resumen del contenido
En fin, ya he vuelto a quedarme solo, sin nadie que me dé una palmadita en el hombro para seguir adelante...
Habitar una metanovela me permite, al menos, hacer este alto en el camino para recuperar algunos lectores descarriados (y me imagino que perder definitivamente a otros). Perdonar, pues, si me pongo un poco pedante.
Tenemos dos personajes: Agustín, que es un profesor de Filosofía a punto de jubilarse, y Tomás, un joven que trabaja en el obrador de una pastelería y que hizo un módulo de cocina. Un desgraciado azar, sendos accidentes traumáticos, los ha reunido en una habitación de hospital, y casi por ocupar el tiempo han iniciado un diálogo en el que Agustín trata de iniciar a Tomás en la Filosofía.
El curso de Filosofía sigue de lejos el famoso esquema popularizado por Ortega en su obra Qué es la Filosofía, de la que todavía los bachilleres actuales tienen que leer el capítulo X como parte de su currículo. A una secular etapa de Realismo, habría seguido una segunda etapa principiada por Descartes que podría rotularse como Idealismo. Mientras que en la primera navegación filosófica las cosas habrían poblado ingenuamente la realidad, con Descartes las cosas aparecen primariamente como contenidos de conciencia de un yo pensante. Ortega, a partir de la radicalidad introducida por la fenomenología, critica los supuestos del Idealismo para descubrir que la realidad radical (de la que hay que partir para hacer Filosofía) no es ni mundo ni yo, sino una tensión polar que se resume en su fórmula: Yo soy yo y mi circunstancia. A esta nueva realidad, que no es "cosa" alguna, la llamará “vida” (biográfica).
Este es el argumento básico del curso: mostrar que la realidad inmediata no es una "cosa" sino lo que el discípulo de Ortega, Julián Marías, denomina temáticamente “persona” (Mapa del mundo personal, Persona, etc.), y que en consecuencia el método científico que se ocupa de las cosas naturales poco tiene que decir ante esta nueva realidad.
Hay que señalar que la presentación que Agustín hace de la filosofía de Ortega esta contaminada por la filosofía de Zubiri. Y de una manera especial que puede parecer confusa, y que por tanto hay que aclarar. Pues para Zubiri el hombre –el utiliza el término en el sentido etimológico de homo– es un “animal de realidades”, definido por su “inteligencia sentiente” frente a los demás animales. Aquí la inteligencia zubiriana no se presenta como un rasgo definitorio (teórico) del hombre sino como una experiencia: sentir la realidad.
La opción por Zubiri tiene una larga justificación que intentaré resumir.
Es sabido que la corriente filosófica iniciada por Descartes se plantea el problema del conocimiento. Las limitaciones de Kant fueron obviadas por Fichte o Hegel, lo que llevo a ciertos excesos que propiciaron el auge del Positivismo, subsumiendo la Filosofía en la Ciencia. Por su parte, la Filosofía hizo penitencia (Neokantismo), y volvió a encontrar su camino propio con Husserl (Fenomenología). Del replanteamiento fenomenológico proceden varias metafísicas: en primer lugar la del propio Husserl (que recae en el Idealismo); luego la de Ortega, o del “ser indigente” (la aludida tensión polar); en tercer lugar, la de Heidegger, del ser-ahí, origen de los existencialismos; y finalmente la de Zubiri, que pretende superar el ser de Heidegger haciendo una metafísica de la realidad (el “ser” sería la luz, pero la “realidad” sería la luminaria). Desde la perspectiva española, mientras que la filosofía orteguiana presenta al hombre como náufrago, la filosofía de Zubiri lo presenta como realidad “religada” (fundada en la Realidad absolutamente absoluta, es decir, Dios): esta es la justificación de la opción de Agustín.
En definitiva, la exposición de Agustín representa una presentación particular de la filosofía de la Escuela Española.
Por otra parte, hay en esta presentación filosófica una confianza en la palabra, frente a las corrientes neopositivistas. Sí hubiese que fijar el método real que está empleando Agustín con Tomás, no estaríamos lejos de la vieja mayéutica socrática, pues trata de que experimente por sí mismo la “situación inicial”, lo que llama “el despertar”.
