utilitarismo, hedonismo
John Stuart Mill no es un hedonista psicológico sensu estricto, en el sentido que él no mantuvo nunca que sólo busquemos el placer como meta de nuestras acciones, habló junto con Bentham, su maestro, de la teoría que proclama como deseable la “mayor felicidad del mayor número”, pero esa felicidad tiene en él un carácter realmente universalista a diferencia de Bentham que sólo la refiere a los individuos.
La utopía milliana incluye el sueño de que el desarrollo armonioso de las instituciones sociales llegará a proporcionar “a cada individuo un interés personal más fuerte en consultar en la práctica por el bienestar de los demás”, lo que le lleva por añadidura a “identificar sus sentimientos cada vez más con el bien ajeno”, hasta el punto de que su preocupación por los demás llegará a ser tan espontánea como lo es atender a las necesidades físicas de la existencia.
Yendo más lejos propiciará Mill, lo considera posible, en todas las personas “un sentimiento de obligación absoluta con el bien universal”, dado que “el sentido de unidad con el género humano y un profundo sentimiento por el bien común pueden cultivarse hasta constituir un principio que satisfaga todas las funciones importantes de la religión”. Se fundamenta así “una generosa, desinteresada e internacionalista religión de la humanidad, que será mejor que cualquier otra a la que se le atribuye este título”.(“Sobre la libertad, 1859).
Si bien Mill en algunos sentidos no hace sino continuar la línea de reformas propuestas por Bentham, de modo que en igualdad de condiciones los mejor situados cedan ante las mayorías peor situadas -llegando a formular propuestas realmente revolucionarias como la supresión de la herencia o la igualdad de las mujeres, siendo la primera voz que se alza en el Parlamento británico para exigir el sufragio femenino-, en otros sentidos y como ya se adelantó, la propuesta de reformas de Mill es mucho más profunda que cuantas se hayan formulado con anterioridad o posterioridad a la suya.
Siguiendo el impulso benthamita fuertemente reformista, liberación o emancipación de los sonidos (sentido en que es, al tiempo, heredero de Sócrates) y de los vocablos altisonantes y alienantes con que las instituciones protegen a las minorías privilegiadas. Las razones a este respecto van más allá de las habitualmente expuestas en el pensamiento reformista y revolucionario de los siglos XVIII y XIX, ya que yendo Mill mucho más allá de los mencionados pensadores, captó de modo singular cómo las relaciones de injusticia, desigualdad y opresión degradan por igual a ambas partes, a los privilegiados y a los marginados, a los amos y a los esclavos.
Al igual que en Sócrates y en Platón de quienes en su “Autobiografía” se declara heredero, lo que importa es la conquista de la autoestima, la satisfacción con el daimon propio, a lo que se une el hálito de la ilustración francesa a través de la filosofía saintsimoniana, que añade a esta autoestima la autodeterminación y la emancipación humana.
sylphides
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Entonces no parece un liberalismo conformista el de Mill, sino más bien es un liberal reformista, el liberalismo del progreso cuando se preocupa también por la lucha de los derechos sociales.
un saludo afectuoso!
Lo que Mill está atacando en "Sobre la libertad" es el conformismo del ser humano individual con la moral convencional y la opinión pública no cuestionada.
Tiene una veta liberal, antiperfeccionista, es decir, no se pronuncia sobre una ética de las virtudes. Solamente parece dar a entender que cada uno es muy dueño de vivir la vida como le parezca sin tener ninguna obligación de autodesarrollarse y mejorarse, en tanto no moleste a los demás o no limite con sus acciones la libertad de los demás de obrar según consideren oportuno.
Pero irá más lejos y también dará contenido sustantivo a una moral de la libertad como conquista humana, ya que la "única libertad que merece este nombre es la de buscar nuestro propio bien, por nuestros propios medios, en tanto no privemos a los demás de los suyos, o les impidamos esforzarse para conseguirlo."
