naturaleza y cultura

La ecuación según la cual “el hombre es a la mujer lo que la cultura es a la naturaleza” -además de insostenible por infundada- es sumamente peligrosa pues la dicotomía cultura-naturaleza sustenta sobre sí, por encabalgamiento, otras muchas parejas dicotómicas, desde el par “razón”-”sentimiento” al par “público”-”privado”, por citar sólo dos que se dan cita en Rousseau.
De la falta de fundamento de aquella ecuación no hay mucho que decir salvo que la supuesta condición natural de la mujer tiene bastante poco de “natural”: “La asociación conceptual de la mujer con la naturaleza -concepto nunca dado, claro está por la propia naturaleza, sino siempre social e ideológicamente construido desde las definiciones que la cultura se da a sí misma- no aparece creemos como algo que se pueda derivar sin más de su proximidad a la vida por ser dadora de la misma...
Pensemos que la recurrencia en la adjudicación de los lugares en las contraposiciones categoriales responde a la generalizada situación de marginación y de opresión -cuando no de explotación- en que se encuentra la mujer, opresión desde la que se define -pues en ellos consiste la operación ideológica fundamental de la racionalización y legitimación- como aquello que requiere ser controlado, domesticado y superado”.
De hecho añade Celia Amorós con justificada ferocidad las instrucciones ofrecidas en el Emilio para la educación de las niñas en su alusión a Rousseau -”Las niñas deben ser activas y diligentes, pero eso no es todo; desde muy temprano han de saber contenerse”. “Deben someterse al decoro durante toda su vida, que es el freno más severo y más constante”, “Demasiada indulgencia las corrompe y pervierte con la disipación, la vanidad y la inconstancia, que son los vicios a los que son más propensas”- parecen extraídas del “Manual del perfecto domador”.
~Para poner otro ejemplo, caro a Celia Amorós, pensemos en la interpretación hegeliana del personaje de Antígona. Con la distinción entre naturaleza y cultura se engarzan para Hegel otras varias distinciones de su cosecha, como las existentes entre el ser-en-sí y el ser-para-sí, la inmediatez y la mediación o lo genérico y lo individual. Merecerá la pena que nos detengamos por un instante en el último eslabón.
La dicotomía “género”-”individuo” cumple un papel fundamental por su articulación orgánica con la de naturaleza y cultura. Siendo naturaleza en última instancia, la mujer no accede al estatuto de la individualidad, estatuto cultural por excelencia, que Hegel reserva al ser-para-sí o “autoconciencia” capaz de despegar de la inmediatez. Por el contrario, eso es lo que no puede hacer “la esencia de lo femenino”, compacta en un bloque de características genéricas en que cada uno de sus ejemplares individuales es irrelevante en tanto que tal, por lo que -en cuanto puro “género”- tampoco le será dado orientarse hacia el otro como individuo.
Como comenta Celia Amorós en su "Crítica de la Razón patriarcal"a propósito de este célebre pasaje de la Fenomenología del Espíritu, perla misógina donde las haya: “Para la mujer, dirá Hegel, en la morada de la eticidad no se trata de este marido o este hijo, sino de un marido o de los hijos en general...
Aquí se encontraría para Hegel la justificación del doble código moral según se aplique al hombre o a la mujer”.
Pues mientras la mujer ha de permanecer ajena a la singularidad de la apetencia, el hombre tendrá derecho a ella, esto es, su “individualidad” se constituye en fundamento de “la cana al aire” masculina. En su condición de género, en cambio, a la mujer “debieran” serle indiferentes un individuo u otro, de donde se desprendería la intolerabilidad de su adulterio que sería “un atentado contra el realismo de los universales”.
Nos tropezamos con la cuestión del “nominalismo” que para Celia Amorós vendría a representar el polo opuesto de cualquier reificación de la esencia de lo femenino. Pero no todo feminismo se encuentra reluctante a hablar de dicha “esencia”, esto es de la feminidad.
nominalismo, marxismo, ecologismo, feminismo
~Andrómeda
8 comentarios - Escribe aquí tu comentario
El mismo mal -en e supuesto de que nosotras tuviésemos también derecho al mal y se nos igualase "por abajo"- se devaluaría cuando pudiesen practicarlo “todos por igual”.
O dicho de otra manera cuando se pueda tener acceso a un privilegio “en condiciones de igualdad”, el privilegio habrá dejado de ser un “privilegio”.
Lo que invita a meditar sobre si la igualdad “genérica” no será a la postre un objetivo tan inane como lo sería la “genérica” desigualdad o diferencia.
Nos igualaríamos en la competitvidad en la rapacidad, en todo lo malo que pudiera haber en el otro género.
Un beso.
Se arrastran conceptos generalizados, se optan por ellos en cada tema sexista. Por lo tanto se tomaran en cuenta tal como ahora hasta el fin de la memoria humana. La cuestión en la vida real (y no conceptual) se a equilibrado y este punto es innegable. Lo más Natural...la ley del más fuerte (mental o física-mente) predomina y se hace respetar y los estereotipos van quedándose sin fundamentos.
No conocía a Celia Amorós,y me han parecido muy interesante las referencias que nos cuentas. Buscaré más información.
Un fuerte abrazo
Por cierto, hace poco el blog /losdiastristes publicó un post dando a conocer un álbum de Angelique Ionatos poniendo voz a los poemas de Frida Kahlo, creo que te gustará.
