vidas ejemplares
Esa misma noche la conversación prosiguió más rato de lo acostumbrado. Agustín, no sin astucia, dio un paso atrás para que su alumno tomase mejor impulso...
—¿Recuerdas que, cuando querías que yo te enseñase Filosofía, lo que buscabas era una filosofía para vivir?
—Sí. Como había oído que los sabios viven con filosofía, quería enterarme un poco para saber a qué atenerme.
—Exacto —volvió a animarle Agustín—, pues estamos a punto de vislumbrar una filosofía para la vida.
—Pues, venga, enséñamela de una vez.
Agustín giró la cabeza hacia él antes de proseguir.
—He conseguido hacerte ver que la vida humana es necesariamente un continuo quehacer, una tarea que forzosamente tenemos que ejecutar. ¿Entiendes esto?
—Más o menos.
—Venga, no me enfades. Pon un poco de ganas. Tu vida y mi vida no están ya dadas, acabadas, tenemos que vivirlas, ¿no?
—Sí, claro.
—Pues para vivirlas tenemos que hacerlas decidiendo en cada momento lo que queremos hacer...
—Eso parece.
—Pues bien, hacemos nuestra vida según nuestro querer, pero no podemos querer cualquier cosa. Como le ocurría al perro de nuestro cuento, tampoco podemos salir de aquí volando...
—Está claro.
—Vale. Pues eso quiere decir que, para hacer nuestra vida, tenemos que contar con la realidad que nos rodea, o dicho de otro modo: la realidad nos ofrece las posibilidades para hacer nuestra vida. Tenemos que hacérnosla eligiendo entre las posibles vidas que nos permite hacer la realidad. ¿Entiendes esto?
—Creo que sí —aseguró Tomás poco convencido.
—Entonces, a la hora de elegir, en realidad lo hacemos orientándonos por lo que queremos ser, es decir, elegimos la figura de nuestra posible vida, algo que todavía no es nuestra vida real pero que queremos que sea nuestra vida. Dicho con una palabra filosófica: elegimos de acuerdo con un proyecto, elegimos de acuerdo con lo que proyectamos ser. Y la mejor guía de nuestra vida proyectada es un modelo de vida, una vida ejemplar... ¿Entiendes todo esto?
—No muy bien.
—A ver —intentando no desesperarse—, tú ¿para qué quieres curarte?
—¡Hombre, qué tontería! Para poder llevar mi vida normal.
—Exactamente. ¿Y en qué consiste tu vida normal? Porque digo que podrás contarme en qué consiste.
—Hombre, mi vida normal es mi trabajo, mis amigos, mi tiempo libre, mis vacaciones: pasármelo lo mejor posible.
—Perfecto, pues acabas de describir la figura de tu vida. Pero imagínate que quisieras casarte, fundar una familia, tener hijos, está claro que lo que querrías ser era diferente.
—Eh, eh, que yo no he dicho que no me vaya a casar. Lo que pasa es que hasta ahora no he encontrado una mujer.
—Vale, perfecto —sentenció Agustín—: entonces aquí tenemos un nuevo proyecto para tu vida; dicho de otro modo, te estás curando porque te ilusiona salir de nuevo al mundo y buscar a esa mujer con la que compartir tu vida, ¿o no?
—Hombre, sí, claro que me hace ilusión, pero no es tan fácil como lo pintas.
—No, si yo lo único que pinto es que tú estás haciendo tu vida de acuerdo con lo que quieres ser; otra cosa es que sea difícil alcanzar lo que quieres ser, o que renuncies a ello porque cuesta mucho. Eso es otra cosa.
—Oye, parece que te estás metiendo conmigo.
—No te enfades.
6 comentarios - Escribe aquí tu comentario
¿ Cierta apología de la familia tradicional?...
Eres incansable, Wene.
Bueno, me imagino que a un joven que quiere "pasárselo bien", no está de más que un viejo le apunte otros valores.
¿Formar una familia entre un hombre y una mujer está ya caduco?
Un saludo.
Por supuesto que no está caduco entre un hombre y una mujer que se aman. Un saludo.( y no te me enfades...)
¡Se me ha borrado el comentario! ¡No lo repetiré completo!
Wene: no me enfado, más bien estoy feliz de estar llegando al final de este "cuento" largo.
Te admiro porque siempre dejas tu pequeña huella. Yo confieso que visito muchos blogs sin dejar un comentario.
(En el comentario que se borro había un excurso sobre la vanidad del artista que dejo para otro momento).
Saludos de nuevo.
uf,uberri,creo que estoy muy espesa,lei y me entero de poco
creo que vuelvo mañana jiji
saludos,
El poder para decidir, es lo más valioso que posee el ser humano, aunque en multitud de campos no pueda utilizarlo.
Un saludo Uberri.





