Libro de Arena
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GREETINGS

METANOVELA

Los puentes de Madison

De la carta encíclica del papa las tres decisivas palabras griegas: eros, filía, agape; la segunda definida como amor de amistad. Dice a continuación que filía, en el Evangelio de San Juan, recibe un significado más profundo, en cuanto designa la relación íntima entre Jesús y sus discípulos; donde pongo relación íntima el texto latino emplea un vocablo que significa la amistad entre los miembros de una familia.

La definición de eros es luminosa y doctrinal: amor entre varón y mujer, que no nace (por así decirlo) de la voluntad racional, sino que se le impone al hombre de cierta manera. Esta manera o modo queda en sombra: ¿es instinto, polaridad, complementariedad?

He visionado en un par de sesiones Breve encuentro: historia del enamoramiento y ruptura entre dos amantes que se conocen en una estación de tren. Es importante recordar "anotaré esta lección dramática" que el amor brota espontáneamente. La película me enseña que hay que partir de ese espontáneo elemento amoroso para que haya novela.

Por eso me importa que mi fotógrafo despierte verdadero atractivo: ha de ser capaz de enamorar, y por supuesto Mari.

Del lado de Fran, es una recaída en el donjuanismo, pero hay un don Juan válido: capaz de enamorar y de enamorarse. Sí; lo valioso de Fran es que nunca ha tenido una aventura que no haya sido amorosa: nunca ha buscado sexo sin amor. Es cierto que sus aventuras amorosas siempre han tenido un desenlace sexual, pero Fran nunca ha pagado por estar con una mujer. Y siempre evoca a sus mujeres como enamorado.

Otro aviso de la película: el intenso sabor de época de ese romanticismo puro e intenso, donde el sexo es todavía un beso apasionado; amor de película que ya no se compadece con nuestro tiempo. (Por cierto, viendo la película en horas robadas, siento esa desazón culpable de la protagonista).

Me llega por fin Los puentes de Madison, que me ha descargado mi hermana de internet. Acabo de ver las dos primeras secuencias. La inicial de los hijos, que, aunque la había visto con atención, apenas si contaba con ella; y la de la visita del fotógrafo y el ama de casa al puente Roseman.

La película en sí es mucho más inverosímil de lo que recordaba y los diálogos están ideologizados desde el comienzo. El erotismo que va fluyendo de Meryl Streep es tan intencionado que hasta parece inocente.

Hay que verla: sintiéndose sola en la mesa junto a su familia, se gira y se deshilacha el moño; luego, al agacharse a arreglar unas flores, su pierna se marca en la falda ligera, volátil; y la mano del fotógrafo que se encuentra con sus rodillas desnudas; la voluptuosidad del tabaco "liberación nuevamente actual"; el sudor en la penumbra del puente; la manera provocativa de beber el botellín; la invitación a tomar un té frío...

Además la conversación sitúa de golpe el tema de la frustración matrimonial. Él se casó, pero ya está divorciado; ella... ¡es italiana! "por algo llevábamos oyendo ópera en la radio...".

Y el ramalazo indecentemente freudiano "lo de Freud en la industria cinematográfica de EE UU merece un estudio: qué beata obsesión con sus teorías". Veamos. Ella ha recogido un ramo de flores:

"Son venenosas "le dice Meryl (por broma) tras habérselas ofrecido a Clint Eastwood; y se ríe cuando él las arroja al suelo.

Al agacharse él a recogerlas, la mira con una sonrisa de boca de culebra "Clint Eastwood auténtico" y dice:

"¿Te gusta ser sádica?

Todo esto está ahí y convierte el filme en una película menor, casi de género. Me alegro ahora de haber trabajado sólo con aquella impresión imaginativa que había reducido el encuentro a un núcleo puro.

Anoto por último que las iniciativas las toma ella "clara propaganda ideológica": acompañarlo hasta el puente Roseman, invitarlo a entrar en casa:

"¿Te apetece un té frío?

Hice lo correcto apagando el televisor; es más, tardé demasiado. Ahora tengo que pagar esa vinculación forzada con la película, cuando la vinculación real fue con la historia que deseé ver, y que apenas se trasluce en algunos compases de la secuencia del puente Roseman.

La película real, con su romanticismo absoluto... "pero cuidado, dice Marías en La educación sentimental que el amor romántico, en la literatura y, hasta donde puede colegirse, en la realidad, presenta una frecuente castidad". Decía que el romaticismo de la película (apenas creíble en la representación de su director, Clint Eastwood) y su pretencioso didactismo con la lección aprendida por los hijos (casi al borde de la comicidad), me pesa ahora como una carga. La escena del reproche, tan dramáticamente aparente, es pura sobreactuación: tienen que poner en escena un gran amor...

Me he obligado a ver la película entera robando ese tiempo a mis ocupaciones "apenas exagero", en ese afán de creer en mi proyecto, aunque me quede solo. Con ello, he abandonado el camino de los diálogos, y debo retomarlo (penosamente) antes de darme por rendido.


2 comentarios - Escribe aquí tu comentario

lo dijo LOURDES MARTÍNEZ 31 Mayo 2008 | 04:02 PM

HOLA, NECESITO CON URGENCIA EL LIBRO DE LOS PUENTES DE MADISON, LO LLEVO BUSCANDO MUCHO TIEMPO Y NO LO ENCUENTRO, ALGUIEN ME PODRIA AYUDAR?

lo dijo leonel contreras 23 Septiembre 2008 | 01:41 PM

estoy buscando el libro los puentes de madison hay alguien que me lo quiera vender

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