El perfeccionismo de Mill quizá no pueda ser admitido por quienes rechazan todo "metron" que vaya más allá de las preferencias subjetivas y su optimización.
Pero se trata de un utilitarismo perfeccionista, es decir, que ve en la libertad también una palanca de cambio y revolución, sin duda.
Además Mill como discípulo de Sócrates y Platón no menos que de Bentham creyó firmemente en la diferencia cualitativa de los placeres y la vida y eligió como única libertad la de llegar a hacer de nuestra vida una obra de arte.
gracias por tu apreciación, un saludo.
Lamento interrumpir la linea de tu post! La imagen de tu mariposa, resalta entre todas las demás... No queria irme a la cama sin saludarte, he tendio unos dias, con pastorelas., y festivales, de escuela... así, que leere con calma este después...
Un besito
Aura
Revolución impulsada desde la individualidad. Sin embargo, aunque hayamos progresado en libertad comparando épocas, nunca nos sentiremos completamente libres. Razón tenía Mill con lo de la libertad de expresión.
A punto de salir por la puerta,un abrazo.
Se dice que Stuart Mill fue criticado por G. E. Moore quien le acusa de incurrir en la falacia naturalista por pretender deducir un término valorativo como "deseable" de un término presuntamente fáctico como "deseado".
Bueno, es sólo una apreciación más, un beso.
gracias aura, siempre me encanta que te pases con tu magia, que inunda todo de tu aura.
Lo cierto es que yo voy a estar también estos días algo atareada porque tengo responsabilidades y me han surgido algunos problemas, o sea arreglos que hay que hacer.
Pero me alegra que estés siempre ahí, otro beso.
se me olvidó decirte algo importante sobre Mill.
Es cierto que como en las éticas teleológicas griegas, principalmente en Platón y Aristóteles, la educación es necesaria y precisa de los cambios sociales.
Mill considera que el ser humano cuenta con unos sentimeitos naturales que no son innatos sino adquiridos, lo que constituye la fuerza de la moral utilitarista que se ocupa al tiempo del bienestar individual y general.
Se trata de "los sentimientos sociales de la humanidad, el deseo de estar unidos con nuestros semejantes, que ya es un poderoso principio de la naturaleza humana y, afortunadamente, uno de los que tienden a robustecerse".
fervorosa de usted!
Efectivamente, si bien en principio Mill había sido partidario de la propiedad privada y la herencia, y a lo único a que aspiraba era a eliminar la primogenitura y las leyes restricitivas de la herencia, poco a poco fue cambiando de parecer,
y de ser un demócrata no socialista pasó a ser, por influjo sin duda de su compañera, menos demócrata, ya que le aterraban el egoísmo y la brutalidad de la masa en tanto no se verificasen los cambios que a las instituciones y a la educación les estaba encomendados.
Tanto su ideal como el de Harriet Taylor "iba mucho más allá de la democracia", considerándose ambos clasificables "decididamente bajo la denominación general de socialista".
Aunque ambos, Mill y Taylor, repudiaban la tiranía de la sociedad sobre los individuos que se daba en la mayor parte de los sistemas socialistas, esperaban las transformaciones pertienentes, a fin de que se llevase a cabo la conjunción de "la libertad de acción con la propiedad común de las materias primas del globo y una igual participación en todos los beneficios producidos por el trabajo conjunto."
La lectura de los "Principios de economía política" de Mill es indicada para comprender su apoyo decidido a la justa distribución del bienestar y su desprecio por la acumulación de la riqueza, insistiendo en la necesidad de "moderar la excesiva importancia que se atribuye al simple incremento de la producción y fijar atención sobre una mejor distribución y una remuneración amplia del trabajo, considerándolos como los dos objetivos más importantes para alcanzar."
Bueno espero con esto haberte ilustrado suficientemente, si no para mí ha sido ya un motivo de aprendizaje personal, un beso.
