Morir, Dormir
-Hijo para descansar
es necesario dormir,
no pensar,
no sentir.
no soñar
-Madre, para descansar,
morir.
Manuel Machado y Ruíz
Español (1874-1947)
Apunte de sierra
Abrió la ventana.
Sonaba el planeta.
En la piedra el agua
Hasta el río llegan
de la sierra fría
las uñas de piedra
¡A la luna clara
canchos de granito
donde bate el agua!
¡A la luna llena!
Guadarrama pule
las uñas de piedra.
Por aquí fué España.
Llamaban Castilla
a unas tierras altas....
Antonio Machado y Ruíz.
Español (1875-1939
El día de ayer, apareció en el peródico "El País" uns noticia perdida entre muchas otras, avisando de la puesta en venta de una novela inédita de Alejandro Dumas . Se trata de "El Caballero Hector de Sainte Hermine", novela descubierta por el especialista Claude Schopp y reconstruida a partir de unos textos publicados entre enero y octubre de 1869 en el diario frances "Le Moniteur Universal".
Segun Schopp, descubrió el libro inacabado de Dumas, al investigar en los viejos diarios de "Le Moniteur Universal" que existen en los polvosos archivos de Biblioteca Nacional de Francia. En efecto Schopp sospechó de la existencia de esa novela, tras leer una carta de Dumas "en la que hablaba de un textio escrito por él, sobre las deudas que había contraído la Emperatriz Josefina y citaba los problemas que le podía crear su publicación con los periodistas bonapartistas de la época" La novela ahora publicada, apareció por entregas en "Le Monitor Universal" del 1 de enero al 26 de octubre de 1869.
Lo curioso del caso, es que Schopp asegura haber descubierto la novela hace diez años y que finalmente se decidió a publicarla a instancias de su editor. Sequn esto, Dumas no pudo terminar la novela al enfermar y morir al poco tiempo después, pero Schopp se ha propuesto terminar la novela de acuerdo con las indicaciones que aparecen en algunos manuscritos en poder del especialista, así como de tres capítulos más que un amigo de Schopp encontró en un mercadillo francés. La terminación de la novela, ser puesta a la venta el próximo año-
Pero si algun habitante de estas inmensas planicies de cálida arena quiere adquirir la "primera parte" de esta novela (Editorial Emecé 2007), la puede comprar de inmediato. Ya está a la venta con nuestro anfitrión "La Casa del Libro". Yo me he apresurado a ordenar un ejemplar y espero comentarles de su contenido en fecha próxima.
Reeleyendo a Marguerite Duras, me encontré con una cita muy a propósito de los premios que han recibido nuestros compañeros y amigos por sus cuentos cortos. Y aquí un paréntesis para felicitar a "Luna Dulce"por su premio de cuento corto. Creo que es una personita de la que oiremos hablar mucho en el futuro y siempre bien. Pero regresemos a Duras; Ella decía:
Un escritor es algo extraño,Es una contradicción y también un sinsentdo. Escribir también es no hablar. Es callarse. Es soñar sin ruido.Un escritor es alguien que descansa, con frecuencia, que escucha mucho. No habla mucho porque es imposible hablar a alguien de un libro que se ha escrito y sobre todo de un libro que se está escribiendo. Es imposible. Es lo contrario del cine, lo contrario del teatro y de otros espectáculos, Es lo contrario de todas las lecturas. Es lo peor. Porque un libro es lo desconocido, es la noche, es cerrado, eso es."
En una mis incursiones por el "Cyberespacio" me encontre este comentario intitulado "Morir en Estambul" firmado por kovalam90 y me pareció poético y acogedor. Se los presento tal cual
"Una de mis películas favoritas es "Un lugar en el mundo", intensa reflexión sobre la importancia de hallar ese rincón del planeta donde realmente somos nosotros, donde los círculos se cierran y nos sentimos completos. Más allá del "uno es de donde pace, no de donde nace" yo soy de las de "uno es de donde se siente que es" y ese no siempre coincide con el lugar de nacimiento o trabajo. Tenemos suerte los que hemos encontrado nuestro lugar.