En fin, está sería la parte metafísica del curso, y comenzaría ahora la parte antropológica o ética: una vez descubierto que somos “personas”, hay que dilucidar cómo hay que vivir.
¿Sigo?
7 comentarios - Escribe aquí tu comentario
Claro que tienes que seguir. Siempre buscando la felicidad hay que vivir.
Sigue hombre sigue, claro que sí. Te pongo entre mis amigos.
Un saludo.
Pues a mi me parece interesante hasta ahora, y seguro que después lo es más aún. Te sigo. Un besito!
Estimado Uberri: te dejé un breve comentario en el post de la pobre Garufa (es cierto que la hemos invadido...) Quizás te parezca brusco, se debe al exceso de brevedad. Si quieres algo más extenso, aquí te puse mi E-Mail, para que podamos debatir sin invadir los posts de nadie.
Es fantástico recibir ánimos de donde menos se esperaba. Gracias. Me pongo manos a la obra. Como siempre, espero no defraudaros.
Ortega y Zubiri; buen dúo. Con el último ebtré en contacto a través de la Cosmología. Mientras que al primero lo veo como un filósofo prudente, a Zubiri, sin embargo, lo encuentro muy audaz, ofreciendo un punto de vista diferente al hablar de ciencia directamente, de Relatividad concretamente.
Uberri, parece que esto se pone intersante; aunque sospecho que quizá no abordarás el estudio de Realidad desde la Cosmología... ¿O si?
Aquí me tienes, con las entendederas sintonizadas. Sigue, por favor.
Per cherto; leí tu comentario acerca de los últimos capítulos del libro de Mosterín... me quedé un poco perpleja, la verdad, con la interpretación que hacías; pero te reconozco que cuando leía los capítulos aludidos me acordé de tí y se me escapaban sonrisas. Tu comentario me sorprendió porque no esperaba el punto de vista que en él exponías, o no esa interpretación. Ahora soy yo la que te ve un tanto ingénuo; te ruego que no te molestes.
Empecé a responderte, pero me extendía demasiado, eran las tantas de la madrugada y con luz artificial veo con dificultad (vellea), de modo que trasladé todo a un documento de word para escribirte más despacio y no con la brevedad que impone esta ventanita. La cosa se retrasa porque tengo a Kepler (uno de mis gatos) en la uvi; ayer lo ingresamos en estado crítico (evoluciona bien) y me cuesta concentrarme. En cuanto vuelva a casa estaré más tranquila y me pondré a los mandos con normalidad.
Disculpa la ausencia.
Te sigo leyendo, no te desanimes, ¿vale?
Me ha hecho especial gracia esto:
"hacer este alto en el camino para recuperar algunos lectores descarriados (y me imagino que perder definitivamente a otros).
No sé por qué, no me lo preguntes, pero me ha hecho gracia.
Bueno, lo dicho.
Un beso desde la nave.
Hipatia:
Gracias por tu nota.
Y que no se pierda ese documento Word.
No me enfado por que me tengas por ingenuo. De hecho es la misma sensación que siento hacia ti cuando te veo prendada de Mosterín. Así que es como si nos mirásemos en un espejo.
¡Ojalá que pudiera ocuparme de Zubiri y de su filosofía sobre la Realidad!
Pero más que para hablar yo de Cosmología estoy para recibir lecciones.
Con todo, sí que he tratado de profundizar en su filosofía, aunque en otros aspectos: su visión de los animales y su emergentismo (tema este último en el que polemicé animadamente en el foro antiguo de Zubiri: desaparecieron todos esos post con la remodelación del foro).
Tengo toda su bibliografía y trabajo un poco sobre su obra durante los veranos. Pero es un filósofo muy árido y técnico.
Respecto a Ortega, también tuvo la audacia de intentar una renovación radical de la filosofía. Y alguno de sus planteamientos me sirve incluso para criticar a Zubiri (que es como una fortaleza inexpugnable).
Si fuera filósofo profesional me gustaría estudiar la relación intelectual entre estos dos filósofos, pero tengo que ocuparme de cosas más terrenas.
Besos virtuales.





