Libro de Arena
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El Sofista

La vacuidad es la simiente de la palabra

El parto del Big-bang o Einstein se quedó corto.

El parto del Big-bang

O Einstein se quedó corto.

..

Al modo de los eleatas os lo digo hoy

La verdad que hallo

Pues natura queda pequeña

Cuando el hombre la adivina

La crea.

.

Pienso en él.

Dentro de cien años comprenderán mi obra, dijo.

Luego durmió, o retorno a su cueva, quien sabe.

Retumba el Big-bang en mis oídos

Un coro de grillos, una baraúnda de intensos berridos

¡Todo un siglo de científicos!

Y sólo el Big-bang retumba.

Los hijos de Einstein no han comprendido

Tocan la música celeste con ecuaciones equivocadas

Y aún así tiembla Natura bajo sus algoritmos.

.

Hoy me ha hablado.

Su voz me llega saltando el arco iris sangriento

Del pasado siglo.

No fue la cuna de un tiempo

El Gran Bum

¡No es hijo único el reloj!

Ah, cuanta luz de pronto

Cuan súbito abismo.

Nacieron incontables tiempos

Elásticos como corazones de goma.

Alberto intuyó sus contracciones

Y las encerró en solitaria cárcel

Con barrotes de luz.

.

Pienso en él

Porque él me pensó entonces.

Un siglo era preciso para que yo abriera los ojos del superhombre

Y pudiera proclamar

Este es el cerrojo

Esta es la puerta.

Incontables tiempos os esperan.

.

Ciegos habéis estado y timoratos.

“Mas allá de la luz, proclama vuestro temor, no hay Nada”

Cobardes.

Hay otra luz.

Palpitan incontables corazones de goma.

.

Con el martillo habrá que golpearos

Para derruir vuestro mezquina fortaleza.

¡Tanto os gusta permanecer encerrados!

.

Al mayor problema os doy respuesta.

Sois como niños encerrados en un parque de arena.

Hacéis figuras mientras el sol os quema

Y pensáis que quien arde son ellas.

.

Pienso en él

Y proclamo la verdad primera

La gravedad es la forma de un tiempo.

Su elástica ecuación.

.

¿Hasta donde me llama la tierra, Federico?

Pienso en ti.

..

(Quizás continué

Pues estas palabras

Ye refundan los mundos)

zenon

Iniciación al Deseo

Iniciación al deseo.

..

Una sombra de luz

Una camino, una celda

Todo conduce

Todo es premonición.

.

Rompo la luz

Disecciono un rayo que reparte

Electrones desvaídos

Por mis venas.

.

Apenas soy esqueleto

Apenas ánima que surge y asoma

Por la cuenca de tus ojos

Y crees conocerme.

.

Dame la mano y tiembla

Yo soy apenas

Una falange que te acusa

Una palabra.

.

Quiero partirte en dos

Quiero abrirte

Y esparcir tus entrañas

Por el corredor

.

Quiero llenar la casa

Con la sombra de tus olvidos

Manchar las paredes

Con tus gritos

.

Quiero ser la sombra que te posee

Quiero ser la luz que te penetra

El llanto que callaste

El suspiro.

.

No tengo apenas cuerpo

Ni mis manos presas te alcanzan

Pero aúllo por las esquinas

Como aúlla un perro.

.

Tiemblo en los templos

Que abro en los poros en tu piel

Tiemblas tú con mi llanto

Ardes con mi fuego.

.

Apenas soy y no puedes huir

Soy tu sombra y tu miedo

Soy la noche perversa

Soy tu deseo.

.

ORIGEN

Volví ayer de Egipto. El Nilo, el lago Naser, el Cairo... El pueblo nubio, la amalgama árabe... Quizás algún día, cuando haya reposado, tenga algo que decir de todo ello. Ahora es color y sucesión de imágenes...

Así que, como saludo en mi retorno, ahí va un viejo e ingenuo poema. Espero que os guste.

Zenon

ORIGEN

Se comía la rosa al cielo

Y el gusano a la rosa.

Rehacía el camino Dios

Y tendía la mano

A las pequeñas cosas.

Si fuera el polvo divino

Que cubre el camino

¡ Ay, Señor, si fuera polvo!

Pasearía por las estrellas,

Deslizándome

Como un niño

Por un rayo solar

Y de las cosas bellas

Tomaría el sentido

Que nos da la paz.

