previo, por supuesto), a quien agradezco desde aquí su amabilidad al permitirme reproducirlo. Espero que sea de interés para la mayoría.

El arte y en especial la literatura, como formas del comportamiento humano, han sido una constante a través del tiempo. La creación literaria de un poeta o escritor, por lo general, ha sido más bien una forma personal de comunicación con aquello que se denomina "el prójimo evitable" y con todo aquello que lo sobrepasa.
Pero pronto apareció el triunfo de ciertos discursos unívocos, la práctica abierta del sofisma por parte de los profesionales de la retórica, lo que conllevó a que la función de la literatura, fuera en cierta medida dejada de lado y reemplazada en las conciencias de las mayorías por la idea del entretenimiento o la simple diversión.
Entonces el acto creativo dejó de ser importante para los demás y, por ende, para el mercado del libro y fue así que el mundo de las letras fue perdiendo un espacio en su propio mundo.
Los poetas, los novelistas, los ensayistas y los dramaturgos, en tanto comenzaron a sentir en carne propia la aparente inutilidad de este oficio y a ser vistos como catalizadores del disturbio, para luego ser relegados de forma paulatina a un segundo plano y después, ser expulsados de la reciente república del consumismo y del éxito financiero.
De acuerdo con este nuevo orden imperante, producto de la exportación de las grandes economías, carentes de motivaciones espirituales y de proyectos que vayan más allá de lo inmediato y perecedero, los autores de textos literarios han resultado ser a la postre los únicos y grandes perecedores en una sociedad altamente tecnificada y pragmática, que no necesita para su "normal" funcionamiento poetas, pintores, músicos, dramaturgos o escultores. Los graves problemas por los que atraviesan los países llamados en vías de desarrollo no se solucionan con las nuevas promociones de escritores o intelectuales. Lo que aquí se requiere -según algunos economistas- es mano de obra cualificada, es decir, hombres-máquinas, capaces de aumentar los índices de producción para competir en los mercados mundiales, sin importar mayormente que el día de manana, el alerce o la araucaria sean sólo un hermoso recuerdo de Chile, el país más austral del mundo.
Enfrentado a esta penosa realidad, el auténtico escritor se ha planteado con insistencia y de manera conjetural una redefinición de su rol dentro de esta sociedad, cada día más corrupta y alejada de la misma esencia del hombre.
No olvidemos lo que hace algunos anos expresó el argentino Ernesto Sábato: "La pérdida de la identidad de los pueblos de América Latina se inicia a partir de la aceptación de pseudoexpresiones culturales, provenientes de los países industrializados. La drogadicción, la pornografía y el alcoholismo reflejados en vastos sectores de nuestra juventud, hoy casi ya no escandalizan a nadie."
A lo anterior podemos agregar algunos aspectos de la vida de un cantante de origen negro, elevado a la cima de la popularidad y con millones de seguidores en los cuatro puntos cardinales, el cual fue muy requerido por un tribunal de justicia de su país por prácticas deshonestas. Este ídolo que goza de la inmunidad para transgredir las normas de la ética y de la moral ocupa grandes espacios en la prensa y en la televisión, sin que ninguna doctrina religiosa o filosófica condene las actitudes de quien se ha convertido en producto de los antivalores.
Junto al siempre acechante imperio de las frivolidades y su mecánica permanente de erigir dioses con pies de barro, las nobles expresiones espirituales parecen no tener cabida en esta sociedad que cada día cree más en el ilusionismo palabrero de los demagogos de oficio. Ciertamente que los escritores muchas veces son alcanzados también por estas panaceas, porque la tentación propagandística no tarda en invadir todos los territorios que el hombre habita, dejando caer avalanchas de ventajas materiales que, de tanto escucharlas, éstas concluyen por ensenorearse en medio de la mendicidad en que viven muchos de nuestros escritores.
