Mamiterapia
Una
vez
más.
Gracias,
mama.
Nunca te quedas…pensó en voz alta a la vez que un suspiro le salía del alma. No esperaba respuesta o dudaba si la quería.
Tú no me necesitas…se atrevió a responder el chico de ojos fríos y labios calientes. Sara pegó un brinco hasta sentarse en el borde de la cama al otro lado de la voz que se vestía a sus espaldas. De repente aparecieron impetuosas ganas de que se marchara en ese mismo instante, para quedarse “a solas” acompañada con ella misma. Supuso que se había enfadado porque cerró las dos puertas que le llevaban hacia la salida sin hacer ningún ruido vocal. Ella se quedó tumbada boca-arriba desenmarañando aquella sentencia masculina. Era verdad, dejó de necesitarlo en el mismo momento que le levantó por primera vez la mano, faltó el respeto más de tres veces seguidas, le dejó en etílica evidencia en diversos acontecimientos familiares, cambió los elogios por las quejas, las rosas por las espinas, la verdad por la mentira y las noches que no acababan por coitos interruptus de no más de 15 minutos (con suerte¡ y esbozó una sonrisa irónica de medio lado). No pensé, me engañé (se dijo).Nunca te vas…
Desnuda se sentía la mejor vestida. Ni esa sensación impidió que saltara de la cama al armario en busca de cualquier trapo para tapar sus culpas. Más de 25 años usando el lenguaje y todavía no había llegado a entender el significado del concepto posesión, o su sinónimo camuflado en pro del amor, Fidelidad. Aún así había interiorizado las “normas”, no le quedaba otra. Su madre, sus amigos, conocidos y hasta la vecina del tercero compartían la misma ¿Filosofía? de vida. Pensaba que ninguno se planteaba los principios que la regían. Ella no paraba de darle vueltas. Entre todos restaban una parte de lo mejor de ella, su vida. Una vez más la soledad llegó con la resaca de una noche amoral. Era el castigo que tenía que pagar por dejar de ser cordero y convertirse en Sara. Pasaron las 24 horas correspondientes al día siguiente. Cuando llegó a casa se desprendió de toda la lana que inevitablemente la obligaba a compararse con los demás corderos. Ahora estaba a solas con su reflejo en el espejo y por fin, volvió a sentirse Desnuda, la mejor vestida.
El preguntó:
¿En que influyen tus ojos?
¿Y los míos?
Ella respondió:
Crean chispas.
Encienden llamas.
Y se preguntó:
¿Incendian almas?
..Nadie contestó.
Aprendiendo a vivir con las dudas,
Ha dejado de importarme el color con el que se muestran.
Aparecen.
Les otorgo un minuto de silencio.
He guardado a las sonrisas el momento del café.
Mis musas esperan impacientes:
Mi completa adaptación,
Mis cambios de ritmo,
La aceptación de que no existen días con 36 horas.
Así me encuentro,
Estoy en obras,
Mejor dicho…
…En REFORMAS.
Especialmente dedicada a Chispark,ni se imagina las veces que sobrevuela en mi cabeza su "Balancéate".Mil gracias.
No hice otra cosa que mirarte.
Mientras hablabas no paraba de reproducir tu última sonrisa simétricamente perfecta.
No me cansabas.
Tampoco conseguiste contagiarme el sueño con tus múltiples bostezos.
Me picaban los ojos,
Estoy segura que fué tu resplandor unido al fuego de las palabras.
Adivino que ya sabías que estabas prendiendo la chispa que puede que acabe encendiendo la llama.
No me importaría arriesgar a quemarme en tu infierno,
Si me prometes que tendrá algo de cielo.
Que sólo arderé por dentro y me mojarás por fuera.
Si me empapas.
Si me besas.
Si te dejas.
Si entierras las heridas…
…Y te olvidas de tus miedos.
Regálame cualquier libro de Ángel González
Abrázame
Bésame
Hazme el amor y luego no te quedes dormido.
Escúchame lo necesito.
Vienes y vas.
Voy y vengo.
A veces, me sueño en otras camas y en otros cuerpos.
Regreso.
Con prisas,
Sin sueño.
Volvemos,
Para parar el tiempo,
Para que todo parezca perfecto
Por un momento...
La sociedad te explicaba que había para cada niño dos personas con las que sí te convertías en equilibrista en el circo de tu vida era como saltar con red.
Cuando trepaste te distes de bruces contra el suelo.
Lloraste sin remedio,
Sin ritmo,
Sin consuelo.
Para ensanchar los pulmones
Para aligerar el peso de la rabia,
Las decepciones,
Las mentiras…
Me llamas.
Te escucho.
No tengo ninguna palabra de alivio
Me contaron lo mismo.
Te cedo mi aire, mi oxígeno.
Respiras.
Suspiro.
Te calmas.
Respiro.