un gran auto de fe
Estamos ante un gran auto de fe o una reacción de defensa
Cuando Adán fue expulsado del paraíso, en lugar de vituperar a su perseguidor se apresuró a bautizar las cosas: era la única manera de acomodarse en ellas y de olvidarlas; se pusieron las bases del idealismo. Y lo que no fue más que un gesto, una reacción de defensa en el primer balbuceador, se convirtió en teoría en Platón, Kant y Hegel.
¿Cómo se va a morir uno cuando se llama Pedro o Pablo? Cada uno de nosotros, más atento a la apariencia inmutable de su nombre que a la fragilidad de su ser, se abandona a una ilusión de inmortalidad.
Para no gravitar demasiado sobre nuestro accidente, convertimos en entidad hasta nuestro nombre.
Imaginémosle, además, sin fe -místico nihilista- y tendremos la culminación desastrosa de la aventura terrestre.
...Es muy natural pensar que el hombre, cansado de palabras, al cabo del machaconeo del tiempo desbautizará las cosas y quemará sus nombres y el suyo en un “gran auto de fe” donde se hundirán sus esperanzas. Todos nosotros corremos hacia ese modelo final, hacia el hombre mudo y desnudo...
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Una vez desvanecida la articulación, quedaríamos completamente solos; el místico que se desposa con el silencio ha renunciado a su condición de criatura.
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Andrómeda
9 comentarios - Escribe aquí tu comentario
Me agradó leerte. Gracias/
Al final siempre tiene que haber una renuncia ¿por qué?..........Besitos.
Aunque lo que escribes tiene más parecido con la afasia, a mi me ha hecho recordar "Ensayo sobre la cegura", de Saramago.
Me ha parecido hermoso e inquietante.
Un beso
De las cosas no sé, pero de los sentimientos ¿cuál es el nombre? ¿dónde está el límite entre unos y otros? El nombre no es entidad sino necesidad de identificación, facilitar el reconocimiento... No creo que nos espere ese final de desnudez y mudez. Más bien creo que el proceso es el contrario, concretar más... puesto que el conocimiento es mayor en calidad y cantidad. Acabaremos poniendo apellidos a las cosas y a los sentimientos.
Por otra parte, necesitamos disponer de un mecanismo que nos haga creer inmortales, si no, moriríamos en vida. No podemos estar pensando siempre que vamos a desaparecer. De ahí la necesidad de sentirnos importantes... pura supervivencia.
Salvo que sea una reacción de defensa se puede considerar útil agarrarse al nombre de algunas cosas.
Pero como un mecanismo de reacción, sí, casi instintiva, que nos permite separarnos de aquellas cosas que amamos. Por eso también a los sentimientos los recreamos con formas nómicas.
Lo cierto es que un mundo sin nombres es como lo que se planteaba acertadamente -y como dice Kitti- el propio Saramago en su "ensayo sobre la ceguera".
«Hay en nosotros una cosa que no tiene nombre, esa cosa es lo que somos», declara uno de los personajes. Dicho con otras palabras: tal vez el deseo más profundo del ser humano sea poder darse a sí mismo, un día, el nombre que le falta.
Pero por otra parte, de ahí se ha llegado al idealismo, es decir, a la entificación de los referentes abstractos, a considerar cosas a los nombres, y nada más lejos de la realidad que eso.
Y no ya por deseo de inmortalidad sino más bien por una estructura cultural, por una introyección de los miedos colectivos, por fuerzas que están lejos de la racionalidad y a veces son apegadas al poder de conservación de los universos de legitimación colectiva. Es decir, están apegados a un idealismo absoluto.
Y como bien dices Sortilegios: "No creo que nos espere ese final de desnudez y mudez. Más bien creo que el proceso es el contrario, concretar más... puesto que el conocimiento es mayor en calidad y cantidad". Me parece una opinión válida y razonable.
Pero sabemos también que el valor de globalización implica algunos peligros universalistas.
En realidad el peligro está precisamente en ello: en que no podamos ya cambiarnos los nombres, o que consideremos que porque levamos un nombre no volveremos a poder llamarnos de otro modo.
Cuando si no la falta de identidad proviene del constante cambio y de un mundo que debe cambiar todos los días para aparecer nuevo, es como el carácter performativo de la realidad.
De este modo emerge instantáneamente y fenece con la misma facilidad. Es más bien el espectáculo de la postmodernidad.
~Traigo este "auto de fe", porque ya estamos en estas fiestas, y cada uno puede darles el sentido que les parezca, para mí en particular significa tener que justificar de nuevo los mismo nombres, o hacer de ello un mecanismo de reacción de defensa propia. Y esta última vía es la que he escogido.
Gracias, Luz marina, Zarza, Kitti, Sortilegios y memorias,
un gran beso!
Sin duda alguna, después de tantos siglos de teorías filosóficas ya sean neoplatónicas o no, falta la filosofía del desastre:
Querer hallar, situar las cosas, las palabras, en un sitio, y no encontrar más que el rutinario juego del hastío de todos los días:
-Palabras bautizadas: y a cada momento profanadas.
-Ilusiones programadas: y a cada momento desvencijada.
¿Qué queda, pues?
Si me dan a elegir entre el imperio del nihilismo o el imperio de la norma de la comunidad castrada, elijo el verbo copular, es decir, todo aquello que el sujeto elija para sobrevivir en su unión, ya sea una melodía salvífica o un arrebato de claroscuros -la continuidad no existe- horizontes.
Quizá te parezca demasiado romántico, lo que digo, pero que nadie nos juzgue por querer salvar el pellejo, que nuestro es, nosotros lo sentimos, y no otros.
Esta vieja sexualidad es algo pese a todo. Reconozcámoslo: hemos hecho bien prestándole tanta atención desde que la vida es vida. ¿Cómo explicar si no que nos cansemos de todo menos de ella? El ejercicio más antiguo del ser vivo tenía que marcarnos; es normal que quien no se entregue a él sea un ser aparte, una piltrafa o un santo.
Un elemento autónomo no existe, la autarquía no es posible. Nos definimos junto o frente a los demás, sin lo que no es el sujeto, no hay oración o frase, no hay sentido.
Ha sido un placer leeros. A mi no se me ocurre nada más que esto, que ni siquiera se me ocurrió a mí.
"Formar parte de la sociedad es un fastidio, pero estar excluida de ella es una tragedia".
Anónimo
No tengo muy claro que tenga demasiado que ver con lo que decís. Pero cuando puse lo de Saramago tampoco estaba muy segura y parece que algo sí tenía que ver.
La verdad es que me inhibo de poner comentarios en temas que me parecen interesantísimos por miedo a meter la pata o por temor a no haber entendido.
Un beso










