Libro de Arena
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Sortilegios y memorias

No es enteramente humano el que no piensa

Diez recuerdos, diez!!

Lo que viene a ser conocido como un ataque de infantilitis...:

* Doblar las sábanas recién lavadas y secas, con mi madre.

* Ir a comprar patatas a la tienda de Felipa.

* El olor de las castañas asadas impregnando la casa en la que vivíamos.

* Ver a mi padre sacar la miel del panal rebosante.

* El olor de la escuela a escuela.

* Meter a escondidas el dedo en la nata de la leche recién hervida y oir a mi madre decir: "ya ha estado el ratoncito por aquí".

* Jugar a las canicas en la tierra hasta hartarme.

* Copiar cien veces en un cuaderno "En clase no se habla"

* Hacer mermelada de higo con mi madre y ponerlo al baño maría.

* Despertar un sábado de invierno al contacto de su mejilla mientras huele a desayuno caliente en la cocina.

... Yo tenía seis años...

Os toca.

En un cuarto de hora...

Soy capaz de escribir esto en un cuarto de hora... para decir que hay realidades que no se pueden medir con la palabra, como por ejemplo ser madre.

Para constatar una evidencia: que los olvidos son necesarios.

Para recordar que lo que nos mantiene vivos es un instinto de conservación innato adornado de deseos, expectativas y futuros mejores.

Me basta medio minuto para decir que el amor viene en formato con dos caras, aunque nos lo vendan como algo maravilloso... sí, lo es, hasta que deja de serlo.

Para concluir que la vida está hecha de un cúmulo de elecciones, bifurcaciones, engaños y desengaños, soberanos momentos, solitarios momentos, de encuentros esperados e inesperados, de... de... de... (a rellenar por el lector interesado).

Para afirmar que el pecado no existe.

Y me han sobrado tres minutos.

Pdta.: Del término "desengaño" me gustaría tratar otro día, porque aunque pareciera que es lo opuesto a engaño, en realidad no tienen nada que ver.

Curriculum vitae

En este último año he sido barbero en un hospital público (afeitando partes pudendas), después estuve en la cafetería del matadero municipal. He sido conserje de un puticlub de carretera y hasta hace nada seleccionaba munición en una fábrica de armas.

Hasta me propusieron un puesto como sexador de pollos...

Pero yo soy peluquero.

De cómo se produce el esperado encuentro en el jardín entre los amantes que sólo se han visto una vez...

Una vez avituallado y habituado a la penumbra de la estancia (lo que sería una sala de espera en nuestros días) y a la par que Celedonia deja que el astro rey se le cuele por cada costura, de tela y de piel, en compañía de su más íntima (y única) amiga de la recién abandonada infancia, Blanca Beatriz (en adelante BB), su madre y el doctor se retiran a la biblioteca, ignorantes de la presencia en el castillo de Don Roldán.

Éste ha de urdir rápidamente algún plan para dar con la bella razón de su existir. Agobiado, como decía, por la espera y la penumbra, decide salir al jardín guiado por no sabe qué extraña sensación de alivio y urgencia. En el fondo lo que le sucede es que su olfato de sabueso le está guiando en la dirección correcta.

Los pájaros cantan, las nubes se levantan (ésas que habían venido a entorpecer graciosamente el baño de sol de Celedonia) y de repente, sus ojos verdes se encuentran con los suyos, también verdes, justo tras un matorral de no sabemos qué extraña planta.

El mundo deja de existir, mejor dicho el mundo se agiganta adquiriendo proporciones inimaginables. Ya ni reparan en la presencia de BB, mucho menos en la del arbusto.

Abandonados a la pasión, tras haberse desprendido amablemente de BB que no ha opuesto resistencia, y como no es para menos, por fin consuman. Lo que venga después ha dejado de importarles.

Y para que la historia acabe bien (es lo justo), pongamos que Don Enrique no regresará nunca de Columbres, que Roldán es persona del agrado de Doña Eleonora que, generosa y sin atribulación alguna, consiente en el matrimonio de los jóvenes, guiada por la vocación de madre y en pos de la felicidad de su hija.

