Libro de Arena
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GREETINGS

METANOVELA

¿un delirio?

No estamos registrando las conversaciones más informales que a veces se entablaban entre Ana, la madre de Tomás, y el viejo profesor. La madre, mujer dedicada en partes iguales a su marido y a su hijo, acudía puntualmente a las siete, siempre con algo de merienda, que ofrecía con la mejor voluntad a Agustín, quien se disculpaba con la excusa de que acababa de tomar su café con leche. Esa disciplina espartana fue aflojándose con la confianza, y no dejaba de probar una croqueta o empanadilla, o mismamente unos pequeños flanes al huevo y con caramelo deliciosos.

La madre estaba empeñada en que Agustín debía aportar grandes dosis de sensatez a su hijo, quien, para ella (y debía de conocerlo bien), todavía no había madurado. Bastaba con entrar a su habitación: la cama sin hacer, los armarios revueltos, todo en gran desorden y por los suelos; y su hijo pegado horas y horas al ordenador, navegando por mundos absurdos y remotos, y chateando con seres fantasmales.

Cuando la madre se despedía, Tomás, indefectiblemente, encendía el televisor y, si no había partido, se enganchaba en cualquier concurso o programa de cotilleo. Por eso, prácticamente era imposible hablar de Filosofía por las tardes; y Agustín, ensimismado, se pasaba el rato en vagas meditaciones.

De la noche siguiente, reproducimos lo que a Tomás le pareció propiamente un delirio de Agustín:

—Me temo que, cuando yo digo “darse cuenta de la realidad”, lo que tú entiendes que quiero decir es “comprender la realidad”. Pero esa es una equivocación mayúscula. Y digo esto a sabiendas de que no podemos emprender aquí un análisis riguroso de ese hecho que yo he llamado “el despertar”, nuestra situación inicial filosófica. Bien. Pero evitemos al menos ese error. “Comprender la realidad” es una larga tarea encomendada a sabios que aquí no están presentes. Sin embargo, “darse cuenta de la realidad”, no sólo es más importante para ti y para mí, sino que es primero respecto de cualquier comprensión. Es lo más importante porque esa experiencia, para nosotros, es el descubrimiento, no ya de la realidad, que es en cierto modo algo abstracto, sino de “mi realidad”. Mi realidad es algo, no sólo inmediato, incuestionable, sino, si me permites la expresión, enormemente valioso. Podemos, por volver al tema de los animales, pensar que un perro sienta y viva en la realidad, pero es dudoso que viva “su realidad”. Por todo esto, estamos utilizado el término “persona” para designar esa nuestra realidad primordial. Mi persona es algo que puedo experimentar cuando “me doy cuenta de mi realidad”. No quiero decir que lo experimente a través de conceptos, como aquí, sino que eso misterioso que experimentamos en nuestra intimidad cuando “despertamos”, la Filosofía nos permite llamarlo “realidad personal”, y esa realidad es primera, previa a toda posible comprensión del Universo.


3 comentarios - Escribe aquí tu comentario

lo dijo jose 29 Julio 2007 | 09:19 AM

¡Ánimo!

(¿Queda mucho?)...

lo dijo Hilvanes 30 Julio 2007 | 06:26 AM

"¿Acaso no depende todo de nuestra manera de interpretar el silencio que nos rodea?" Justine, El cuarteto de Alejandría.

lo dijo Hilvanes 30 Julio 2007 | 06:32 AM

La realidad es una y es propia. La realidad conforma nuestra propia vida, ¿ tenemos derecho a desesperarnos y quejarnos y llorar? ¿ y a ser felices? o ¿sólo tenemos derechos a comprender la realidad como existencia propia? Formamos parte El Universo, pero él ¿forma parte de nosotros?.

Tenemos derecho a sentarnos y dejar pasar la vida como agua que corre pero no nos moja ni nos quita la sed?

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