Se ha secado el arroyo de mi alma y el caballo ha dicho basta

Se ha secado el arroyo de mi alma y el caballo ha dicho basta. Ya no correré mas los páramos de tu memoria, mis herraduras cansadas quieren ser ya pasto de estrellas o auroras enterradas.

Los recuerdos, como peces ahogados, lucen sus escamas en el lecho agostado de un adiós que no es el primero; y por dios que no será el último. Así derramo mis párpados por el crepúsculo de las mañanas y temo una cabalgata de despedidas caracoleando como la Tocata y Fuga de Sebastián por la clave de bóveda de las iglesias góticas.

Se ha secado, sí, el arroyo de mi alma; pero queda el ladrido sólido del perro penetrando las praderas, llenando los congostos de impulsos verdaderos y de ancestrales deseos. Lo persigo y siempre lo pierdo, pues ya soy su sombra o su recuerdo.

Ya no cabalgo el corcel de luces que, cansado, se ha puesto a dormir; ya no persigo cometas en tu cielo, ni las velas que se perdían en el horizonte salado del azul mediterráneo. Ando, con la muleta del teclado de mi ordenador, por un leve universo de palabras, una burbuja de jabón que me ha seguido, silenciosa, desde las infancias.

Ya no subo a la cima de las montañas, ni a la cumbre de los sentidos. Les bastan a mis fuerzas exiguas, la historia que cabe en un canto rodado que yace en el afligido cauce de mis edades y el perfil lejano de ciudades y caderas; igual las olas de los mares o el seno repetido de mis amantes.

Todo cubre el resto de mi existencia como un cielo pequeño e íntimo donde me encierran, cada vez más, las perlas del sudor y los astros fugitivos de las evocaciones.

Un rastro es ya mi existencia. Una huella que se desvanece y no quiere; una garra vieja y exigua que se aferra a los arcanos de las sendas. Un rabioso deseo que grita cada vez menos y no quiere; un paso detenido que no llega aunque quiere llegar.

Quiere llegar y ser; quiere llegar y saber. Pero no puede; ya no puede con el ansía desgastada y la mirada que se vierte en el horizonte pretérito. Solitario, me ilumino con los fuegos fatuos de las evocaciones que destellan en el cementerio de mi memoria.

Una cascada decreciente, una cometa que se apaga, un manantial de aguas escasas que se escurren hacía el torrente subterráneo de los presagios. Una oscuridad alimentada por el augurio innecesario de la muerte.

Ya te llamo, a veces, Parca mía. Y deseo la necrológica orgía. La manta fría que ha de cubrir por fin los átomos cansados de aquella vida. Ven, ven y conversemos, que el torrente agitado discurra ya lejos. Entonces, te contaré en silencio mis secretos.

Con palabras trenzadas con sigilo te contaré los hechos de mi pasada existencia. En el descanso de tu regazo, disfrutaremos los siglos para contarlo y la eternidad para comprenderlo. Un elocuente silencio brincará con pies de terciopelo entre las estrellas del firmamento.

Si aún no ha llegado el momento, también es cierto que ya puedo reptar con los dedos de la premonición, recorriendo biografías. Una advocación al recuerdo es todo lo que te traigo, un ramo de flores desfallecidas que musitan un réquiem al tiempo disipado. Escucha.

¿Oyes el zumbido remoto de mi infancia? Se peleaban las abejas y las moscas por hacer nido en la límpida mirada, y el sol reflejado en la hierba era crisálida de aromas y advenimiento de pequeñas deidades titilantes.

Todo brillaba. Hasta el gusano cruelmente sajado que derramaba verde silencio por sus entrañas abiertas, o la herida del ratón con el que el gato nos enseñaba la primera lección sobre las guerras. Una épica radiante emanaba de la sombra bajo la manta, donde te imaginabas capitán o astronauta. Todo, todo brillaba en tu mirada. Y lo que no brillaba, no lo sabías.

. Parca mía, ahora la veo, la infancia desnuda. Allí se entreveran las primeras perfidias y, por una piruleta, recibimos lección de hipocresía. Lo nuestro, nuestro, nuestro toma la riendas de nuestra vida.

Te contaré, sentado en la Luna del camposanto, cómo fueron los pétalos rojos de la flor de la infancia, premonición o augurio de las revueltas sangres de mi juventud primera.

Pétalo rojo que muere de vergüenza. Paso incierto y sordo estallido en las galaxias próximas del deseo. La caricia era una lagartija verde que huía vertiginosa y se ocultaba en las sombras indescifrables de otras entrepiernas o muslos evaporados.