Así pues, desde ahora, consumarán de acuerdo a la ley humana y, sobre todo, divina cada vez que el deseo así se lo imponga.

Digamos también que a los nueve meses nacerá el primogénito de la pareja y heredero del excelso patrimonio de los Gonzálvez Alonso. Sí, de los Gonzálvez Alonso de toda la vida.

De cómo la doncella Celedonia...

…ni cuenta con la posibilidad de escaparse del castillo, dado el grueso de los muros y las ventanas enrejadas y de cómo el joven Roldán llega a las dependencias con el deseo ensalzado y pide ser recibido por Don Enrique, fingiendo nombre falso…

*** *** *** ***

La locura de doña Celedonia estaba llegando a un límite tal con la espera, que más de una noche soñó que se descolgaba por los muros para acudir al encuentro de Roldán, única razón de su existir (mal existir, diría yo). Pero con el alba estas ideas peregrinas, de las que no era del todo dueña, se evaporaban como se evapora el agua de tormenta cuando se acaba la tormenta.

Don Pedro, médico y amante de doña Eleonora, en un afán de indulgencia y compasión había propuesto a la progenitora, una generosa salida de Celedonia a los jardines, pues últimamente notaba que le cambiaba la color degenerando en una palidez extrema que empezaba a ser más que preocupante.

Doña Eleonora, corroborando esta evidencia, consideró oportuna la salida, y el día sería aquel en que Don Enrique hiciese el viaje proyectado a Columbres, es decir, pasados dos días tras la luna llena.

Un día después, el joven Roldán de Sepúlveda y Vinuesa, llegaba al castillo de Rosenblant hecho unos cristos:

- "Ah del castillo!!!!, ¡Agua y comida para el caballo! Vengo reventado!!! Necesito audiencia urgente con Don Enrique. Ya mismo o me lío a espadazos con todo lo que se mueva."

El exceso de ímpetu y la ausencia de formas hacían sospechar acontecimientos poco buenos.

- ¿Quién va?

- Soy Don Leoncio de Salvatierra y acudo en nombre de mi padre, con un encargo.

- Don Enrique no se encuentra.

(Lo cierto y ya por todos sabido, es que él sólo pretende entrar en el castillo… ya huele a Celedonia…)

De cómo el joven Roldán emprende camino en busca de su amada…

…Esa que le quita el sueño, el hambre y hasta la vida, si no consuma pronto.

El caballero de la bella jaca mora recorre caminos inciertos en pos de su amada, a la que sólo ha visto una vez y de la que quedó prendado de forma irremisible.

Roldán, que así se llama nuestro protagonista, apasionado lidiador en terrenos bélicos y amorosos, huido de las persecuciones de la Inquisición por afrentar a la ley divina, buscado por ejércitos de tres regiones y por algún que otro marido deshonrado… presiente, casi lo huele, que el castillo del duque (el malvado padre que tiene encerrada a su hija de las trenzas rubias en la torre del castillo) está cerca.

Celedonia le espera… y él lo sabe.

Celedonia Gonzálvez Alonso y Ramírez, única hija de don Enrique Gonzálvez y doña Eleonora (dama cortesana muy respetada y admirada –también deseada- en círculos aristocráticos) bella como ninguna, sufre en silencio la ausencia de su amado (todavía es joven para sufrir en silencio de otros males).

Ella no tiene ese presentimiento de su cercanía… y sus cuitas van a parar a su confesor de toda la vida (toda la vida son 17 años), desde que tuvo uso de razón: Don Amancio, anciano inquisidor, manipulador, sibilino y también desdichado e insatisfecho, de recio mirar y corazón rencoroso.

Don Amancio no se ha ablandado con la edad, más bien al contrario, ha acentuado su carácter maquiavélico y sonsaca a la joven los planes de conquista de su padre y su relación con la iglesia, pero la inocente joven ni se entera. La visita una vez al día pese a la cantidad de escaleras que se ve obligado a remontar.