Pero ya el colmo de la buena suerte es haber encontrado el sitio donde descansar eternamente, no porque nuestra pobre osamenta descarnada vaya a ser más feliz enterrada aquí o esparcida sus cenizas por allá sino por lo que en vida imaginemos que sería pasar allí la eternidad .
Yo encontrè ese lugar cerca de Estambul, en la colina de Eyup.
Las vueltas y revueltas de un viaje nunca sabes que sorpresas te van a deparar. La guía hablaba de un pueblito cercano con un mausoleo muy venerado y un bar en las afueras donde solía ir Pierre Loti cuando recalaba en la ciudad. Parecía una buena opción para pasar una tarde relajada y hacia allí fuimos.
En un día festivo Eyup tiene toda la pinta de llenarse bastante de familias completas que acuden a pasarlo en sus bonitas calles y plazas tras la obligada visita a la tumba de Ayaub al-Ansari, portaestandarte de Mahoma, pero aquella tarde apenas había gente así que el recorrido por la mezquita y alrededores se convirtió en un más que agradable paseo. Pero yo quería ir aquel café así que buscamos el camino que llevaba a lo alto de la colina... y nos encontramos con el cementerio con las mejores vistas del mundo.
El carácter altamente sagrado de este pueblo lo ha convertido en lugar de preferencia para el descanso eterno de gran número de turcos y ello ha hecho que, lo que con toda seguridad empezó alrededor de la mezquita, se haya extendido como una mancha loma arriba. Miles y miles de estilizadas lápidas musulmanas siembran cada metro cuadrado convirtiendo la ladera en un inmenso jardín de blanca hierba.
No hay más orden y concierto que asegurar que se mira hacia La Meca y el resto es buscarse la vida para conseguir arañar otro trozo a esta tierra donde poder depositar al difunto. Ramilletes de pétreas flores para coronar las tumbas de las mujeres (una por cada hijo) y turbantes o símbolos del oficio para las de los hombres. Recintos cercados para las familias pudientes y cualquier apartado rincón para los más pobres. Lápidas repletas de inscripciones para los que pueden pagarlas o casi lisas para los que no.
Pero algo iguala y hermana a todos en este lugar: la más incrible panorámica de la que pueda disfrutar un difunto, pues las hermosas orillas del Cuerno de Oro se extienden a sus pies. Mirar al más allá desde semejante lugar debe dificultar bastante el olvido de este mundo.
Y para rematar el largo pero delicioso paseo, el Pierre Loti Café con su interior con estufa para los fríos inviernos y su exterior con terraza en la que extasiarse ante la lejana visión de Estambul, la bella entre las bellas.
Que tenga que convertirme al Islam para poder ser enterrada en la colina de Eyup no me parece tan alto precio, sinceramente."
Para terminar solo me queda mostrarles a ustedes otro verso de Alfonsina Storni. Se intitula "Voy a Dormir" y se supone que es el último verso escrito por la poetísa antes de encaminarse hacia las profundidades del mar.
Voy a dormir..
Dientes de flores, cofia de rocío,
manos de hierbas, tu, nodriza fina,
tenme prestas las sabanas terrosas
y el edredón de musgos escardados.
Voy a dormir, nodriza mía, acuestame.
Ponme una lámpara a la cabecera;
una constelación; la que te guste;
todas son buenas; bajala un poquito.
Dejame sola: oyes romper los brotes...
te acuna un pié celeste desde arriba
y un pájaro te traza unos compases
para que olvides....Gracias. Ah, un encargo
si él llama nuevamente pot teléfono
le dices que no insista,que he salido....
