PARA QUIEN ESCRIBO YO ENTONCES?
He de reconocer que he escrito poco, casi nada. Pues nada he de pretender. Los que tomamos la pluma una que otra vez, con las ansias y expectativas de romper el cántaro oculto de nuestro genio y creatividad, con la esperanza del fluir de la palabra (y que con solo ella no alcanza!), en la guarda de la irrupción de alguna idea que sustente el andamio de la estructura potencial...
Este debe ser el tercer intento de poner pie en la polvorosa del espacio de las letras y sólo logro diversificar luces intermitentes, párrafos incoherentes y no encuentro el camino lineal que me lleve a la sustancia que significa tener un lugar como este. También, uno como tantos. Claro, la responsabilidad es mia. Si no encuentras el camino, pues no sirves nena! Es probable. Pero no es sino con el esfuerdo y la dedicación que puede llegarse al resultado mínimamente deseado. La Luz divina no lo es todo, sólo y apenas un pobre porcentaje de talento.
Este es el espacio de la prueba y el error. Somos aprendices de escribientes, somos el mango de madera que sostiene la pluma de oro, somos el continente de la tinta sagrada. Intentamos en cada palabra la revelación del texto completo, al menos del párrafo siguiente, aunque sea de la oración que procede? Fundamentalmente, creo, que escribimos para nosotros, en el intento de sacrificar el ego en cada letra, empresa imposible si las hay. Escribimos frente a un espejo, para mirarnos y vernos brillar, para adular nuestra propia obra, para ver qué sentirá el otro que puede llegar a aproximarse. Puro ego, pura vanidad. Esribimos para nosotros por puro narcisismo. Y luego, porque el ego pesa más en la tinta mercurial de nuestras venas, escribimos para los demas y no por los demás. Siempre estará allí, la vanidad.
Entiendo que este es el primer paso para poder soltar la pluma (perdón, la tecla) y deshollarse con menos prejuico ante los demas y ante los propios ojos, que suelen ser los más devastadores. Tal vez, obtengamos el perdón ajeno antes que el propio.
Necesitaba esta reflexión personal, una vez más, para leerme con más detenimiento y tratar de entender la necesidad de ocupar este hueco en la virtualidad. Hasta podría llegar a extremar las disquisiciones y suponer que se trata de una cuestión meramente fisiológica, de descarga neuronal (y porque no hormonal) e incluso, espiritual. La necesidad de acercase tímidamente al acto creador y creativo, a la membrana de la imaginación, al campus del conocimiento.
Ahora, hay algo tan fundamental como el manejo de la palabra y la fusión del talenteo: el tiempo. Este ya es otro cantar y ahora mismo no lo tengo. Acaba de irse, se fue y sigo.
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Siempre se puede sacar tiempo, de donde sea... y esa alimentación del ego, de la vanidad... ¿es eso malo? Yo hace tiempo que dejé de analizar... y decidí dejarme llevar. Fuera complejos. Aquí nos alimentamos unos a otros. Yo ahora como y bebo de ti. Son ellas, las palabras las que toman forma, las que nos hacen más humanos en el pensamiento y en la acción. Y nosotros, sus esbirros. Un saludo





