El viento proclamará tus alas, las islas desaparecerán y el mar sabrá recibirte sin dudas. Es hora y tiempo de simetrías nocturnas, cientos de kilómetros cruzados por el tenue hilo que separa la estación y el equinoccio. Nuestros lejanos pasos tienen un innato y cercano entendimiento. Avanza el cielo cubierto de predicciones. Cumplimos movimientos inconscientes que abren el estrecho abismo de nuestras pupilas.
Son éstas unas inconexas sílabas que habitan la distancia y buscan tus ojos en la noche. Tiembla la memoria y la voz latente incendia las aceras. Suenan solitarias melodías que se consumen en la propia luz. Vas hacia adelante, hacia arriba, hacia tus sueños; vuelas. Alcánzame el mundo, Ulises.
Tus ojos y los míos son cuatro pupilas cardinales de apoyo, de guia, de luz. Nos acosa el tiempo, refugio íntimo de lecturas, paseos y silencios al caer de la tarde; esperanza intacta todavía. Sé que nunca alcancé tres minutos de silencio seguidos, mis manos son sordas y los párpados caminan veloces entre abrazos. Ahora las preguntas exigen reconocerse, pero es tiempo de certezas. Y qué importa si derramo palabras de adiós sobre este papel en blanco. Siempre es octubre.
Hay lugares a los que no volveremos. El frio viene, las hojas crujen con mis pasos y ya no te hablaré de amor, amigo. Es un ensayo de desnudez contundente y máscaras que nunca han existido. En lo infinito, tu voz sigue ahí, asiento de copiloto y pupitre limpio. El recuerdo tangible se detiene entre ascensores y anaqueles de bibliotecas universitarias. La certidumbre eres tú, leerte con los ojos, despertarme con palabras.
Es un extraño vacío acostumbrado a rozarte a través de una pantalla, tejiendo redes nocturnas de píxeles y voces extranjeras que vienen del Norte. De mutuo acuerdo llegamos a un pacto: de cerca, sosteniéndote en la noche entre kilométricos neones, seguimos el pulso de los días y el tiempo dispone de nosotros. Entre azares, nada imposible.
Tomamos el mundo al vuelo hace mucho. Tú y yo vivimos a dos pasos de éstas palabras, la luz salpica la luz, está crecida la vida -nuestra amistad- y la tierra esculpe nuestros sueños.
Estoy detrás de las fronteras cibernéticas, al otro lado del hilo telefónico. Aquí, pensándote.
Los fotogramas se confunden con las fugaces estrellas, perceptibles con el movimiento de la tierra. Mis ojos no consiguen centrarse para observar las ajenas soledades reflejadas en la pantalla. Desde que comenzó la película y me senté en una firme y dura silla de madera que me ataba a la tierra, no he dejado de pensar en lo mismo. En la última fila, tan cerca del proyector como para confundir su sonido con las voces que dan vida a la historia. Él, detrás de mí, un voyeur cinéfilo y sosegado.
Luces en el cielo como farolas en un callejón, distrayéndome de la noche, alumbrando la habitación donde se repite un absurdo diálogo. Un verano sosegado…como tú…el mío, atípico… (silencio incómodo) disfruta de la película…y tú. Escena cargada de todo el misticismo que puede presuponerse en un cine de verano a orillas del río.
¿Qué es la soledad? Caer sin poder agarrarse a nada, tirar de las sábanas y desplomarse inerte y pesado, muerto en el suelo de una casa habitada por fantasmas.
¿Se puede medir la capacidad de uno mismo para creerse lo que se inventa? ¿Cuánto hay de mentira en los sueños? Y algunos profetas advierten de que Ítaca no existe…aunque otros no dejemos de creer alcanzarla al cruzar una esquina cualquiera. Islas extranjeras son las personas y no las ciudades. Islas encadenadas a la tierra por un delgado hilo de sueños que tienen ilusión de estar flotando libres en un mar finito. Cada cual construye en su isla un pequeño mundo, particular y absurdo, un espacio donde sentirse estable aunque el vaivén de las olas venga a tentar el equilibrio.
¿Cómo se comunican las islas? No hay ojos que mirar ni manos que tiemblen. Los dedos dudan porque no tienen qué tocar, porque lo que existe alrededor es un gran vacío, un paredón inquebrantable pero invisible. La tarea del náufrago no es sólo divisar una isla para no sentirse perdido, sino derribar ese muro que no le deja pisar tierra firme.