Siento que al expresar estas palabras de alguna manera u otra estoy interpretando a muchos que han hecho de este oficio la razón última de su vida: renovar el camino de la esperanza; defender lo más íntimo de cada hombre o de cada mujer que se inicia con el descubrimiento del lenguaje, porque también en las palabras albea el amor, el terruno, el amplio horizonte de nuestra existencia; mientras la noche oscurece nuestro canto, para recordarnos que a fin de cuentas no somos nada más que peregrinos de un viaje interminable.
Tácitamente está expresado que la tarea del escritor requiere ser escuchada con atención, al igual que otras de la misma naturaleza humana, y proclamada como una sola actitud, sin fronteras, desafiando los contumaces olvidos que a diario pretenden desalentarnos, y aceptar que más allá de las personales circunstancias, nos vincula una auténtica fraternidad en afanes humanos y sensibles.
Como en todo hombre, la primera condición del escritor para realizar su trabajo es hacerlo bien. Conseguirlo le llevará -probablemente- toda la vida. El escritor nace y se hace cada día, porque debe comprender que escribir es dedicar su tiempo vivo a recoger y expresar, a comunicar y a sonar, a querer y a no querer a todos los verbos inexcusables que forjan con o sin su permiso, es decir alma y cuerpo de todos los días, de todos los momentos.
Ser re-creador de la palabra significa hacerse cargo de una variada gama de interrelaciones y asumir un rol pacificador dentro de una sociedad que aún no sale del todo de la barbarie. Su vida, ni muy distinta ni muy distante de la de otros, se forja con nostalgias y con suenos, con concordias y desacuerdos, con amores y desamores que no podría sino acoger como materia vital de su propia experiencia, porque la literatura no es un adorno barroco, trasnochado y ojerizo, ni panfleto político para captar a pobres incautos en períodos electorales, ni menos tontería solemne, empalagosa, ni tampoco un atrevido simplismo de rimas consonantes, sensibleras o de palabras usadas hasta el cansancio para denunciar lo que todos ya conocemos.
Sin negarles por cierto el derecho a existir a estas pseudoformas de la creación literaria, afirmamos que ninguna de ellas corresponde a la verdadera literatura, porque ella detenta sin arrogancias esa intransferible misión de custodiar la riqueza de ser hombres en la exactitud de la existencia cotidiana, allí donde se revela el auténtico drama humano.
Y una pregunta no se hace esperar. ?Hasta dónde se extiende el poder de la palabra? ?Qué zonas limita o intenta poblar? La respuesta depende de ese factor decisivo que se llama talento, pero también, exige trabajo, consciencia, inspiración y anos quizás de espera para ser reconocido entre sus iguales.
Personalmente, mi convicción se atiene al hecho de que Dios entrega el don a través de una clave genética: "No canta el que tiene ganas, sino el que sabe cantar". La virtud o el descalabro corren por nuestra cuenta, sobrepasando a la vanidad y a la complacencia del aplauso barato, tan en boga en estos días. Quienes creemos en este oficio sabemos que el triunfo definitivo no se alcanza a partir de las autosuficiencias individuales, porque hemos comprendido que la tarea de todo re-creador se abra en el sentido más hondo y amplio de la persona y que su responsabilidad no es únicamente no mentir, sino atreverse con lo verdadero y lo imperfecto, dado que escribimos porque algo nos falta o porque algo nos sobra.
Hoy, sin embargo, se comienza a percibir que la disociación de la vida estética es el camino de la decadencia, y que la civilización sólo sobrevive gracias al arte y especialmente a la poesía. Junto a esta revaloración del trabajo creativo que cada día gana nuevos espacios en el corazón del conglomerado humano, se agita un interés por fomentar el arte y la cultura en sus más diversas expresiones. A menudo el discurso actual es aquel que habla de una sociedad creadora, capaz de utilizar la imaginación para construir nuevos mundos a partir de la palabra.
