Trailer: Me enamoré del amor y la muerte de mí.
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"Sólo soy un loco que a veces está cuerdo y nunca sé en que estado me encuentro de los dos"
Autor: José Trujillo Priego
Reseña:
José Trujillo Priego, nació en Córdoba (España) el 17 de septiembre de 1941. Periodista, investigador, escritor y compositor. Miembro de la Federación de Asociaciones de la Prensa de España (FAPE), de la Federación de Asociaciones de Radio y Televisión (FARTV) y de la Sociedad General de Autores y Editores (SGAE).
Durante más de treinta años fue activo profesional en diversos medios de comunicación de Andalucía, Cataluña, Madrid y Navarra.
Autor de varios ensayos: Ya falta menos; Vivencias; El Camino Jacobeo: ¿Leyenda o Historia?; Genealogía, estilos y formas del arte flamenco; Antonio Machado: de ?Soledades? a ?Poesías de guerra?; y En honor a la Blanca Paloma; además realizó las obras de ?literatura-científica? -así reconocidas por el Ministerio de Cultura-: El Rocío: Patrimonio de la Humanidad y Pluralidad e Identidad de Andalucía.
También ha compuesto más de 350 temas literarios-musicales, que han sido editados en diferentes trabajos discográficos.
Orador, pregonero y presentador en múltiples jornadas culturales, religiosas y festivas. Prologuista de varios libros.
Para elaborar Semilla judía: Jesús sí, dogmas no, estudió, analizó y desarrolló una tesis tras la investigación realizada de los textos sagrados fijados en el canon de la Biblia, libros apócrifos, múltiples archivos históricos públicos y privados (incluidos el del Santuario del Libro, de Jerusalén; Archivo Vaticano; Archivo Nacional de Grecia, Museo Británico, entre otros muchos), museos y una amplísima bibliografía; estudió y analizó los documentos compilados, preocupándose de conocer las opiniones de diferentes expertos: antropólogos, arqueólogos, paleontólogos, humanistas, filólogos, biblistas, teólogos e historiadores, además de ampliar su contenido con los acontecimientos trascendentales que se han desarrollado después de su inscripción en el Registro General de la Propiedad Intelectual. Por todo ello, antes de la ampliación citada, doña Adelaida García Puga, la Jefe del Servicio de Documentación e Inscripción del Registro General de la Propiedad Intelectual del entonces Ministerio de Educación y Cultura -a través de donde el autor hizo la inscripción de la presente obra-, le comunicó: ?...que su solicitud de inscripción ha obtenido la calificación jurídica favorable (...) Número: 41/37321 (...) Clase de obra: Científica?.
En Semilla judía el autor se adentra en la controvertida figura de Jesús de Nazaret para buscar las claves de su auténtica identidad. Frente a los textos bíblicos canónicos, opone investigaciones que dan un giro a lo tradicional abriendo nuevas vías para desentrañar los misterios y dogmas del cristianismo.
Ya sé que estás dentro de mí. Mi alma y tu alma están unidas desde que existe la propia existencia. Somos inseparables porque tú y yo somos uno solo o una sola alma.
Nos dividimos para probar más aún nuestro amor hace mucho, mucho tiempo, en el principio de los principios, cuando Dios nos creo a su imagen y semejanza. Nos hizo de amor, y amor es lo que somos. No podemos evitarlo ya que el amor que nos une es amor puro, verdadero, sin límite de tiempo ni de espacio.
El amor en su estado más puro es el que forma nuestras almas, que siendo una sola estamos insertas en dos cuerpos distintos. Uno el tuyo y otro el mío.
Ahora sé que percibirás que existo en verdad y que soy tu única alma gemela existente y que todo lo pasado ha sido un puro trámite para unirnos en el presente.
Solo sé que te amo. No existe nada más en mí que amor hacia ti. El resto es solo vacío.
Te añoro desde toda la eternidad del tiempo porque sé que eres tú. Te necesito tanto como tu a mi. Seamos felices para siempre por fin.
