Problemas de Geografía Personal
Nunca sé despedirme de tí, siempre me quedo
con el frío de alguna palabra que no he dicho,
con un malentendido que temer,
ese hueco de torpe inexistencia
que a veces, gota a gota, se convierte
en desesperación.
Nunca se despedirme de tí, porque no soy
el viajero que cruza por la gente,
el que va de aeropuerto en aeropuerto
o el que mira los coches, en dirección contraria,
corriendo a la ciudad
en la que acabas de quedarte.
Nunca sé despedirme, porque soy
un ciego que tantea por el túnel
de tu mano y tus labios cuando dicen adiós,
un ciego que tropieza con los malentendidos
y con esas palabras
que no saben pronunciar.
Extrañado de amor,
nunca puedo alejarme de todo lo que eres.
En un hueco de torpe inexistencia,
me voy de mí
camino a la nada.
De Poesía Urbana, Luis García Montero
Manifiesto en apoyo de Luis García Montero
El catedrático de la Universidad de Granada, Luis García Montero, ha sido condenado por injurias graves a un profesor de su mismo departamento que viene sosteniendo, desde hace años, que Lorca era un fascista asesinado por los suyos y que Ayala fue valedor del fascismo. El condenado, ha decidido no recurrir la sentencia y abandonar de manera definitiva su docencia en la Universidad de Granada.
Luis García Montero, dijo que la Universidad de Granada tenía un problema, el de ese profesor disparatado que somete a sus alumnos a un adoctrinamiento insensato. Ahora, la Universidad de Granada tiene dos problemas: ese presunto profesor, cuenta con un incomprensible refrendo judicial para seguir propalando sus felonías, mientras la Universidad pierde a uno de sus mejores profesores. Enhorabuena.
Todos nosotros, profesores, alumnos y ciudadanos, nos sentimos condenados por esa misma sentencia y queremos hacer público nuestro refrendo a la fecunda trayectoria del catedrático Luis García Montero, al valor de su magisterio y a su contrastada defensa de la dignidad de las personas y las instituciones libres. Perdemos a alguien muy valioso y nos quedamos con lo que hay. Y no sabemos callarnos.
Benjamín Prado, Miguel Ángel Aguilar, Miguel Ríos, Mariano Maresca, Juan Vida, Caballero Bonald y Joaquín Sabina
http://www.ideal.es/granada/20081112/local/granada/manifiesto-apoyo-luis-garcia-200811121904.html
Porque tuve la suerte de asistir a una mañana poética con LGM y que escuchara uno de mis poemas. Y porque es fuente de inspiración y reflexión constante.
A veces siento que las cicatrices de mi memoria se han cerrado y curado solas. Les hizo falta tiempo y distancia para ser cenizas y recuerdo borroso. Pero no es más que una sensación reflejo.
Me desvela un grito en el vientre del silencio. De repente, todo se rompe y vuelta a empezar. Cuando cierro los ojos y espero a que pase la noche, quiero despertar siendo otra, otros mis pasos. Es mentira. Sigo siendo yo.
Cicatrices abiertas en los párpados, palabra lenta y confusa, el eco de mi vida se pierde en esta habitación vacía.
No siento vértigo. No es más que la vocación inconsciente de suicidio verbal y emocional. ¿Existen los límites de la lengua?
Y todo para qué. Mi boca sigue aniquilándome con cada gesto.
El final de mis labios:
Impulso y derribo.
Les siento ahora, aquí, a mi lado.
Quienes saben de la condena del tiempo,
de la constante contienda entre amaneceres y estertores.
Quienes callan cuando un pájaro los mira.
Quienes apartan en silencio la nieve de la leña.
Quienes en la fábrica de maderas se detienen
ante el rincón donde se acumulan
las virutas y el serrín.
Quienes acarician el puente que salva
el cauce de un río seco.
Quienes lanzan los dados a oscuras contra una pared.
Quienes acuden a un entierro donde nadie les conoce.
Quienes cubren con tierra las brasas del odio.
Quienes conjugan ternuras en los días inciertos.
Quienes cuentan las horas en las ondas del agua.
Quienes rastrean las huellas de un animal que murió.
Quienes guardan debajo de la cama zapatos rotos.
Quienes lloran sin querer saber por qué.
Quienes emprenden el amor, quienes lo desaprenden.
Los que mueren. Los que resisten.
Los que besan. Los que huyen.
Los que nacen. Los que mienten.
Todos ellos me habitan. Por ellos me transito.
Junto a su herida está inscrita mi herida
en las blancas galerías de la soledad.
Ellos forman la trama
y son mis argumentos.