Todo huía, pero quería venir. Tendías los brazos al los cielos y abarcabas sólo el diminuto universo de los escasos anhelos minerales que conseguías. Por el lagrimal de tu mirada ya se peleaban la fuerza de la rabia y el ansia por la belleza. Toda tu existencia, sí, se anunciaba en la cadencia muda del arrebato y la melodía perdida de las esferas.

Juventud que ya te hería en las miradas de las niñas adolescentes. Adivinabas una herida en las entretelas con iris que tejían sus pestañas. Un herida prieta iluminada por las sangres; pero ellas se reían con disimulos de campanilla, y sus risas te perseguían.

El sol de los cuchillos es la sangre y sol de la juventud una primordial cobardía. Una libélula tímida perseguía gusanillos de luz en tus arterias y batía con sus alas tu sangre incesante, mientras henchías el pecho buscando el refugio bajo los músculos.

Nos hizo hombres la injusticia. La larga sombra del general de voz aflautada y terrible, su efigie mezquina que auguraba el himeneo de la carne y las tenazas. Hombre me hizo un rumor de mazmorras, el murmullo de las sombras agonizantes, y hombre me hicieron los muslos en flor donde derramé mi germen expectante. Severa casaca militar o sexo puro, todo empujaba.

Todo me arrancaba prematuro de la juventud, deshojada la pubertad por las manos de mi amada, derramada la conciencia por las batas sucias de las niñas

empaquetadoras, cuando arrastraban sus pies japoneses, al anochecer, a la sombra sucia de las usinas.

El caballo ya no quiere cabalgar mi conciencia y estoy cansado, Parca mía; mas te seguiré contando, a la sombra del mausoleo, los derrumbes que me trajo la vida. Una hecatombe ofrecida al dios fugitivo de las horas levantó la Babel de mis días.

La eternidad te daría si dieras la luz de mi vida. Toda la belleza de los astros, en una lámpara de oro y plata clausurada, te daría si hallases al infante en los huesos viejos que ahora te hablan.

Aquí, las manos de pergamino que me acompañan apenas esbozan un recuerdo de tinta con palabras. Te contaré, Parca mía, cómo desafié las grandes terrazas.

Me batía con los rascacielos de cristal y cemento. La mirada se hizo cuchillo, la sonrisa navaja o guillotina. Asesinaba todos los días un pájaro incauto, despojaba castidades, hundía las avariciosas manos en las entrañas de la inocencia. Si quise o no quise, carece de importancia. Me llamaron Señor, y quedé estúpidamente satisfecho.

Ya ves Parca mía, cómo fueron aquellos días. Toma mi fatigada mano y descansemos.

Cuando ya no se puede cabalgar nos basta un recodo del camino para echarnos a soñar.

ENIGMA …de la poesía y el aire

.

Me cuesta comentar este poema; es ciertamente un enigma ¡pero se desnuda con tanta facilidad! Tiende las manos en el vacío, lanza al cielo tus dedos curiosos, pídele poesía a la bóveda estrellada de las noches… Quizás te respondan poemas en la brisa, susurrados con la impotencia mineral de los planetas.

El hombre mendiga belleza por los caminos de la Tierra. Y estos, a veces, le responden, otras le ignoran. Y nunca sabe quien, cuando sueña, le desvela espirales que son poemas

.

ENIGMA …de la poesía y el aire

.

Queréis un poema de aire

Que encierre brisas igual que tormentas

Que sirva de tobogán a las lluvias

Y juegue al parchís con los rayos del sol y de la luna.

.

Queréis un poema de aire

Ligero como las plumas

Sutil como la seda en los muslos de las doncellas

Por los jardines de gasa de las mil y una arabias

.

Queréis poemas de aire

Que os salven del pecado

Bellos, leves como burbujas de jabón

E inútiles

.

Entonces tomad mis manos

Naveguemos por el ensueño

Construyamos babeles de caricias

Y juguemos.

.

Queréis un poema de aire

¡Ay, y el aire no quiere!

El Aire quiere ser mares y ríos

Torrentes de roca, cascadas minerales

.

El aire quiere jugar al amor y a las musas

Cavar caracolas en el laberinto de las sombras

Y tender rieles para los trenes del alma

Para que lleguen más lejos las voces amadas

.