Hay un comentarios que se antojan de inmediato: Se refiere al sentimiento inicial que despierta el poema. Es de una infinita tranquilidad e indiferencia. parece más, una de esas pequeñas notas que todos escribimos para avisar a nuestras familias que salimos a la esquina a comprar cigarrillos y no una declaración de fín de una vida. No es estridente ni trágico (Vida nada me debes/ Vida estamos en paz)
Más que una nota suicida, a mi me suena como un verso de William Butler Yeats:
"The dancers crowded about him
And many a sweet thing said,
And a young man brought him red wine
And a young girl white bread."
De cualquier forma, la muerte de Alfonsina Storni, dió lugar a la canción "Alfonsina y el Mar", cuya letra es la siguiente:
Por la blanda arena que lame el mar
Su pequeña huella no vuelve mas,
Un sendero solo de pena y silencio llego
Hasta el agua profunda,
Un sendero solo de penas mudas llego
Hasta la espuma.
Sabe dios que angustia te acompaño
Que dolores viejos callo tu voz
Para recostarte arrullada en el canto
De las caracolas marinas
La cancion que canta en el fondo oscuro del mar
La caracola.
Te vas Alfonsina con tu soledad
Que poemas nuevos fuiste a buscar ...?
Una voz antigua de viento y de sal
Te requiebra el alma y la esta llevando
Y te vas hacia alla como en sueños,
Dormida, Alfonsina, vestida de mar ...
Cinco sirenitas te llevaran
Por caminos de algas y de coral
Y fosforecentes caballos marinos haran
Una ronda a tu lado
Y los habitantes del agua van a jugar
Pronto a tu lado.
Bajame la lampara un poco mas
Dejame que duerma nodriza en paz
Y si llama el no le digas que estoy
Dile que Alfonsina no vuelve ...
Y si llama el no le digas nunca que estoy,
Di que me he ido ...
Te vas Alfonsina con tu soledad
Que poemas nuevos fuiste a buscar ...?
Una voz antigua de viento y de sal
Te requiebra el alma y la esta llevando
Y te vas hacia alla como en sueños,
Dormida, Alfonsina, vestida de mar ...
En la misma playa donde Alfonsina Storni fué a buscar sus poemas al fondo del mar, se erige un monumento que aún existe, recordando esta tragedia. La noche anterior escribió un poema que envió al diario argentino "La Nación" y que fué publicado con el título "Voy a Dormir". Estaba dedicado a Alejandro, su hijo.
Como bien dice Hernando Durán, uno de los tantos estudiosos de la obra de Alfonsina: "Nada sería más injusto ahora que dejarla fija en un veredicto , cuando ella los desafió a todos y mucho de lo que defendió aún debe de ser defendido. Ella soñó cantar en las calles al compás de violines, como despúes haría Violeta Parra con su guitarra solitaria; y soñó con el vestirse con el peplo griego que usarían las declamadoras para propagar con voz femenina los versos femeninos de Alfonsina, y aires de hadas y serpientes doradas mordiendoles el brazo (Como me recuerda esta frase a Dorina Clark), y soñó con el cabello plateado y violeta que luego enarbolarían las muchachas punk. Alfonsina, -continúa Durán- gravita en las aguas del tiempo, entró por la boca de esas aguas, iba con su voz completa y florece...."
Respecto a Ariel Ramírez y Félix Luna, autores de la canción, podemos decir que su obra trascendió el ámbito de lo folclórico para llegar hasta el Teatro Colón en Buenos Aires. No hay duda que lo que Félix Luna le pregunta a la poetisa "Te vas Alfonsina con tu soledad, ¿qué poemas nuevos fuiste a buscar?", sigue conmoviendo a los públicos de muy distintas latitudes y de muy distintas raíces. Todavía muchos nos preguntamos ¿qué hay en el fondo del mar?
Según Ramírez, esta conción lo sobrevivirá. Dice el músico: "Cuando estrenamos "Alfonsina y el Mar"en el teatro no pasó absolutamente nada; pero con el paso de los días, estuvimos siempre con el teatro a reventar".