Llegué a mi casa en tiempos de desorden. Es verano y las nubes se ausentan en un luminoso cielo que me recibe con todo patas arriba. Devoro mis palabras en el camino de vuelta, tejiendo la ilusión de una tierra distinta a la que dejé hace meses, pero las mismas caras. El aire se ausenta también en estos días. Las sonrisas invaden mi espacio, los besos, los abrazos hasta ahora lejanos y las inocentes raíces de un orgulloso mundo.
Regreso a mi reino encendido de voces y manos sedientas. La incertidumbre de lo conocido e idealizado en la distancia creció entre trenes, aviones y pacientes esperas..."realidad, terrible azote". Al mirar me queda lo conocido, el reto asumido de no querer quedarme quieta, la inmortal ilusión de desplegar las alas en el camino que busco. Y caigo rendida en un regazo que me acoge tierno y cálido, entre unos brazos, gota a gota, deshaciéndome en mi paticular refugio.
El reloj de arena va más lento...todo pasó cual sueño y vuelves aquí, detenidos el tiempo y las miradas, todo sigue igual, como si no te hubieras ido nunca, como si tu cuerpo hubiese permanecido detrás de las rejas verdes de la ventana, inmóvil al paso de los días y del viento. Pero no volverás a ser la misma, ya no lo eres.
Ahora el viaje me ha parecido breve. Empiezo a comprender las costumbres, los gestos...me asomo a buscar algo que me haga retener el momento del regreso, un equipaje con extranjeros ecos y un deshabitado calendario que no entiende de números ni fases lunares, que arranca sus días como hojas viejas y las tira en el contenedor de la memoria.
Pero este es un retorno fugaz porque mañana vuelvo a irme. Emprendo un nuevo vuelo ligero y leve a Zaragoza para regresar en siete días. Se oyen acentos aprendidos y las estancias de mi casa se cubren de olores que me recuerdan de dónde vengo. Los bolsillos continúan llenos de sueños y próximos destinos. Me miro en el espejo y me veo a mí. No hace falta que nadie me diga quien soy yo.
He vuelto a escribir desde este caótico rincón de sueños donde mi vida apenas empieza.
..."en mis pies cosquillosos,
y duros como el sol, y abiertos como flores,
y perpetuos, magníficos soldados
en la guerra gris del espacio,
todo termina, la vida termina definitivamente en mis pies,
lo extranjero y lo hostil allí comienza:
los nombres del mundo, lo fronterizo y lo remoto,
lo sustantivo y lo adjetivo que no caben en mi corazón
con densa y fría constancia allí se originan.
Siempre,
productos manufacturados, medias, zapatos,
o simplemente aire infinito,
habrá entre mis pies y la tierra
extremando lo aislado y lo solitario de mi ser,
algo tenazmente supuesto entre mi vida y la tierra,
algo abiertamente invencible y enemigo".
Ritual de mis piernas, Pablo Neruda
Se me hace difícil empezar este post de despedida. Son tantos recuerdos condensados en mi retina y tan incómodo el nudo en la garganta, que no sé cómo decir adiós. Justo diez meses se cumplen mañana desde que comenzó todo. Diez meses de infinitas historias, aventuras y aprendizaje. De los 21 a los 22. De vivir en casa a la independencia. Del Sur al Norte. De Lulú a la mujer infinita. Cuánto he cambiado desde aquel lluvioso 2 de septiembre...
Ahora la suela de mis zapatos está gastada de andar mis pasos. Mis ojos ya no son los mismos: más grandes, más profundos y mirando a un cielo que siempre es distinto. Caminando de regreso a casa esta noche después de despedirme de alguna gente, pensaba en las palabras con las que escribiría esta última página de mi diario erasmus. Pero sigo sin saber qué decir...
Braunschweig es mi ciudad alemana de nombre impronunciable. Mediendesign, la titulación que he estado estudiando este año. APM, la residencia donde viví desde septiembre, escenario de muchas de las leyendas urbanas de esta ciudad y dueño de pasillos dignos de El Resplandor. Wabestrasse, la calle donde me siento a escribir desde marzo, una enorme habitación de paredes azules y amarillas con un balcón sin persiana por donde entra el poco sol que brilla. Penny Markt, mi supermercado, lugar ideal para comprar tabletas de chocolate a 35 céntimos. Salzgitter, pueblo perdido a dos horas de BS (bus, tren, bus, 15m a pie) donde estaba mi facultad. Bar de los moteros, Merz, Jolly, Fever 42, Brain...para salir de marcha, beber cervezas, emborraxarte, conocer gente rara, y pasar noches en vela. Nexus, cuna hippy de Bs donde aprendí(mos) que a veces las papillon se convierten en capuyos...3, el número del tranvía para ir al centro. Tigaa, restaurante asiático donde hemos podido ver nuestro futuro en las galletitas de la suerte (última predicción "Gut sein genügt nicht, man muss auch erscheinen")...