José María Gómez Valero
Lo descubrí esta tarde, entre nubes grises y frío...
A Ulises y Celia, por ser fans del cuento;
a Elena, Fran, Marta, Luis, Ana, Teresa y Rocío,
por tener gafas de poeta para ver el mundo
La verdad verdadera, esa que jamás me atrevería a contar si no fuera porque estamos en confianza, es que Caperucita se sentía roja hasta en lo más profundo de su ser. Por eso su abuela le regaló esa caperuza que ha dado tanto que hablar. La mamá estaba muy indignada, tanto que obligó a la niña a cruzar el bosque y devolverle el regalo a la abuelita.
Entonces ella, más indignada que su madre, fue a buscar a su amigo lobo, y juntos urdieron un plan de acción:
- Tú me comes a mí, luego a la abuela, y las dos haremos mucho ruido para que se entere el cazador que siempre está por allí merodeando. Él te abrirá la barriga, nos sacará sanas y salvas, y al cabo de un rato nos reuniremos los tres en el bosque para celebrarlo y coserte algunos puntos. ¡Haremos historia! Contaremos lo ocurrido...¡a nuestra manera! Y nadie sabrá lo que pasó de verdad. Los escritores hablarán de nosotros, y todos los niños del mundo reconocerán mi caperuza como emblema de la liberación. Mi mamá estará tan contenta que nunca más intentará arrebatármela, y seremos tan famosos que jamás a ninguna censura se le ocurrirá colocarnos en el índice de libros prohibidos. Los niños pensarán que el rojo es un color hermoso, ¡forjaremos subconscientes comunistas! ¿Te imaginas? ¡Será fantástico! Venga me voy. No, no te dolerá mucho, ¡cualquier cosa por la revolución! ¿No? Eso, que me voy. Por el camino más largo, claro. Iré cogiendo flores para parecer una ingenua y...para darte tiempo. Cuéntaselo todo a la abuelita.
Y se ve que el plan les salió bien, porque esto no lo sabe nadie más que yo. Bueno sí, la abuelita lo contó a un antepasado mío, y éste a sus hijos, y éstos a los suyos...Y mi abuelo a mí. Por favor, no reveléis el secreto, no sea que se enteren los gobiernos y den al traste con la dulce y tierna historia de Caperucita Roja.
De Rocío Muñoz, mujer de luz que escribe desde la Argentina.
http://espiral-calipso.es.tl/
El viento proclamará tus alas, las islas desaparecerán y el mar sabrá recibirte sin dudas. Es hora y tiempo de simetrías nocturnas, cientos de kilómetros cruzados por el tenue hilo que separa la estación y el equinoccio. Nuestros lejanos pasos tienen un innato y cercano entendimiento. Avanza el cielo cubierto de predicciones. Cumplimos movimientos inconscientes que abren el estrecho abismo de nuestras pupilas.
Son éstas unas inconexas sílabas que habitan la distancia y buscan tus ojos en la noche. Tiembla la memoria y la voz latente incendia las aceras. Suenan solitarias melodías que se consumen en la propia luz. Vas hacia adelante, hacia arriba, hacia tus sueños; vuelas. Alcánzame el mundo, Ulises.
Tus ojos y los míos son cuatro pupilas cardinales de apoyo, de guia, de luz. Nos acosa el tiempo, refugio íntimo de lecturas, paseos y silencios al caer de la tarde; esperanza intacta todavía. Sé que nunca alcancé tres minutos de silencio seguidos, mis manos son sordas y los párpados caminan veloces entre abrazos. Ahora las preguntas exigen reconocerse, pero es tiempo de certezas. Y qué importa si derramo palabras de adiós sobre este papel en blanco. Siempre es octubre.
Hay lugares a los que no volveremos. El frio viene, las hojas crujen con mis pasos y ya no te hablaré de amor, amigo. Es un ensayo de desnudez contundente y máscaras que nunca han existido. En lo infinito, tu voz sigue ahí, asiento de copiloto y pupitre limpio. El recuerdo tangible se detiene entre ascensores y anaqueles de bibliotecas universitarias. La certidumbre eres tú, leerte con los ojos, despertarme con palabras.
Es un extraño vacío acostumbrado a rozarte a través de una pantalla, tejiendo redes nocturnas de píxeles y voces extranjeras que vienen del Norte. De mutuo acuerdo llegamos a un pacto: de cerca, sosteniéndote en la noche entre kilométricos neones, seguimos el pulso de los días y el tiempo dispone de nosotros. Entre azares, nada imposible.