La relación de Ramiírez con la canción fué muy peculiar, porque el músico conoció a la poetisa. " Cuando Alfonsina se terminó la escuela e ingresó a la Escuela para Maestros, mi padre fué su profesor de Literatura. Llegaron a tenener una relación muy cercana. Yo era un niño pero la recuerdo como una gran amiga de la casa".
Asegura que la melodía le salió de la noche a la mañana. "Esas cosas suceden así y no tienen explicación". Pero para Félix Luna el autor de la letra no fué tan sencillo: "Estaba con Ramírez en su casa trabajando en un proyecto cuando él me hizo escuchar una zamba que había compuesto. Y yo le dije inmediatamente;"Esto se va a llamar "Alfonsina y el Mar " . Me fuí a otra habitación de la casa y empecé a trabajar, y en un rato salió la primera parte, pero la segunda me llevó meses terminarla. Lo que yo quería hacer era algo que no tuviera que ver con la cosa macabra del suicidio. Ni tampoco con algo amargo o melancólico. Quería que se viera a Alfonsina como una especie de entrega y que se reflejara que terminaba siendo acogida por todos los habitantes del mar".
(Continuará)
Guadalupe Loaeza, periodista y escritora mexicana, habla así de la Storni: "Su familia-el padre de Alfonsina y varios hermanos mayores- arribaron a la Provincia de San Juan en Argentinaa. Fundaron una pequeña empresa familiar, y años después, las botellas de cerveza etiquetadas «Cerveza Los Alpes, de Storni y Cía», circulaban por toda la región. Los padres de Alfonsina viajaron a Suiza en el año 1891, junto con sus dos pequeños hijos. En 1892, el 29 de mayo, nació en Sala Capriasca , Suiza, Alfonsina, la tercera hija del matrimonio Storni. Llevó el nombre del padre, de un padre melancólico y raro. Más tarde le diría a un amigo: «me llamaron Alfonsina, que quiere decir dispuesta a todo».
Alfonsina vuelve a San Juan, de donde son sus primeros recuerdos. «Estoy en San Juan, tengo cuatro años; me veo colorada, redonda, chatilla y fea. Sentada en el umbral de mi casa, muevo los labios como leyendo un libro que tengo en la mano y espío con el rabo del ojo el efecto que causo en el transeúnte. Unos primos me avergüenzan gritándome que tengo el libro al revés y corro a llorar detrás de la puerta». En 1901, la familia se trasladó nuevamente, esta vez a la ciudad de Rosario, un próspero puerto del litoral argentino.
Muerto el padre, Paulina, la madre, abrió una pequeña escuela domiciliaria, y pasa a ser la cabeza de una familia numerosa, pobre y sin timón. Instalaron el «Café Suizo», cerca de la estación de tren, pero el proyecto fracasó. Alfonsina lavaba platos y atendía las mesas, a los diez años. Las mujeres comenzaron a trabajar de costureras. Alfonsina decide emplearse como obrera en una fábrica de gorras. En 1907 llega a Rosario, Argentina, la compañía de un director de teatro que recorría las provincias. Alfonsina reemplaza a una actriz que se enferma. Esto la decide a proponerle a su madre que le permita convertirse en actriz y viajar con la compañía. Recorre Santa Fe, Córdoba, Mendoza, Santiago del Estero y Tucumán. Después dirá que representó Espectros, de Ibsen, La loca de la casa, de Pérez Galdós, y Los muertos, de Florencio Sánchez.
En sus cartas al filólogo español don Julio Cejador, Alfonsina resume algunos momentos de su vida. Refiriéndose a esta época, le dirá: «A los trece años estaba en el teatro. Este salto brusco, hijo de una serie de casualidades, tuvo una gran influencia sobre mi actividad sensorial, pues me puso en contacto con las mejores obras del teatro contemporáneo y clásico (…). Pero casi una niña y pareciendo ya una mujer, la vida se me hizo insoportable. Aquel ambiente me ahogaba. Torcí rumbos…». Luego, en un reportaje de la revista "El Hogar" (Argentina) contará que al regresar escribió su primera obra de teatro, "Un corazón valiente", de la que no han quedado testimonios.