No en vano, la Psicología Social afirma que la literatura refleja la época que se vive y que ésta, a su vez, actúa sobre la conducta de quienes están ligados al mundo de la economía y de la política, sensibilizándolos, transformándolos de cierta manera en interlocutores válidos. Este entendimiento entre creadores y quienes tienen en sus manos el futuro cultural de miles de ciudadanos puede ser calificado como un acontecimiento importante para quienes pretenden dedicarse en un futuro próximo al cultivo de las expresiones espirituales. Estoy confiado en la efectividad de estos impulsos emocionales, pero no obstante soy partícipe de crear otras instancias más permanentes en el tiempo. El escritor no puede vivir del entusiasmo de una determinada clase política o económica, es necesario que se legisle en torno a esta problemática para no caer en los favoritismos, tan propios de la idiosincrasia chilena.
Concluyo esta breve reflexión en torno al oficio del poeta, o de la utilidad de la poesía, pero antes deseo establecer y espero que éste sea el pensamiento de mis pares que no reconozco obligaciones temáticas de ninguna índole, sí una paciente labor que se traduzca en un abrazo fraternal, mayor que toda la soledad existente.
Cielo de fuego.
Nubes en llamas
que llaman,
ardientes, a la oscuridad,
ante el grito silencioso de la ciudad.

© Fotografía: Rubén Serrano, 2008
Decía Faulkner, en su discurso de agradecimiento tras la recepción del Premio Nóbel, que uno, cuando siente que tiene talento literario debe probar suerte primero con la poesía. Si los versos se le resisten, entonces pasarse al cuento. Si en eso las musas también le son desfavorables, probar con la novela corta. Y ya si con la novela corta ve que los resultados no son los deseados, entonces y solo entonces pasarse a la novela larga.
Como productor de textos de distancias medias y largas, estoy tentado de matizar esta afirmación que tiene, seguramente, mucho de boutade; sin embargo, en lo esencial, coincido en que una novela corta tiene generalmente un nivel de exigencia más elevada. Es un texto al que no ha de sobrarle nada, en el que todo ha de ser músculo; donde ningún elemento puede ser insignificativo y donde, como quería Chejov para el teatro, si aparece un revólver en escena al levantarse el telón eso implica necesariamente que al final del primer acto alguien va a matar a alguien, puesto que todas las piezas están perfectamente encajadas para construir una historia unitaria.
Rubén Serrano es un adepto de esta forma. En su obra parece hacerse buena esa otra afirmación, de Nabokov, de que cada escritor lleva en la frente grabado un número de páginas. Toda su producción, hasta el momento, son estos textos que rondan las ciento y poco páginas que a él le bastan para desarrollar una historia sencilla, bien concebida y ejecutada con mimo en su taller como el buen artesano de ficciones que es.
Es un escritor con un estilo límpido y escrupuloso, donde la prosa castellana, tendente siempre a la parquedad, se alía con la fantasía anglosajona para dar una combinación sorprendente de duendes en Navalcarnero, de peque-cíclopes en una España contemporánea o de caballeros en una estación espacial futurista, como encontramos en su producción literaria.
Me ha gustado «Sueños entre las estrellas». Me parece que en esa rebelión contra los sacerdotes todopoderosos y contra el ordenador Dios hay un conato de reflexión sobre nuestro presente y que en ese futuro de hombres desterrados literalmente que pudieran ser el germen de una nueva humanidad y que algún día alcanzarán el Paraíso de la Eterna Felicidad hay un punto de utopismo que desvela el optimismo desesperado de su autor.
Tengo tendencia a tomar las ensoñaciones literarias totalmente en serio. Porque en ellas siempre hay una verdad personal, subjetiva, profunda. Y porque quién sabe si los sueños de hoy no serán las realidades de mañana.
José Ángel Mañas
Ha llegado el momento de que la verdad salga a la luz pública. Todo el mundo debe conocer la trágica verdad: ¡la Gran Conspiración se cierne sobre nuestras cabezas cual espada de Damocles! Los gobiernos, los organismos internacionales y hasta las organizaciones no gubernamentales conspiran contra nosotros, los simples e indefensos ciudadanos, que vivimos ajenos a esta realidad secreta, refugiados en nuestra sociedad consumista y en nuestra vida de trabajo y productividad –imprescindible para poder seguir consumiendo–, al tiempo que nos ahogamos en la constante monotonía del día a día, repleto de obligaciones, compromisos y deudas.
