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GREETINGS

METANOVELA

tiempo perdido

No estoy (demasiado) enfadado. ¿Por qué habría de estarlo?... Un blog se muere de muchas maneras. Sin embargo, reconozco que a mí me gusta esta tierra de nadie: entre la muerte y la vida.

De mi experiencia como bloguero he aprendido dos cosas importantes:

1) Hay que cultivar las amistades virtuales y no dejarlas morir: esa es la causa principal de la muerte de un blog: la soledad. Y siento haber caído en este pozo de silencio.

2) Hay que renovarse a diario y sin demasiadas pretensiones. Un blog literario quizá no es el mejor vehículo para publicar grandes obras, que se tornan mamotretos inmanejables. Hay que ser breve y dejar paso.

sobre la inmortalidad

Me imagino que algún cristiano jocoso habrá por esos mundos de Dios, pero los cristianos corrientes son más de alegría interior: de alegría y ganas de vivir. La tristeza, si no es un pecado por vicio, es al menos un testimonio contra ellos.

Una de las fuentes de esa alegría es sin duda la esperanza de resurrección. Ya decía San Pablo que si Cristo no resucitó vana es nuestra fe: seríamos los más ridículos habitantes de esta tierra.

Pero, ¿qué es esto de la resurrección?

Para empezar, la resurrección constituye la liberación del dominio de la muerte.

La muerte, en la tradición cristiana, se representa como el paso de una puerta. Ahora bien, en esa hora definitiva se abrirían ante nosotros dos puertas. Una sería amplia, de paso holgado, por donde es fácil entrar :¡esta sería la verdadera muerte! La otra puerta sería estrecha, angosta, difícil de cruzar: ¡esta sería la puerta de resurrección!

En el evangelio de San Juan, Cristo proclama:

-Yo soy la puerta (Jn. 10, 9).

De manera que pasar por la puerta angosta consistiría en hacerse otro Cristo, no ya imitando su ejemplo de vida, sino, de modo más profundo, identificándose con Él. Porque en realidad la muerte y resurrección de los cristianos comienza con el Bautismo y continúa con la vida sacramental. Muere el hombre viejo y nace el hombre nuevo, que es Cristo. De algún modo, los cristianos se pasan la vida muriendo a la vieja vida y resucitando a la nueva; no otro sentido tenía la vieja doctrina de la mortificación: ir haciendo la muerte en vida.

Y el pasaje final, la hora de la muerte, aunque conserve todo su dramatismo, queda realmente enmarcado en un plan de salvación más cotidiano.

Por otra parte, al hablar de resurrección, surge la cuestión de la vida perdurable. ¿Cómo será la vida que nos espera?

Sobre el diseño general de esa creación definitiva, hay un sello de secreto en el Evangelio. Con todo, algo se sabe.

Sabemos por la fe que será “vida“, semejante a la vida que ahora experimentamos; pero en un cuerpo glorioso, liberado de los padecimientos de nuestro cuerpo mortal.

Y sabemos que será “vida nuestra”, continuidad y plenitud de la que ahora vivimos. Y en este sentido, como decía, hay realidades de aquella vida que ya están presentes en esta; sin ir más lejos, la realidad del amor, pues Dios es amor y los resucitados vivirán plenamente en Dios.

Posiblemente, esta realidad amorosa no vaya asociada a una sexualidad corporal al uso:

-Cuando resuciten, serán como ángeles (Mt. 22, 30).

En definitiva, como Cristo dijo:

-Yo soy la resurrección (Jn. 11, 25).