Cuando volvió a Rosario se encuentra con que su madre se ha casado en segundas nupcias. Alfonsina decide estudiar la carrera de maestra rural. Gana un lugar sobresaliente en la comunidad escolar, consigue un puesto de maestra y se vincula a dos revistas literarias, "Mundo Rosarino" y "Monos y Monadas". Allí aparecen sus poemas durante todo ese año, y si bien no hay testimonio de ellos, sí sabemos de otros publicados al año siguiente en "Mundo Argentino", y que tienen resonancias hispánicas.
Al terminar el año de 1911, decide trasladarse a Buenos Aires. «En su maleta traía pobre y escasa ropa, unos libros de Rubén Darío y sus versos». Así, con nostalgia, evoca su hijo Alejandro la llegada. Pobre equipaje para enfrentarse con una ciudad que estaba abierta al mundo, con las expectativas puestas en esa inmigración que traería nuevas manos para producir y nuevas formas de convivencia. El nacimiento de su hijo Alejandro, el 21 de abril de 1912, define en su vida una actitud de mujer que se enfrenta sola a sus decisiones. Madre soltera ya que nunca se ha sabido el nombre del padre de Alejandro, trabaja como cajera en la tienda «A la Ciudad de México», en Buenos Aires. También en la revista "Caras y Caretas".
Su primer libro,"La inquietud del rosal", publicado con grandes dificultades económicas, apareció en 1916. En un homenaje al novelista Manuel Gálvez, por primera vez en Buenos Aires, en esta clase de reuniones, aparece Alfonsina recitando con aplomo sus propios versos. En junio de 1916, aparece en "Mundo Argentino" un poema titulado «Versos otoñales». Aunque los versos son apenas aceptables, sorprende su capacidad de mirarse por dentro, que por entonces no era común en los poetas de su generación.
"Al mirar mis mejillas, que ayer estaban rojas
He sentido el otoño; sus achaques de viejo
Me han llenado de miedo; me ha contado el espejo
Que nieva en mis cabellos mientras caen las hojas."
Sus amigos los poetas modernistas Amado Nervo, el poeta mexicano paladín del modernismo junto con Rubén Darío, publican sus poemas también en "Mundo Argentino", lo que da una idea de lo que significaría para ella, una muchacha desconocida, de provincia, el haber llegado hasta aquellas páginas. En 1919 Nervo llega a la Argentina como embajador de México, y frecuenta las mismas reuniones que Alfonsina. Ella le dedica un ejemplar de "La inquietud del rosal", y lo llama en su dedicatoria «poeta divino».
Vinculada entonces a lo mejor de la vanguardia novecentista, que empezaba a declinar, en el archivo de la Biblioteca Nacional Uruguaya hay cartas al uruguayo José Enrique Rodó, otro de los escritores principales de la época, modernista autor de "Ariel" y de "Los motivos de Proteo", ambos libros pilares de una interpretación de la cultura americana. El uruguayo escribía, como ella, en "Caras y Caretas" y era, junto con Julio Herrera y Reissig, el jefe indiscutido del nuevo pensamiento en el Uruguay.
Su voluntad no la abandona, y sigue escribiendo. En mejores condiciones publica "El dulce daño," en 1918. También en 1918 Alfonsina recibe una medalla de miembro del Comité Argentino Pro Hogar de los Huérfanos Belgas. Años atrás, cuando empezó la guerra, Alfonsina había aparecido como concurrente a un acto en defensa de Bélgica, con motivo de la invasión alemana.