El aire quiere rimar con las estrellas

Y hacer estrofas con las galaxias

Quiere ser un látigo que abra

Heridas en las palabras.

.

El Aire atrapa poemas que nadie escucha

Y se los sopla cuando duermen

En el oído a los poetas, entonces

El aire se busca y no se encuentra.

Poesía vieja

Tantos fueron antes que tú. Tantos los versos, tantos los poemas. La tierra guarda, en su tierna profundidad telúrica, calido lecho para los poetas y sus versos. La tierra nos contagia, germina bajo nuestra piel y el susurro de los viejos romances resuena como una gamuza en nuestras orejas.

Poesía vieja

Oigo las viejas lejanas voces

De hombres que fueron hombres

Y poetas

Y corren por mis venas

Procesiones de ciempiés que se elevan

O bajan y mueven

Mis piernas.

Leo los viejos lejanos versos

Que transitan las caracolas húmedas

Las bóvedas mágicas

Las campanas telúricas

De mis orejas

Paseo por la tierra y su murmullo

Verso emergente profundo

Se abre paso entre la hierba

Viejas voces viejos poemas

Que quiero arrancar a la tierra

Con largos dedos de poeta

Con manos hechas sílabas

Y grandes zancadas que hagan

Con las estrofas escaleras

Que me eleven a las esferas

Y su música perfecta

Oigo, sí, las viejas lejanas voces

De poetas que fueron hombres

Que fueron, sí, poetas

Así Soy

Una brisa me trajo a ser y sueño, a veces, que soy feliz. Que soy así.Hoy no quiero despertar. Por una vez, dejadme soñar.

.

SOY ASI

.

Ya sabéis, amigos míos.

Me gusta la buena vida.

Los buenos vinos, las bellas mujeres.

Soy solo lo que soy

Un hijo del mediterráneo,

Un vástago catalán.

Me gusta la buena vida,

Me gusta departir en la plaza pública,

Discutir, confrontar mis opiniones,

Hablar al fin y al cabo…

.

Soy porque nací

A orillas de este mar

Montado en la grupa del caballo pirenaico

Que desbocado, al fin, encuentra el mar,

Y se lo tragan, sí, las olas, Federico.

Soy porque nací.

A orillas del mar maternal

Al mundo y a la tierra,

A las estrellas y a los enigmas.

Nací a la palabra, sí

Nací a la palabra.

.

Y hablo, cuando puedo,

Y digo que sí y digo que no

Pues en mi palabra cabe todo

Cabe un universo,

Un universo grande como el corazón de un ave

Grande como todos los sueños

Grande como el abrazo que me cubre

Y el abrazo con el que a todos cubro.

.

Y cuando me vaya,

Si, cuando me vaya.

Dejaré un aroma a mares

Dejaré un rastro imperceptible

Una flor efímera

Que se borrara de vuestro recuerdo

Sin que apenas os deis cuenta.

.

Dejaré una pena intangible y lisa

Sobre la piel de los que me habéis de olvidar

Retinas espejos del orbe

……..Retinas espejos del orbe……..

Compiten en los rascacielos

Las corbatas con los cerebros

Pero no ven

Retinas espejos del orbe espejos como manos

Miradas que aprehenden las desoladas cosas

Miradas.

Por la cuenca de las calaveras entra más luz

Que por el iris estropeado de las multitudes

Que se alimentan.

Bocas como garras que todo lo desprecian

Bocas que mastican bocas que no hablan

Callan

El hueco de una calavera posee más corazones

Que todos los pechos con corbata de los rascacielos

Que vomitan

Papeles carpetas apariencias contratos

Trabajos prostíbulos santas y santos

Que dan las manos a las manos

Y sonríen abrazan palmean acuchillan.

Pero no ven

Perdieron la retina en el laberinto de espejos

Perdieron la oportunidad en la encrucijada

De papeles carpetas apariencias manos

Que tienden manos obscenas que tiemblan

Pero no ven

Sus retinas arrogantes babean ignorancia

Vomitan desprecio, escupen barbarie

Pero no ven

La niña sin bragas por las esquinas

Las pústulas violetas del mendigo

El crepúsculo infecto de los hospicios

La soledad babeante de los asilos

Pero no ven

Las corbatas se alimentan con su iris

Los rascacielos oprimen sus calaveras

Carpetas informes talones chequeras

Anegan de mierda el orbe de las heridas

Miran

Callan

Vomitan

Su iris se perdió

Mucho antes

Del amanecer de las margaritas.

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