investigación sobre el amor
Ortega ve el momento más grave, más profundo, más misterioso del amor, en que este sea impulso hacia lo perfecto "la belleza de Platón, según explica": en todo amor reside un afán de unirse el que ama a otro ser que aparece dotado de alguna perfección. Es, pues, un movimiento de nuestra alma hacia algo en algún sentido excelente, mejor, superior.
Y precisa: el sentimiento erótico "más exactamente dicho, el amor sexual" no se produce en nosotros sino en vista de algo que juzgamos perfección. Enamorarse es, por lo pronto, sentirse encantado por algo, y algo sólo puede encantar si es o parece ser perfección. A continuación advierte de que por perfección hay que entender la mera excelencia.
Con todo, en esos fragmentos se apunta, en la descripción fenomenológica de Ortega, eso que puede llamarse plenitud, entendiéndola como un grado pleno de realidad y, en este sentido, presencia de lo divino.
Insiste Ortega en su definición del amor: es pura actividad sentimental hacia un objeto, dando por supuesto que hay una actividad sentimental específica, distinta de todas las actividades corporales y de todas las demás del espíritu.
Amar algo es actuar hacia lo amado: un acto transitivo en que nos afanamos hacia lo que amamos, emanando hacia el objeto amado una fluencia indefinible, de carácter afirmativo y cálido. Amor es, pues, cálida afirmación de otro ser, cualquiera que sea su actitud para con nosotros.
Ortega distingue temáticamente entre este amor en sentido estricto y el enamoramiento, fenómeno de la atención, que representa un agostamiento y una relativa paralización de nuestra vida de conciencia.
Sobre mis personajes, encerrados en una habitación, ha de pesar esta hiper-atención artificial.
Esta concentración de la atención, prosigue Ortega, hace que lo atendido tenga más realidad y al tener más realidad, claro es que se carga de mayor estima.Pero ¿no puede ocurrir que precisamente por tener más realidad sea más atendido?
Ortega mismo se topa con la gran semejanza entre el enamoramiento y el entusiasmo místico: el místico percibe la presencia de Dios; pero Ortega cree que la semejanza es de manía, de obsesiva focalización de atención; no semejanza de presencia.
Ortega cree superar la cristalización de Stendhal, el enamoramiento como creación de perfecciones, con su teoría de la focalización desmesurada y obsesiva; pero esta no deja de ser una creación del objeto amado: ese exclusivismo de la atención dota al objeto favorecido de cualidades portentosas. A fuerza de fijarse en él, adquiere este para la conciencia una fuerza de realidad incomparable.
Si en el paroxismo del enamoramiento pudiésemos de pronto ver lo amado en la perspectiva normal de nuestra atención, su mágico poder se anularía. Pero eso no sería perspectiva normal, ¡sino embotamiento! Porque el misterio no lo crea la atención, sino que viene de lo amado.
Quizá ya estoy demasiado agotado por la jornada; con todo, quiero seguir trabajando (aun a riesgo de confundirme).
Ortega concluye su ensayo sobre el enamoramiento (estado mental inferior, casi mecánico) vinculándolo, a través del mecanismo psicológico de la atención, con el misticismo y el hipnotismo (y fugazmente con la embriaguez).
Su descripción del estado místico, cómo se alcanza y qué se siente en la unión mística, no puede menos que interesarme.
Y acepto que sean necesarios todos esos trucos de la atención para entrar en la presencia divina, pero lo importante es esa misma realidad divina, y creo que Ortega resbala sobre la evidencia. Así como el místico no construye, sino que descubre y se une, el enamorado descubre... y fija su atención. Son formas extáticas en que tanto el místico como el enamorado están puestos en el otro; de aquí la semejanza con el hipnotismo, que es un sueño inducido, un trance "como el de la lectura" en el que el cuerpo queda en tensión durmiente mientras el alma vuela fuera.
Profundizar es necesario: estoy revisando la lectura que Marías hace del ensayo de su maestro Ortega en La educación sentimental. Primero, y es esto un justo acierto, rechaza la típica afirmación epatante de Ortega: Stendhal ni verdaderamente amó, ni, sobre todo, verdaderamente fue amado. Y Marías se pregunta: ¿cómo lo sabe Ortega? Y añade: estoy persuadido de que todo lo amoroso es materia arcana.
Poco después sentencia Marías: el amor no es ciego, sino perspicaz. No inventa, descubre las perfecciones de la persona amada. En esto se funda la crítica principal que Ortega dirige a Stendhal. Esto es discutible, pero hay en Ortega un pasaje marginal que apoya la lectura de Marías: halla de pronto existentes en una mujer calidades de especie hasta entonces desconocida por él; aunque esto ocurriría en los casos ejemplares del amor en que ambos participantes poseen un espíritu claro y dentro de los límites humanos no padecen error.
Al estudiar la obra de Stendhal, Ortega afirma, sí, que hay un error radical en su teoría del amor, y es que la base de esta es una experiencia falsa.
Stendhal cree "consecuente con los hechos de su experiencia" que el amor se «hace» y, además, que concluye. Ambos atributos son característicos de los pseudoamores.
