Libro de Arena
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GREETINGS

METANOVELA

liberación sexual

-¿Qué es el sexo?

-Una fuente de placer corporal que da plenitud al encuentro amoroso. Sobre esa felicidad se sostiene la continuidad humana.

-¿Nada más?

-También es un camino de madurez. La felicidad, como toda cuestión personal, no puede reducirse a placer corporal. El sexo también nos permite adueñarnos de nuestro cuerpo, liberarnos de su dinámica de insatisfacción, ejercitando lo que los antiguos llamaban castidad.

Repasaba estos bocetos de diálogo para enfrentarme a la marea ideológica de la progresía yupi. La moda es ahora los juguetes eróticos, como en el reportaje “Ellas también quieren jugar”, del magacín de El País del pasado domingo (dentro de la campaña de promoción del libro Mujeres, juguetes y confidencias, de Eva Moreno, ed. Planeta).

Es el sexo vendido como juego, el sexo lúdico con su dosis relajante de placer sin culpa, donde no hay frontera moral entre un masaje muscular y la masturbación. Es la filosofía de cierto paganismo: en los frescos de Pompeya el dibujo esquemático de un falo iba acompañado de la siguiente inscripción: Aquí habita la felicidad…

¡Qué disparate!

La juguetería erótica, intentando esquilmar una fuente natural de placer, solo puede perpetuarnos en una adolescencia artificial y en realidad pervertida, pues no nos deja alcanzar verdadera madurez humana. Por no mencionar los estragos que produce en la imaginación, donde las personas quedan reducidas a objetos sexuales.

Me niego a aceptar estos usos como liberación sexual.

No sé si os parezco fuera de onda, pero no me voy a dejar arrastrar por esa marea ideológica.

la casa de Dios

Admirable el ingenio y el oficio de Juan José Millás. Lo leo como quien recibe la lección cotidiana de periodismo brillante y efectivo. Solo hay dos temas que lo sacan de quicio: el Partido Popular y la Iglesia. Temas que nuestra historia patria insiste en mezclar. Y cuando la realidad noticiosa le lanza uno de esos temas como un plato al aire, ¿cómo no disparar y hacerlo pedazos?

Esta vez el motivo fue un suceso trágico: el derrumbe de una iglesia sobre los feligreses que asistían a un funeral cuando se produjo el terremoto de Pisco (Perú). Millás lo vio de inmediato en lo que tenía de ridículo: estaban reunidos en la Casa de Dios… y la casa se les vino encima. ¿Cómo es que Dios no los protegió? La conclusión era evidente: Dios no existe.

Es el viejo argumento de Voltaire para desenmascarar el mejor de los mundos posibles: ¿cómo va a ser éste un mundo bien hecho si un terremoto puede arrasar una ciudad?… Me pregunto si estas preclaras ideas ilustradas no producen demasiada ofuscación. Son la inteligencia en acción. Pero ¿está cuerda la inteligencia?

Cuando en el debate, alguien quiere ponerme la zancadilla con un falso halago, es por ahí por donde ataca:

-No entiendo que siendo tan inteligente, puedas ser cristiano…

Si de verdad este interlocutor me creyera tan inteligente empezaría por tomarse muy en serio mi opción… Pero no voy a juzgar de mi inteligencia (no soy tan idiota), aunque no hace falta demasiada para rebatir este argumento falaz sobre la existencia de Dios. Y en el fondo sería gastar palabras, porque estas negaciones no atienden a argumentos. Es como si una negación vital se escenificase de puertas afuera, como una negación teórica.

Hace años que el único argumento demostrativo válido de la existencia de Dios lo busco en mi propia vida.

Insisto: yo también quedo confuso y sin palabras ante los horrores de este mundo, pero lo que me preocupa de verdad es que mi propia vida pueda convertirse en horror. Horror para los que conviven conmigo. Horror para mí mismo.

Mi demostración de Dios es que mi vida cotidiana puede ser mejor. Dios me serena, me da confianza, me rectifica. No es cuestión de argumentos, sino mi cuestión íntima.

Juan José Millás tal vez debería encauzar su ingenio y asomarse a sus propios derrumbes y abismos, y ver si allí puede vivir sin Dios.

second life

Leo (sin asombro) las noticias sobre la quiebra de Second Life. Era previsible.

Imaginaos por un momento que en nuestras francachelas por librodearena tuviéramos que cargar con un avatar… Que visitar a los colegas supusiese llamar a una puerta, ocupar un lado del sofá y esperar a que nos sirvieran una taza de té virtual sonriendo con nuestro rostro vicario.