Jamás dañaremos a nuestros semejantes con nuestro amor, porque a nosotros nos unió Dios, y Dios es el que me dice que te escriba diciéndotelo.
Dios me dice que no necesitamos perdón, que solo necesitamos estar juntos desde ya. No hicimos nada malo nunca, solo tentamos nuestra suerte al destino más maravilloso que jamás existió, que no es más que esperar lo inevitable, nuestro reencuentro en esta vida para amarnos como solo tú y yo sabemos: con el corazón y con el alma.
Amor, solo tengo amor en mi gracias a ti. Te debo todo lo que soy porque tú me has creado. Sin ti no existo, contigo soy el amor hecho realidad.
Hoy he estado pensando todo el día en ti, nuevamente. Me he sentido un poco triste, quizás perturbado por la duda innata de si recibirás en tu mano estas cartas o si por el contrario alguien las abre por ti. De cualquier forma se que me sientes al igual que yo a ti. Nunca pensé que sería posible albergar tanto amor dentro de un cuerpo humano. Es lo más maravilloso que he sentido jamás.
No puede compararse con nada el placer de sentir tu alma llena de gozo y de alegría, llena de fruta madura, agua, aire y Dios abrazándote como un padre y como un hermano a la vez y susurrándote al oído que eres bueno y que tu amor te hace libre de todo pecado realizado en el pasado, porque el amor es la cura de todo cuanto existe.
Amar es saber vivir, respetar es saber vivir y todo lo bueno que he sentido dentro de mi tu lo has sentido dentro de ti.
Estamos tan conectados que el amor pierde su nombre y se convierte directamente en Dios para albergar todo lo profundo de este sentimiento que me llena.
Vivir eternamente sería un placer si tú estás a mi lado. Nada podría destruir la inmensidad de mi amor hacia ti.
La vida tiene sentido ahora que te llevo en mi alma, conectada a mi corazón y a mi ser más profundo. Dios existe porque el absoluto del amor me lo ha enseñado él, al realizar el milagro de que tú seas real.
Te amo tanto que ni siquiera estas palabras llenas de gozo tienen significado.
Las palabras pueden murmurar el sentimiento pero, ¡OH!, Dios mío como decirle que la amo con palabras, como decirle que mi alegría es eterna con palabras, como decirle que la siento a cada segundo conmigo, junto a mí con palabras.
Solo sé que amo. Amo a una mujer, a una madre y a mi Dios que son una sola persona, eres tú, mi alma gemela, mi vida, mi anhelo, mi ambición de vivir, mi esperanza de vida, mi todo.
Te amo tanto que no me canso de repetírtelo. Te amo tanto que mi llanto esta lleno de lágrimas de agua pura que recojo con dulzura para beber tu sed y calmar tu angustia.
Y te amo tanto que esto no tendría sentido si tú no lo leyeras. Pero aún sin leerlo sé que tú me amas como yo a ti.
Si no lees estas palabras de amor por ti no importa porque lo que interesa de verdad es que yo sepa que eres feliz estés donde estés, y que yo me sienta feliz al saberlo, y ahora lo sé.
Dios me habló y yo le seré eternamente fiel por ser mi mentor, mi mejor amigo, mi padre, mi hermano y mi amor verdadero: tu eres Dios amor mío, tu eres Dios y eres mujer. La mujer más bella del universo, la que sabe amar como nadie pudo jamás amar, la que todo lo hizo por amor sin esperar nada a cambio, la que tiene hijos y les da la libertad de tener libre albedrío para crecer, vivir, amar y crear.
Dios eres tu mujer. La mujer que nunca tuvo su lugar en la tierra pero por propia voluntad, esa mujer que no lucha con armas porque las armas matan, esa mujer que habla sin querer hacer daño a nadie, esa mujer que por no mentir, dice verdades que duelen a los hombres de ignorancia palpable.
Mujer tu eres mi alma gemela, y te respeto tanto que me pidas lo que me pidas lo haré sin oponerme porque tu me has creado a mi a tu imagen y semejanza y me hiciste para que juntos pudiéramos subsistir y crear más hijos y que nunca se extinguiera la raza humana.