Comienzan sus visitas a la ciudad de Montevideo, donde hasta su muerte frecuentará amigos uruguayos. Juana de Ibarbourou lo contó años después de la muerte de la poetisa argentina: «En 1920 vino Alfonsina por primera vez a Montevideo. Era joven y parecía alegre; por lo menos su conversación era chispeante, a veces muy aguda, a veces también sarcástica. Levantó una ola de admiración y simpatía… Un núcleo de lo más granado de la sociedad y de la gente intelectual la rodeó siguiéndola por todos lados. Alfonsina, en ese momento, pudo sentirse un poco reina».
En 1922, Alfonsina conoció, al escritor uruguayo Horacio Quiroga. Su personalidad debió atraer a Alfonsina. Un hombre marcado por el destino, perseguido por los suicidios de seres queridos, que, además, se había atrevido a exiliarse en Misiones, e intentado allí forjar un paraíso. En 1922, era ya el autor de sus libros más importantes, "Cuentos de la selva", "Anaconda", "El desierto". Vivía modestamente de sus colaboraciones en diarios y revistas y desempeñó un papel protagónico en el intento de profesionalizar la escritura. Alfonsina había publicado sus libros "Irremediablemente" (1919) y #Languidez" (1920).
La amistad con Quiroga fue la de dos seres distintos. Cuando Quiroga resuelve irse a Misiones en 1925, Alfonsina no lo acompaña. Quiroga le pide que se vaya con él y ella, indecisa, consulta con un amigo. Aquél, hombre ordenado y sedentario, le dice: «¿Con ese loco?, NO
Alfonsina Storni tenía en ese entonces treinta y un años recién cumplidos, es decir, que apenas bordeaba la cifra exigida para constituirse en «maestro de la nueva generación». Su libro "Languidez", de 1920, había merecido el Primer Premio Municipal de Poesía y el Segundo Premio Nacional de Literatura, lo que la colocaba muy por encima de sus pares.
Mil novecientos veinticinco fue el año de la publicación de "Ocre", un libro que marca un cambio decisivo en su poesía. Desde hace dos años es profesora de Lectura y declamación en la Escuela Normal de Lenguas Vivas, y su postura como escritora está absolutamente afianzada entre el público y sus iguales.
Hasta su casa en Buenos Aires llega una tarde la chilena Gabriela Mistral. El encuentro debió ser importante para la chilena, quien queda impresionada por su sencillez, por su sobriedad, por su profundidad sin trascendentalismos. Y sobretodo por su información, propia de una mujer de gran ciudad, «que ha pasado tocándolo todo e incorporándoselo»
En la Peña del café Tortoni conoció a Federico García Lorca, durante la permanencia del poeta español en Buenos Aires entre octubre de 1933 y febrero de 1934. Le dedicó un poema, «Retrato de García Lorca», publicado luego en "Mundo de siete pozos" (1934). Allí dice: «Irrumpe un griego /por sus ojos distantes (…). Salta su garganta /hacia afuera /pidiendo /la navaja lunada /aguas filosas (…). Dejad volar la cabeza, /la cabeza sola /herida de hondas marinas /negras…
En 1936 se suicida Horacio Quiroga y ella le dedicó un poema de versos conmovedores y que presagian su propio final
El veintiséis de enero de 1938, en Colonia, Uruguay, Alfonsina recibe una invitación importante. El Ministerio de Instrucción Pública ha organizado un acto que reunirá a las tres grandes poetisas americanas del momento, en una reunión sin precedentes: Alfonsina, Juana de Ibarbourou y Gabriela Mistral. La invitación pide «que haga en público la confesión de su forma y manera de crear». Tiene que prepararse en un día y, llena de entusiasmo, escribe su conferencia sobre una valija que ha puesto en las rodillas. Divertida, encuentra un título que le parece muy adecuado: «Entre un par de maletas a medio abrir y las mancillas del reloj».
Hacia mitad de año apareció "Mascarilla y trébol" y una Antología poética con sus poemas preferidos. Los meses que siguen fueron de incertidumbre y temor. El 23 de octubre viajó a Mar del Plata y hacia la una de la madrugada del martes veinticinco Alfonsina abandonó su habitación y se dirigió al mar. Parece ser que simplemente caminó hacia el mar y poco a poco se fué adentrando en su inmensidad líquida hasta que murió. Esa mañana, dos obreros descubrieron su cadáver en la playa. A la tarde, los diarios titulaban sus ediciones con la noticia: «Ha muerto trágicamente Alfonsina Storni, gran poetisa de América».
