Libro de Arena
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violetaberna

FERMOSO VAHIDO DE VIDA

No esta de más que te recorra mientras duermes, no esta de más que te huela y te aspire. Porque sigo incredulo tu contorno entre las sabanas. Deduzco que despertaras y una vez más el cielo de tu sonrisa abarcara todo mi espacio. Moveras tus pies bailandolos a la mañana, y no estará de más que los persiga por si me llevan al sueño del que despiertas.

Sospecho que el día te arrancará el velo de la noche y no estará de más que me encuentre cerca para beberme tus primeras miradas.

Me anticiparé al agua que recorrerá tu cuerpo y descorcharé el vino de tus pechos y no estará de más que te brinde mi primer pensamiento, y festejaré arrancarte un fermoso vahido de vida.

No esta de más que mientras todo esto acontece, la luz que entra transforme en seda tu piel dormida y suavice el tormento de pensar como seran los días sin tí.

Anhelo respirarte e insuflarme de tus vahos, anhelo comenzar a urdir el encaje perfecto que me acople a ti, dedicandome a estudiar tu fermoso cuerpo de mulier, y no estará de más que aprenda donde nacen tus vahidos.

Foto: Rui Fajardo

TU MIRADA ARBEQUINA (Feliz cumpleaños Eva)

Son tus ojos dos arbequinas majestuosas, que prolongan tu mirada en esas eternas escaleras que son tus pestañas, y me deleitas con tu mirada al despertar, y sé que solo por eso merece la pena haber cerrado los ojos al anochecer.

Ries y lloras con pasión de leona, y con dulzura extrema vas dejando estelitas por la casa, aunque sea a tientas y con mesura, no vaya a ser que todos descubran de golpe donde escondes el nectar de la vida.

Te agarras a canela, y veo tras tus pestañas, unas gotas inmensas, no es el día para confidencias, no es la noche para consejitos, es el día que me avisaste, que me enseñaste que ya nada iba a tener otro color más intenso que el oliva de tus ojos. Y es el día que rezumas alegría, es el día que me perpetuas, y me recorre un regustillo muy adentro, porque sé que siempre voy a escuchar "buenas nochecitas y hasta mañanita mamita"

Feliz día Amor"

TU NOMBRE ES DULCE, MI MEMORIA ERA GRANDE.

Mi memoria era grande, y tus pechos pequeños. Al pasar por aquel estanque, siempre venía a mi memoria esa dedicatoria, encontré ese libro bajo mi almohada ese 12 de septiembre, en el que Matías marchaba de viaje, "tu nombre es dulce, mi memoria era grande y tus pechos pequeños, pero en tu ausencia mis manos serán la copa que los roce".

Lo que nunca acertaba era a saber porque el estanque había sido el lugar elegido esa vez.

Matías sabía que no perdonaba una onomástica sin una pequeña celebración, un desayuno especial, un paseo nocturno, y no siempre lo cumplía. Así que aquella mañana. después del beso al marchar mi brazo se deslizó justo debajo de donde su cabeza había descansado y ahí estaba "sonetos del amor oscuro, poemas de amor y erotismo inéditos de madurez", y fui siguiendo las pistas, Matías sabía que dejaba las esquinas bajas de las hojas dobladas, cuando algo me gustaba, observé que había varias dobleces

"Verte desnuda es comprender el ansia de la lluvia que busca débil talle, o la fiebre del mar de inmenso rostro sin encontrar la luz de su mejilla" y entendí que me esperaba en un estanque, en un mar particular.

"María, con tu mantilla de blonda culibaja y melancólica.

Yo tengo la rosa para el botón de su pechos, ¿a que hora? la noche es demasiado corta ¿si?"

Me atolondré pensando qué tendría preparado para esa noche, según sus planes marchaba de viaje para tres días, ahora la emoción me embargaba porque probablemente todo era un estratégico plan.

Intenté desviar mis pensamientos y concentrarme en mi día, de esa forma transcurría rápido, dediqué la mañana a terminar tareas pendientes en el trabajo, de forma que si tenía que desaparecer un par de días estuviera bien cubierta. Organicé para que Zacária y Eva marcharan con mi hermana, y todo esto con ronroneo en el estomago ante la incertidumbre de lo desconocido.

