Libro de Arena
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soloquedaunavela

y entre espuma, calibro mi peso pluma...

Malditos Benditos

Malditos…

Los bares que cierran a las 3, la hormona de la mala leche, el desaceleramiento económico y la psicosis que provoca, los cubatas que cuestan 8 euros, los peajes, el pollo chamuscao que se suicida en el horno, los que vacilan de tener y carecen de pensar, lo vacío, la factura del móvil, los embusteros sin causa, el paro que se acaba sin avisar, la incertidumbre de mañana, las malas intenciones, los que se mueven por interés, el último yogur en la nevera, y el primero de todos los disgustos.

Benditos….

Los viejos que ríen con todas sus ganas, los rizos esponjosos, el solomillo poco hecho, las tardes jugando a las cartas, los días sin sol pero con risa, el próximo juego de la play, el próximo libro de Pedro Juan Gutiérrez, el teatro, la siesta dominguera, las sonrisas sinceras, la morbosa timidez, cantar a grito pelao en el coche, la alta y la baja suciedad, los más humildes porque lo tienen todo, los amigos que perdonan, las ventanas que liberan aire y luz, los girasoles, las chucherías, el libre albedrío, los campings sin un duro en el bolsillo, Sabina y su canción Benditos Malditos, las maletas, el sol…la sombra.

Sudor

Sudor en la frente.

Aprieta.

Coje aire caliente.

Caliente.

Me aprieta.

Uvas y Queso

“Uvas y queso,

Sabe a beso.”

(la mamá de Juanfran)

Calor en la tela del viejo colchón.

Hasta los gatos buscan un poco de amor.

El aire, cervezas, el cierzo y la risa.

Los pelos se crespan, los chistes se enredan.

Tardes de agosto esperando la cena.

Hablamos de vida, de sexo, de ruidos.

Castillos de nubes, recuerdos de niños.

Frases que viajan de labios a oídos.

El césped podrido, la dulce pereza.

Ojos traviesos y tinto en la mesa.

Sinceras mis manos, un bicho en tu brazo.

Proyecta sorpresas, el punto adecuado.

Preguntas traviesas, cartas del revés.

Conexión de ideas, cigarros, café.

Cielo rosado que invita a creer.

Y yo relajada, respiro, y concluyo,

que en el camino de viejos amigos,

son necesarios más besos y menos perdón.

Despiste

No es para tanto.

Me diste razones, amante del llanto.

Queriendo poder, dando bandazos.

Y yo entre tanto,

teniéndote a mano, despiste encantado.

Sin gotas de lluvia, enero enmarcado.

No es para tanto.

Flojera de piernas, te espero sentada.

Sin mono en la cara, sin peso en la espalda.

Me diste razones.

Y no es para tanto.

Mal

Que mal se lleva la vida.

Que mal en este cajón.

Que mal a veces, conmigo.

Que bien contigo, mi amor.

Que mal las mañanas en paro,

Que mal, tardes de trabajo.

Que mal el sofoco en verano,

Que mal, sin satisfación.

Que bien si paso los días,

con la risa por las rodillas.

Cantándote por bulerías,

Entre risas, amigos y birras.

Pero que bien me sienta la vida,

sentada a la sombra en la orilla,

“chafá” contra tus mejilas...

Que bien me sienta el amor.

Cerrado por Reformas

Cerrado por reformas,

ausente por estrés.

Los nervios me transforman,

noche de verano sin porqué.

Sudores de autobús,

treguas que no llegan.

Palabras que no alcanzan a los dedos,

disculpas en libros de arena...