No puedo volver atrás ni quiero. La vida me empuja hacia adelante con fuerza, como un aullido. Dice un amigo que me huelen los pies a camino. Será porque a estas horas, mañana, estaré en Sevilla, en la cama de siempre, pequeña y con sábanas limpias, cálida más que nunca. Dejo esta Ítaca atrás, alcanzada y saboreada. Sí, Ítaca me regaló un hermoso viaje, largo y lleno de experiencias. La memoria se va despertando y tiene ganas de besos y abrazos conocidos, de habitaciones que recorrer a ciegas. Tiene hambre de recuerdos y voces. Mi boca tiene sed de sabores a guiso y cocina. Y es difícil saber qué nudo será más doloroso, el de la ida o el del regreso. El cambio como la rutina de un destino que se hace mío y un futuro que es mi propia vida. Ya no hay antiguos deseos, los nuevos me recorren por la sangre.
El cielo viste el alba y la mantiene atada a las estrellas y los sueños. Esta noche no hace frío, corre una brisa definitiva. Concluye una etapa. Volver. Gracias a las personas que habéis compartido conmigo una soledad caprichosa y cambiante, e infinitas horas de palabras. La extrañeza se va adueñando de mí cada vez más, con el paso de los segundos, aunque mi cuerpo siga aquí entre paredes de dos colores, yo tengo nostalgia de lo que echaré de menos cuando ya no pueda verlo ni sentirlo.
Quedan sueños y ciudades que hacer mías. Calles que recorrer a tientas, cielos que aprenderse de memoria, caras nuevas y muchas historias que escribir. Como te dije amigo, tú que ya estás en el sur, me despido de Ítaca por ti, por todo lo que nos ha enseñado, por lo que hemos crecido, reído y llorado aquí. Porque ya nada volverá a ser como antes pero nos quedan muchas Ítacas por descubrir.
Me despido para siempre desde Braunschweig. Me siento rara, distinta, dividida. Mañana estaré allí de nuevo. Mi cuerpo se viste de nostalgias. Queda la esperanza compartida y el brillo en los ojos. Vuelvo a casa.
Cuenta la historia de un poeta andaluz, que un joven curianito se enamoró de una herida mariposa en una tarde de primavera como ésta. Hechizado por los versos de infinitos poemas sobre amores imposibles y deseos ocultos, el joven no pudo evitar caer en el maleficio del amor...
La mariposa cayó abatida del cielo como agua de mayo. Blanca y pura con un ala rota...fue portada en brazos hasta lugar seguro. El insecto deliraba confundido entre el cielo y el suelo y recitaba "...mis alas son de plata, mi corazón es de oro; el hilo está soñando con su vibrar sonoro..."
Mientras tanto, se escuchaba el canto de una vocecilla leve de un amor imposible "...alas de mi mariposa herida más digna del rocío que la carne del nardo..."
Ella ni veía ni sientía. Tenía sus ojos muertos y la boca cerrada...Mariposa que con las alas rotas y el corazón herido vuelas hacia los reinos donde el amor se hiela...
Pero los cantos de amor no cesan...
Y la eterna mariposa proclama melodías de su vuelo libre..."que la primera gota de lluvia se asombre al resbalar sobre mis alas muertas. Hilé mi corazón sobre mi carne para rezar en las tinieblas, y la muerte me dio dos alas blancas, pero cegó la fuente de mi seda...ahora comprendo el lamentar del agua, el lamentar de las estrellas...porque soy la muerte y la belleza".
No sabe lo que es el amor...no lo sabrá jamás...
Arrastrándose entre la hierba aparecen tres gusanos que describen para la inexperta mariposa qué es el amor...
- Mariposa blanca, todas las voces, y los cantos que escuches, son extraños disfraces de un solo canto. El amor son los besos "...en la quietud del nido, mientras las hojas tiemblan mirándose en el agua".
Pero ella sigue sin saber qué es el amor...
Curianito recita su amor a la herida mariposa sin contenerse..."las hojas y las flores se marchitan...yo tenía el silencio de la mañana...era el tiempo dichoso de mis versos tranquilos, pero a mi puerta un hada ha llegado vestida de nieve transparente para quitarme el alma"
... ¿cómo vivirá un loco enamorado sobre esos prados sin amor y sin besos? ¿morirá? No dejes lugar para las desilusiones, curianito, hay un mundo de rocío donde el amor es infinito... Nadie oye su voz apasionada... Entonces la mariposa lo mira y hace como si quisiese volar...
