Libro de Arena
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GREETINGS

METANOVELA

persona

Cometeríamos un error olvidando el estado febril al que Agustín tenía que sobreponerse; por lo que no es extraño que la conversación se extraviase. Y otro olvidando la labor subterránea pero constante del dolor, que lo ataba a su cuerpo consumido.

Sin embargo, decía esa noche con buen humor:

—Tomás, aprendiz de filósofo, vete preparándome unas buenas patatas guisadas, que esta noche avanzaremos un buen trecho.

—Se hará lo que se pueda —contestó el joven, algo mustio por su propio dolor.

—Hoy importa que volvamos a utilizar las palabras, no para nombrar, sino más bien como señales que apuntan hacia donde caminamos.

—De acuerdo —suspiró Tomás, temiendo que pronto empezaría a perderse en la verborrea de Agustín.

—Lo importante es valorar lo mucho que hemos conseguido: hemos conseguido desnudar la famosa “situación inicial” que andábamos buscando, nuestro despertar a la Filosofía.

Lo de desnudar le hizo gracia a Tomás, pero calló no queriendo interrumpir.

—Tenemos ahora —prosiguió Agustín— la situación inicial de la Filosofía despojada de supuestos, en su silenciosa pureza. Pero, antes de situarnos en ella, tenemos que evitar considerarla en abstracto, tenemos que empezar a considerarla desde cada uno de nosotros. ¿Me entiendes?

—No del todo.

—Quiero decir que lo que nos importa es la situación de cada uno de nosotros: no teorizar, sino vivir mi situación inicial. Tu situación inicial. ¿Puedes intentar ponerte en ella?

—Lo intentaré —rezongó Tomás—. Pero ayúdame a hacerlo.

—Te podré ayudar hasta un límite, te podré llevar de la mano hasta esa puerta, por decirlo así, pero tienes que entrar tú solo.

—Oye, me estás queriendo asustar, ¿no? ¿Adónde tengo que entrar?

—Digo —empezaba a enfadarse Agustín— que tienes que despertarte tú, que no puedo despertar yo por ti. ¿De acuerdo?

—Vale, vale, —volvió a encarrilarse sumiso Tomás para que el otro no se acalorase—. A ver, estoy dispuesto, llévame de la mano.

Altas horas de la madrugada. Agustín, pausadamente, en plan profesoral, y Tomás esforzándose de verdad por entenderle.

—La situación es la siguiente: estoy dándome cuenta de la realidad... ¿Qué hay ahí?... Mi conciencia y la realidad, esa es la verdadera realidad inmediata. No hay una conciencia independiente de la realidad, ni una realidad independiente de mi conciencia: hay algo que sucede entre, por así decirlo, dos polos: mi conciencia y la realidad, y lo que sucede es darme cuenta de la realidad, ese darme cuenta es mi despertar a la realidad primordial... Es una realidad previa a la constitución de la realidad en cosas, y a la constitución de mi conciencia en un yo; sin embargo, no es algo abstracto, sino que es lo más concreto, lo más inmediato y accesible, la realidad primera, primordial, del Universo... Y respecto a esa realidad primordial, afirmo completamente seguro que no es una cosa. Y entonces, si quisiera nombrarla, utilizaría una palabra de larga historia en la Filosofía: es mi “persona”, es mi realidad personal; y mi darme cuenta de mi realidad personal significa tomar posesión de esa mi persona. Y esto es fundamental para entender dónde hemos llegado. Posiblemente recuperaremos las cosas al investigar ese polo que es el mundo real, y recuperaremos también esa cuasicosa que es el yo; pero la evidencia inmediata a partir de la cual debemos hacer nuestra Filosofía es que hemos descubierto una realidad que no es cosa, que no es una cosa más entre las cosas del mundo, sino que es la realidad donde encontraré las cosas y el mundo. Esta realidad inmediata, primera, primordial, es mi realidad personal, mi persona. Yo, antes que nada, soy persona, y no soy una cosa del mundo. ¿Entiendes lo que te quiero decir?

Tomás permaneció unos largos segundos callado.

—Si te digo que no entiendo nada, te hundo, ¿verdad? —bromeó por fin.

—Me hundes —sonrió Agustín cerrando los ojos.

—A ver, entonces déjame —se animó Tomás—. Por momentos, lo que me estás diciendo es fácil de entender: me dices que yo soy una “persona”, y no una “cosa”; y dices además que las personas no son cosas. Vale. Esto , creo yo, se puede llegar a entender. Pero, aparte de esto, creo que lo que me estás queriendo decir es que yo puedo asomarme a mi propia persona, para ver que soy persona y no cosa. ¿Es algo así?

—Sí, eso es exactamente—le aseguró Agustín.

—Y me estás diciendo —continuó Tomás—, creo yo, que para asomarme a mi persona, sólo tengo que plantarme delante de la realidad y abrir como los ojos de mi mente y darme cuenta de la realidad. ¿Es así?

—Exacto. De tu realidad.

—¿Darme cuenta de la realidad o de mi realidad? —preguntó Tomás.

—Darte cuenta de tu realidad en la realidad.

—Ya me estás liando. Parecía fácil, pero no debe de ser tan fácil.

—O, de tan fácil que es, cuesta un poco —le animó Agustín.

—Cuesta porque ya me has confundido otra vez —protestó Tomás.

—Cuesta, sí, mantenerse despierto —prosiguió Agustín como si hablase consigo mismo—, pero una vez que te acostumbras a despertar, ya sabes dónde está la tierra firme del Universo.

—“La tierra firme del Universo” —repitió Tomás remedando el tono solemne de Agustín—, ¡vaya lo que hemos descubierto aquí perdidos en esta habitación!

—Sí, íbamos náufragos y hemos encontrado tierra firme —sentenció Agustín—. La verdadera situación inicial es la siguiente: “me estoy dando cuenta de mi propia realidad”. Esta es la experiencia inicial que debemos buscar como tierra firme: y a esta experiencia la podíamos nombrar como “descubrir mi realidad personal”, o dicho de otro modo “descubrir mi persona”.

—¿Y no es lo mismo decir: descubrir mi “yo”? —preguntó Tomás.

—Claro que podrías decirlo así. Pero a sabiendas de que ese “yo” que nombras no es una cosa entre las cosas, sino esa no-cosa que estamos describiendo: tu persona, tu darte cuenta de la realidad en torno tuya. Tu darte cuenta de que, en medio de la realidad, eres real, más aún, eres la realidad inmediata.


1 comentario - Escribe aquí tu comentario

lo dijo hipatia 20 Julio 2007 | 09:53 AM

Te sigo.

Un saludo desde la Enterprise.

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