(Continuara)
Hace unos días mientras desempolvaba unos Cd's antiguos me encontré con uns grabación de Mercedes Sosa quien interpreta una canción llamada "Alfonsina y el Mar" cuya letra escribió un argentino, Ariel Ramírez con musica de Félix Luna, también argentino. Fué en la radio de un auto en donde por primera vez escuché esa canción. Recuerdo que era una lluviosa, fría , triste y miserable tarde de octubre, en la que viajabamos hacia el sur de la Ciudad, que es la zona de las grandes librerias. Tal vez por esa sensación de dolor y frustración todavía recuerdo la letra. La canción no dejaba de sonar: "Por la blanda arena que lame el mar/Su pequeña huella no vuelve más,/Un sendero solo de pena y silencio llegó/Hasta el agua profunda,/Un sendero solo de penas mudas/Hasta la espuma", decía la primera estrofa.
A partir de ese momento intuí que la canción hablaba de alguien que había decidido viajar hasta las aguas profundas del mar, seguramente por una gran pena. Pero, ¡Quien era ese alguien?. ¿O se trataba simplemente del la imaginación del autor?-
"Te vas Alfonsina con tu soledad/¿Que poemas nuevos fuiste a buscar?/Una voz antigua de viento y de sal/Te requiebra el alma y la está llevando/ Y te vas hacia allá como en sueños/Dormida, Alfonsina vestida de mar...", dice otra estrofa.
Desde que escuché esta canción por primera vez, siempre me pregunté quien era Alfonsina, hasta que un día en una plática banal con un gran conocedor de música popular se me ocurrió preguntar:
-Oye ¿Y sabes quien es Alfonsina, la de la canción "Alfonsina y el mar"?
Se me quedó viendo unos instantes con ojos incrédulos y me dijo no sin cierto tono de sorna:
-¡Que no sabes que es una canción dedicada a Alfonsina Storni, Destacadísima poetisa ?
Me quede boquiabierto. ¡ Claro que recordaba a la Storni !. Junto con Juana de Ibarbouroú y Gabriela Mistral formaba parte de la pléyade de poetisas más distinguidas de América Latina y casi me habían arrullado con sus versos cuando era pequeño. Recuerdo que en las calurosas tardes veraniegas, una tía solterona me leyó desde El Mío Cid hasta Proust y me declamó desde Espronceda hasta Sabines.
De inmediato me lancé a la librería a tratar de conseguir algún libro sobre Alfonsina Storni y encontré un pequeño libro de versos "Ocre", de su autoría. Cuando encontré los discos de la canción, me entró curiosidad por el libro y empecé a revolver con singular energía toda la biblioteca hasta que finalmente me encontré con el libro de versos, encuadernado en blanco.
De este libro es el siguiente poema:
Dolor
Quisiera esta tarde divina de octubre,
pasear por la orilla lejana del mar.
Que la arena de oro, y las aguas verdes
y los cielos puros me vieran pasar.
¡Ser alta, soberbia,perfecta, quisiera,
como una sombra para concordar,
con las grandes olas y las rocas muertas
y las anchas playas que ciñen el mar!.
Con el paso lento y los ojos fríos
y la boca muda dejarme llevar....
Ver como se rompen las olas enormes
contra los granitos y no parpadear
Ver como las aves rapaces se comen
los peces pequeños y no despertar.
Pensar que pudieron los frágiles barcos
hundirse en las aguas y no suspirar
Perder la mirada, distraídamente,
perderla y que nunca la vuelva a encontrar.
¡Y, figura ergida entre cielo y playa,
sentirme el olvido perene del mar.......!
(Continuará)