Libro de Arena
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Sortilegios y memorias

No es enteramente humano el que no piensa

Cuestionarse qué cosa...

Fácil o difícil es con esto con lo que tenemos que lidiar. A veces con éxito (y sentimos que somos el centro del universo), a veces sin él (y nos convertimos en piltrafillas luchando a contracorriente para sobrevivir, pues así nos lo exige, sin consultarnos, nuestro instinto de conservación).

Nadie nos engañó en el pronóstico, nadie le puso precio y menos que nadie nosotros.

Esto es una montaña rusa llena de vértigos y alguno hasta se divierte. Sí, esto es un puñadito de esperanzas, sabiéndonos finitos. Otro puñadito de recompensas válidas y suficientes. Es descubrir el mar el día más propicio, con sus flujos y reflujos. Aprender a apreciar lo exótico y lo mundano, la inmensidad y la nada.

Es buscar, a veces desesperadamente, estimulantes complicidades que dan vida a tu veinte de noviembre y dejarse atravesar por llantos venideros que se hacen temer.

Es caer en la cuenta de que puede haber remedio y es decirse: "Hoy voy a buscar mi ocasión especial, mi gozo, lo placentero y alguna sonrisa" y esperar que se materialicen.

Y por supuesto es ser consciente de la alteza, de la ruindad, de la magnificencia del ser humano, pero también de su insignificancia.

¿Incómodo y opresivo? Noooo, Nuncaaa!!!

Le aprieta el corazón con sus punzadas. Y no se siente patética, sino humana. Se sabe. No del todo pero tiene nociones.

No sabe si busca aquello que le gusta o si le gusta aquello que busca. A veces lo encuentra. A veces la encuentra. A veces ni lo otro ni lo uno.

¡Con el vacío nos hemos topado! Entonces o entra en LDA, o se toma un helado, o se acuerda del chiste de las piernas, o del cuento de Hansel y Gretel... o, sencillamente, se va de compras (aunque no lleve dinero)...

Y por la noche se duerme a las tantas, mientras los grises se van tornando en imperceptibles... imperceptibles... negros.

Trata de inventarse un "meme" de esos metabolizando pistas y una cosa sí que tiene clara: nunca tratará de atentar contra sí misma.

Por muy incómodo y opresivo que resulte hoy su despertar, sabe que a la larga (y a la corta) el pecado no existe, el castigo no existe. Está segura.

Por tanto nada de miedos ni de mierdas paralizantes y corruptores, que la esperan para ir a comer a un sitio nuevo, y después al cine!!!

Maridos

Razón de sobra.

Soñó que se encontraba con la novia de su marido y no la mataba. Siempre había tenido ganas de apretarle el pescuezo siquiera un ratito. Ganas de encajarle una piedra de su collar en la traquea, pero nunca pensó que la encontraría porque sus mundos quedaban tan lejos que si ella hubiera vivido en Bagdag y no en la colonia vecina, de todos modos hubiera estado más cerca Bagdag.

No caminaban las mismas calles a la misma hora, ni buscaban la sombra bajo los mismos árboles, ni el sol les ahuyentaba el mismo frío.

Por eso no la mató.

De "Maridos" de A. Mastretta.strong>

Secuencia: Encadenados

Ella: "¿Decepcionarme tú a mi? Pero quién te has creído que eres? No eres tan importante para provocarme ese sentimiento ¡Engreído!"

Él: "¿Engreído yo?, ¿Y quién eres tú para juzgarme?".

Ella: "La misma que ha acabado totalmente decepcionada por tu falta de humildad."

Él: "Voy poniendo la mesa... los niños están a punto de llegar".

¡¡Que el pecado no existe!!

* - "Mmm, hace veinticinco años, padre"

Y se lo conté TODO despacio, por orden de mayor a menor gravedad... en un cuarto oscuro... en aquel confesionario de madera carcomida...

Lo del propósito de la enmienda y el cumplir la penitencia, ya veremos...

Diez recuerdos, diez!!

Lo que viene a ser conocido como un ataque de infantilitis...:

* Doblar las sábanas recién lavadas y secas, con mi madre.

* Ir a comprar patatas a la tienda de Felipa.

* El olor de las castañas asadas impregnando la casa en la que vivíamos.

* Ver a mi padre sacar la miel del panal rebosante.

* El olor de la escuela a escuela.

* Meter a escondidas el dedo en la nata de la leche recién hervida y oir a mi madre decir: "ya ha estado el ratoncito por aquí".

* Jugar a las canicas en la tierra hasta hartarme.

* Copiar cien veces en un cuaderno "En clase no se habla"

* Hacer mermelada de higo con mi madre y ponerlo al baño maría.

* Despertar un sábado de invierno al contacto de su mejilla mientras huele a desayuno caliente en la cocina.

... Yo tenía seis años...

Os toca.

En un cuarto de hora...

Soy capaz de escribir esto en un cuarto de hora... para decir que hay realidades que no se pueden medir con la palabra, como por ejemplo ser madre.

Para constatar una evidencia: que los olvidos son necesarios.

Para recordar que lo que nos mantiene vivos es un instinto de conservación innato adornado de deseos, expectativas y futuros mejores.

Me basta medio minuto para decir que el amor viene en formato con dos caras, aunque nos lo vendan como algo maravilloso... sí, lo es, hasta que deja de serlo.

Para concluir que la vida está hecha de un cúmulo de elecciones, bifurcaciones, engaños y desengaños, soberanos momentos, solitarios momentos, de encuentros esperados e inesperados, de... de... de... (a rellenar por el lector interesado).

Para afirmar que el pecado no existe.

Y me han sobrado tres minutos.

Pdta.: Del término "desengaño" me gustaría tratar otro día, porque aunque pareciera que es lo opuesto a engaño, en realidad no tienen nada que ver.

Intercambio

Acaban de tocar la puerta. Yo terminando de leer “La última lección”.

Abro y me encuentro frente a seis chiquillas entre siete y diez años, heladas de frío, con la cara ligeramente pintada no sé muy bien de qué. ¿Haloween?

- ¿Qué queréis, caramelos? Síiiiiiii!!!!!!!, me responden casi al unísono las seis gargantas.

Salgo con un puñado grande de mis reservas y se han puesto a dar saltos de alegría, con los rostros resplandecientes. Han conseguido su objetivo, han triunfado.

Me dan las GRACIAS sonrientes… casi también al unísono.

Después he llorado.