Tú mujer, eres lo mas maravilloso que existe porque tu eres Dios, Diosa o como quieras que te llamemos. Tú eres la verdad y eres la paz y nosotros los hombres te intentamos destruir constantemente porque te tememos, tememos el amor tan inmenso que recibimos de ti, y por eso te engañamos, te despreciamos y te saboteamos.
Pero el mundo siempre ha sido tuyo porque tú eres la madre de todos los seres humanos, y de todo ser vivo del universo. Te amo mi alma gemela, te amo mi Diosa, te amo mi vida, te amo.
Gracias por dejarme que te ame eternamente.
Hoy me sentí vivo. Cerrando los ojos mi corazón se llenó de gozo y regocijo al sentirte nuevamente. Mis manos tocan tu alma cada vez que me lo propongo y eso me hace feliz. Tus ojos me miran desde lo infinito para recordarme que estoy vivo y que al fin mis plegarias son recogidas por tu alma, amor. Cuando me miras atraviesas el infinito dejando mi corazón lleno de gloria, de amor.
Tus ojos son dos lunas llenas, llenas de amor, de luz resplandeciente que alberga todo el universo de mi vida en un solo segundo. Tu mirada me llega al alma, me toca y me abraza, me suelta y me coge, me agarra y me deshace el corazón volviendo a rehacerlo en otro segundo. Me funde tu mirada de amor verdadero y me conviertes en Dios.
Tu pelo, como algas marinas, se deslizan en mi mirada, como sabanas de seda que me acogen y envuelven todo mi cuerpo. Me acaricias con él y me siento cubierto en una burbuja de glicerina y oxígeno puro. Tu boca, que será de mí al describir tu boca. Una ventana que se abre para decir ?te
amo.? Dos burbujas rosáceas en perfecta armonía con el cosmos. Un corazón aplastado por soportar tanta belleza a su alrededor. Una fina línea que determina que sí existe el infinito porque delimitándola esta tu sonrisa. Que sonrisa.
La sonrisa de tu boca no tiene perdón porque despierta tantas pasiones que hace que existan los siete pecados capitales en el ser humano.
Pero ella ha creado también la fe en Dios, porque Dios ríe al mirarte y ver que te hizo a su imagen y semejanza; al ver tu sonrisa Dios llora de felicidad y cree en el ser humano nuevamente. Cuando ríes mi corazón se para, para no ser estorbado por su movimiento tan idílico. Mis pulmones se paralizan y mi alma se acerca a la tuya para susurrarte que no dejes de sonreír nunca para que la vida tenga sentido continuamente.
Tu nariz completa un complejo perfecto entre todo su alrededor y ella misma. Sus dos entradas hacia el interior de ti hacen de tu nariz una puerta abierta al más íntimo perdón de los pecados del hombre. Tú perdonas desde tu interior todo y tu nariz lo manifiesta.
Al salir el aire de tus pulmones llenas de paz y sosiego la atmósfera terrestre endulzándola de tu aroma interno. Un aroma que desde que existe la mujer nadie ha podido copiar, porque tu aroma es solo tuyo y mío y no tiene secretos, no tiene más componentes que el más puro aroma del amor.
Tus dos pequeñas alas angelicales que te hacen oír tantas y tantas cosas, filtran el odio y
lo convierten en el más perfecto estado de sonido puro y limpio de distorsiones externas. Todo lo que recibes lo conviertes en palabras de amor, porque amor eres y amor soy, y solo sabré decírtelo hasta que el infinito se pare y quiera hacerse finito,
hasta que Dios y tu me convenzáis de que pare y aún así seguiré diciéndote palabras de amor. Porque el amor no se cansa nunca en mí, puesto que tú existes.
Tu cuerpo finito por su forma e inmenso por lo que desprende. Llenas el universo de pasiones incontroladas.
Te culpo de poseer un cuerpo que ha creado guerras de pasión, guerras de admiración y de culpa. Ha creado los complejos humanos en todas sus manifestaciones, pero tu cuerpo pierde su culpa en el momento en que tú decidiste limitarlo para no desprender tu alma más allá de nuestro amor.