"¿Quieres volar? Hay mucha sombra encima Y tienes rota un ala. Con besos curaré yo tus heridas Si conmigo te casas. Y un ruiseñor inmenso que es mi amigo nos llevará volando en la mañana. No insistas en volar. Es noche. Mira cuánta sombra en las ramas y la sombra es el peso que nos duerme: sin ti mi corazón se está secando"...
Curianito, atraído por el parpadeo de sus frágiles alas, se acerca... "escucha mis palabras, no pienses en volar hacia los montes y quédate en mi casa. Yo cazaré, para que te diviertas, una buena cigarra que arrullará tus sueños por las noches y por las alboradas. Te traeré piedrecitas de la fuente, y beberás las gotas de rocío en mis labios que abrasan. ¿Qué he visto en tus antenas? ¡Mariposa! ¡Espejo de las hadas! Que eres como una flor del otro mundo o la espuma del agua..."
El joven se abraza a la mariposa y ella se entrega inconscientemente... "¿quién me puso estos ojos que no quiero y estas manos que tratan de prender un amor que no comprendo? ¡Y con mi vida acaba! ¿Quién me pierde entre sombras? ¿Quién me manda sufrir sin tener alas?"...
Dicen los viejos del lugar que ese amor imposible acabó con la vida de Curianito, quien no pudo soportar no ser correspondido...Todavía puden oírse sus cantos cuando sopla el viento solano por la pradera...
Cuentan que la mariposa pactó con una joven sus sueños a cambio de permanecer eternamente en la piel de su cuerpo...
Ese amor se desvaneció como arena entre las manos pero el recuerdo sigue alimentando los versos de los poetas que continúan olvidándose sus libros en la pradera.
Lorca
"Soy la siguiente"...esa concisa frase se repetía una vez tras otra en mi cabeza mientras caminaba de regreso a casa. En mis manos, tres cajas vacías dispuestas a llenarse de recuerdos y ropa de invierno de este año Erasmus que va llegando a su fin.
El cielo es casi el mismo que aquel que me recibió, gris y lluvioso, a principios de septiembre. ¿Cuánto he cambiado desde entonces? No quiero que este post se convierta en una anticipada conclusión sentimental...mejor, hablamos de otra cosa.
Soy la siguiente porque hoy se ha marchado la primera, una de las personas que más me han hecho sentir, a pesar de su corta estancia. Cero lágrimas, porque hace tiempo que no lloro y seguro que algún día nos volvemos a cruzar, ¿verdad?
Me siento tan extraña...dividida entre Alemania y mi libertad; Sevilla y los anhelados abrazos de mis hermanos; y lo que me espera en México. Una mezcla de excitación, vértigo y melancolía que me hace ver borroso, a veces, y otras verlo todo claro. Se acerca el final de una etapa y nada volverá a ser como antes. Las caras irán cambiando, las calles y sus aceras, los sueños siempre fieles a mí y yo comprometida por cumplirlos.
Supongo que crecemos sin darnos cuenta y aunque veamos cómo cambia nuestro entorno, nuestro propio desarrollo nos resulta más complejo de percibir. A veces, intento separarme de mi cuerpo y verlo todo desde arriba, ajena a mí, intentando comprender mejor todo lo que me ocurre, pero ese viaje dura apenas milésimas de segundo y vuelvo a ser una, carne, piel y palabras.
Dentro de 17 días no habrá sino recuerdos: un millón de postales, noches en vela, amigas...tabletas de chocolate y botellas de vino...alemán, inglés, francés, italiano y sobre todo mucho español...trescientas madrugadas con sus amaneceres...besos robados y decepciones...cervezas de mil clases y mariposas...espuma de soledades y encuentros...¿exceso de equipaje?
Pedí tan poco a la vida y ese mismo poco la vida me lo negó. un haz de parte del sol, un campo próximo, un poco de sosiego con un poco de pan, no pesarme mucho el saber que existo, y no exigir nada de los otros ni ellos nada de mí. esto mismo me fue negado, como quien niega la limosna no por falta de buena alma, sino por tener que desabrocharse la chaqueta. Escribo, triste, en mi cuarto tranquilo, solo como siempre yo he estado, solo como siempre estaré. y pienso si mi voz, aparentemente tan poca cosa, no encarna la sustancia de millares de voces, el hambre de decirse de millares de vidas, la paciencia de millones de almas sometidas como la mía al destino cotidiano, al sueño inútil, a la esperanza sin vestigios. en estos momentos mi corazón late más alto por mi conciencia de él. vivo más porque vivo mayor. Siento en mi persona una fuerza religiosa, una especie de oración, un símil de clamor. pero mi reacción contra mi desciende desde mi inteligencia... me veo en el cuarto piso de la rua dos douradores, me ayudo con sueño; miro, sobre el papel medio escrito, la vida sana sin belleza y el cigarro barato que apurándolo extiendo sobre el secante viejo. ¡yo, aquí, en este cuarto piso, interpelando a la vida!, ¡diciendo lo que las almas sienten!, ¡haciendo prosa como los genios y los célebres! ¡yo, aquí, así...!
