"Que no me salga la Sacerdotisa invertida
que no quiero derramar más lágrimas de desamor..."
***
¿Cuándo apareciste, que trajiste el misterio
y me revolviste las entrañas dormidas?
¿Qué cuento me contaste para convertirme
en este símbolo de susceptible desazón?
¿Y si yo estuviera perdida en ensueños
y tú ni siquiera supieras mi nombre?
Verte me alivia,
necesito saber de ti,
pero tengo miedo de mi misma,
de caer en unas redes
que quizá ni han sido tendidas.
***
"Que tampoco me salga la Luna en esta adivinación porque entonces estaré herida, muerta de amor".
Cuando una ha conocido el cielo en tus brazos
ya no quiere saber más del mundo.
Porque
El cielo huele a tu pelo
El cielo tiene la forma de tu abrazo
Y su música no puede ser otra
que tu respiración.
Contempla tu rostro
refléjate en el agua
y no huyas. Eres tú:
Eterno tormento hecho de carne.
"La libertad del amor, la única libertad que me exalta, la única libertad porque muero."
Mediodía de corpiño retorcido
azucarado, de almendra,
hora mediocre y repetida.
Sacudida y maestro en adioses.
Te quiero a través del cristal,
en la carta no escrita,
en tu piel.
Será a las doce, por asfixia.
Te quiero así de dulce... en tus labios
he de morir
al momento fijado.
"No basta la mera presencia"
Rozando tu mano
al son del "te quiero" aquel.
No lucha interior
pero ¿contra ti?
Otras veces lo hubiese hecho
combatiendo libertad.
Otras veces...
Pero sólo hubo un "te quiero".
***************************
"Es suficiente la mera presencia -instante de amor-"
Alegre intuición; de camino hube de hallarte
porque nadie te presentó.
Nadie me presentó.
Los rayos del sol de abril, abridor de pétalos...
Ya sé, hube de haberte encontrado
mirando la profundidad del río;
Cuando me quedé, ya no supe más de ti.
"Soñaré que te desnudo cuando haga calor
y que te veo sudar mientras yo leo.
Anoche soñé que te apretaba el zapato
y dejé de leer para soltarte las ataduras"
Sólo me queda una ausencia a quien comentarle aquel verso que me llegó al alma, o el argumento de aquella película que me hizo llorar.
Sólo me queda una ausencia a quien contarle mi estado de ánimo o aquel cuadro que impresionó mis pupilas.
Sólo me queda una ausencia que suplo con papel y lápiz para no morir de pena.
Hasta que un día se cuele por una rendija de mi corazón un esbozo de alegría. Me saque de mi quietud, me preste un poco de gozo...
Y es cuando adquirirá sentido esa cita tuya que inmortalizaste en la Guía de Aves, con dibujo incluído, que decía: ¡VUELA!
Te escribo rabiosamente, de madrugada,
en la desnudez silenciosa de esta noche rota.
Lo hago para herirme más mientras me desahogo,
mientras los labios ansiosos desprenden besos al aire
que nunca llegarán a tu boca.
Te escribo grandes insultos y alabanzas.
Tú no estás,
ya nunca estarás,
se te llevó el viento, despacio,
entre insomnios y abrazos mentirosos.
Te deseo, más ahora que no te tengo,
que no puedo robarte ni una caricia.
¿A quién estarás encendiendo los labios?
¿A quién convertirás en un ojeroso ser enamorado?
Pequeño ruiseñor vanidoso, al final
acabo dándote las gracias
por haber estremecido mi vida
y este cuerpo que se me antoja ahora anciano.
En ti y sin ti acabo esta noche tremenda,
agotada de pensarte
con la sensación de que me has estado espiando
entre las ramas azotadas del jardín de mi casa.
Archivo de POEMAS