romanticismo
¡Qué triste sabor a romanticismo trasnochado!... Esa excursión al Oeste me ha dejado el regusto de La pródiga de Alarcón o Morsamor de Valera... ¡Había hasta caballos!
Versión verosímil (y tristemente creíble) de la misma historia: excursión de dos periodistas que van a realizar un reportaje sobre casas rurales, y tienen que pasar la primera noche compartiendo habitación en el Parador de Sigúenza. También nieva en la serranía. Solo habría que cambiar el avión y los caballos por un todoterreno.
Es esta presión semiconsciente en aras de un producto comercial, para no caer en el pozo de la literatura genial, que (en mi humilde caso) no da para vivir. Esa presión por profesionalizar la creación, rindiéndose a la industria cinematográfica.
Decido reencauzar la metanovela acentuando mi preocupación por los diálogos. Porque podría escribir de un tirón el primer capítulo ¡y todavía no habría logrado hacer hablar a mis personajes!... Debo intentar esta vía dramática antes de renunciar a la novela.
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Con todo los respetos, pero no me ha gustado que asocies a los caballos con ese "romanticismo trasnochado".Yo creo que podrías haber usado, por ejemplo, a los cisnes. Es que adoro a los caballos y han prestado tantos servicios a la humanidad que me duele que se les asocie a ese huero romanticismo.
Lamento la confusión.
Lo que me pareció disparatado es hacer entrar los caballos en una novela cuando yo lo desconozco prácticamente todo sobre los caballos. (Lo mismo me pasa con los cisnes).
En esas dos novelas románticas que citaba hay caballos. El romanticismo trasnochado se refería a soñar una historia de amor en escenarios remotos, ¡y usar caballos como parte del decorado!





