Libro de Arena
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Las niñas buenas van al cielo... las malas, a todas partes

"El corazón siempre recuerda más que la mente"

Una de Psicólogos

Hace poco leí un libro, "Cuerdos entre locos. Grandes experimentos psicológicos del siglo XX" de Lauren Slater. Es bastante corto, muy ameno (la autora lo ha escrito para el gran público, y no sólo para psicólogos) y sobre todo interesantísimo y revelador. Hoy quiero comentaros uno de ellos, para ver qué opináis...

Un psicólogo de la Universidad de Yale, Stanley Milgram, que en el año 1961 comenzó a investigar con la variable obediencia a la autoridad, llegando a unos límites que nunca imaginó ni el propio Milgram. Se estaban celebrando los juicios por el Holocausto e impresionado por estos hechos, no dejaba de preguntarse si algo así era posible que hubiera sucedido con gente normal, si una persona que ni siquiera odiaba a los judíos, y que tampoco era alemana, se dejaba influenciar tanto por la autoridad que podía llegar a cometer los asesinatos más crueles que se pueden imaginar.

A través de anuncios en un periódico de New Haven (Connecticut) se reclamaban voluntarios para participar en un ensayo relativo al "estudio de la memoria y el aprendizaje" en Yale, por lo que se les pagaba cuatro dólares más dietas. A los voluntarios que se presentaron se les ocultó que en realidad iban a participar en un investigación sobre la obediencia a la autoridad. Los participantes eran personas de entre 20 y 50 años de edad de todo tipo de educación: los había que acababan de salir de la escuela primaria a participantes con doctorados.

El investigador comunica al participante voluntario a investigar y a otro que se hace pasar también por participante, pero que en realidad es un cómplice del investigador, que están participando en un experimento para probar los efectos del castigo en el comportamiento del aprender. Se les señala que es escasa la investigación llevada a cabo en este campo y se desconoce cuánto castigo es necesario para un mejor aprendizaje. A continuación, cada uno de los dos participantes escoge un papel de una caja que determinará su rol en el experimento. El cómplice toma su papel y dice haber sido designado como "alumno". El participante voluntario toma el suyo y ve que dice "maestro". En realidad en ambos papeles ponía "maestro" y así se consigue que el voluntario con quien se va a experimentar reciba forzosamente el papel de "maestro". Separado por un módulo de vidrio del "maestro", el "alumno" se sienta en una especie de silla eléctrica y se le ata para "impedir un movimiento excesivo". Se le colocan unos electrodos en su cuerpo con crema "para evitar quemaduras" y se señala que las descargas pueden llegar a ser extremadamente dolorosas pero que no provocarán daños irreversibles. Todo esto lo observa el participante. Se comienza dando tanto al "maestro" como al "alumno" una descarga real de 45 voltios con el fin de que el "maestro" compruebe el dolor del castigo y la sensación desagradable que recibirá su "alumno". Seguidamente el investigador, sentado en el mismo módulo en el que se encuentra el "maestro", proporciona al "maestro" una lista con pares de palabras que ha de enseñar al "alumno". El "maestro" comienza leyendo la lista a éste y tras finalizar le leerá únicamente la primera mitad de los pares de palabras dando al "alumno" cuatro posibles respuestas para cada una de ellas. Éste indicará cuál de estas palabras corresponde con su par leída presionando un botón (del 1 al 4 en función de cuál cree que es la correcta). Si la respuesta es errónea, el "alumno" recibirá del "maestro" una primera descarga de 15 voltios que irá aumentando en intensidad hasta los 30 niveles de descarga existentes, es decir, 450 voltios. Si es correcta, se pasará a la palabra siguiente. El "maestro" cree que está dando descargas al "alumno" cuando en realidad todo es una simulación. El "alumno" ha sido previamente aleccionado por el investigador para que vaya simulando los efectos de las sucesivas descargas. Así, a medida que el nivel de descarga aumenta, el "alumno" comienza a golpear en el vidrio que lo separa del "maestro" y se queja de su condición de enfermo del corazón, luego aullará de dolor, pedirá el fin del experimento, y finalmente, al alcanzarse los 270 voltios, gritará de agonía. Lo que el participante escucha es en realidad un grabación de gemidos y gritos de dolor. Si el nivel de supuesto dolor alcanza los 300 voltios, el "alumno" dejará de responder a las preguntas y se producirán estertores previos al coma. Por lo general, cuando los "maestros" alcanzaban los 75 voltios, se ponían nerviosos ante las quejas de dolor de sus "alumnos" y deseaban parar el experimento, pero la férrea autoridad del investigador les hacía continuar. Al llegar a los 135 voltios, muchos de los "maestros" se detenían y se preguntaban el propósito del experimento. Cierto número continuaba asegurando que ellos no se hacían responsables de las posibles consecuencias. Algunos participantes incluso comenzaban a reír nerviosos al oír los gritos de dolor provenientes de su "alumno". Si el "maestro" expresaba al investigador su deseo de no continuar, éste le indicaba imperativamente y según el grado:

Continúe, por favor.

