Memorias de Zenon: Licenciado en sábanas y revolución
. MEMORIAS DE ZENON
- Licenciado en sábana y revolución
El pasillo medía la distancia entre el comedor y los dormitorios. Era largo y en medio, donde la puerta, hacía de recibidor. Las baldosas, casi siempre sucias, lucían arabescos grises y descoloridos que jugaban con la escasa luz que se filtraba por las persianas desde el interior de manzana, al que se asomaba el balcón del comedor. En otras ocasiones, por la tarde, cuando algunos abandonábamos la habitación para proveernos de tabaco o repostar coñac, la luz de una vela volaba perezosa desde la puerta del dormitorio, amarilleaba las paredes del pasillo y jugaba a las sombras chinescas entre nuestros pies descalzos sobre el arábigo pavimento. Cuando el invierno, hacíamos el recorrido de puntillas para no sentir el frío de las baldosas en la planta de nuestros pies descalzos. Tan deseosos estábamos de volver al catre, que no perdíamos tiempo en calzarnos. Si nos cruzábamos dos de nosotros en ese pasillo, nos sonreíamos siempre. Con franqueza, cómplices de una dicha que emanaba de las alcobas, en aquel piso de estudiantes en la baja Barcelona. Luego, más tarde, eran ellas quienes se encontraban en el comedor y cruzaban confidencias. Exhausto y feliz, oía el murmullo de sus voces femeninas; siempre me quedó la curiosidad por saber que se contaban. Cuando la tarde había cumplido y la noche desplegaba ya su reino, nos encontrábamos todos en el comedor. Algunos aún cubiertos por una manta y recostados en el sofá, otros recién vestidos, con la camisa escapada del pantalón, y todos, incluso ellas, con el pelo revuelto. Entonces discutíamos qué se iba ha hacer para la cena. Al fin, después del opíparo festín de espagueti, cuando ellas ya habían retornado al hogar paterno cumpliendo la norma que regía para las muchachas de buena familia, discutíamos apasionadamente de política hasta altas horas de la madrugada.
Jugábamos a la revolución y al sexo, jugábamos a lo prohibido. Ninguno aprobamos el primer curso en la Universidad, aquel 1975; pero nos licenciamos, en aquel pasillo, en amor y conspiraciones. Doctores en sábanas y licores salimos; sumos sacerdotes que ofrendaban un holocausto de semen y palabras a los paganos, prohibidos dioses.
- jtr





