Libro de Arena
Login

GREETINGS

METANOVELA

paciencia

Los tubos fluorescentes de los cabeceros ya hacía rato que estaban apagados. La penumbra apaciguaba los contornos y Agustín descansaba de obligarse a precisarlos. La luz verdosa del pasillo se colaba por la rendija de la puerta entornada. Tomás llevaba más de una hora desvelado por los dolores. En la respiración sin cadencia de Agustín, percibió que él tampoco dormía.

-¿Agustín? -llamó.

-¿Mmm? -contestó Agustín adormilado.

-¿Estás despierto?

-Sí, bueno.

-Oye, que estaba pensando… Hombre, quizás te parecerá un disparate, pero llevo un buen rato pensándolo; pienso que quizás tú me podrías enseñar un poco de Filosofía, digo, para aprovechar el rato.

Agustín frunció mentalmente el entrecejo. Educado en la paciencia de sus muchos años escolares, no iba a desesperarse por un poco de ingenuidad o aburrimiento. Decidió esquivarlo liándolo con una pregunta.

-¿Y para qué quieres aprender ahora Filosofía?

-Joer -protestó Tomás-, ya te veo venir. Ya veo que no me consideras un posible alumno… Pero tú has dicho que eres profesor de Filosofía; eso significa que sabrás enseñar Filosofía… Y además se me había ocurrido que yo también podría enseñarte algo a cambio.

-Ah, mira, eso no está mal. ¿Y qué me vas a enseñar?

-Tú eres filósofo y yo cocinero, como dice mi madre. Por cada lección de Filosofía que me des, yo te daré una de Cocina.

-No parece mal trueque -aceptó Agustín-. Pero yo resultaré peor alumno que tú. Mi mujer intentó muchas veces enseñarme a guisar, pero siempre de palabra… sin dejarme poner manos a la obra. Y cuando me quedé viudo, todavía no había aprendido a preparar ninguno de sus exquisitos platos…

-Vaya, lo siento -se disculpó Tomás-, no sabía que eras viudo. No quería traerte malos recuerdos.

-Nada de malos. ¡Son los mejores recuerdos de mi vida: los años que viví con mi mujer! Todo lo que vino después tuvo un sabor triste.

Quedaron en silencio.

Agustín, con la cabeza hundida en la almohada, evocaba las remotas imágenes de su vida matrimonial. Pero Tomás volvió a insistir:

-Entonces, ¿qué?... ¿Aceptas mi trato?

Agustín volvió en sí y dio un hondo suspiro. El dolor, enmascarado por la conversación y el ensueño, se hacía de nuevo presente con toda su violencia.

-Vale, Tomás, acepto tu trato -se sobrepuso Agustín-. ¿Qué plato vamos a cocinar?

-No, no. Tú tienes que enseñarme primero. Venga, enséñame Filosofía.


6 comentarios - Escribe aquí tu comentario

lo dijo hipatia 28 Junio 2007 | 05:34 PM

Tiene cierta gracia eso que dices en otro post, de que asociamos la enfermedad a tiempo de ocio. Sartre, cuando se ponía enfermo se alegraba porque se sentía de vacaciones para pensar; decía que no se sentía culpable por no trabajar.

Recuerdo que hace muchos años yo sentía lo mismo y me alegró coincidir con Sartre. Ahora, la enfermedad me agobia; los años no predonan ni eso. Sartre tuvo más suerte.

Voy siguiendo tu realto con cierto ¿malestar?, por el hospital, que me da un mal rollo tremendo.

Me apunto a estas clases de filosofía, si es que las vas a relatar.

Un saludo, Uberri, desde la Enterprise.

lo dijo uberri 28 Junio 2007 | 05:47 PM

Hipatia:

Siempre generosa.

Acababa de leer tu sencilla historia de amor, y no te he comentado nada. No acabo de ser un buen amigo o es que pasamos deprisa.

Me gustaba la ambientación pero las vidas me parcían demasiado esquemáticas.

No te enfades.

Por lo demás, situar la historia en un hospital me permitió conjurar de alguna manera el miedo que sentía a quedar recluido en una de sus plantas alguna vez...

No pretendo enmendar a Sartre, pero creo que el dolor aniquila.

Dices que la enfermedad te agobia. Supongo que has querido decir... la posibilidad de caer enferma.

Besos virtuales.

lo dijo Hipatia 28 Junio 2007 | 05:58 PM

Qué tal Uberri; no sé si has tenido contacto con paisaniños, pero son así de "esquemáticos". De alguna forma sus vidas transcurren en un espacio ancho, aunque penden de un tiempo estrecho; se manifiestan escuetos y sus vivencias las transmiten así. Está basado en un hecho real.

La enfermedad me ha visitado con cierta frecuencia, desde muy joven. Después están las gripes, las herencias y los achaques propios de la edad.

Me armaré de valor con lo del hospital; pero ¿habrá filosofía o no?

Gracias por tu visita a la Enter.

lo dijo uberri 28 Junio 2007 | 07:32 PM

Sí que habrá Filosofía, y cocina, claro.

Besos.

lo dijo Hilvanes 29 Junio 2007 | 09:25 AM

ESto se pone cada vez más interesante. Con clases de cocina y filosofía!!! NO van a querer abandonar el hospital, que te lo digo yo!

lo dijo uberri 29 Junio 2007 | 12:20 PM

Soledad, gracias por animarme. Voy a ver si puedo estar a la altura...

Comenta!