Volveré!!!! jeje

Mal día

Llegué a Barcelona cerca de las siete. El avión se había retrasado y la compañía aérea nos había dado un vale para un maldito refresco. Osea, que llevaba con un zumo de piña en el estómago desde las nueve de la mañana. Cojí un taxi desde el aeropuerto hasta casa. Podría haber llamado a Luis para que me fuera a recojer, pero no me apetecía. No tenía ganas de verlo. Pensé en sus ojos, cansados, y seguramente, llenos de reproches. Catorce llamadas perdidas. Vaya que si tendría algo que reprocharme. No, no me apetecía verlo. Y además tendría que pensar, y rápido. Alguna excusa, alguna razón. No llamar en tres días a tu marido no está bien. Aunque por tu trabajo tengas que viajar, era intolerable que no le hubiera llamado ni siquiera para saber que los niños estaban bien. Abrí la puerta, dando dos vueltas a la llave. Bien. Él aún no había llegado. Respiré hondo. Dejé las llaves colgadas en el recibidor. Fui a la cocina a beber agua. Aparte de eso, no había prácticamente nada en la nevera. Levanté la tapa de la basura. Cajas de pizza, dos latas de coca-cola, unos botellines de cerveza y un tarro enorme vacío de helado. La madre que lo parió. Y sólo estábamos a martes. ¿Porqué tenía que consentirles tanto? Volví al comedor. Todo estaba por medio. El balón de Enric estaba en medio de la alfombra. Todas las muñecas de Susanna, tiradas por el sofá. Y eso que tiene decenas. Una de ellas, que nos había costado casi 150 euros, yacía sobre la mesita, con su linda cabecita de muñeca separada del resto del cuerpo. Luis me iba a oír. Desaparezco de casa tres días y esto parece la jungla.

Me fui a la ducha. Dejé que todos mis remordimientos y mi culpa se fueran por el desagüe. El agua todo lo purifica y lo sana. No recordaría ese fin de semana en Berlín nunca más, porque nada había sucedido. Además, que culpa tenía yo de haberme casado con un completo imbécil. Maldita sea. Me sentía mala madre, mala esposa. Que cojones. Luis me importaba un carajo, pero mis niños... Bueno. No era plan de martirizarse tampoco. Miles de parejas tienen una aventura, y no se muere nadie por ello, ¿no? No me juzguen. A saber que harían ustedes en mi lugar.

Salí del baño y me vestí enseguida. Me acordé de los mensajes en el móvil de Karl. Tenía que borrarlos, en seguida. Que Luis no entiende alemán, pero oye, nunca se sabe. Menudos mensajes. Uf. Me ponía colorada sólo de pensarlo. Era una lástima borrarlos. Bajé al supermercado antes de que cerraran. Compré pan, embutidos, pasta, alguna cosilla para hacer ensalada. Cerveza no quedaba en casa, y estuve a punto de comprar. Pero pensé, que se joda. Que beba de la jodida coca-cola que le da a los niños y que sabe que odio que beban.

Llamé a mi suegra, muy a mi pesar. Le dije que no tenía que ir a recojer a los niños a inglés, que ya iría yo misma. Por el retintín de su voz deduje que me habría estado criticando con su amado hijo todo el fin de semana. Maldita bruja. Con los años se hacía más insoportable. ¿Dónde cojones estaba esa insuficiencia cardíaca que le habían diagnosticado? ¿No pensaba aparecer y llevársela al infierno de una puñetera vez?

murmurando maldiciones, hice la cena en media hora y me fui por los niños. A por mis niños. Eso sí que son la cosa más bonita de este mundo. Ojalá no crecieran nunca y nunca jamás se dieran cuenta de la mierda de familia que tienen.

Susanna saltó a mis brazos como una loca. Es muy mimosa. Una pasada de cariñosa, como yo. Como yo antes, quiero decir, cuando también era una niña. Enric me dió dos besos escuetos, pero acompañados de una sonrisa. Es que es serio mi niño. Como su puñetero padre, pero con algo más de salero. Y es muy inteligente, aunque se me estaba volviendo mal hablado. Me soltó un "¿como estás, vieja?" que casi me mata del susto. Bueno, por esta vez, pase.

Luis llegó tarde, como siempre. Volvió a llamarme un par de veces durante la tarde, pero total, para que se lo iba a cojer si nos íbamos a ver en unas horas. Que pesado, de verdad.