Ella sólo piensa en cómo no aburrirse y su mente maquina sin cesar mientras ansía impacientemente ser poseída una y mil veces por su galán y apuesto caballero.

Su padre la encerró en la torre por una imprudencia: decirle el nombre de su amado. Y por no ser de su agrado la convierte en inaccesible para él y para cualquiera.

To be continued o no to be continued. This is the question...

Yo soy Pedrules...

El señor Cándido ronda los noventa. Dicen que en los pueblos se vive más pero es mentira. Hay quien no ha llegado a los cincuenta. Ni a los sesenta. Podría jugar al tute con los ojos cerrados. Y creo que conoce las cartas por el tacto. Pero ve perfectamente, sobre todo tras su operación de cataratas.

- Patro (de Patrocinio) a Pascual: ¿Ya cosechaste la que tienes en la Senda de los Ratones?

- Pascual: Mañana. Espero que no me jodan estas nubes. Tengo apalabradas diez toneladas de trigo con los del año pasado. ¡Arrastro de bastos!.

- Patro: Ayer me dijo Ceferino que su hija Emi ha tenido que irse a Barcelona con su tía, por eso de la alergia. Pobre chica. Se ahoga y se ahoga. Lo dice mientras lanza sobre la mesa el 3 de bastos con cara de circunstancia y le da una calada profunda y desidiosa al cigarrillo que sostienen sus labios.

- Eliseo: Peor son los míos que se han ido porque han querido. Ni siquiera conozco a mi nieto de Puerto Rico. No sabe ni lo que es un pichón. Ayer cogí siete. Es buen año. Desde que arreglé el palomar han vuelto.

En el pueblo sólo quedan dos. El otro se lo compró a Ramón la viuda de Don Carlos, el maestro. Muchas tardes se la ve paseando hasta Roblica por el puro placer de divisarlo desde el camino. Ni siquiera entra. La iglesia parece otra desde que ella tiene la llave. A algo tiene que dedicarse la mujer si no tiene hijos ni cabijos.

Dos mesas más allá cuatro hombres morenos manejan las fichas de dominó con la misma habilidad de cada domingo. El Peris, Gonzalo, Ramón y Fidencio. Gonzalo es albañil y Fidencio es el último que ha alquilado la cosechadora. Mientras sobre la mesa forman inimaginables figuras en blanco y negro, reza porque una tormenta de verano no le tumbe la cebada, porque de eso dependerá buena parte de los ingresos para el resto del año.

El Peris ha vendido la última mula del pueblo a unos asturianos que han comprado casa aquí, creo que para quedarse.

Yo soy Pedrules. Me llaman así desde chico. Soy de la familia de los cucuyos (por mi abuelo) y vivo y viviré en este pueblo hasta que me muera.

Yo no juego. Prefiero mirar. Me eligieron alcalde hace ya dieciocho años. Procuro tenerles al tanto de las subvenciones del girasol, trato de que las calles, el cementerio, el dispensario médico estén en condiciones. Y he vuelto a levantar del frontón para que en un verano como éste los chiquillos y los no tan chiquillos se recreen allá a la hora en que baja el sol. Y así el pueblo vuelva a tener vida. Aunque sólo sea durante dos meses al año.

No saltes

Encima de la azotea

el aire es tan frío y calmado...

digo tu nombre en silencio

tú no deseas escucharlo ahora

los ojos de la ciudad

cuentan las lágrimas que caen,

cada una una promesa de todo

lo que nunca encontraste.

***

Grito en la noche por ti

no puedo hacer que sea verdad...

No saltes

las luces no te guiarán

ellas te engañan

no saltes

no dejes ir las memorias

sobre nosotros

El mundo da su opinión

por favor no saltes

***

Abres tus ojos

pero no puedes recordar por qué

la nieve cae en silencio

ya no puedes sentirla más

en algun sitio allí arriba

te perdiste en tu dolor

sueñas con el final

para comenzar otra vez

***

No saltes

y si todo esto no puede detenerte

YO SALTARÉ POR TI.

TOKIO HOTEL. "Don´t jump".

No puedo dejar de mirarle... Me puede...

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