Tomamos el mundo al vuelo hace mucho. Tú y yo vivimos a dos pasos de éstas palabras, la luz salpica la luz, está crecida la vida -nuestra amistad- y la tierra esculpe nuestros sueños.
Estoy detrás de las fronteras cibernéticas, al otro lado del hilo telefónico. Aquí, pensándote.
Los fotogramas se confunden con las fugaces estrellas, perceptibles con el movimiento de la tierra. Mis ojos no consiguen centrarse para observar las ajenas soledades reflejadas en la pantalla. Desde que comenzó la película y me senté en una firme y dura silla de madera que me ataba a la tierra, no he dejado de pensar en lo mismo. En la última fila, tan cerca del proyector como para confundir su sonido con las voces que dan vida a la historia. Él, detrás de mí, un voyeur cinéfilo y sosegado.
Luces en el cielo como farolas en un callejón, distrayéndome de la noche, alumbrando la habitación donde se repite un absurdo diálogo. Un verano sosegado…como tú…el mío, atípico… (silencio incómodo) disfruta de la película…y tú. Escena cargada de todo el misticismo que puede presuponerse en un cine de verano a orillas del río.
¿Qué es la soledad? Caer sin poder agarrarse a nada, tirar de las sábanas y desplomarse inerte y pesado, muerto en el suelo de una casa habitada por fantasmas.
¿Se puede medir la capacidad de uno mismo para creerse lo que se inventa? ¿Cuánto hay de mentira en los sueños? Y algunos profetas advierten de que Ítaca no existe…aunque otros no dejemos de creer alcanzarla al cruzar una esquina cualquiera. Islas extranjeras son las personas y no las ciudades. Islas encadenadas a la tierra por un delgado hilo de sueños que tienen ilusión de estar flotando libres en un mar finito. Cada cual construye en su isla un pequeño mundo, particular y absurdo, un espacio donde sentirse estable aunque el vaivén de las olas venga a tentar el equilibrio.
¿Cómo se comunican las islas? No hay ojos que mirar ni manos que tiemblen. Los dedos dudan porque no tienen qué tocar, porque lo que existe alrededor es un gran vacío, un paredón inquebrantable pero invisible. La tarea del náufrago no es sólo divisar una isla para no sentirse perdido, sino derribar ese muro que no le deja pisar tierra firme.
Llegué a mi casa en tiempos de desorden. Es verano y las nubes se ausentan en un luminoso cielo que me recibe con todo patas arriba. Devoro mis palabras en el camino de vuelta, tejiendo la ilusión de una tierra distinta a la que dejé hace meses, pero las mismas caras. El aire se ausenta también en estos días. Las sonrisas invaden mi espacio, los besos, los abrazos hasta ahora lejanos y las inocentes raíces de un orgulloso mundo.
Regreso a mi reino encendido de voces y manos sedientas. La incertidumbre de lo conocido e idealizado en la distancia creció entre trenes, aviones y pacientes esperas..."realidad, terrible azote". Al mirar me queda lo conocido, el reto asumido de no querer quedarme quieta, la inmortal ilusión de desplegar las alas en el camino que busco. Y caigo rendida en un regazo que me acoge tierno y cálido, entre unos brazos, gota a gota, deshaciéndome en mi paticular refugio.
El reloj de arena va más lento...todo pasó cual sueño y vuelves aquí, detenidos el tiempo y las miradas, todo sigue igual, como si no te hubieras ido nunca, como si tu cuerpo hubiese permanecido detrás de las rejas verdes de la ventana, inmóvil al paso de los días y del viento. Pero no volverás a ser la misma, ya no lo eres.
Ahora el viaje me ha parecido breve. Empiezo a comprender las costumbres, los gestos...me asomo a buscar algo que me haga retener el momento del regreso, un equipaje con extranjeros ecos y un deshabitado calendario que no entiende de números ni fases lunares, que arranca sus días como hojas viejas y las tira en el contenedor de la memoria.
Pero este es un retorno fugaz porque mañana vuelvo a irme. Emprendo un nuevo vuelo ligero y leve a Zaragoza para regresar en siete días. Se oyen acentos aprendidos y las estancias de mi casa se cubren de olores que me recuerdan de dónde vengo. Los bolsillos continúan llenos de sueños y próximos destinos. Me miro en el espejo y me veo a mí. No hace falta que nadie me diga quien soy yo.
He vuelto a escribir desde este caótico rincón de sueños donde mi vida apenas empieza.
..."en mis pies cosquillosos,
y duros como el sol, y abiertos como flores,
y perpetuos, magníficos soldados
en la guerra gris del espacio,
todo termina, la vida termina definitivamente en mis pies,
lo extranjero y lo hostil allí comienza:
los nombres del mundo, lo fronterizo y lo remoto,
lo sustantivo y lo adjetivo que no caben en mi corazón
con densa y fría constancia allí se originan.
