F1
Volví ayer de tierras lejanas y nada más entrar en casa sentí que me habían robado uno de mis pececitos de colores. Y sí, viendo la pecera con un nudo en la garganta comprobé que, efectivamente, faltaba uno. Cogí la pistola que guardo en la mesita de noche, me puse el antifaz y salí a buscarlo. En mi calle de siempre se escuchaban pasos antiguos. La cabaña, el río y el árbol de mis vacaciones callaban. Todavía la risa soñada.
Lo encontré a orillas de un banco de madera, entre una colilla sin rastros de carmín y una botella vacía de cerveza. Un hombre dormitaba y una mujer le acariciaba la mejilla. Me dijo que habían perdido el último tren y no encontraban hotel, por culpa de una competición que se organizaba en la vieja ciudad.
Esta mañana se han ido. Los he acompañado a la estación. En casa,él seguía nadando. Nadando.





