Adolescente defunción
. Adolescente defunción.
Volvía la noche. Y la Luna se ausentaba una vez más. Se preguntó cuantos días duraba ya la luna nueva. Sabía bien que demasiados. Casi un mes. Nunca la Luna había faltado tanto tiempo a su cita nocturna. No había caído en ello hasta que llevaban, lo menos, quince noches sin Luna. Al principio, pensó que serían las nubles quienes ocultaban la selénica luz que tanto le gustaba, quizás, debido a su tono azulado, similar al de sus ojos. Mas llevaban largo tiempo sin lluvia. Cayó en ello, finalmente, gracias a la insistencia con que los noticieros hablaban de la pertinaz sequía. ¿Dónde se ocultaba la Luna? Lo más sorprendente era que, cuando les hablaba de tan extraño fenómeno a otras personas, en el trabajo o en la calle, a sus familiares o amigos, estos se encogían de hombros y le miraban, con indiferencia y unos ojos negros -cada día más grandes y más negros, según observó-, y añadían “déjate de tonterías y piensa en tu trabajo” o “las cosas de la lunas son cosas de poetas adolescentes”, y otras frases parecidas.
. Salía de su fiesta de cumpleaños: había celebrado los dieciocho. Era de noche cuando terminó la fiesta y alzó la mirada al firmamento. Que raro, la Luna no estaba. “¡Bah!, pensó, mejor me centro en mi trabajo”. Luego, se atusó el pelo en el espejo de un escaparate, mirándose ya con unos grandes ojos negros.
. jtr 07





