Las palabras malditas
Las palabras malditas
Repítelo, repítelo hasta que se te caiga la lengua gastada por las mismas sílabas
Repítelo cómo si te fuera en ello la propia vida
Como si el mundo entero pendiera del hilo de tus palabras
Como si nadie pudiera existir tras tu silencio.
No hay nada bueno ni bello
Ya lo dijo el poeta
Tú repítelo
Que todos lo oigan mil veces, un millón
Que abandonen sus estúpidas esperanzas
Repítelo
Que caiga la venda que cubre la mirada aun esperanzada de los crédulos
Que tu voz penetre su cerebro hasta el mismo centro de su alma
Que sufran también ellos
Tienes derecho
No pediste ser el sostén de tanta indignidad tú solo
No mereces sufrir bajo el peso indigno de la existencia
Pues todos beben en su fuente como si se alimentaran con tu sangre
En el propio manantial de tus venas
Tienes derecho
Repítelo
No alimentes con tu silencio falsas ilusiones
No permitas ya que nazcan amantes nuevos
Nada hay, grítalo, de bueno y bello
Nada queda que sea justo
Ahoga tu silencio
Y repítelo
Repítelo
Repítelo
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Las palabras malditas, ese maldito yo, la iniquidad del tú solo.
No permitas el silencio, no repitas las palabras malditas.