El experimento requiere que usted continúe.

Es absolutamente esencial que usted continúe.

Usted no tiene opción alguna. Debe continuar.

Si después de esta última frase el "maestro" se negaba a continuar, se paraba el experimento. Si no, se detenía después de que hubiera administrado el máximo de 450 voltios tres veces seguidas. En el experimento original, el 65% de los participantes (26 de 40) aplicaron la descarga de 450 voltios, aunque muchos se sentían incómodos al hacerlo. Todo el mundo paró en cierto punto y cuestionó el experimento, algunos incluso dijeron que devolverían el dinero que les habían pagado. Ningún participante se negó rotundamente a aplicar más descargas antes de alcanzar los 300 voltios. El estudio posterior de los resultados y el análisis de los múltiples tests realizados a los participantes demostraron que los "maestros" con un contexto social más parecido al de su "alumno" paraban el experimento antes.

El 65% de los sujetos que participaron como "maestros" en el experimento administraron el voltaje límite de 450 a sus "alumnos", aunque a muchos les situase el hacerlo en una situación absolutamente incómoda. Ningún participante paró en el nivel de 300 voltios, límite en el que el alumno dejaba de dar señales de vida. Otros psicólogos de todo el mundo llevaron a cabo variantes de la prueba con resultados similares, a veces con diversas variaciones en el experimento.

Personalmente me resulta aterrador pensar en esa gente que fue sujeto en ese experimento. Dicen que a algunos les sirvió para darse cuenta de lo que podían llegar a hacer, y así saber sus límites y no traspasarlos. Otros se traumatizaron de por vida.

Y ahora la pregunta del millón, ¿Estáis seguros de que vosotros no hubiérais hecho lo mismo que ellos en esa situación? Porque hasta los propios psicólogos que idearon este experimento se quedaron asombrados de sus resultados, varias veces contrastados y sometidos a falsación. Quién sabe, si nadie nos comenta este experimento, qué hubiéramos hecho...


9 comentarios - Escribe aquí tu comentario

lo dijo yo 3 Noviembre 2007 | 03:02 AM

a veces los psicólogos sí que sacamos lo peor del ser humano... pero para llegar a hacer algo bueno, en este caso, sacar a la luz que toda persona tiene un lado oscuro, y que no es bueno dejarse llevar por nadie, aunque sea una persona de máxima autoridad. Inquietante el dichoso experimento, ¿verdad?

lo dijo Rubí 3 Noviembre 2007 | 11:22 AM

¡Que horrorosos esperimentos! Tuvo que ser horrible.

Saludos primeros con la alegría de tener tambien blog.

lo dijo Beatriz 3 Noviembre 2007 | 01:24 PM

Querida tocalla, me ha encantado tu post y tu blog, así que amenazo con volver a leerte. ;)

Un saludo

lo dijo yo 3 Noviembre 2007 | 01:56 PM

hola a las dos! rubi, déjame tu blog en los comentarios para poder pasarme por alli, porfa. Beatriz, te he visto ya por algún blog, jeje, qué lio para diferenciarnos!! Bonito nombre el tuyo, :P

Un besito a las dos y gracias por pasaros!

lo dijo naná 3 Noviembre 2007 | 02:26 PM

es muy interesante tu post. y es increible hasta donde llega el ser humano. segun las circunstancias, todos somos capaces de todo? seguramente si o no, quizas nos sorprenderíamos a nosotros mismos para bien o para mal.

besos guapa

lo dijo yo 3 Noviembre 2007 | 03:46 PM

es muy interesante este experimento, la verdad, a mi también me sorprendió, y cuando algún psicólogo vuelve a repetirlo, aunque sean otras variables, vuelven a salir los mismos datos, o peores. Inquietante cuanto menos.

un besito naná

lo dijo Isobel 3 Noviembre 2007 | 05:02 PM

qué gran experimento. no he leido ese libro, pero conocía el caso. la verdad es que asusta pensar en lo que somos capaces de hacer, y sólo porque alguien tenga un rango que pensamos superior al nuestro.

Un beso y muy bueno el post, me ha gustado

lo dijo Luna7 3 Noviembre 2007 | 05:06 PM

¡Hola Beatriz!,

Es muy interesante lo que dices.

El mundo de la psicología tiene rincones que estan, aún, por descubrir...

Me ha gustado tu post.

Un beso.

lo dijo yo 3 Noviembre 2007 | 06:06 PM

hola a las dos, gracias por venir por mi blog. Tenéis razón, la psicología es algo apasionante que nos descubre cosas que no sabemos ni siquiera si queremos que sean descubiertas.

Un besito!

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