Libro de Arena
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Tentativa de la mujer infinita

A quién compré en esta noche la soledad que poseo quién dice la orden que apresure la marcha del viento flor de frío entre las hojas inconclusas si tú me llamas tormenta resuenas tan lejos como un tren ola triste caída a mis pies

Despídete de Ítaca por mí

Se me hace difícil empezar este post de despedida. Son tantos recuerdos condensados en mi retina y tan incómodo el nudo en la garganta, que no sé cómo decir adiós. Justo diez meses se cumplen mañana desde que comenzó todo. Diez meses de infinitas historias, aventuras y aprendizaje. De los 21 a los 22. De vivir en casa a la independencia. Del Sur al Norte. De Lulú a la mujer infinita. Cuánto he cambiado desde aquel lluvioso 2 de septiembre...

Ahora la suela de mis zapatos está gastada de andar mis pasos. Mis ojos ya no son los mismos: más grandes, más profundos y mirando a un cielo que siempre es distinto. Caminando de regreso a casa esta noche después de despedirme de alguna gente, pensaba en las palabras con las que escribiría esta última página de mi diario erasmus. Pero sigo sin saber qué decir...

Braunschweig es mi ciudad alemana de nombre impronunciable. Mediendesign, la titulación que he estado estudiando este año. APM, la residencia donde viví desde septiembre, escenario de muchas de las leyendas urbanas de esta ciudad y dueño de pasillos dignos de El Resplandor. Wabestrasse, la calle donde me siento a escribir desde marzo, una enorme habitación de paredes azules y amarillas con un balcón sin persiana por donde entra el poco sol que brilla. Penny Markt, mi supermercado, lugar ideal para comprar tabletas de chocolate a 35 céntimos. Salzgitter, pueblo perdido a dos horas de BS (bus, tren, bus, 15m a pie) donde estaba mi facultad. Bar de los moteros, Merz, Jolly, Fever 42, Brain...para salir de marcha, beber cervezas, emborraxarte, conocer gente rara, y pasar noches en vela. Nexus, cuna hippy de Bs donde aprendí(mos) que a veces las papillon se convierten en capuyos...3, el número del tranvía para ir al centro. Tigaa, restaurante asiático donde hemos podido ver nuestro futuro en las galletitas de la suerte (última predicción "Gut sein genügt nicht, man muss auch erscheinen")...

No puedo volver atrás ni quiero. La vida me empuja hacia adelante con fuerza, como un aullido. Dice un amigo que me huelen los pies a camino. Será porque a estas horas, mañana, estaré en Sevilla, en la cama de siempre, pequeña y con sábanas limpias, cálida más que nunca. Dejo esta Ítaca atrás, alcanzada y saboreada. Sí, Ítaca me regaló un hermoso viaje, largo y lleno de experiencias. La memoria se va despertando y tiene ganas de besos y abrazos conocidos, de habitaciones que recorrer a ciegas. Tiene hambre de recuerdos y voces. Mi boca tiene sed de sabores a guiso y cocina. Y es difícil saber qué nudo será más doloroso, el de la ida o el del regreso. El cambio como la rutina de un destino que se hace mío y un futuro que es mi propia vida. Ya no hay antiguos deseos, los nuevos me recorren por la sangre.

El cielo viste el alba y la mantiene atada a las estrellas y los sueños. Esta noche no hace frío, corre una brisa definitiva. Concluye una etapa. Volver. Gracias a las personas que habéis compartido conmigo una soledad caprichosa y cambiante, e infinitas horas de palabras. La extrañeza se va adueñando de mí cada vez más, con el paso de los segundos, aunque mi cuerpo siga aquí entre paredes de dos colores, yo tengo nostalgia de lo que echaré de menos cuando ya no pueda verlo ni sentirlo.

Quedan sueños y ciudades que hacer mías. Calles que recorrer a tientas, cielos que aprenderse de memoria, caras nuevas y muchas historias que escribir. Como te dije amigo, tú que ya estás en el sur, me despido de Ítaca por ti, por todo lo que nos ha enseñado, por lo que hemos crecido, reído y llorado aquí. Porque ya nada volverá a ser como antes pero nos quedan muchas Ítacas por descubrir.

Me despido para siempre desde Braunschweig. Me siento rara, distinta, dividida. Mañana estaré allí de nuevo. Mi cuerpo se viste de nostalgias. Queda la esperanza compartida y el brillo en los ojos. Vuelvo a casa.


4 comentarios - Escribe aquí tu comentario

lo dijo Ignacio 2 Julio 2008 | 12:26 AM

Como un puzle de un sinfín de piezas, así es nuestra vida. BS, unas cuantas piezas encajadas que dan más sentido, si cabe, a tu (para nosotros, tus lectores) precioso mosaico. Ya no eres la misma, lo sabes. Sevilla te puede resultar cotidiana, insuficiente, qué bien te conoces!

Contigo, tu corazón; delante, el infinito. Donde tu corazón te lleve...

lo dijo Tama 2 Julio 2008 | 09:01 AM

Muy bonito post Carmelilla, casi me haces llorar y no quiero!! asi estoy yo, que no sé como sentirme...hemos aprendido tanto, tantisimo este año, en todos los sentidos...que me pesa la idea de irme sabiendo que probablemente nunca volveré a esta ciudad que tantas alegrías y llantos nos ha dado, pero como tu dices hay que mirar para delante, tu tienes una gran puerta esperandote, cruzar el charco no es cualquier cosa y menos sin un billete de vuelta...Te deseo lo mejor guapa, un placer compartir contigo esa soledad caprichosa y cambiante con esas infinitas horas de palabras...10 meses se dicen pronto pero dan para mucho. Estaremos en contacto... :)

Pass auf dich auf.

Tama.

lo dijo Lulú 2 Julio 2008 | 11:35 PM

Acabo de llegar a casa...que raro es todo. Pero estoy feliz...qué bien sientan los abrazos cálidos, los besos de mis hermanos...! Casi me voy a dormir. Mañana prometo contar el regreso...Un beso y gracias por los comentarios.

lo dijo pato 6 Julio 2008 | 11:13 PM

No me des tregua, no me perdones nunca.

Hostígame en la sangre,

que cada cosa cruel sea tú que vuelves.

¡No me dejes dormir, no me des paz!

Entonces ganaré mi reino,

naceré lentamente.

No me pierdas como una música fácil,

no seas caricia ni guante;

tálame como un sílex, desespérame.

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