Al regresar a casa volví a tomar el libro, en busca de nuevas pistas y ahí estaba, entre las blancas páginas "Quisiera que toda mi alma entrara en tu cuerpo breve y ser yo tu pensamiento y ser yo tu blanco veste", me dirigí rápida al dormitorio, sin saber muy bien que buscaba, pero a sabiendas que algo iba a encontrar, y como un velo níveo apareció entre las perchas, el vestido más hermoso que mi cuerpo pudiera soñar, y una melodía irrumpió en mí, entonces me percaté de la nota junto a las llaves del coche, en ella una dirección. Tiempo aproximado 90 m. Miré la hora nerviosa, era el momento de una ducha y preparar una pequeña maleta con lo justo, incluso aún cuando no supiera que era lo justo.

Cuando todo estuvo dispuesto, me deslicé dentro del vestido y hojeé la siguiente página doblada.

En una noche azul en el jardín silente, que tú estés soñando con regiones brumosas y el piano marchite la Canción del Olvido, la estrella de mi beso se posará en tu frente, la fuente de mi alma te inundará de rosas y cantará el piano vibrante de sonidos"

Era el momento de lanzarme a la aventura, tan solo monté en el coche, la melodía lo inundó, la voz dulce de Renee Olstead fue la mejor compañía en este viaje a no sabía donde, durante los 40 primeros minutos la carretera era conocida, pero llegó un momento que el desvío me llevó entre pinos y el olor a noche de verano me fue pintando todos los poros, y al final el coche se detuvo frente a una casa blanca, rodeada de velones blancos, una casa de aperos, austera, que al traspasar su puerta se apareció como una única estancia, oscura, tibiamente iluminada, tal como debían ser todas las estancias en la hora crepuscular del amor, acogedora como mecedoras al anochecer. Y sin saber de donde vinieron unas manos rozaron mi espalda y pude notar una seda cubriendo mis ojos, y la noche adquirió un color púrpura, y pude comprender porqué su memoria era grande, vinieron a mí esos tangos rodeados de capas color grana, y aquellos masajes de pies, y cuerpos cimbreantes sobre un piano invernal.

Había vuelto a mí. El amor había vuelto a mí, como un boomerang perdido, como una semilla soplada por el viento. Había reposado en mí, oculto en mi lecho, y aquella noche había decidido bañarme con sus aguas, recrearme en su gran memoria, veleidosamente aparecía sin anuncio previo, mutando mi sentido del placer, y me adentré en el estanque, y todo fue como un bucle sin fin, un éxtasis improvisado, nada parecía haber ocurrido antes, nada ocurría fuera de ese vórtice.

Mi piel mojada, sus manos, mi oscuridad, su boca, mis gemidos, sus susurros, y toda su memoria se derramo en mis pechos, como un gran elefante que hubiera jurado serme fiel eternamente, cerciorándose que en mis sueños no faltaran nunca momentos que recordar y momentos que inventar.

Dormí abrazada a él pero consciente que al despertar, todo estaría intacto, incluso mi capacidad de sorprenderme, y la paciencia para esperar que sus besos me devolvieran al estanque donde la memoria se hacía grande.

¿Cómo a mi te entregaste, luz morena?

¿Por qué me diste llenos

De amor tu sexo de azucena y el rumor de tus senos?

Matías volvió de su viaje, yo espero que él vuelva a mí.

12 de septiembre, Dulce nombre de María.

(negritas, Federico Garcia Lorca)

NATALIA VUELA

Has volado lejos, pero tu voz sigue en mi oido, "mami" cada vez más dulce, como si en lugar de crecer, solo quisieras permanecer en esa dulzura adolescente que te impregna.

Estas lejos, pero cada noche rozo tu mejilla antes de cerrar los ojos, como si en lugar de kilometros solo nos distanciaran los ojos cerrados.

Y ries porque estas feliz, y espero que al volver me digas "I have been happy but tape-worm you win of returning".

Aunque mientras estas lejos tu voz perlada me recuerda que el verano irrumpe con frescura, y que tu vuelo tan solo te esta haciendo danzar con la vida, mientras te echo de menos, mientras te espera mi abrazo, vuela pequeña, que la vida te está disfrutando.

