el cuarteto de Alejandría
Para Hilvanes.
Hay una Alejandría negada a los turistas: la ciudad multicultural de los años treinta y de principios de la guerra mundial. No hay vuelos chárter para viajar en el tiempo. Solo pueden llegar allí los pocos viajeros que veranean en los libros.
En aquel remoto mundo poscolonial, cuando el Imperio británico sobrevivía parasitando al Islam renaciente de pachás corruptos, en aquel Egipto alejandrino, los coptos, los cristianos arcaicos que nutrían la casta dirigente, se sentían traicionados por el Occidente cristiano, sacrificados ante el auge musulmán, y decidieron apoyar secretamente un movimiento sionista en la Palestina británica, para que los judíos se constituyeran en su aliado estratégico.
El “príncipe” copto Nessim, un rico hacendado y banquero, urdió entonces un matrimonio con una mujer judía, la divorciada Justine, para sellar ese pacto de razas. No era el amor romántico lo que llevó a Justine a ese matrimonio, sino la pasión oriental por el poder y el complot. Ahora, esa bella judía se movería libremente entre los diplomáticos británicos cumpliendo su misión de espionaje.
Al lector ingenuo que se adentra por el primer volumen del Cuarteto, esta trama policíaca le queda oculta y cree asistir a una compleja novela psicológica, sobre una mujer amoral, frígida y tal vez ninfomaníaca. Es la historia contada desde la perspectiva del enamoradizo Darley, un escritor que rememora su amor con Justine y su abandono de Melissa, su primera amante alejandrina. Mientras revive y desentraña las escenas de ese amor, va forjando una teoría amorosa bajo el signo de Afrodita, con grandes dosis de mataliteratura.
El segundo volumen rectifica la perspectiva al añadir los comentarios de un filósofo cabalista, Balthazar, extraña criatura de la ciudad de Alejandría, que le descubre a Darley lo ilusorio de su amor. Darley no era sino el señuelo que utilizaba Justine para ocultar a su marido su verdadero amante: el cínico Pursewarden, otro escritor de mayor genio, mordaz, irreverente, que trabaja como asesor diplomático. Por obra de Balthazar, va menguando la figura del narrador, Darley, y crece la turbia y chisporroteante personalidad de Pursewarden.
Es entonces cuando la novela comienza a profundizar en la familia copta de Nessim, al retroceder en el tiempo para narrar la presentación de Justine a los suyos. Aparece en escena el hermano de Nessim, Naruz, primitivo y feroz, marcado por su labio leporino, y la misteriosa matriarca, Leila, que vive retirada en la casa de campo familiar en compañía de una cobra domesticada.
En el tercer volumen de la serie, la perspectiva se objetiviza: Darley, el narrador queda sustituido por un narrador omnisciente. Llevados por él, retrocedemos en el tiempo para descubrir el amor de Mountolive, el futuro embajador inglés en Egipto, con Leila, la madre de Nessim y Naruz. En la historia de este amor va tejida una sutil crítica a aquella diplomacia decadente, que se sostenía sobre personas educadas para ser emocionalmente débiles.
Mountolive tiene que afrontar el descubrimiento de la trama conspirativa, que afecta a las personas que ama. Quien le descubre la verdad es el trágico Pursewarden, que la conoce de los labios de Melissa, cuyo amor es capaz de comprar. A Pursewarden la verdad le conduce al suicidio, entre el deshonor y el desencanto. Pero la caída de Mountolive no deja de ser igual de horrible. Toda su romántica vida construida sobre cartas de amor que enviaba a Leila, se desmorona al encontrarla vieja e irreconocible, intentando instrumentalizarlo para salvar a Nessim. Huyendo de sí mismo, Mountolive desciende a los infiernos de Alejandría y de su fracaso vital.
Es también ese narrador omnisciente quien nos revela el pacto de poder que alentaba la pasión entre Nessim y Justine.
