Sé que soy muy joven aún para sentir las cosas que siento, para pensar las cosas que pienso, para amar como amo. Quizá no lo comprendáis, pero apenas he tenido vida y ya he vivido más de lo que hubiese querido. Me tiré gran parte de mi vida callando, observando, llorando a solas... viendo como el mundo avanzaba, la gente crecía y todo cambiaba; pero nunca supe si para bien o para mal. Callaba y sentía, ese era mi ser de entonces (quizá, en parte, aún sigo siendo así). La pena era que la gente que me rodeaba maduraba en edad, pero no en cabeza; me sentía muy frustrada. Me pasaba las tardes dibujando con acuarelas y pasteles, no jugaba con las niñas (no sabía porque jugaban a esos juegos tan estúpidos donde se besan dos muñecos, y que, para más inri, acababan procreando otro). Cuando de verdad me apetecía jugar me iba con mi hermano y sus amigos, un poco más de emoción si le ponían a la cosa; pero, como muchas otras veces, finalizaban el día metiéndose conmigo. Estube varios años así, sin comprender porque era yo como era, porque no vivía las cosas igual que el resto... ¡No lo comprendía! Acabé sientiéndome muy mal conmigo misma y con todo, pensé que era momento de cambiar... de intentar ser como el resto; pero la cosa salió mal. Me volví muy rebelde, muy alocada, y eso me llevó a hacer cosas de las que quizá hoy me arrepiento. Me llevé un gran palo por uno (o varios) de mis actos, me volví a quedar muy sola, volví a mi "yo" anterior; ahí fué cuando encontré mi felicidad en las palabras, versos y libros. Ahí fué cuando me convertí en la persona que soy ahora: soñadora. Sigo vagando aún por la vida sin comprensión alguna, pero quizá algún día llege a sentirme mejor conmigo misma y con los demás. Quizá algún día... quizá.