Por eso tu culpa es la mía, y la mía ninguna. La culpa carece de sentido cuando comprende que no puede percibirse por sí misma.
Y Dios no te creo. Tú creaste a Dios y le diste forma y le pusiste nombre y ese nombre no es más que el tuyo.
Y yo desde mi profundidad, escondido entre árboles de algodón te admiro. Solo se admirarte porque mi ser no entiende de vanidades ni orgullos, ni de ira ni de odio. Solo soy lo que tú quieras que sea. Pero sé que existo al igual que tú.
Ven mi alma gemela, ven todas las noches a decirme que vives feliz, que eres dichosa, la más dichosa de todas y yo desde mi bosque reiré eternamente.?

Introducción de la novela publicada por ediciones Atlantis.
ISBN 849662108-1
A la venta en la página web de la editorial y en librerias de toda España.
Introducción
?Conocí las cotas más sublimes de la locura y cuando quise saber de la cordura fue demasiado tarde?
Trabajé como psiquiatra durante años, pensaba con cierto orden, era cauteloso con mis pacientes y actuaba de la forma más profesional posible, pero no me sentía satisfecho con los resultados obtenidos y algo en mi interior se despertó.
Día tras día sentía la necesidad de conocer por mí mismo cuales eran los motivos reales que podían provocar patologías psicóticas o estados alterados de conciencia fueran cuales fueran.
Sentí un irrefrenable deseo de cambiar los cánones establecidos con las terapias que utilizaba. Lo hice. Ahora creo que todo es posible.
Me permití el lujo de abandonar la sanidad pública para consagrarme de lleno a descubrir los rincones ocultos de nuestra mente. El caos de la existencia me entusiasmaba ya que intentaba completar al menos mi puzzle particular.
Decidí dedicarme de pleno a mi profesión, la psiquiatría, y sabía que para adentrarme en lo mas profundo del alma humana tenía que romper con ciertas reglas, deshacer los métodos tradicionales y comenzar a elaborar una terapia propia, ya que mi experiencia profesional me demostró que la mente humana es demasiado compleja para acotarla con ciertos criterios preestablecidos, y comencé por destruir una de las pautas primordiales, la transferencia entre paciente y terapeuta.
Necesitaba sentirme parte de sus vidas para saber qué les estaba ocurriendo y así hacerles ver que no había nada que ocultar. Necesitábamos abrir nuestras almas para llegar a su fondo o al menos acercarnos lo más posible a las raíces del problema principal.
Quería que los pacientes supieran que formábamos un equipo, un grupo de amigos que nos reuníamos para llegar a alguna parte, a algún lugar donde la paz interior fuera el final de nuestra búsqueda.
No sería fácil pero me propuse muy en serio no protegerme contra el sufrimiento que me iba a causar dicha terapia de grupo, quería soportar en mi cuerpo ese castigo, saber como se siente una persona en esas situaciones, ser un paciente más.
Mi afán real era ayudarles a superar sus problemas e infiernos personales y de camino intentar conocerme a mi mismo.
Comencé y finalicé está idea ?terapéutica? con dos antiguos pacientes, Oliver y Eduardo. Tenían unos perfiles personales que me llamaron siempre la atención.
Oliver exaltaba la vida y el amor de una forma excesiva, padecía lo que llamé una psicosis romántica que ni el mismísimo Freud hubiera podido explicar. Sin embargo algo en mi interior adulaba su manera de sentir. Era realmente un tipo interesante, muy inteligente y cuerdo, cuando no estaba por las nubes.
Como contraste, Eduardo, describía una realidad tan tangible y dura que era prácticamente el lado opuesto del pensamiento de Oliver. Tenía un concepto de la realidad negro, que le hacía delimitar la existencia de una manera tan lineal y cruda que daba miedo pensar que pudiera tener razón ya que sus ideas denotaban una personalidad muy depresiva y autodestructiva. Eduardo ejerció la medicina y tenía una memoria fantástica. Siempre se protegía con argumentos estrictamente científicos y no dejaba una oportunidad a las ideas que descansaran lo más mínimo en argumentos utópicos. Viajaba por un mundo tangible y al mismo tiempo se posaba en él para no caer en sus miedos más recónditos.