Con el cuarto volumen, cuando la trama de espionaje queda arrasada por el paso de la guerra, Darley recupera la narración de los hechos varios años después, para contar su amor por otra inglesa alejandrina, Clea (antigua enamorada de Justine).
Pero entonces la novela se transforma abrupta y decididamente en pura metanovela. De pronto, la acción se detiene y emerge la confesión literaria del suicida Pursewarden, erigiéndose en maestro iniciático de Darley.
Pursewarden, trasunto del autor y espejo crítico de Darley (primer trasunto del autor),da cima a la metanovela que corre paralela a la narración. Tal metanovela, escrita al alimón por los dos trasuntos, contiene tres ideas fundamentales:
1) La ficción no es más que ficción. Se trata de esquemas literarios sobre los que poder recrear vivencias reales. Los personajes permiten recrear las misteriosas vivencias que oprimen nuestra conciencia: son verdaderos sueños dirigidos.
2) No hay novela sin una teoría amorosa que la fundamente. La racionalidad moderna exige que se explicite esa teoría. Aquí el sexo, identificado con el amor, es una vía sagrada de comunicación.
3) No hay literatura sin posicionarse en una metafísica, sin una teoría de la realidad. Y Pursewarden inicia a Darley en la Gran Broma como sentido de lo real.
Cuando el Cuarteto reanuda la ficción en busca de su final, la metanovela permite que la mascarada fluya sin trabas. Todo el amor entre Clea y Darley es una sueño animado, donde los paisajes marinos se funden con los oníricos, en un descenso a un cielo submarino donde la ralentización enmarca la tragedia de final feliz en que culmina la saga.
La clave es recrear literariamente las vivencias personales para darles una fijeza mítica que sea su sentido definitivo.
Descubrimos entonces que el mito ha acompañado la trama, que el amor entre Pursewarden y su hermana ciega era recreación moderna del mito de Isis y Osiris; y que el mito de Cleopatra y Antonio ha rondado temáticamente a lo largo del libro. (Es la estela de lo intentado por Joyce con su Ulises).
Lo sorprendente es que cada volumen cobra entonces su propia autonomía. El amor de Justine y Darley escenificado en el primer libro se independiza de la trama. De hecho, el personaje de Justine pierde verosimilitud según avanza el Cuarteto, y su última aparición queda como mera propuesta para un ejercicio literario.
Para concluir esta rápida presentación hay que advertir al lector de las múltiples riquezas dispersas a lo largo de los cuatro volúmenes: las descripciones impresionistas del desierto, el lago y la ciudad; los testimonios de valor antropológico sobre la cultura egipcia; los personajes secundarios bien trazados, y cierto gusto inglés por las grandes lazadas de suspense; por ejemplo, la misteriosa escena del prostíbulo infantil en el primer volumen tiene un trágico reprís en el tercero, y no se aclara su misterio hasta el cuarto: ahí se esconde una de las claves de la novela; del mismo modo, la violación de Justine, con adherentes trágicos y cómicos, aparece y reaparece entremezclada con el falso asesinato de su violador.
El Cuarteto es libro, tal vez, para más de un verano. Pero su caudal de metaliteratura no lo hace recomendable a los convencionales devoradores de novelas.
Respecto a su teoría amorosa y su metafísica, son por supuesto discutibles (y en mi opinión erróneas; por más que la Gran Broma se remonte a los misterios de Eleusis y tenga valedores de la talla de Herman Hesse o Nietzsche).
En definitiva, no es ya que sólo Alejandría sea real, sino que sólo la novela en tanto que ficción es real, y la metanovela es la necesaria autoconciencia.
El Cuarteto es un ejercicio imprescindible para cualquier aprendiz literario del actual género novelístico.