Los todopoderosos sin escrúpulos nos gobiernan y nos dirigen como a borregos, manteniéndonos ocupados. Trabajo, fútbol, sexo y televisión son ingredientes más que suficientes para llenar nuestras vacías vidas. Somos siervos esclavizados, plebe en manos de tiranos que controlan nuestros destinos.
Nos venden espejismos, sueños de felicidad y fantasías de una vida mejor construida a base de esfuerzo e hipotecas. Nos llenan la cabeza de ilusiones, haciéndonos aspirar a ciertos lujos: coches más grandes, electrodomésticos más modernos, cuerpos Danone... La publicidad nos envuelve y nos engatusa, persuadiéndonos e impulsándonos a un comportamiento favorable a los intereses del poder político-económico. Y por eso gastamos nuestro mísero sueldo en la lotería y las quinielas, con la vana esperanza de que nos toquen unos milloncejos y así poder comprar todo aquello que no necesitamos. Vana esperanza porque, en realidad, todos esos juegos y apuestas están amañados y no tocan a nadie. Es sólo una estratagema gubernamental para recaudar fondos, un montaje con actores pagados que fingen ser los agraciados cuando salen en televisión y unos pocos premios menores para disimular.
Todo eso es una tapadera que oculta sus verdaderas intenciones y oscuros manejos. Y saben bien cómo desviar nuestra atención. Ellos dominan los medios de comunicación. Controlan nuestro pensamiento.
No somos más que marionetas. Nos hemos convertido en simples títeres adictos al tabaco, al alcohol, al juego, al fútbol, al sexo o al trabajo. Da igual. Lo importante es ser adicto a algo. Así permanecemos ajenos a la realidad, domesticados como animales, mientras los poderosos nos arrebatan hasta la sangre.
Ellos lo dominan todo. Se introducen en nuestros hogares y espían nuestra intimidad. Tienen muchos medios para ello: las compañías telefónicas nos permiten comunicarnos a distancia y son también el Gran Hermano que, como en la novela de Orwell, nos escuchan y nos controlan a través de nuestros teléfonos móviles. Pero los Amos también nos ven, nos vigilan igual que en la película “El show de Truman”, a través de videocámaras ocultas en nuestros televisores, en el ascensor, en el autobús y hasta en la máquina expendedora de cigarrillos.
Y lo peor de todo es que no os dais cuenta de ello. Lleváis una venda en los ojos y no podéis ver. Aunque la culpa no es del todo vuestra. Son Ellos. Nos drogan con sustancias químicas que creemos inofensivas, como la Coca-Cola o incluso el agua que sale del grifo, aparentemente inocua, pero que lleva diversos componentes –cuyo leve sabor es tapado por el del cloro– que alteran nuestra percepción de la realidad.
El Gobierno, regido por oscuros intereses políticos, actúa con premeditación y alevosía en toda esta trama, urdida desde hace varias décadas, que nos acerca cada vez más a esa sociedad deshumanizada que describía Huxley en su novela “Un mundo feliz”.
Pero no sólo el Estado está detrás de todo esto. También las organizaciones no gubernamentales, los grupos religiosos, los militares, los jueces, los abogados, los médicos, las grandes corporaciones, las empresas petroleras, las tabacaleras, las compañías de seguros, los bancos... No podemos confiar en la buena voluntad del Gobierno, ni de los partidos de la oposición, ni de los sindicatos... Todos forman parte del mismo juego: los gobiernos son propiedad de las empresas.
El mundo es de los ricos y poderosos. A ellos pertenece el mañana, mientras que las capas populares de la sociedad estamos irremisiblemente condenadas.
Pensad por un momento en este ejemplo: ¿por qué seguimos usando los obsoletos motores de combustión interna en nuestros vehículos, cuando hay otros sistemas (motores eléctricos, magnéticos, etc.) que emplean energías alternativas no contaminantes y mucho más baratas? ¿No tendrán algo que ver los intereses económicos de las grandes multinacionales petroquímicas?
