Libro de Arena
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La habitación del fondo

Lo mejor es seguir caminando y no llegar nunca

Una música cualquiera

Las teclas del ordenador marcan el compás. La radio murmura a lo lejos, casi inaudible, incapaz de despojarse de su sonido eléctrico y de sus interferencias. Oigo esas leves voces que bien podrían venir de mi interior en lugar de venir por ondas indescriptibles, pero no les presto atención. Quizá por eso sé que vienen desde tan lejos.

Es el teclado el que indica la hora.

Cuando la actividad aumenta, el tiempo del teclado pasa más rápido, y el sonido es más breve y repetitivo. Pero éso sólo ocurre durante diez segundos cada veinte minutos, más o menos. El resto del tiempo real, cuando el ambiente se relaja, el ritmo del teclado se convierte en una lenta procesión de sonidos plásticos, sordos, apagados. Todo se dilata,se funde, hasta el aire se hace pesado. El fare niente termina convirtiéndose en un incómodo malestar,en la angustia de no poder ver cómo pasan los segundos. El tiempo no pasa en la oficina, todo se diluye, pero aquel ruido continúa.

Desde su balda la radio, cotorra empedernida y de voz baja, sigue sonando como si yo le prestara la más mínima atención, pero ya casi no puedo oírla.

Hace ya muchos meses que me guío por el compás cambiante del teclado que, sin saberlo y de manera azarosa, determina de forma periódica mis inconstantes estados de ánimo, como si fuera una música cualquiera.