Libro de Arena
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turquesa

Poesía Cuántica

Estrella Polar de un retazo,

pincelada de una osa mayor,

atravesada por fugaces,

en una noche de junio,

de luna creciente.

El Universo frente a vos,

pues vos sós energía,

verde eléctrico, casi boreal,

cuántica, preciosa,

ante tí vuelve a sonreir,

otra estrella fugaz.

Ya dos te has perdido pasar,

por esa costumbre tuya,

tan peculiar,

tan divina,

de mirarme a mí,

en vez de al cielo.

Corchete, incógnita "i",

epsilon,

logaritmo neperiano de cero,

parece geométrico,

te aseguro que es poesía,

pues todo ello,

dice "cielo".

Musa de la poesía cuántica,

dama llegada de los tiempos,

mi dama, mi amor, mi alma,

mira ahora hacia el cielo,

del color de la boreal,

para tí, en vertical,

por fin, tu primera visión...

de una fugaz.

De Estrellas y Almas Gemelas

Desde que contaba con una corta edad, soy un asiduo observador del firmamento.

De las estrellas....

De los planetas...

Del movimiento cuántico.

Un día en el famoso "Patio de la Iglesia" del Barrio de Sandi en Vallecas, un grupo de niños que jugábamos al balón, pudimos asistir atónitos al paso de un cometa que se mantuvo en el cielo en forma de bola blanca más de quince minutos, hasta que desapareció por el horizonte de Vicálvaro.

Ese día supe, que el Universo comenzaba a comunicarse conmigo.

Y yo decidí corresponderle.

Cada vez era más frencuente buscar espacios vacíos de contaminación para observar estrellas.

Quizás por ello, cada vez he ido viviendo más cercano a lo rural.

Hasta que un día decidí que pediría cosas a las estrellas, ¿Y por qué no hacerlo?.

Siempre anhelé esa persona tan especial que sabe lo que piensas, te comprende y vibra contigo en la misma logitud de onda del alma.

Ese alma gemela.... existiría acaso?

Le puse mil caras, mil ojos, mil labios, pero no concreté en nada.

Sólo tenía claro su forma de mirarme, de hablarme en soledad, de hacerme mimos, y de que yo pudiera expresarme libre ante ese alma, y que pudiera dar lo máximo de mí, con suma facilidad, dejándose fluir por la curvatura del espacio-tiempo.

Pasaron muchos años, y no menos gentes, y pareciera que ese alma viviera a cien mil años luz, que en esta vida no estuviera predestinada a cruzarme con ella.

Pero mí fé en pedirle a las estrellas nunca murió.

Siempre estuvo ahí.

Es la misma fé con la que ahora escribo en este "Planeta Arena", sabiendo que ella está ahí, al otro lado del papel, y con el destino de leer estas líneas y que tan sólo una persona, si, sólo una...

....sepa que me refiero a ella.

....tan sólo con ver estos puntos suspensivos al principio de cada frase.

Se los podría escribir de color, quizás verde, quizás azul, ella sabría enseguida quien soy.

Quizás por el color que tiene mi nombre de blog.

Quizás porque ese nombre le recuerde algo que lleva cerca del corazón.

Quizás porque las estrellas me enseñaron, que cuando uno pide algo con ese mismo corazón, el milagro surge, y la magia aparece.

Sé que ahora estás leyendo ésto, mi alma gemela, y estás sintiendo la llamada de todo ese Universo Cuántico, que tú muy pronto convertirás en poesía.

Nuevo Lugar

Camino despacio, observo,

un nuevo lugar se asoma ante mí.

Sus calles me abrazan,

me rodean,

es media mañana y debo...

caminarlas yo solo hoy.

Sin la ayuda de mi amor,

sin la presencia de un guía,

con el riesgo de perderme

por aquella subida peatonal,

del casco viejo.

He de llegar a un palacio,

allí cumpliré sin duda,

un encargo,

una misión, casi casi,

un imposible.

Pero lo importante es conocer,

sus empedrados, su gente,

el sabor de aquella plaza,

de aquella iglesia especial

que se atisba...

desde la mesa privilegiada.

Aquella plaza, la de la tela,

la de la tela de araña que teje,

aquella villa, casi marinera,

pero que no lo parece,

que surge en mi vida,

que me transporta,

que debo conocer,

pues en ella nací,...

como quien dice.

Si yo fuera mujer...si yo fuese hombre...

Eterna dualidad,

mujer y hombre,

sol y luna,

mar y arroyo.

Si yo fuera mujer,

jamás te hubiera podido abrazar,

como te abrazo ahora,

me hubiera faltado riesgo,

quizás audacia,

o tal vez...

abandonarme a dejar víctimas.

Pero si fuese hombre,

tampoco habría llegado a tí,

a tu núcleo, a tu sentir,

me habría quedado en la piel,

o en tus verdes ojos,

sin profundizar jamás en ellos.

Por ello ni soy mujer,

porque a tal altura no llego,

ni puedo ser hombre,

pues mi camino recorrí,

y ayer lloré al fin,

no estando dispuesto pues,

a dar más pasos atrás.

Eterna dualidad,

eterna decisión,

que nunca yo tomé,

poder ser hombre o mujer,

y en mi gran indecisión,

y siempre por "casualidad",

llegué al fin a ese paraje,

ese lugar,

el sitio que me da sentido,

el corazón de mi amado,

.... o tal vez amada,

quien sabe...

si él o ella es otra dualidad

y se haga las mismas preguntas.