Libro de Arena
Login

violetaberna

LA ABUELA POSTIZA

"Todo comenzó a fraguarse aquella noche de septiembre, la mujer que traspaso la puerta parecía llegada de un barco fantasma, y no porque tuviera aspecto de haber sobrevivido a un naufragio, todo lo contrario, su aspecto era impecable, ropa adecuada para viajar, cómoda y casual, bolso y zapatos coordinados, maleta y un aire en la mirada etéreo. Entró decidida sin dudar a que persona debía dirigirse y no era fácil, las cuatro que nos encontrábamos en la estancia éramos mujeres, ella tan solo tenía un nombre, alguien que había dado respuesta a una petición suya.

- Lola, buenas noches, soy Virginia, siento llegar tan tarde-

- Bienvenida Virginia, pensé que ya vendría mañana, como ha sabido que era yo?

- Lo sabía-

Su acento era impreciso, acababa de llegar de Londres, el correo que inicio todo, decía que llevaba muchos años sin volver a España, pero su acento denotaba unos antepasados Latinoamericanos, su tez era cetrina, cerúlea, y su pelo negro caía ensortijado hasta media espalda, lo que más llamaba la atención era esa mirada.

Todas se percataron de su presencia, no era seguridad, era aplomo. Septiembre devoraba los días, la ciudad empezaba a necesitar recogimiento y pese a que había anochecido, todas empezaron a escuchar como Virginia relataba la necesidad de sus servicios, cada una parecía seguir en sus papeles, pero la mujer que acababa de entrar, llevaba tras sus pupilas algún que otro misterio clamando por salir."

Y así comenzaba a narrarle a Eva, la historia de la abuela Sara Lalima. Sus múltiples viajes a Nueva Delhi, la fiesta en la que conoció al abuelo Kandiah . El momento en el que su nuevo nombre le fue entregado, el namakarana samskara. La maravilla, esplendor y la grandeza de su boda rajasthani. Todo un mundo de fantasía y fabulación.

Nuestra abuela postiza, la que nos daría noches de cuentos sin fin.

Nunca conocimos a Sara Lalima, pero el encargo de vender su casa, nos llevo hasta ella, la mujer morena de pelo ensortijado era su sobrina, después de 10 años decidió vender la casa de su tía, apenas sabía nada de ella, y esa herencia a la que no había prestado atención la iba a sacar de apuros. Solo nos encargó vaciar la casa, limpiarla y ponerla a la venta, tan solo eso, pero en aquel encargo nos llego un mundo de cuentos nocturnos.

Nadie había pisado esa casa en mucho tiempo, y tan solo una fina capa de polvo importunaba lo cotidiano, cuidadosamente todo estaba en su sitio, las manos de una anciana parecían dedicarle cada día los mimos necesarios. Antes de que la empresa de mudanzas llegara, pase unas horas en la casa, mi curiosidad innata disfruto de cada rincón, la botellita de sherry, las lecturas de Isabella Bird, V S Naipaul, Eric Newby, todos en edición inglesa. Confieso que rebusque en los cajones, necesitaba saber, conocer porqué Tagore estaba presente en cada cajón, "‘¿De dónde vine yo? ¿Dónde me encontraste?’", saber porque discos de Neil Young debían de sonar siempre en las tardes largas, “-Estabas en las muñecas de mi infancia; y cuando, cada mañana, yo modelaba con arcilla la imagen de mi dios, en verdad te hacía y deshacía a ti”.

Encontré juguetes y preciosos vestidos, saris de seda suave y fotografías donde su nombre era latente "lalima", belleza, me miraba al espejo y creía ver sus manos peinando mis cabellos, las maletas no portaban ropa, muñecas de mi infancia postiza, cruelmente escondidas a la espera de mi vuelta, y en los joyeros cuajaditos de cristales tornasolados, las joyas de la corona, pedacitos de dientes, y eslabones de colgantes.

“En mi adolescencia, cuando mi corazón abría sus pétalos, tú lo envolvías como un flotante perfume.”

Debía dar la orden de tirar todo aquello, y me sentía incapaz, hice acopio de mis tesoros, mi herencia, mis nuevos recuerdos, a partir de los cuales un nuevo miembro entró en nuestra familia, la abuela Sara Lalima, la que nos daría noches de cuentos y tardes de costura, desde aquel momento la vieja caja de galletas inglesas llena de hilos coloridos perfectamente alineados, en degradé, paso a ser nuestra caja de costura de la abuela Sara Lalima, la abuela postiza, el recuerdo robado.

