Libro de Arena
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GREETINGS

METANOVELA

segunda dramatización

MARI.- (Con una sonrisa). ¡Aquí estamos!

FRAN.- No está mal. (Se acerca hasta el ventanuco). ¡Mira!, el pinar nevado...

MARI.- (Deja su bolsa de viaje y se acerca. Se juntan los dos ante el cristal). Solo por esta postal merece la pena el viaje.

FRAN.- Qué romántica.

MARI.- Bueno, ¿qué cama quieres?

FRAN.- Elige tú.

MARI.- Prefiero esta junto a la ventana. ¿No te importa?

FRAN.- En absoluto. Me encanta el rincón.

MARI.- ¿Quieres cambiar?

FRAN.- No, no. Perfecto.

MARI.- Bien. Tengo que pasar al servicio.

FRAN.- ¿Te molesto aquí o me salgo fuera?

MARI.- No, no, tranquilo. (Entra, cierra la puerta y hace funcionar la cisterna).

Sentados en el restaurante, esperando que traigan los platos.

MARI.- ¿Te has fijado que solo hay parejas?

FRAN.- Estamos perfectamente camuflados.

MARI.- Pensarán de nosotros que somos amantes.

FRAN.- (Sonriendo). Ni siquiera eso. Un lío ocasional... Eso nos da una ventaja.

MARI.- ¿En qué sentido?

FRAN.- En que podemos vivir más allá de las apariencias.

MARI.- Eres complicado.

FRAN.- En absoluto. Es que no me sé explicar. Para los que nos han visto entrar somos amantes; es decir, ya hemos sido amantes. Y entonces no podemos ser amantes porque ya lo hemos sido. Es un juego. Solo nos queda intentar ser amigos.

MARI.- De veras que eres un poco complicado. ¿Puedo añadir algo?

FRAN.- Venga.

MARI.- En mi opinión, todavía no somos amigos; en todo caso, personas civilizadas que pueden compartir mesa y conversación.

FRAN.- De acuerdo. Entonces, como personas civilizadas, podemos soltarnos un poco y ser amantes.

MARI.- (Sonriendo). Eres tonto.

FRAN.- Y tú un poco ingenua respecto al amor. El amor sopla donde quiere. Nace y se marchita sin pedir razones. Solo hay que alimentarlo un poco cuando nace, o bien dejarlo morir.

MARI.- Supongo que estás acostumbrado a dejar morir tus amores.

FRAN.- Por llevarte la contraria, diría que los protejo como una lucecita en la noche, hasta que un viento helado la apaga de golpe.

MARI.- Un amor como la luz de una vela, qué imagen...

FRAN.- Sí, pero el fuego del amor puede crecer, incendiar y arrasar.

MARI.- Eso es violencia.

FRAN.- O lo has olvidado, o nunca has estado enamorada.

MARI.- ¿Por qué dices eso?

FRAN.- Perdona, no te quería ofender.

En otro momento de la cena.

FRAN.- No quiero parecer pretencioso; te confío esto como amiga. Hay mujeres que he amado después de haber olvidado su nombre... No sé cómo se llamaba; sólo sé que se vistió de domingo para venir a verme. Fue en una ciudad del sur de los EE UU. Era una mejicana de piel morena. Tenía el pelo recogido en una trenza y, cuando se la deshacía, la melena rizada le caía sobre los hombros: un pelo negro de india, con una textura áspera que me atemorizaba. Trabajaba en el motel y le pedí información para llegar a una vieja mina de oro. Y ella misma se ofreció a acompañarme... Y esa tarde se presentó con un vestido blanco con una orla floreada: ofreciéndose como una novia. Y viajamos hasta la mina, y allí en el mismo coche la cogí, y luego la llevé hasta el pueblo y continué viaje... Y meses después, en Madrid, de trasnochada (supongo que había bebido demasiado), se me presentó su imagen: su alegría inocente, viniendo a mí vestida de domingo. Y fue entonces cuando sentí amor por ella y se me saltaron las lágrimas.


3 comentarios - Escribe aquí tu comentario

lo dijo hipatia 13 Noviembre 2006 | 04:09 PM

Me ha gustado mucho. Sobre todo -y quizá no sea muy original- el final, la confesión de Fran.

Muchas gracias.

lo dijo angela ruiz almanza 25 Septiembre 2007 | 10:54 PM

esta leyenda esta super me sirvio para una dramatizacion en la u

lo dijo tarasia* 26 Septiembre 2007 | 01:23 AM

Apareció este texto por aquí, y tuve que leerlo. Te debo muchas lecturas aún y pienso ponerme al dia cuanto antes... me encanta leerte!

También me ha gustado mucho el final, quizás por ser mujer, me conmueve la sensibilidad masculina.

Un abrazo encantada!*

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