Foto: Javi

LA ABUELA POSTIZA

"Todo comenzó a fraguarse aquella noche de septiembre, la mujer que traspaso la puerta parecía llegada de un barco fantasma, y no porque tuviera aspecto de haber sobrevivido a un naufragio, todo lo contrario, su aspecto era impecable, ropa adecuada para viajar, cómoda y casual, bolso y zapatos coordinados, maleta y un aire en la mirada etéreo. Entró decidida sin dudar a que persona debía dirigirse y no era fácil, las cuatro que nos encontrábamos en la estancia éramos mujeres, ella tan solo tenía un nombre, alguien que había dado respuesta a una petición suya.

- Lola, buenas noches, soy Virginia, siento llegar tan tarde-

- Bienvenida Virginia, pensé que ya vendría mañana, como ha sabido que era yo?

- Lo sabía-

Su acento era impreciso, acababa de llegar de Londres, el correo que inicio todo, decía que llevaba muchos años sin volver a España, pero su acento denotaba unos antepasados Latinoamericanos, su tez era cetrina, cerúlea, y su pelo negro caía ensortijado hasta media espalda, lo que más llamaba la atención era esa mirada.

Todas se percataron de su presencia, no era seguridad, era aplomo. Septiembre devoraba los días, la ciudad empezaba a necesitar recogimiento y pese a que había anochecido, todas empezaron a escuchar como Virginia relataba la necesidad de sus servicios, cada una parecía seguir en sus papeles, pero la mujer que acababa de entrar, llevaba tras sus pupilas algún que otro misterio clamando por salir."

Y así comenzaba a narrarle a Eva, la historia de la abuela Sara Lalima. Sus múltiples viajes a Nueva Delhi, la fiesta en la que conoció al abuelo Kandiah . El momento en el que su nuevo nombre le fue entregado, el namakarana samskara. La maravilla, esplendor y la grandeza de su boda rajasthani. Todo un mundo de fantasía y fabulación.

Nuestra abuela postiza, la que nos daría noches de cuentos sin fin.

Nunca conocimos a Sara Lalima, pero el encargo de vender su casa, nos llevo hasta ella, la mujer morena de pelo ensortijado era su sobrina, después de 10 años decidió vender la casa de su tía, apenas sabía nada de ella, y esa herencia a la que no había prestado atención la iba a sacar de apuros. Solo nos encargó vaciar la casa, limpiarla y ponerla a la venta, tan solo eso, pero en aquel encargo nos llego un mundo de cuentos nocturnos.

Nadie había pisado esa casa en mucho tiempo, y tan solo una fina capa de polvo importunaba lo cotidiano, cuidadosamente todo estaba en su sitio, las manos de una anciana parecían dedicarle cada día los mimos necesarios. Antes de que la empresa de mudanzas llegara, pase unas horas en la casa, mi curiosidad innata disfruto de cada rincón, la botellita de sherry, las lecturas de Isabella Bird, V S Naipaul, Eric Newby, todos en edición inglesa. Confieso que rebusque en los cajones, necesitaba saber, conocer porqué Tagore estaba presente en cada cajón, "‘¿De dónde vine yo? ¿Dónde me encontraste?’", saber porque discos de Neil Young debían de sonar siempre en las tardes largas, “-Estabas en las muñecas de mi infancia; y cuando, cada mañana, yo modelaba con arcilla la imagen de mi dios, en verdad te hacía y deshacía a ti”.

Encontré juguetes y preciosos vestidos, saris de seda suave y fotografías donde su nombre era latente "lalima", belleza, me miraba al espejo y creía ver sus manos peinando mis cabellos, las maletas no portaban ropa, muñecas de mi infancia postiza, cruelmente escondidas a la espera de mi vuelta, y en los joyeros cuajaditos de cristales tornasolados, las joyas de la corona, pedacitos de dientes, y eslabones de colgantes.

“En mi adolescencia, cuando mi corazón abría sus pétalos, tú lo envolvías como un flotante perfume.”

