INVIERNO EN EL ALMA
INVIERNO EN EL ALMA
.Ya se abrigan los campos con su manta de nieve, con ella se confortan cuando el hombre derrama su corazón helado por las carreteras y las matronas bailan claqué sobre el canto de las parturientas.
.La estrella del norte permanece como un diminuto ojo sobre el destello de la Luna que se derrumba en las aguas de los arroyos y busca el mar o la muerte. Por eso la Luna, cada mes, desaparece tragada por los bueyes del cielo que aran los tiempos del hombre. Tiempos de invierno, con su reloj de estalactitas y su araña que teje perezosamente las horas.
.El crepúsculo enrojece a las cinco de la tarde en estas tierras de labranza y derrama su sangre por los encinares o ruboriza las nieves de las altas montañas. Moles que se yerguen con la solemnidad de un reloj detenido cuando iba a iniciar el gong con un asombro de piedra y rocas sorprendidas. ¿No habéis observado cómo, a veces, las grandes rocas se sostienen como un suspiro gigantesco congelado sobre los abismos? Contra toda ley, en las montañas, se detiene el vuelo de un ave telúrica con alas minerales, como se detuvo este corazón mío cuando dibujabas despedidas en la estación del tren.
Bufaba la máquina ignorando los sueños de mis campos abrigados de nieve. Iniciaba un lento caminar que yo quería imposible porque te hurtaba para siempre; te llevaba de mi mirada dejando ojos desiertos como páramos helados en el invierno. Las estaciones del tren nada sabían de las estaciones del alma; en la mía, el invierno congelaba las trenzas que dibujaba un pez en el estanque frío de mi pecho. Se detuvo el movimiento. Y un latido se hizo añicos cuando se estrelló en las baldosas firmes del último adiós
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Simplemente precioso. No puedo más que decir que me ha encantado estas palabras que nos regalas, llenas de poesía, cuidadas con esmero y ofrecidas con delicadeza. Bravo. Un fuerte abrazo.