¿Y qué decir de Internet? Creemos que es una herramienta que nos ayuda, cuando en realidad es otra forma de espiarnos, mientras sirve de puerta de acceso de los virus informáticos a nuestros equipos, que sólo podremos eliminar comprando antivirus a las todopoderosas empresas de software.
¿Y los médicos? ¿Creéis que están para ayudarnos? Os equivocáis. ¿No se os hace raro que en el siglo XXI, mientras que el hombre puede viajar por el espacio, los ordenadores resuelven las más complicadas operaciones en décimas de segundo y la clonación de seres vivos es ya una realidad, una simple gripe siga afectando a millones de personas cada año o las alergias sean cada vez más frecuentes y numerosas? ¿Cómo es posible? Es así porque beneficia a los laboratorios farmacéuticos. Ellos son quienes deciden el futuro de los ciudadanos en función de sus ingresos, siempre con la complicidad de los médicos, que atiborran a los pacientes de pastillas, muchas veces inútiles, a cambio de suculentas comisiones.
Es más: la vacuna contra la gripe se administra justo antes de las fechas navideñas porque, en realidad, se trata de una sustancia estimulante que potencia el consumismo compulsivo.
Nos drogan con fármacos que debilitan la capacidad creativa del individuo, la iniciativa o la simple actitud crítica, con el fin de que ignoremos los verdaderos males de nuestra sociedad.
Los científicos, igual que crean armas bacteriológicas, diseñan cada año nuevos virus para someternos. Sabed que el Sida es una creación de los científicos norteamericanos, cuya finalidad inicial era diezmar a los homosexuales y a la numerosa población de reclusos, cuyo mantenimiento salía excesivamente caro...
Sí, los poderosos se deshacen de nosotros cuando ya no les somos útiles. Y lo hacen rápida o lentamente, según convenga a sus intereses. Nadie está a salvo: edificios que se derrumban por sí solos, incendios misteriosos, vacas locas y gripe aviar cuya enfermedad se transmite a través de la cadena alimenticia, aguas contaminadas por residuos tóxicos o autobuses del Imserso que se salen de la carretera y en los que fallecen un montón de ancianitos, ahorrándole al Estado importantes cantidades de dinero en pensiones.
Y ni siquiera podemos ir a denunciarlo a la Policía, pues las fuerzas de seguridad del Estado están al servicio del poder, para controlar al pueblo, a sus súbditos, a sus... esclavos.
Nos hemos convertido en ganado. Confiamos nuestras vidas al sistema... Y algunas veces nos sacrifican como a ovejas. Ninguno de nosotros está a salvo. Controlan nuestras vidas desde la cuna hasta la tumba. Pronto incluso tendremos que morirnos donde diga la ley.
¡Abrid los ojos! Sé que es difícil que aceptéis lo que os digo. Os hacen creer en los horóscopos, el tarot, los fantasmas y los extraterrestres (los ovnis no son más que un montaje de los gobiernos para distraer la atención), pero os convencen de que no debéis escuchar a las personas que, como yo, conocemos la verdad. Nos llaman locos y conspiradores. Os hacen creer que somos unos paranoicos esquizofrénicos. Y lo consiguen, pues la realidad es tan áspera que nadie nos quiere escuchar. Un mundo ignorante, construido sobre pilares inquebrantables, es seguro. Pero ¿qué sucedería si esos pilares se derrumbasen? ¿Y si sus cimientos empezaran a temblar?
Sabed que no se trata de la paranoia de un loco. Las teorías conspiratorias surgen en todas partes del planeta, cada día más. ¿Acaso es coincidencia?
¡Despertad! Aceptad que vuestra visión del mundo está equivocada…
¡Cambiad!
* * *
Esta carta fue hallada en la habitación de un interno del Hospital Psiquiátrico de Madrid tras su insólita desaparición de uno de los pabellones con mayor vigilancia. A pesar de haber transcurrido un año desde el suceso, aún se desconoce el paradero del paciente desaparecido. El caso sigue abierto.