Citas en cursiva: La Luna Nueva, Rabindranath Tagore

fOTO: JAVI

UN AZUL EN MI TORMENTA

Un faro en mi noche, un azul en mi tormenta, un letargo en mi atropello, y como si el verano quisera colarse entre mis sabanas, así tu calor me abrazó. Me condujo a tu playa como si un regazo tierno fueran tus manos, un faro en mi noche, y todo desapareció del horizonte, un azul en tus ojos despertando a las nubes. Una noche larga, un llegar sin rumbo, un quejarme el alma, un soplo en el cuello.

Y poco a poco, alumbrando, me hiciste ver donde andaba perdida, me hiciste entender los recodos que dejaba sin explorar, y tu luz me encendía, azul, y tus ojos me hablaban, azules, despacito me guiaste, y a hurtadillas tanteaste, como si nunca hubieras tenido una tormenta en tus manos.

Temprano ví tu faro, temprano descargó mi tormenta, el verano de tu noche me acunó, me despertó evocando similitudes y asegurando pronosticos, pero el camino que alumbró lo hallé sembrado de instantes candentes, tormentosos, de los que dejan llamas, en recodos sin explorar. Tu Faro me apegó al placer de descubrir cada día, tu azul en mi tormenta.

LAS ARMAS PODEROSAS

“La escritura es un arma poderosa", y mientras me dices eso, tus ojos emiten destellos, y siento arder mis mejillas. Tus pechos si son armas hirientes, si no bebo de ellos me llevan al desvarío. Te veo escribir y te desnudo con la pluma, y dejo sobre el papel los lamentos del día, acumulo las balas que tus besos me lanzan.

Te escucho impasible, atento, mientras ensortijas tu pelo, e imagino tus dedos, como ballestas sobre mi piel, pienso en tus armas y no quiero que sean solo palabras, no quiero que sean ideas vagas, sin redondear sobre el folio, quiero que me retomes, que me utilices como una diafora, que me dejes desarmado, y escribas sobre mis piernas.

Dejaré de pensar en todo lo que dices, en tus sentencias, en tus epifonemas, en tus elipsis, y me dejaré convencer sin discusión, sin dudar, porque en el fondo siempre he sabido que tus palabras son tan calidas como lo son tus labios, siempre descubro que si tus labios me elevan, tus palabras me hacen gravitar.

Y si tus armas son las palabras, querré escucharlas, y aunque te armes contra mí, no vas a encontrar más que un hombre entregado y perdido entre tus cabellos, dulcemente enamorado, rendido y a la espera de ser encarcelado entre las dos armas que guardan tu corazón, celosamente al abrigo de conquistas poderosas.

ALIENTOS

Se me esfumaba el aliento, se confundia con tu brisa, con el suave silbar de tus labios, se perdía el hálito de deseo que habías acurrucado en mi cuello, y corrí tras de tí.

Se atropellaban los dedos en mi pelo, y se perdía la respuesta en los enredos, se desgranaban las ansias, revoloteaban a mi alrededor como si un iman las tuviera presas, y las disfrutaba.

Se deslizaban tus labios por mi piel, florecian mieles en mis pechos, y mi entrega se reflejaba en tus ojos, tu deseo se tornaba especia picante en mis piernas, auguraba eléctricas descargas, avenidas de serpenteantes susurros, y me volqué al abismo llevandote prendido y alborozado.

Se adelantaron mis palabras, para que no pudieras apartarlas, buscando velos con los que cubrirlas, tus pretextos me incitaban a llevarte de ronda por mi cuerpo, y el aliento fresco de mi boca fresca, perfumaba el alba.

Se evidenciaba incluso que tu lugar profundo me acogía desbocado, en vena herido, amilanando entregas, desfallecido achicando salivas, atesorando besos, y en un instante de cordura vaporicé mi aliento, y me licué en tu cuerpo.

NITRATO DE CHILE PARA SUS LABIOS DE MELOCOTON

Abrir y cerrar puertas, un día, otro, cientos de camas, cientos de vidas, Iris juega a imaginarlas cada mañana, algunas se repiten, otras son anodinas, pero de vez en cuando, alguien se cuela entre sus pupilas y cree ver más allá de las maletas, más allá de la ropa colgada, incluso más allá del cepillo de dientes, olfatea un olor nuevo, un olor que la embriaga.