Ambos se conocían pues convivieron en la misma unidad de psiquiatría en tres ocasiones.
Les llamé por teléfono y les propuse la idea de reunirnos en mi consulta para conversar entre los tres, solo eso. Cada uno diría lo que le viniese en gana y no habría pautas preestablecidas, sería una charla entre tres personas. ènicamente pactaríamos la hora de inicio de nuestras reuniones y me dejarían grabar todas las conversaciones que mantuviésemos. Oliver aceptó de inmediato, Eduardo dijo -?no tengo nada que perder.?
Oliver, Eduardo y yo (Fausto) mantuvimos muchas conversaciones en las que intercambiamos pensamientos sobre los sentimientos que nos surgían de forma espontánea, y a posteriori los debatíamos como forma de esclarecimiento y como ejercicio de desahogo personal. Realmente era algo terapéutico, intentaba de alguna manera descubrir algo que estimulara nuestra inquietud de conocimiento sobre la existencia, sobre nuestras vidas y nuestros deseos, como si de algo fácil se tratara, o como si nunca se hubiera hablado al respecto.
Quería provocar un ambiente amistoso y sincero entre tres personas iguales, olvidando las etiquetas sociales que se habían impuesto a las personas con problemas de salud mental y que ellos mismos propusieran las posibles soluciones a las dificultades que se presentaran.
Oliver siempre hablaba de un amor que sentía en su ser mas intimo, sin titubeos, sin medias tintas y me parecía valiente que lo expresara, ya que desnudaba su alma de una forma excesiva, no guardaba casi nada para si mismo. Pensé que sublimaba en demasía lo que quería expresar, pero ese era él. Siempre estaba en un borde de la realidad difícil de presagiar. Sus extremos megalómanos me hacían pensar extensamente, ya que cuando hacía referencia a cualquier tema emocional llegaba a rozar las más altas cotas de sensibilidad. Su entusiasmo por la búsqueda de un amor perfecto era sublime, hasta cotas que le causaron problemas bastante serios.
Eduardo lo percibía todo de una forma antimística, solo creía lo que su lógica oscura y triste le permitía. También era una persona muy complicada a la hora de analizar sus sentimientos, encerraba sus ideas más personales en una caja de seguridad. Y yo me encontraba en un estado de pensamientos intermitentes entre ellos, buscando respuestas a preguntas que aún no había formulado.
Me involucré de inmediato en el contexto que creé, solo buscaba sensaciones que me condujesen de alguna manera a mantener el equilibrio, un equilibrio difícil de alcanzar pues constantemente los platillos de la balanza se tambaleaban, e incluso cayeron en más de una ocasión por ambos extremos.
En numerosas ocasiones me sentí muy confuso ya que entrábamos en divagaciones muy herméticas e intentaba salir como podía de ellas.
Creamos un clima de cierta seriedad y a veces solo unas pinceladas de humor sarcástico me hacían salir de un estado latente de ansiedad que mantenía en mi interior.
-Durante muchos años adopté la metodología clásica en mis terapias y observé que siempre existía un círculo vicioso que me horrorizaba. Volvía al punto inicial del tratamiento continuamente. Nada era concluyente. Deseaba desde lo más profundo de mi corazón cambiar de fórmula aunque tuviese que inventarla yo mismo.
Realmente no sabía que podía ocurrir, ni siquiera si fue ético el acto en sí de involucrarme personalmente en una idea que era muy particular e implicar a la vez a dos personas que eran pacientes psiquiátricos, pero tenía una obligación conmigo mismo y era cambiar de método o mejor dicho, aniquilar el método.
Decidí conocer mi capacidad de comprensión en toda su amplitud y al mismo tiempo examinarme contra mi propio ser.
Necesitaba observarme desde ojos ajenos y saber ver a través de ellos.
El ?triálogo? que mantuvimos y lo que nos ocurrió a los tres, será desvelado en las siguientes páginas.