¿Qué pretendía Second Life con ese desdoblamiento inane? ¿Aliviarnos del cuerpo real?

No sé. Lo divertido fue ver cómo primero huían las Empresas (especie de ratas cibernéticas), viendo que no había negocio. En el fondo todo esta plasta de internet es dinero. Tenemos que estar listos para cuando nos cierren el chiringuito porque no somos rentables.

Sin duda hay algo abominable en estos avatares zombis. Pero no lo desentrañaré por no pasarme de impertinente con mi moral biempensante. Me alegro al menos de que no sea tan fácil la felicidad como construirse un cuerpo virtual.

Conclusión discutible: sobrevivimos como letra porque somos más auténticos.

sociedad alcohólica

La borrachera del guiri es la del energúmeno. Unos guiris borrachos son una horda de bárbaros. La borrachera española es la fiesta, un modo terreno de la felicidad, es decir, un bien cultural: algo exportable como los sanfermines. Un guiri borracho es un tarugo peligroso hasta que se desploma; metido en una peña se civiliza: baila, ríe, canta, se divierte pacíficamente.

Algo así argumentaba J., empeñado con su Asociación Musical en montar un concierto rock en la plaza (de toros) del pueblo. (Utilizo aquí rock en sentido genérico: toda música con guitarra eléctrica y batería).

Arremetía contra mis recelos cristianos. La ruptura rock/Iglesia es inmensa (no sé si absoluta: el rock sería entonces puramente demoniaco). Pero, de hecho, el cristianimo no es puritano. El vino se consagra: es la plenitud de la cultura mediterránea; pero la embriaguez es pecado. El rock viene a ser la bacanal civilizada. La charanga tradicional sigue viva en la fiesta, pero el rock es trasgresión y ha radicalizado la fiesta. No hay ya conexión con la religiosidad tradicional.

Y sería culpable ingenuidad caer ahora en el optimismo alcohólico, a la vista de la explosión contracultural que aflora en los conciertos. Bastaría con denunciar la conexión alcohol/alcoholismo; pero en sus aledaños ronda el hachís asesino, la farlopa y las pastillas.

La noche del concierto, el botellón montado en torno a la plaza de toros tenía proporciones épicas.

Hay una fractura profunda entre la juventud y sus mayores. Un concierto de rock de pueblo, con sus melés bailonas y un volumen de música que aturde y anonada, no es un espectáculo burgués (nada que ver con un concierto de jazz desde una butaca). Ni siquiera los viejos roqueros encuentran su sitio para que no se cierre el abismo entre generaciones: no parecen ya dinosaurios o carrozas, sino padres y madres asustados.

Asistí con R. al arranque de la actuación del grupo local. El sonido dejaba que desear. Media plaza llena. La incorporación de una sección de viento le daba al ritmo un aire latino. Pronto se alcanzó ese momento de entrega en que músicos y público botaban al unísono. Muchos días de ensayo para esa fugaz apoteosis. Buen rollo.

J. nos había invitado a una copa. Algún ex alumno, alguna ex alumna me saludaba en medio del fragor.

Nos fuimos a mitad de actuación. R. cansada, yo confuso. (No sé si sonó la versión que he oído en otros conciertos: la alucinante Jesucristo García:

-¿Cuánto más necesito para ser Dios? ¡Dios! -y toda la plaza coreando).

Post Data.- Hubo una pelea al final del concierto. Unos skins dieron una paliza a un miembro de la Asociación Musical y le pisotearon la cabeza. Está en el hospital: tiene que pasar por quirófano.

(Omito todo el trasfondo político del concierto, que J. me está ahora desentrañando; explicitarlo transformaría esta meditación en un análisis más justo de lo sucedido, pero yo sólo quería asomarme al fenómeno alcohol-rock).

crimen novelizado

En Crimen y Castigo, el estudiante Raskólnikov mata a una vieja por dinero. Él cree que le asiste un derecho natural: él es la juventud con futuro, ella es la decrepitud. Pero la culpa del hachazo va haciendo implacablemente su labor; va conduciendo al criminal a purgar su culpa.

Crimen y Castigo es una novela que inutiliza todo un género. Después de ella ¿cómo volver a adentrarse en una novela policíaca?

Ahora Crimen y Castigo tiene un nuevo avatar real. El supuesto autor de un crimen noveliza ese crimen, lo publica disfrazado de ficción y la propia novela lo delata. Es una noticia de estos días.

¿No será que en la novela siempre hay algo de catarsis, de purificación de algún crimen?

¿No será que en las ficciones más trágicas revivimos necesariamente nuestros pecados?

(La noticia puede verse en el blog de Esoj).