Voy a traeros un ejemplo de un existencialista para que se comprenda mejor las actitudes misóginas o misantrópicas, según el caso.
La percepción del drama misógino de Kierkegaard, atenazado por la fobia hacia la paternidad u horror a hacer nacer que es no querer haber nacido y tentado de abandonarse a la filia del seductor por el “instante” y salvarse de esta manera del aprisionamiento en el engranaje infernal de las generaciones, tensión que el pensador danés resolvería a través del “amor cortés” entendido como una forma de muerte en vida que es abiertamente comprensiva y hasta se diría que simpacética.
Después de todo los mitos kierkegaardianos tienen en común el ser personajes “a-genealógicos” o “anti-genealógicos”, como lo atestiguan su Fausto, su Don Juan e incluso su Abraham, por no hablar de su Antígona, cuya interpretación contrasta con la cínicamente patriarcal debida a Hegel. Y en tanto que precursor no ya del existencialismo de un Sartre sino de un “nominalismo” cabría considerarlo un autor predilecto aquí.
De una lectura de Nietzsche la misoginia nietzscheana podría tener raíces más profundas que las que asoman en sus “espantosas diatribas” contra las mujeres, para decirlo con palabras de la hermana de Nietzsche, quien las atribuía a la “nefasta inspiración” de Schopenhauer: Nietzsche busca la genealogía de algo para descubrir su origen, pero en el fondo lo que hay es una misoginia.
Si el sello del padre no da la legitimidad, en los orígenes está que somos nacidos de mujer, luego es una genealogía impugnada pero que lleva a una misoginia que representa, por otro lado, rasgos patriarcales.
Pero sin merma de suspicacia también debemos posarnos con piedad sobre la historia de la filosofía.
Así se demuestra con Sören Kierkegaard en el estudio de “la subjetividad del caballero” a la luz de las paradojas del patriarcado que hace Celia Amorós, en que el “caballero de la subjetividad” es interpretado desde la perspectiva de una crisis de legitimación patriarcal que deja al individuo en la situación del sujeto que ha de enfrentar por cuenta propia el sentido de su existencia. Los individuos abandonados de un dios, producto del relajamiento y la problematización de los vínculos genealógicos causada por la historia cada vez más degradada ya no tienen pruebas de que dios sea su padre. La misoginia kierkegaardiana inducida por el desvalimiento y no por la prepotencia da pie a que la crítica feminista de las actitudes misóginas esté exenta aquí de misandria.
~Agradezco aquí vuestra participación a Ifigenia, Brunoperu y Otredad. Creo que sin ánimo de dificultar su lectura quería dejar aquí algo de lo que se ha pensado en esta labor filosófica en nuestro país para las mujeres.
Un abrazo.
Yo soy de los que cree en el individualismo, eso me ha traído algunos problemas y me ha ayudado a definir mi vida, por ejemplo; la religión que asumí como "mía".
Creo que la libertad tienen que ser para todos, mujeres y hombres, no puede ser para uno sí y no para el otro, -no la tendría ninguno-,
Quería escribir algo "amoroso" para el día de los enamorados, (o del amor) pero, un día antes, ví a una mujer de edad media, con la boca partida por un golpe de su esposo, investigué y hubo testigos de la pelea, -en la calle-, pero ella no lo deja, porque ese es el amor de su vida, eso me hizo cambiar mi post, publiqué otro.
Me pregunto ¿porqué?
No el hombre que golpea, -sabemos que sucede-, la mujer que se deja.
Tu artículo me ha dado algunas luces.
Quiero investigar más hacía la propuesta feminista.
No sé si optendré respuesta, tengo un defecto terrible y muy feo que no puedo evitar;
¡Soy hombre!
Nadie es perfecto.
Dejé un mensaje en tu otro blog, me llama la atención el título.
Mientras escucho "The piper of the gates of dawn", estoy estudiando tu artículo con más cuidado.
Gracias.
¡Namaste!
Perdón: es "obtendré"
en vez de "optendré"
Estimado amigo:
Como neófito de "feministo" y desde una cortés distancia hacia tu representación del otro género, y siendo lo importante que somos personas e individuos humanos en igual dignidad pues veo con simpatía que quieras entender algo más de una causa, que como decía el otro día no tiene otra causa que la razón.
El caso particular tristemente que me describes es muy común en las mujeres que son maltratadas porque se crea una dependencia adictiva o emocional con la víctima, se introyecta la humillación en el sujeto y nos creemos que pertenecemos a la otra persona.
Aprender por tanto a ser libres sería algo que deberíamos aprender todos y no tenemos que herir a nadie, pero es algo que se aprende con el tiempo y lamentablemente esto no se enseña en las universidades.
El hecho de que te sientas interesado por una forma de lucha por las mujeres no lo veo con desagrado sino con agradecimiento, hoy día queda mucho que aprender sobre todo desde el código afectivo de las relaciones entre hombres y mujeres.
En los jóvenes hay una edad entre los 20 y los 30 en que son muy fuertes pero a partir de ahí tanto en el hombre como en la mujer empezamos a caer en errores si antes no hemos sabido hacer las cosas bien, es muy importante en esa etapa de fortaleza luchar por sentirnos independientes y sacar nuestros mejores ideales, para después no tener que arrepentirnos.
Un cordial saludo!