Yo ya estaba en la cama. Leía distraída, con la tele encendida. Cuando oí la puerta apagué todo y me emetí debajo de la sábana. Él entró en la habitació y encendió la luz.

- ¿Que coño haces? ¿No ves que estoy dormida?

- Sé que no lo estás. La luz estaba encendida cuando he entrado.

- Bueno, pues apágala otra vez y déjame dormir. Los niños ya están durmiendo. No los vayas a despertar, con el trabajo que me ha costado que se acuesten.

- Normal, estarían excitados. No es usual ver a su madre por aquí.

- Mira Luis, ya sé que tienes ganas de darme la brasa, pero hoy no ha sido un buen día, que digamos. Así que haz lo que te dé la gana, pero déjame dormir.

Luis se acercó al borde de la cama, por mi lado y se sentó. Tenía la mirada perdida. Yo me dí la vuelta.

- Almudena, tenemos que hablar. Es muy importante.

- Vale, vale. Tú y tus importancias. Siempre tú y lo que tú consideras importante. ¿Que quieres que te diga? No tenía casi batería en el móvil, ¿vale? Si te llamaba podía ser que me quedara incomunicada y no podía, tenía llamadas de trabajo importantes que hacer. Mañana hablamos si quieres. Ahora déjame.

- Nena, si me da igual. Eso me da igual.

Nena. Hacía años que no me llamaba así. Oí una especie de gemido. Me giré, curiosa, y le miré. No podía ser. Estaba llorando. Era la segunda vez en la vida que le veía llorar. La primera vez fue en el entierro de su padre. Solo recuerdo ver una lágrima enorme y redonda, cayendo por debajo de las gafas oscuras, y que fue sacrificada rápidamente con el dorso de la mano. Me asusté. Nunca le había visto llorar de esa manera. El corazón me latía con fuerza. Eso no me lo esperaba. Quizá pensaba decirme que quería divorciarse. Y un cuerno. No lo conseguiría. sabe que le sacaría hasta el último puto duro si me abandonaba. No, no sería eso.

- Almudena, siéntate, incorpórate. Es muy importante.

Vaya. Ahí es cuando me asusté de verdad.

- Susanna. A Susanna...

- ¿Qué? ¿Que pasa con la niña?

- No grites por favor. que no te oigan.- tragó saliva.- No sabía como decírtelo. Lo supe antes de que te fueras, pero no tuve valor. Ese viaje era tan importante para tí. Después me sentí tan culpable, que te lo quise decir por teléfono. Pero no...

- Luis, o lo sueltas ya o te juro que me pongo a gritar. ¿Que coño le pasa a mi hija?

- La niña tiene cáncer. Me dieron los resultados de los análisis que le hicieron la semana pasada. Es los ganglios. Me han dado esta carta. Léela, porque ya sabes que yo no entiendo mucho de esas cosas.

Por primera vez en muchos meses, Luis y yo nos miramos a los ojos. Y por primera vez en años, mis lágrimas fueron sinceras.

Rubia

Eres mi rubia.

Las manos llenas de amor,

en mi cabello, ensortijado.

Eres el sacrificio y el llanto.

Eres los años que me has dado.

La paciencia hecha dulzura.

Tirón de pelo y escarmiento.

Eres vestidos blancos de domingo,

eres domingos con cordero.

Eres reírnos de mis muecas,

rasgos iguales en mi espejo.

Uñas rotas, dolor de huesos.

Remordimientos a mi espalda,

lágrimas arrastradas en las sienes,

cuando no te doy lo que hace falta.

Eres la más guapa en el guateque,

de la fiesta de recuerdos.

Eres orgullo limpio en la mirada.

Un retrato en blanco y negro.

Un pronóstico de aciertos.

Eres los cimientos de mi vida,

y un puñado de verdades.

Eres el amor más sincero.

Eres mi madre.

Rubia, tú eres.