Siempre,
productos manufacturados, medias, zapatos,
o simplemente aire infinito,
habrá entre mis pies y la tierra
extremando lo aislado y lo solitario de mi ser,
algo tenazmente supuesto entre mi vida y la tierra,
algo abiertamente invencible y enemigo".
Ritual de mis piernas, Pablo Neruda
Se me hace difícil empezar este post de despedida. Son tantos recuerdos condensados en mi retina y tan incómodo el nudo en la garganta, que no sé cómo decir adiós. Justo diez meses se cumplen mañana desde que comenzó todo. Diez meses de infinitas historias, aventuras y aprendizaje. De los 21 a los 22. De vivir en casa a la independencia. Del Sur al Norte. De Lulú a la mujer infinita. Cuánto he cambiado desde aquel lluvioso 2 de septiembre...
Ahora la suela de mis zapatos está gastada de andar mis pasos. Mis ojos ya no son los mismos: más grandes, más profundos y mirando a un cielo que siempre es distinto. Caminando de regreso a casa esta noche después de despedirme de alguna gente, pensaba en las palabras con las que escribiría esta última página de mi diario erasmus. Pero sigo sin saber qué decir...
Braunschweig es mi ciudad alemana de nombre impronunciable. Mediendesign, la titulación que he estado estudiando este año. APM, la residencia donde viví desde septiembre, escenario de muchas de las leyendas urbanas de esta ciudad y dueño de pasillos dignos de El Resplandor. Wabestrasse, la calle donde me siento a escribir desde marzo, una enorme habitación de paredes azules y amarillas con un balcón sin persiana por donde entra el poco sol que brilla. Penny Markt, mi supermercado, lugar ideal para comprar tabletas de chocolate a 35 céntimos. Salzgitter, pueblo perdido a dos horas de BS (bus, tren, bus, 15m a pie) donde estaba mi facultad. Bar de los moteros, Merz, Jolly, Fever 42, Brain...para salir de marcha, beber cervezas, emborraxarte, conocer gente rara, y pasar noches en vela. Nexus, cuna hippy de Bs donde aprendí(mos) que a veces las papillon se convierten en capuyos...3, el número del tranvía para ir al centro. Tigaa, restaurante asiático donde hemos podido ver nuestro futuro en las galletitas de la suerte (última predicción "Gut sein genügt nicht, man muss auch erscheinen")...
No puedo volver atrás ni quiero. La vida me empuja hacia adelante con fuerza, como un aullido. Dice un amigo que me huelen los pies a camino. Será porque a estas horas, mañana, estaré en Sevilla, en la cama de siempre, pequeña y con sábanas limpias, cálida más que nunca. Dejo esta Ítaca atrás, alcanzada y saboreada. Sí, Ítaca me regaló un hermoso viaje, largo y lleno de experiencias. La memoria se va despertando y tiene ganas de besos y abrazos conocidos, de habitaciones que recorrer a ciegas. Tiene hambre de recuerdos y voces. Mi boca tiene sed de sabores a guiso y cocina. Y es difícil saber qué nudo será más doloroso, el de la ida o el del regreso. El cambio como la rutina de un destino que se hace mío y un futuro que es mi propia vida. Ya no hay antiguos deseos, los nuevos me recorren por la sangre.
El cielo viste el alba y la mantiene atada a las estrellas y los sueños. Esta noche no hace frío, corre una brisa definitiva. Concluye una etapa. Volver. Gracias a las personas que habéis compartido conmigo una soledad caprichosa y cambiante, e infinitas horas de palabras. La extrañeza se va adueñando de mí cada vez más, con el paso de los segundos, aunque mi cuerpo siga aquí entre paredes de dos colores, yo tengo nostalgia de lo que echaré de menos cuando ya no pueda verlo ni sentirlo.
Quedan sueños y ciudades que hacer mías. Calles que recorrer a tientas, cielos que aprenderse de memoria, caras nuevas y muchas historias que escribir. Como te dije amigo, tú que ya estás en el sur, me despido de Ítaca por ti, por todo lo que nos ha enseñado, por lo que hemos crecido, reído y llorado aquí. Porque ya nada volverá a ser como antes pero nos quedan muchas Ítacas por descubrir.
Me despido para siempre desde Braunschweig. Me siento rara, distinta, dividida. Mañana estaré allí de nuevo. Mi cuerpo se viste de nostalgias. Queda la esperanza compartida y el brillo en los ojos. Vuelvo a casa.