9 comentarios - Escribe aquí tu comentario
Tu comentario del Cuarteto impresionante. Sigues insistiendo en lo del lector ingenuo. Sí, es cierto. Pero cómo tú bien dices, ¿cómo saber aquel dato revelador para saber la verdad sobre Capodistria?. Ese dato solo lo tiene el escritor, como tantos otros. El lector únicamente será consciente de la verdad una vez que ha concluido el cuarteto, es cuando se revela en un todo. Ya lo advierte el autor. ¿Quizás por ello sus lecturas independientes y aleatorias de los tres primeros volúmenes? YO no estaría tan segura. Si leemos Montoulive antes que Justine, entraríamos de lleno en la verdad del matrimonio entre Justine y Nessim, de las tramas políticas de Nessim y quedaría vacío de contenido la relación ingenua y enamoradiza del Darley de la primera novela. Sin embargo, creo que una segunda lectura, que el tiempo nos marcará y nos llevará a ella, sí que se hará necesaria hacerla aleatoria, para poder recuperar aquellos pequeños detalles, que yo como lectora impaciente, puedo haber perdido.
Es disfrutado horrores con esta lectura. Tengo el cuarteto de notas, postit y subrayados como pocos.
Espero que podamos hacer otra lectura compartida. Eliges el libro?
Besos MIl.
La verdad que los mejores del Cuarteto son "Justine" y "Balthasar". Los otros dos me parecieron más flojitos. Por la manera de narrar de Durrell-que no ocultaba su pasión por Proust- son libros talvez demasiado "exquisitos" para los gustos del lector actual. Muy buena tu reseña, Uberri.
Chema:
Gracias por echarle una ojeada.
En esta relectura me ha gustado el tercero, Mountolive.
Hilvanes:
Al principio no creí que llegaría al final. Pero luego la lectura me ha absorbido. Te estoy agradecido por la invitación.
Lo que quise decir respecto a las lecturas independientes se refería especialmente a Justine, que leímos sin saber lo que se nos venía encima. Creo que en esa historia de amor hay algo que vale por sí mismo.
Me gustaría releer contigo la primera parte de Rayuela, que sé que te gusta. (Del lado de acá. Prescindiendo de la parte de Buenos Aires y de los capítulos prescindibles). Aunque si se te ocurre otra cosa dímelo.
Pero el próximo lunes comienzo el curso y estoy nerviosísimo por la vuelta. Mi cabeza empieza a pensar sólo en las clases.
¿Te parece bien esperar a las vacaciones de Navidad?
Seguiremos en contacto a través de los blogs.
Un beso.
Ah!!! Rayuela!!! Y mi parte favorita!!! Te espero. Vaya que si te espero. Qué tal el retorno???
Pedantones de la literaratura
Pedantones de la literatura
Cuánto me cansáis aquellos que os creéis en posesión de no sé sabe qué ¡!!! Aquellos que estáis al acecho de todo cuanto no toleráis o estimáis que no es lo suficientemente profundo, o lo suficientemente culto o lo suficientemente vulgar o superficial. Tu comentario huelga. Personajes como tú habéis convertido librodearena en un lugar díscolo. Se han tenido que marchar muchas personas que aportaban calidad a este libro. Chema, Viga del Tejado, HIpatía, y pocos más, seguro que añoran a muchos blogs que antes estaban. Espero que no seas de los que creen que Durrell era un pedante y sin embargo tienen un altar en tu casa a todas esa basura (fíjate, ni siquiera llega a tener la calidad de pedante, qué más quisieran ellos) que me voy a ahorrar nombrar.
Entre Hilvanes y tú habéis colocado "El cuarteto..." en mi lista de pendientes, aunque sea a largo plazo. Muy buena reseña, Uberri. Un saludo
Cai acá de casualidad-buscando info sobre Del amor de Stendhal- y quedé atrapada. porque lei El cuarteto hace muchos años ( en la Biblioteca de Bariloche,hacía frío, soplaba un viento helado sobre el lago y yo estaba embarazada) Cuando descubrí que no tenían Clea ya era tarde:había terminado los primeros tres. Pasó mucho tiempo antes de que pudiera leerla,ya viviendo en las antípodas climáticas:un una playa en Venezuela y con un montón de experiencia más. El comentario de Uberri me potenció las ganas de releer los cuatro.Me gustó mucho el blog.¡ saludos!
liz