Si como afirma Mill "el único testimonio que es posible presentar de que algo es deseable es que la gente, en efecto, lo desea realmente", el único testimonio que podría presentarse para asegurar que "la felicidad de la humanidad es deseable", sería el hecho psicológico de que todo el mundo desea no su propia felicidad únicamente sino asimismo la ajena.
En este sentido aunque de una manera confusa se indica que "no puede ofrecerse razón alguna de por qué la felicidad general es deseable excepto que cada persona, en la medida en que es alcanzable, desea su propia felicidad".
Si nos atenemos a lo manifestado por Brandt todo lo deseable es en alguna medida deseado (aunque no todo lo deseado sea para este autor deseable) o, si nos adherimos a Ferrater Mora nos encontraremos con que el mundo es un continuo de continuos, de modo que el hiato, escisión o ruptura entre lo que es y lo que debe ser resulta erróneo, falaz y fruto de una epistemología y una axiología defectuosas. (Ferrater Mora, 1979).
Para esta autor y otros importantes todo lo que es deseable o digno de ser deseado guarda relación con deseos, necesidades e intereses humanos más o menos intersubjetivos, más o menos decididos en la intercomunicación y el diálogo.
Los seres humanos según Mill no deciden arbitrariamente o guiándose por intuiciones particulares cuáles son los objetos "esplendorosos del deseo", sino que su competencia viene determinada por su mayor experiencia respecto a las cosas que se reputan como placenteras. Así, "en relación con la cuestión de cuál de dos placeres es el más valioso o cuál de dos modos de existencia es el más gratificante para nuestros sentimientos..., el juicio de quienes están cualificados por el consentimiento de ambos, o en el caso de que difieran, el de la mayoría de ellos, debe ser admitido como definitivo."
Podemos considerar así que el significado del término "deseado" del que en Mill se deriva natural, lógica y espontáneaente "deseable", lo es por la razón de que en su filosofía ambos términos no son sino la misma cara de una moneda, o dos modos distintos de afirmar lo que desean los seres humanos sensibles, sensatos, imparciales e ilustrados, que son precisamente el modelo al que todos tienden o deberían tender.
Aún así se plantea la cuestión de poder justificar racionalmente la teoría que proclama com deseable la mayor felicidad del mayor número.
La gran cuestión pendiente es la de delimitar hasta qué punto el hedonismo psicológico de Mill es realmente universalista y no egoísta, o al menos no solamente, pues el mismo da cuenta de este también.
El placer o la felicidad, de acuerdo con Mill, es lo que se genera en la contemplación de los intereses sociales, la empatía o sympathy, que constituyen una parte importante de nuestras motivaciones y nuestra personalidad ya que difícilmente podemos disfrutar de goce alguno en solitario.
bueno, espero que seas benevolente, otro beso.
La polémica más popular en el ámbito de la ética normativa es la que tiene lugar entre las corrientes teleológicas y deontológicas, al parecer arrinconadas las vetustas disputas entre éticas formales o materiales, éticas de bienes y de valores, nomencaltura que ha caído en desuso.
La aparición de un tercer grupo en litigio lo son las éticas llamadas a veces comunitarias, o de las virtudes o del cuidado, no totalmente idénticas pero tampoco claramente distintas.
En un sentido amplio toda ética que se encuentre debidamente inmunizada y saneada de elementos espúreos y ajenos a la filosofía está llamada a ser una ética teleológica o, por lo menos, una ética consecuencialista (una variedad contemporánea del teleologismo ético clásico) que toma al ser humano, su bienestar y su desarrollo como fin o meta, y que, por supuesto, presta consideración a las consecuencias globales que se derivan de las acciones.
Algunos autores de nuestro entorno, como José Ferrater Mora, Quintanilla o Mosterín, se han declarado partidarios de las éticas teleológicas.
Son estas éticas que exponemos aquí, la de Mill, Bentham pero también Sócrates, Platón y Aristóteles.
~¿Habrá algo más extremo que ser un anti-?
tal vez sí, el equilibrio, la flexibilidad en todo, un arte de lo receptivo y no sólo de lo creador.