Pero los días se entrecomillan, y acaban pareciéndose unos a otros como las gotas de una lluvia temprana, nos salpica al despertar, como el polvo que descansa sobre la mesilla, que no desaparece solo gravita detrás de cada puerta, y un día tras otro, Iris vuelve a buscar la maleta que la llevó a otros mundos, el olor a hombre que le devolvió la certeza que sus labios tenían tacto de melocotón.

Intenta encontrar tras la puerta, el recóndito lugar donde abonado queda el lecho, donde descansar las tierras y sudar los cuerpos, porosos y lánguidos. Y cerrar los miedos, amontonando las caricias, puerta tras puerta, olor tras olor.

Iris escarba entre el salitre para hacer que sus uñas crezcan, y desfilen sobre la tierra, y abonen sus días, y la hagan descansar cuando amanece, y tras la nueva luz solo la esperan nuevas puertas, nuevos olores, pero solo busca una maleta, donde quedó escondido un leve roce de melocotón justo en el lugar donde su placer se atrinchero, a la espera de un nuevo abono.

MIRADA AUSTRIACA

Me rompes, como espuma salada, rota en la orilla quedo, como estrujada y despedazada, y siempre vuelvo a ti, a que me atrapes, digo una y otra vez que ya no quiero embadurnarme de tu sal, que ya no quiero recogerme en las rocas y sentirme cansada, porque me rompes, dejo de ser y me dejo sentir. Mi mirada austriaca se hace añicos, y mil gotas se despiden de tu locura, de lo irracional que es despertar bañada en tus sueños.

Me rompes salvaje y me alcanza el desasosiego de abrirme sin más, rotunda y perdida quedo tirada, preguntandome, si siempre serás capaz de llevarme alada en tu espalda. Y vuelvo a tus brazos como angel guardian que descubre otros mundos, aunque rota, henchida de placer, deseosa de estruendos, y cuajada de lluvias.

Me rozas, desgranas mi esencia, y estallo en pedazos. Me tientas, y a ciegas exhudo los cristales liquidos que tu lengua deja pegados. Me restauras, y quedo como traviesa renovada, firme. Como escultura arborea, volatil, espumosa, repitiendo los vaivenes que me pegan a tus brazos.

Rota pero henchida de gusto, acostumbrada a que cada día me rompas y me recompongas con el roce de tu piel, porque sé, que enlazaremos las manos y creeremos que así, sí merece la pena vivir.

Foto: Javi

INCOMPLETA

Había un hueco en mí, que mi memoria no sabía cuando había quedado vacio, era inutil, ahi estaba huérfano de sentido, inerte de sensibilidad, el resto era todo belleza, pero me sabía incompleta.

Aquel día, como si no hubieramos podado la jacaranda todas las hojas se amontonaron en mi puerta, y soñolienta pensé que nunca más la volvería a abrir. Hubo quien me aseguró que el hueco era de origen, que siempre estaba ahí, pero me negaba a creerlo. Tenía el tamaño justo de unas manos, y el frescor de una mañana cualquiera, pese a todo me sabía incompleta, porque rellenar con dudas, traía desaires.

Escuadriñando en el tiempo, creí imaginar unos dedos que arañaban donde más se siente, y unos besos que de amor me hablaban, insistí en buscar y hallé tus risas, también cabían en el hueco, y pude sentir la elasticidad, y fui encontrando resquicios del relleno olvidado, y empecé a recordar que en ese hueco habían estado tus caricias, y que en él me habías zarandeado, y te habías bebido mis suspiros.

Revolví para saber si los escalofríos encontrados eran sueños o pasado, y temblé al ver claramente que sin estar dentro de mí, siempre quedaba un hueco inerte. Un sitio donde poder tenerte.

Foto: Javi

MI NOVIO, EL GORILA Y YO, SU GORILA, MI NOVIO Y YO. EL GORILA Y YO. (foto concurso)

Esta foto es de una casa que vendí, es la unica que he encontrado, todas las que saque a la casa eran dignas de echar unas risas. El titulo es lo que creo que diría la novia del propietario cada vez que abriera los ojos por las mañanas, la cama se encontraba sobre un suelo todo iluminado, y alli, vigilante, acechando (quiza por si el novio se desbocaba...), alli imperterrito, estaba el Gorila.

Pasado un tiempo me encontré con el propietario, y me dijo que vivia en el campo, pero que no se habían casado, ella no estaba preparada para la vida silvestre y rustica. Creo que estaba celosa

.