Veamos las otras críticas de Ortega:
La teoría de la «cristalización» se preocupa más bien de explicar el fracaso del amor, el desenamoramiento y no el enamoramiento.
La cristalización stendhaliana parece indicar lujo de labor espiritual, enriquecimiento, acumulación. Ahora bien: el enamoramiento es un estado de miseria mental en el que la vida de nuestra conciencia se estrecha, empobrece y paraliza.
Y ahora la crítica fundamental: Stendhal, a pesar del título de su libro, no trata del amor sensu stricto, sino del amor en sentido lato: del enamoramiento; y precisa Ortega: del desenamoramiento...
Stendhal, pues, al tratar del amor, se pierde al analizar el enamoramiento, ese estado del alma complejísimo, donde el amor en sentido estricto tiene un papel secundario. Y, al creer que habla del amor, Stendhal revela la insuficiencia de su horizonte filosófico.
Por último, hay que precisar qué entiende Ortega por perfecciones:Enamorarse es sentirse encantado por algo, y algo solo puede encantar si es o parece ser perfección. No quiero decir que el ser amado parezca íntegramente perfecto "este es el error de Stendhal". Basta que en él haya alguna perfección, y claro es que perfección en el horizonte humano quiere decir, no lo que está absolutamente bien, sino lo que está mejor que el resto, lo que sobresale en un cierto orden de cualidad; en suma: la excelencia.Hay excelencias: la belleza de la mujer bella, por ejemplo; y el enamoramiento podría descubrirla, ofreciendo un motivo real de amor; pero el mecanismo del enamoramiento actúa independientemente del objeto: acaece lo mismo que si aproximamos a nuestros ojos la mano "se trata otra vez de la focalización de la atención": siendo tan pequeño cuerpo, basta para tapar el resto del paisaje y llenar por entero nuestro campo visual. Lo atendido tiene para nosotros ipso facto más realidad, más vigorosa existencia que lo desatendido. Al tener más realidad, claro es que se carga de mayor estima.
Y el párrafo decisivo: a pesar del angostamiento de la conciencia por tener solo un objeto, el enamorado tiene la impresión de que su vida de conciencia es más rica. Al propio tiempo, ese exclusivismo de la atención dota al objeto favorecido de cualidades portentosas. No es que se finjan en él perfecciones inexistentes. (Ya he mostrado que esto puede ocurrir; pero no es esencial ni forzoso, como erróneamente supone Stendhal.) A fuerza de sobar con la atención un objeto, de fijarse en él, adquiere este para la conciencia una fuerza de realidad incomparable. Existe a toda hora para nosotros; está siempre ahí más real que ninguna otra cosa.Sorprende la cercanía de la formulación orteguiana con la de Zubiri: el poder de lo real y el consiguiente apoderamiento de mi persona por lo real.
Completemos, pues, a Marías. Donde dice: según Ortega, el amor descubre las perfecciones de la persona amada "idea por lo demás interesantísima", hay que decir: según Ortega, el enamoramiento hace más real a la persona amada.Esta idea escueta tiene fuerza.
Sacando consecuencias más allá de Ortega: el místico busca unirse con la realidad primordial, la realidad de realidades; el enamorado ve el resplandor de esa realidad en su amada: en su amada (más que a través de su amada) vislumbra, entrevé, la realidad primordial.Claro que estoy exagerando el alcance que Ortega dio a su expresión más realidad, que quizás para él solo representaba la predominancia de una forma sobre un fondo exangúe.
De Introducción a una estimativa, anoto la siguiente corrección de Ortega (quien defendió que la filosofía había de ser sistemática): es el hecho, lo positivo "está refutando el positivismo", que en el momento de valorar algo como bueno no vemos la bondad proyectada sobre el objeto por nuestro sentimiento de agrado, sino al revés, como viniendo, como imponiéndose a nosotros desde el objeto. La complacencia es ciertamente un estado subjetivo, pero no nace del sujeto, sino que es suscitada y nutrida por algún objeto.
Concluye Ortega: lo amable es lo que es digno de ser amado aun cuando tal vez no lo amamos efectivamente.
2 comentarios - Escribe aquí tu comentario
Es de primordial importancia puntualizar este aspecto, el enamoramiento difiere del amor en el estricto apego a su naturaleza, del enamoramiento puede o no partir el amor en sí, cabe añadir, que en el enamoramiento, siendo un acto de conocimiento primario, es decir; la primera noción, interviene el psique y constumbres del individuo en la atrubución de "perfecciones" en el ser del que se enamora, es decir, sus gustos.
Dos observaciones:
1-Freud, que sin lugar a dudas era
menos lírico que Ortega pero, segura-mente, más observador, emparejó el enamoramiento con la hipnosis:un su-
jeto "absorbe" de forma absoluta la
voluntal del otro.Y de este mismo pa-
recer, salvando las distancias, era Lu-
crecio.
2-La vida de Sthendal no fue tan par-
ca en amores como Ortega da a en-
tender.Hubo, al menos, cuatro muje-
res importantes en su vida y, por su-
puesto, él no alardeaba de la "psicolo-
gía del hombre interesante".
Saludos





