detritus 1
Entrar en casa y sentir soledad.
¿Cómo es posible?, me pregunto perplejo.
Y una vez que el manantial de la perplejidad empieza a fluir –ya estoy entrando en la cocina–, el misterio se ahonda (sin aminorar el dolor).
Después de haber dado a luz la criatura “amor entrañado”, las circunstancias de la vida me obligan a vivir de ella.
Si se pierde dramáticamente a una persona, hay pruebas de que estamos preparados para superarlo intelectualmente. (El ejemplo canónico es C. S. Lewis y la narración prodigiosa de su experiencia como viudo aterrado por el dolor, Una pena en observación, que culmina en ese momento místico en que percibe la presencia cuasi-fantasmal de su amada).
Sí, idealizar a la persona ausente es una hazaña literaria ya lograda; pero ¿qué hacer cuando es una ausencia constante y cotidiana?





