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Diario de un amante de ética

~Eleusis de corazones~

Ishtar terra

soledad

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“Ya no estás a mi lado corazón, en el alma sólo tengo soledad, y si ya no puedo verte por qué Dios me hizo quererte para hacerme sufrir más”: suena este bolero español por la noche en el café teatro en que me encuentro leyendo unos versos desde Roma, parece como si lo hubieran puesto para mí. El mundo pulsa como una bomba pero en los precipicios del arco de tu brazo ni la muerte ni el caos me amenaza.

Sigue haciendo daño a los demás, la de veces que te he escuchado y no me has dicho nada, es la sensación de nada y de vacío lo que me queda, de soledad y de indefensión, de haber perdido contigo el tiempo sin tener nada.

Y aunque te permitas bromear conmigo sobre ti lo cierto es que yo ya no estoy para bromitas, quizá sea porque yo soy la única responsable de mi propia ruina, de mi forma perdedora de ser, de buscarme mi soledad.

"La lluvia amarilla"1 es una novela que te envuelve en la nostalgia y en la melancolía de un pasado y un recuerdo frente a la soledad de un personaje y su perra, único viviente de un pueblo que se hunde desolado en la última luz recóndita de estos pueblos de los Pirineos de Huéscar que se han apagado por la hostilidad de sus cerros, pero la belleza con que está descrito, la dureza ante la crueldad y la verdad del hombre como único testigo de su experiencia, te va dando un álito para seguir con aquel hombre hasta el final de sus días.

Estoy aquí esperando a recibir tu golpe mortal pero tú todavía no sabes cuánta soledad eres capaz de soportar, tú y yo todavía no hemos soportado lo bastante aún. Alguien me ha lanzado un golpe cierto pero yo no puedo construir mi felicidad a base de golpes. Yo me doy cuenta que tú no eres casi nada celoso pero también me doy cuenta que no crees demasiado en la naturaleza fuerte de la mujer, no es que la mujer sea débil, es la naturaleza humana la que es débil. Yo no sé casi nada del amor sólo sé que lleva tiempo.

¡Fósiles de un viaje, cuánto desvarío, cuánta inquebrantable soledad!

Yo soy combatiente y sobreviviente, lo que no me mató me fortaleció, bendita la luz de tu mirada, bendita la luz por encontrarnos en el mismo camino, por coincidir en el mismo destino, por entregarte mi soledad y quitármela.

Pero perdona que me ponga mística, bendita la hora de encontrarte ahora, llevarte mi soledad y coincidir en el mismo destino, gloria al cielo, bendita la luz, adiós a los que se quedan y adiós a los que se van, esta es la albada del viento, adiós que volveré mañana.

Me gustaría mirarte por cómo tú eres interiormente, es posible que seas difícil y que seas algo tímido pero lo que hay en ti es un interior profundo de modo que por eso te proteges de los demás y de la exterioridad, aunque parece que llevas una larga soledad en tu interior también se te ve feliz e integrado con los demás, yo creo que no quieres renunciar a ti, a tu verdadera sensibilidad y no te faltan proyectos comprometidos o grandes resoluciones que parecen desbordan los compromisos personales y vuelves a esa renuncia de ti que es una renuncia personal pero que no te quita la vida porque tú estás así conectado con tu saber y le das una realización práctica también.

Puede parecer una falta de respeto las cosas que te digo pero créeme no es ésa mi intención, es porque los límites entre el respeto y el miedo siempre están pisándose y porque son miedos compartidos sobre todo a hablarlo y porque yo con mi soledad también me estoy volviendo loca.

Cuando la soledad todavía no se ha convertido en frialdad ni el dolor en odio tal vez todavía podamos salvar una parte de las emociones de lo bueno que hubo en ellas sin pensar en las ataduras.

Lo mejor es pasarlo en soledad por lo menos este momento del bochorno.

Me doy cuenta que la soledad no es ya una excusa, es una defensa que yo pongo para no sentir que soy el objeto del abandono una vez más.

Sé que tú eres contrario a todos mis planes de autoinculpación, de soledad y enfermedad pero si tienes ganas de esconderte escondámonos, sí, y desde aquí puedo ver todos los días la belleza, puedo pasear, ver los árboles y el río con sus animalitos.

De hecho si no tomas conciencia adecuada de esto y de lo que es el paso del tiempo para trazar sólidas estructuras o cristalizar importantes objetivos podrás sentir por el contrario la sensación de fracaso, de miedos, de soledad y de retrasos así como de contratiempos.

Hay un poema de José Hierro que se llama “Alucinaciones” y dice así: “Vino el ángel de las sombras, me tentó tres veces. Yo, erguido, tallado en piedra, firme resistiéndole. Me torturaba con lágrimas, látigos y nieves con soledades. Me puso la frente candente... Alucinado, queriendo vencerle, venciéndome”.

Hoy he pensado que entre tú y yo sólo hay la soledad, si no fuera por la soledad ¿quién nos podría entender mejor?

No sé si la soledad es lo que nos ha unido siempre, pero si los dos hemos buscado la soledad será por algo que hay en nosotros y que tenemos en común.

Puede ser por la misma culpabilidad que se siente frente al “padre” y que yo sentí cuando era más joven, por lo que no podía salir fácilmente de él y me tuve que ir a más de ochocientos kilómetros para que me dejase vivir sin represión, mi padre, pues me dominaba con su mente y no con la resistencia del cuerpo.

Y en tu caso también tú quieres aprender todas las formas de música y no te basta con la “Física” y la teoría de la relatividad y te gustaría meterte con la energía renovable y no sé qué cosas más. Y cuando te hablo de filosofía, de ética o derecho parece como si te lo bebieras y todo entra.

Sin embargo yo no tengo esa mente que tú tienes, y no culpo a mis padres, al contrario, ellos me dieron todo en definitiva, pues aceptaron también que me liberase de ellos de alguna forma.

Todo mecanismo de represión tiende a saltar por sí mismo, y te habrá pasado muchas veces que tú mismo te has visto después en soledad y te has visto que te has contradecido contigo mismo y con todo lo que pensaste anteriormente, porque a veces tú mismo no podrás controlar todo con tu mente. Porque la vida tiene otras salidas, porque es más el instinto orgánico de supervivencia que todo lo demás y tú tienes que notarlo.

Lo único que siempre nos ha unido no es la soledad sino es la propia confusión, la tuya y la mía y la del mundo.


3 comentarios - Escribe aquí tu comentario

lo dijo dafne 4 Septiembre 2007 | 09:00 PM

Me gustaría estar sola para poder creer, pues para creer a veces no necesitamos tener delante las cosas sino todo lo contrario. Por mucho que otros son incrédulos y descreídos en el amor pasa todo lo contrario, se debe pecar por ingenuos.

dafne

lo dijo averroes 5 Septiembre 2007 | 12:04 AM

También yo lo he pasado muy mal y estoy muchas veces solo y casi no tengo a nadie, es verdad. Bueno tengo muchas cosas también, no me puedo quejar, pero tú sabes que no, que me faltan otras personas. Y ahora estoy muy contento porque estoy llevando adelante mi tesis y le estoy dando un enfoque novedoso y voy incorporando un modo de hablar más propio.

averroes

lo dijo sylfide 7 Septiembre 2007 | 06:45 PM

he olvidado decir que "la lluvia amarilla" es una novela de Julio Llamazares.

sylfide

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