(...)
El mundo es de quien no siente. La condición esencial para ser un hombre práctico es la ausencia de sensibilidad. La cualidad principal en la práctica de la vida es aquella cualidad que conduce a la acción, esto es, la voluntad. Ahora bien, hay dos cosas que estorban a la acción –la sensibilidad y el pensamiento analítico, que no es, a fin de cuentas, otra cosa que el pensamiento con sensibilidad. Toda acción es, por naturaleza, la proyección de la personalidad sobre el mundo exterior, y como el mundo exterior está en buena y en su principal parte compuesto por seres humanos, se deduce que esa proyección de la personalidad consiste esencialmente en atravesarnos en el camino ajeno, en estorbar, herir o destrozar a los demás, según nuestra manera de actuar. Para actuar es necesario, por tanto, que no nos figuremos con facilidad las personalidades ajenas, sus penas y alegrías. Quien simpatiza, se detiene. El hombre de acción considera el mundo exterior como compuesto exclusivamente de materia inerte –inerte en sí misma, como una piedra sobre la que se pasa o a la que se aparta del camino; o inerte como un ser humano que, por no poder oponerle resistencia, tanto da que sea hombre o piedra, pues, como a la piedra, o se le apartó o se le pasó por encima. El máximo ejemplo de hombre práctico, por reunir la extrema concentración de la acción junto con su importancia extrema, es la del estratega. Toda la vida es guerra, y la batalla es, pues, la síntesis de la vida. Ahora bien, el estratega es un hombre que juega con vidas como el jugador de ajedrez juega con las piezas del juego. ¿Qué sería del estratega si pensara que cada lance de su juego lleva la noche a mil hogares y el dolor a tres mil corazones? ¿Qué sería del mundo si fuéramos humanos? Si el hombre sintiera de verdad, no habría civilización. El arte sirve de fuga hacia la sensibilidad que la acción tuvo que olvidar.
Hoy se cumplen 120 años del nacimiento de Pessoa
TENGO TANTO SENTIMIENTO...
Tengo tanto sentimiento
que es frecuente persuadirme
de que soy sentimental,
mas reconozco, al medirme,
que todo esto es pensamiento
que yo no sentí al final.
Tenemos, quienes vivimos,
una vida que es vivida
y otra vida que es pensada,
y la única en que existimos
es la que está dividida
entre la cierta y la errada.
Mas a cuál de verdadera
o errada el nombre conviene
nadie lo sabrá explicar;
y vivimos de manera
que la vida que uno tiene
es la que él se ha de pensar.
Fernando Pessoa
Me gustaría ser tragada por la tierra en este momento...desaparecer y que todos olvidaran mi nombre y mi cara. Dejar de existir quisiera...
El reloj de arena sigue deshaciéndose...me quedan 25 días para regresar a mi casa.
Este no es el final que esperaba...al menos he podido darme cuenta de que realmente todo es negro, de que los colores no son más que una ilusión y todo lo que me rodea está sumido en la oscuridad.
No me gusta lo que veo. Me taparé los ojos hasta que salga el sol...
¿Cuánto duele la soledad?...
A tientas
Se retrocede con seguridad
pero se avanza a tientas
uno adelanta manos como un ciego
ciego imprudente por añadidura
pero lo absurdo es que no es ciego
y distingue el relámpago la lluvia
los rostros insepultos la ceniza
la sonrisa del necio las afrentas
un barrunto de pena en el espejo
la baranda oxidada con sus pájaros
la opaca incertidumbre de los otros
enfrentada a la propia incertidumbre
se avanza a tientas / lentamente
por lo común a contramano
de los convictos y confesos
en búsqueda tal vez
de amores residuales
que sirvan de consuelo y recompensa
o iluminen un pozo de nostalgias
se avanza a tientas / vacilante
no importan la distancia ni el horario
ni que el futuro sea una vislumbre
o una pasión deshabitada
a tientas hasta que una noche
se queda uno sin cómplices ni tacto
y a ciegas otra vez y para siempre
se introduce en un túnel o destino
que no se sabe dónde acaba.
Benedetti