Debía dar la orden de tirar todo aquello, y me sentía incapaz, hice acopio de mis tesoros, mi herencia, mis nuevos recuerdos, a partir de los cuales un nuevo miembro entró en nuestra familia, la abuela Sara Lalima, la que nos daría noches de cuentos y tardes de costura, desde aquel momento la vieja caja de galletas inglesas llena de hilos coloridos perfectamente alineados, en degradé, paso a ser nuestra caja de costura de la abuela Sara Lalima, la abuela postiza, el recuerdo robado.

Citas en cursiva: La Luna Nueva, Rabindranath Tagore

fOTO: JAVI

UN AZUL EN MI TORMENTA

Un faro en mi noche, un azul en mi tormenta, un letargo en mi atropello, y como si el verano quisera colarse entre mis sabanas, así tu calor me abrazó. Me condujo a tu playa como si un regazo tierno fueran tus manos, un faro en mi noche, y todo desapareció del horizonte, un azul en tus ojos despertando a las nubes. Una noche larga, un llegar sin rumbo, un quejarme el alma, un soplo en el cuello.

Y poco a poco, alumbrando, me hiciste ver donde andaba perdida, me hiciste entender los recodos que dejaba sin explorar, y tu luz me encendía, azul, y tus ojos me hablaban, azules, despacito me guiaste, y a hurtadillas tanteaste, como si nunca hubieras tenido una tormenta en tus manos.

Temprano ví tu faro, temprano descargó mi tormenta, el verano de tu noche me acunó, me despertó evocando similitudes y asegurando pronosticos, pero el camino que alumbró lo hallé sembrado de instantes candentes, tormentosos, de los que dejan llamas, en recodos sin explorar. Tu Faro me apegó al placer de descubrir cada día, tu azul en mi tormenta.

LAS ARMAS PODEROSAS

“La escritura es un arma poderosa", y mientras me dices eso, tus ojos emiten destellos, y siento arder mis mejillas. Tus pechos si son armas hirientes, si no bebo de ellos me llevan al desvarío. Te veo escribir y te desnudo con la pluma, y dejo sobre el papel los lamentos del día, acumulo las balas que tus besos me lanzan.

Te escucho impasible, atento, mientras ensortijas tu pelo, e imagino tus dedos, como ballestas sobre mi piel, pienso en tus armas y no quiero que sean solo palabras, no quiero que sean ideas vagas, sin redondear sobre el folio, quiero que me retomes, que me utilices como una diafora, que me dejes desarmado, y escribas sobre mis piernas.

Dejaré de pensar en todo lo que dices, en tus sentencias, en tus epifonemas, en tus elipsis, y me dejaré convencer sin discusión, sin dudar, porque en el fondo siempre he sabido que tus palabras son tan calidas como lo son tus labios, siempre descubro que si tus labios me elevan, tus palabras me hacen gravitar.

Y si tus armas son las palabras, querré escucharlas, y aunque te armes contra mí, no vas a encontrar más que un hombre entregado y perdido entre tus cabellos, dulcemente enamorado, rendido y a la espera de ser encarcelado entre las dos armas que guardan tu corazón, celosamente al abrigo de conquistas poderosas.

ALIENTOS

Se me esfumaba el aliento, se confundia con tu brisa, con el suave silbar de tus labios, se perdía el hálito de deseo que habías acurrucado en mi cuello, y corrí tras de tí.

Se atropellaban los dedos en mi pelo, y se perdía la respuesta en los enredos, se desgranaban las ansias, revoloteaban a mi alrededor como si un iman las tuviera presas, y las disfrutaba.

Se deslizaban tus labios por mi piel, florecian mieles en mis pechos, y mi entrega se reflejaba en tus ojos, tu deseo se tornaba especia picante en mis piernas, auguraba eléctricas descargas, avenidas de serpenteantes susurros, y me volqué al abismo llevandote prendido y alborozado.

Se adelantaron mis palabras, para que no pudieras apartarlas, buscando velos con los que cubrirlas, tus pretextos me incitaban a llevarte de ronda por mi cuerpo, y el aliento fresco de mi boca fresca, perfumaba el alba.

Se evidenciaba incluso que tu lugar profundo me acogía desbocado, en vena herido, amilanando entregas, desfallecido achicando salivas, atesorando besos, y en un instante de cordura vaporicé mi aliento, y me licué en tu cuerpo.